San Maruta de Martirópolis, obispo
fecha: 16 de febrero
fecha en el calendario anterior: 4 de diciembre
†: a. 420 - país: Turquía
otras formas del nombre: Marutha, Marutas de Maiferkat
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 4 de diciembre
†: a. 420 - país: Turquía
otras formas del nombre: Marutha, Marutas de Maiferkat
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
el reino de los persas, san Maruta, obispo, que al establecerse la paz de la
Iglesia presidió el concilio de Seleucia, reparó las iglesias destruidas
durante la persecución bajo el rey Sapor y colocó las reliquias de los mártires
persas en la ciudad episcopal, Talgrit, la cual recibió desde aquella ocasión
el nombre de Martirópolis.

Este
santo prelado fue un ilustre Padre de la Iglesia siria de fines del siglo IV.
Era obispo de Maiferkat (actual Silvan, en Turquía), que se encuentra entre el
Tigris y el Lago Van, cerca de la frontera de Persia. El santo reunió las actas
de los mártires que sufrieron allí durante la persecución del rey Sapor, y
trasladó a su diócesis tal cantidad de reliquias, que la ciudad episcopal acabó
por llamarse Martirópolis, es decir, «Ciudad de los mártires». Todavía conserva
eclesiásticamente ese nombre y es una sede titular. San Marutas escribió varios
himnos en honor de los mártires. Suelen cantarse en los oficios en los que se
emplea la lengua siria.
El
año 399 Yezdigerdo ascendió al trono de Persia. San Marutas fue entonces a
Constantinopla a suplicar al emperador Arcadio que defendiese a los cristianos
ante el nuevo monarca. La corte estaba entonces muy ocupada con el asunto de san Juan
Crisóstomo. En una carta que san Juan Crisóstomo escribió a
santa Olimpia, desde el destierro, le cuenta que había escrito dos veces a san
Marutas y le ruega que vaya a visitarlo en su nombre: «Necesito de su ayuda en
los asuntos persas. Tratad de averiguar si ha tenido éxito en su misión. Si
tiene miedo de escribirme personalmente, decidle que os cuente a vos lo
sucedido. No retardéis un solo día vuestra visita». Cuando fue a la corte de
Persia como embajador de Teodosio el joven, san Marutas hizo cuanto pudo por
conseguir que el rey se mostrase benévolo con los cristianos. El historiador
Sócrates dice que, gracias a sus conocimientos de medicina, el santo curó a
Yezdigerdo de unas violentas jaquecas; desde entonces, el rey le llamó «el
amigo de Dios». Los mazdeístas, temerosos de que el rey se convirtiese al
cristianismo, recurrieron a un truco. En efecto, escondieron a un hombre debajo
del piso del templo. Cuando el monarca fue ahí a orar, el hombre gritó:
«Arrojad de este lugar santo a quien ha cometido el sacrilegio de prestar fe a
un sacerdote cristiano». Yezdigerdo entonces decidió expulsar a Marutas de su
reino, pero el santo le persuadió de que fuese otra vez al templo y mandase
levantar el piso para descubrir al impostor. Así lo hizo Yezdigerdo, y el
resultado de ello fue que descubierto el impostor, dio a Marutas permiso de
construir iglesias en donde quisiera. Como quiera que fuese, Yezdigerdo
favoreció ciertamente a san Marutas y, gracias a esa ayuda, éste se dedicó a
restablecer el orden entre los cristianos persas.
La
obra de organización de san Marutas duró hasta la invasión árabe del siglo VII.
Pero la esperanza de los cristianos (y el temor de los mazdeístas) de que
Yezdigerdo II se convirtiese en «el Constantino de Persia» no llegó a
realizarse. La obra de pacificación llevada a cabo por san Marutas fue
destruida por la violencia de Abdas, obispo de Susa, quien provocó una nueva
persecución al final del reinado de Yezdigerdo. Probablemente para entonces san
Marutas ya había muerto puesto que falleció antes que Yezdigerdo, quien murió
el año 420. Se le considera como el principal de los doctores sirios, después
de san Efrén, a causa de los escritos que se le atribuyen, aunque se duda de
que fuera realmente el autor de todas las obras que llevan su nombre.
El
historiador Sócrates, Bar Habraeus y el Liber Turris de Mari ibn Sulaíman nos
dan bastantes datos sobre san Marutas. Existe una biografía armenia de época
tardía; los mekhitaristas la publicaron en Venecia en 1874, con una traducción
latina. Dicha obra fue publicada en inglés, con notas muy interesantes, en
Harvard Theological Review (1932), pp. 47-71. Véase también Bardenhewer, Geschichte d. altkirchl.
Literatur, vol. IV, pp. 381- 382; Labourt, Le Christianisme dans PEmpire perse
(1904), pp. 87-90; W. Wright, Syriac Literature (1894), pp. 44-46; Oriens
Christianus (1903), pp. 384 ss.; Harnack, Texte und Untersuchungen, vol. XIX
(1899); y la larga nota de Hefele-Leclercq, Histoire des Conciles, vol. II, pp.
159-166.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=595
Beata Filipa Mareri, virgen
fecha: 16 de febrero
n.: 1190/1200 - †: 1236 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío VII 29 abr 1806
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1190/1200 - †: 1236 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío VII 29 abr 1806
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Borgo San Pietro, en el Abruzo, beata
Filipa Mareri, virgen, que, despreciando las riquezas y el fasto mundano,
abrazó la forma de vida de santa Clara, recientemente establecida en aquella
región.
refieren a este santo: Beato Rogerio de
Todi

Sobre el nacimiento de la beata se cuentan muchos
prodigios, de los que desgraciadamente no existen pruebas suficientes. También
se cuentan otras muchas maravillas sobre su belleza, su gravedad sobrenatural y
su precoz inteligencia. Felipa nació a fines del siglo XII, en Cícoli, de la
diócesis de Rieti. Pertenecía a una familia de grandes propietarios de los
Abruzos. Sus padres eran devotos cristianos y se afirma que san Francisco de
Asís se hospedaba en su casa cuando iba a predicar en esa región, y que fue el
santo quien comunicó a Felipa un gran deseo de compartir los sufrimientos de
Jesucristo. Los padres de la beata habían arreglado un matrimonio para ella,
pero Felipa se opuso con todas sus fuerzas: se cortó el cabello, se vistió de
andrajos y se encerró en un rincón de la casa. Su hermano Tomás, irritado por
su actitud, determinó hacerle cambiar de parecer; pero lo único que consiguió
fue que Felipa huyese de la casa paterna.
La beata logró reunir a algunas compañeras y
estableció la vida eremítica en el Monte Marerio. Según cuenta la leyenda,
cuyos fundamentos históricos son bastante débiles, las anacoretas construyeron
unas cuantas cabañas rodeadas por un gran muro, y en la soledad se entregaron
con el mayor fervor a la devoción y la penitencia. La determinación de Felipa
ejerció un profundo efecto sobre su hermano Tomás, quien, tocado por la gracia,
le pidió perdón y le ofreció un sitio más apropiado para el retiro en las
cercanías de una iglesia. Tomás mandó reparar un convento abandonado, y el beato Rogerio de
Todi, que había entrado recientemente en la orden franciscana,
se encargó de la dirección espiritual de la comunidad. El convento creció
rápidamente, adoptó una regla semejante a la de las Clarisas y Felipa fue
elegida abadesa. La más estricta pobreza reinaba en él; las religiosas hubieren
perecido de hambre en más de una ocasión, si el repetido milagro de la
multiplicación de los panes y los peces no las hubiera salvado. La mano de Dios
se mostró igualmente en otros hechos milagrosos. Pero las religiosas no
disfrutaron mucho tiempo de la compañía de la fundadora. En 1236, Felipa fue
atacada de una penosa enfermedad. Sintiendo que se acercaba su fin, reunió a la
comunidad y se despidió de sus hijas en forma conmovedora, exhortándolas sobre
todo a mantener la paz en el interior del convento. La beata murió el 13 de
febrero de 1236. El Beato Rogerio predicó en sus funerales y manifestó su
convicción de que Felipa gozaba ya de la visión divina. El 29 de abril de 1806
Pío VII concedió oficio y misa en su honor, lo que equivale a una confirmación
de culto.
Ver Mazzara, Leggendario Francescano (1676), vol. I, pp. 233-235; Léon, Aureole
Séraphique, vol. I; y Constantini, Vita e miracoli della b.
Philippa Mareri.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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