martes, 16 de febrero de 2016

San Maruta de Martirópolis, obispo - Beata Filipa Mareri, virgen (16 de febrero)

San Maruta de Martirópolis, obispo

fecha: 16 de febrero
fecha en el calendario anterior: 4 de diciembre
†: a. 420 - país: Turquía
otras formas del nombre: Marutha, Marutas de Maiferkat
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En el reino de los persas, san Maruta, obispo, que al establecerse la paz de la Iglesia presidió el concilio de Seleucia, reparó las iglesias destruidas durante la persecución bajo el rey Sapor y colocó las reliquias de los mártires persas en la ciudad episcopal, Talgrit, la cual recibió desde aquella ocasión el nombre de Martirópolis.
Este santo prelado fue un ilustre Padre de la Iglesia siria de fines del siglo IV. Era obispo de Maiferkat (actual Silvan, en Turquía), que se encuentra entre el Tigris y el Lago Van, cerca de la frontera de Persia. El santo reunió las actas de los mártires que sufrieron allí durante la persecución del rey Sapor, y trasladó a su diócesis tal cantidad de reliquias, que la ciudad episcopal acabó por llamarse Martirópolis, es decir, «Ciudad de los mártires». Todavía conserva eclesiásticamente ese nombre y es una sede titular. San Marutas escribió varios himnos en honor de los mártires. Suelen cantarse en los oficios en los que se emplea la lengua siria.
El año 399 Yezdigerdo ascendió al trono de Persia. San Marutas fue entonces a Constantinopla a suplicar al emperador Arcadio que defendiese a los cristianos ante el nuevo monarca. La corte estaba entonces muy ocupada con el asunto de san Juan Crisóstomo. En una carta que san Juan Crisóstomo escribió a santa Olimpia, desde el destierro, le cuenta que había escrito dos veces a san Marutas y le ruega que vaya a visitarlo en su nombre: «Necesito de su ayuda en los asuntos persas. Tratad de averiguar si ha tenido éxito en su misión. Si tiene miedo de escribirme personalmente, decidle que os cuente a vos lo sucedido. No retardéis un solo día vuestra visita». Cuando fue a la corte de Persia como embajador de Teodosio el joven, san Marutas hizo cuanto pudo por conseguir que el rey se mostrase benévolo con los cristianos. El historiador Sócrates dice que, gracias a sus conocimientos de medicina, el santo curó a Yezdigerdo de unas violentas jaquecas; desde entonces, el rey le llamó «el amigo de Dios». Los mazdeístas, temerosos de que el rey se convirtiese al cristianismo, recurrieron a un truco. En efecto, escondieron a un hombre debajo del piso del templo. Cuando el monarca fue ahí a orar, el hombre gritó: «Arrojad de este lugar santo a quien ha cometido el sacrilegio de prestar fe a un sacerdote cristiano». Yezdigerdo entonces decidió expulsar a Marutas de su reino, pero el santo le persuadió de que fuese otra vez al templo y mandase levantar el piso para descubrir al impostor. Así lo hizo Yezdigerdo, y el resultado de ello fue que descubierto el impostor, dio a Marutas permiso de construir iglesias en donde quisiera. Como quiera que fuese, Yezdigerdo favoreció ciertamente a san Marutas y, gracias a esa ayuda, éste se dedicó a restablecer el orden entre los cristianos persas.
La obra de organización de san Marutas duró hasta la invasión árabe del siglo VII. Pero la esperanza de los cristianos (y el temor de los mazdeístas) de que Yezdigerdo II se convirtiese en «el Constantino de Persia» no llegó a realizarse. La obra de pacificación llevada a cabo por san Marutas fue destruida por la violencia de Abdas, obispo de Susa, quien provocó una nueva persecución al final del reinado de Yezdigerdo. Probablemente para entonces san Marutas ya había muerto puesto que falleció antes que Yezdigerdo, quien murió el año 420. Se le considera como el principal de los doctores sirios, después de san Efrén, a causa de los escritos que se le atribuyen, aunque se duda de que fuera realmente el autor de todas las obras que llevan su nombre.
El historiador Sócrates, Bar Habraeus y el Liber Turris de Mari ibn Sulaíman nos dan bastantes datos sobre san Marutas. Existe una biografía armenia de época tardía; los mekhitaristas la publicaron en Venecia en 1874, con una traducción latina. Dicha obra fue publicada en inglés, con notas muy interesantes, en Harvard Theological Review (1932), pp. 47-71. Véase también Bardenhewer, Geschichte d. altkirchl. Literatur, vol. IV, pp. 381- 382; Labourt, Le Christianisme dans PEmpire perse (1904), pp. 87-90; W. Wright, Syriac Literature (1894), pp. 44-46; Oriens Christianus (1903), pp. 384 ss.; Harnack, Texte und Untersuchungen, vol. XIX (1899); y la larga nota de Hefele-Leclercq, Histoire des Conciles, vol. II, pp. 159-166.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=595




Beata Filipa Mareri, virgen

fecha: 16 de febrero
n.: 1190/1200 - †: 1236 - país: Italia
canonización: 
Conf. Culto: Pío VII 29 abr 1806
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Borgo San Pietro, en el Abruzo, beata Filipa Mareri, virgen, que, despreciando las riquezas y el fasto mundano, abrazó la forma de vida de santa Clara, recientemente establecida en aquella región.
refieren a este santo: Beato Rogerio de Todi
Sobre el nacimiento de la beata se cuentan muchos prodigios, de los que desgraciadamente no existen pruebas suficientes. También se cuentan otras muchas maravillas sobre su belleza, su gravedad sobrenatural y su precoz inteligencia. Felipa nació a fines del siglo XII, en Cícoli, de la diócesis de Rieti. Pertenecía a una familia de grandes propietarios de los Abruzos. Sus padres eran devotos cristianos y se afirma que san Francisco de Asís se hospedaba en su casa cuando iba a predicar en esa región, y que fue el santo quien comunicó a Felipa un gran deseo de compartir los sufrimientos de Jesucristo. Los padres de la beata habían arreglado un matrimonio para ella, pero Felipa se opuso con todas sus fuerzas: se cortó el cabello, se vistió de andrajos y se encerró en un rincón de la casa. Su hermano Tomás, irritado por su actitud, determinó hacerle cambiar de parecer; pero lo único que consiguió fue que Felipa huyese de la casa paterna.
La beata logró reunir a algunas compañeras y estableció la vida eremítica en el Monte Marerio. Según cuenta la leyenda, cuyos fundamentos históricos son bastante débiles, las anacoretas construyeron unas cuantas cabañas rodeadas por un gran muro, y en la soledad se entregaron con el mayor fervor a la devoción y la penitencia. La determinación de Felipa ejerció un profundo efecto sobre su hermano Tomás, quien, tocado por la gracia, le pidió perdón y le ofreció un sitio más apropiado para el retiro en las cercanías de una iglesia. Tomás mandó reparar un convento abandonado, y el beato Rogerio de Todi, que había entrado recientemente en la orden franciscana, se encargó de la dirección espiritual de la comunidad. El convento creció rápidamente, adoptó una regla semejante a la de las Clarisas y Felipa fue elegida abadesa. La más estricta pobreza reinaba en él; las religiosas hubieren perecido de hambre en más de una ocasión, si el repetido milagro de la multiplicación de los panes y los peces no las hubiera salvado. La mano de Dios se mostró igualmente en otros hechos milagrosos. Pero las religiosas no disfrutaron mucho tiempo de la compañía de la fundadora. En 1236, Felipa fue atacada de una penosa enfermedad. Sintiendo que se acercaba su fin, reunió a la comunidad y se despidió de sus hijas en forma conmovedora, exhortándolas sobre todo a mantener la paz en el interior del convento. La beata murió el 13 de febrero de 1236. El Beato Rogerio predicó en sus funerales y manifestó su convicción de que Felipa gozaba ya de la visión divina. El 29 de abril de 1806 Pío VII concedió oficio y misa en su honor, lo que equivale a una confirmación de culto.
Ver Mazzara, Leggendario Francescano (1676), vol. I, pp. 233-235; Léon, Aureole Séraphique, vol. I; y Constantini, Vita e miracoli della b. Philippa Mareri.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=596

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