Beato Salvador Lillo | |
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Beatos Salvador Lillo, Juan, y seis compañeros, mártires
Junto al río Zihun, cerca de la ciudad de Maras, en Cilicia, beatos Salvador Lillo, presbítero de la Orden de Hermanos Menores, Juan, hijo de Balzi, y otros seis compañeros de familia armenia, mártires, que ante la imposición de los soldados otomanos de renegar de Cristo, por no acceder a traicionar su fe, emigraron al reino eterno atravesados por lanzas. He aquí sus nombres: beatos K`adir, hijo de Xodianin; Cerun, hijo de K`urazi; Vardavar, hijo de Dimbalac; Pablo, hijo de Jeremías; David y Teodoro, hermanos, hijos de David.
Salvador Lilli nació en Capadocia, en la provincia italiana de L'Áquila, el 19 de junio de 1853, en el seno de una familia dedicada al transporte de carbón y leña a Roma. Realizó algunos estudios y, cumplidos los 18 años, ingresó en la orden franciscana, en el noviciado que los Reformados tenían en Nazzano de Roma. En 1871 profesó la regla de san Francisco, y dos años después, debido a la supresión de las órdenes religiosas en Italia, marchó como misionero a Palestina. Fue ordenado sacerdote en 1878, en Belén, y dos años más tarde fue enviado a Marasc, misión de Armenia Menor (Turquía), perteneciente a la Custodia de Tierra Santa. Aquí aprendió las lenguas árabe, turca y armenia, y desarrolló un provechoso apostolado entre los cristianos del lugar, como lo demostraban los confesionarios siempre ocupados y las comuniones frecuentes de los fieles, incluso entre semana. Mantuvo buenas relaciones con las personas más eminentes de la ciudad, católicas, ortodoxas y turcas. Con las limosnas de los bienhechores levantó una nueva capilla; también adquirió un gran campo y muchas herramientas agrícolas para labrarlo.
Hubo en 1890 una epidemia de cólera, y el P. Salvador, que se encontraba sólo en el convento, desarrolló durante cuarenta días una labor incansable de asistencia a los apestados. Unos años más tarde fue destinado como párroco y superior a la misión de Mujuk-Deresi, a siete horas a caballo de Marasc. Allí, en la plenitud de su vida y actividad religiosa, cultural, social y económica, le sorprendió en 1895 una fuerte persecución contra los cristianos armenios, despreciados desde siempre por los musulmanes, por su fidelidad a la fe cristiana. Miles de hombres, mujeres y niños fueron asesinados en toda la región. Los superiores le avisaron que abandonase urgentemente el lugar. Al segundo aviso respondió diciendo que "el pastor no puede abandonar a las ovejas en peligro", de modo que decidió permanecer junto a los armenios perseguidos. Al cabo de un mes, los soldados entraron en la misión a bayoneta calada, y el valiente franciscano, que los recibió con el mayor respeto, resultó herido en una pierna mientras trataba de ayudar a las víctimas. Fue encerrado en una celda del convento, y allí, entre halagos y amenazas, el oficial de los soldados trató de convencerle para que renegara de Cristo y se pasara al Islam.
Pasada una semana, los soldados quemaron la misión y se pusieron en marcha, llevando maniatado y herido a fray Salvador, con otros campesinos, hasta Marasc. En la iglesia, fray Salvador los oyó en confesión y les animó a afrontar el martirio. Reemprendieron la marcha y llegaron al borde de un torrente, cerca de Mujuk-Deresi. Aquí el jefe trató, una vez más, de hacerles renegar de Cristo y abrazar la fe musulmana. Ante la negativa de todos, fueron asesinados allí mismo, a golpe de bayoneta, y sus cuerpos quemados. Era el 22 de noviembre de 1895. El P. Salvador Lilli tenía 42 años. Sus compañeros de martirio, todos armenios, se llamaban Baldji Oghlou Ohannes, Khodianin Oghlou Kadir, Kouradji Oghlou Tzeroum, Dimbalac Oghlou Wartavar, Geremia Oghlou Boghos, David Oghlou David y Toros Oghlou David. De todos ellos, sólo se conoce la edad aproximada de Baldji Oghlou Ohannes (Juan hijo de Balzi), que había nacido hacia 1860. Fueron beatificados por SS Juan Pablo II el 3 de octubre de 1982.
fuente: Frate Francesco
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San Filemón de Colosas

Santos Filemón y Apia, santos del NT
Conmemoración de san Filemón, en Colosas, de cuyo amor a Cristo Jesús se goza el apóstol san Pablo, y que recibe culto al lado de santa Apia, su esposa.
Conocemos a Filemón por la carta que san Pablo le dirige desde su cautiverio romano, la carta más breve del epistolario paulino, apenas 25 versículos, y de la que la autoría directa del Apóstol no ofrece dudas. Aunque de poca extensión, el escrito es de gran importancia, porque ayudó desde los albores de la relación entre la fe cristiana y las instituciones civiles a tratar de orientarse en el delicado problema de cómo convivir con una institución con la esclavitud, tan contraria al espíritu de nuestra fe. Aun hoy la carta puede ser aplicada a repensar otros problemas, igualmente espinosos, en esa misma relación. Pero el objeto de la conmemoración del martirologio -y de esta hagiografía- no es abordar ese interesante tema, sino trazar una semblanza de Filemón y Apia, lo más amplia posible, a partir de los datos que poseamos.
Y lo primero que debemos reconocer es que esos datos son muy escasos. La carta habla en todo momento a Filemón, pero no se dirige particularmente a él, sino que se presenta dirigida «a nuestro querido amigo y colaborador Filemón, a la hermana Apfia, a nuestro compañero de armas, Arquipo, y a la Iglesia de tu casa» (vv 1-2). Pablo va a tratar un tema humanamente delicado (el delito de Onésimo, su transformación interior por la fe, la actitud justiciera o misericordiosa que pueda tomar Filemón cuando recupere al prófugo), y posiblemente el Apóstol quiere que ese tema se charle en la comunidad, que no sea una decisión exclusiva de Filemón. estamos posiblemente a inicios de los años 60, y las «iglesias» no eran aun edificios consagrados, ni siquiera espacios específicos, sino comunidades familiares o posiblemente vecinales, siguiendo en esto costumbres que venían ya del judaísmo de la gentilidad. Así que Pablo se dirige «a la Iglesia de tu casa». Eso nos indica que se reunían en lo de Filemón, pero no significa, ni puede deducirse de allí, que fuera el «presidente» de esas reuniones, o que tuviera un cargo directivo en la comunidad. En realidad tampoco puede deducirse lo contrario.
A tenor del versículo 19, podemos entender que la conversión de Filemón fue una tarea personal del Apóstol: «Yo mismo, Pablo, lo firmo con mi puño; yo te lo pagaré... Por no recordarte deudas para conmigo, pues tú mismo te me debes». Posiblemente, Filemón era de posición acomodada, no sólo porque pusiera su casa a disposición de la comunidad, sino por la alusión que hace Pablo en el v.5 «tengo noticia de tu caridad y de tu fe para con el Señor Jesús y para bien de todos los santos»; parece un poco aventurado, sin embargo, afirmar que fuera comerciante de lanas, o concretar más que lo que pueda razonablemente surgir de la carta. Todo apunta a Colosas ya que, aunque la Carta a los Colosenses tiene sus propios problemas de autoría y fecha, se nombran algunos personajes en común, e incluso se dice que esa carta (la de Colosenses) va en manos de Tíquico y Onésimo, posiblemente el mismo esclavo objeto de la carta a Filemón; pero hay que reconocer que la carta no da otros elementos para localizar al personaje con más precisión.
Apfia (transcripta en el martirologio en español como Apia) sólo es mencionada en el versículo 2. Tradicionalmente se la supone esposa de Filemón, pero hay que reconocer que no hay demasiada base para afirmarlo, sólo la vaga idea de que las comunidades familiares solían comprender a toda la casa, y mucho más si el convertido era el marido, pero no deja de ser una hipótesis. Mucho más lo es la afirmación, que ya pasa un poco de hipótesis a «peregrina idea», de que Arquipo, el otro mencionado en el encabezado, sea el hijo de ese matrimonio, como se lee en muchos estudios. No hay apoyo alguno para esa identificación.
Aquí acaba, y no es poco tratándose de personajes «secundarios» del Nuevo Testamento, todo lo que podemos decir a ciencia cierta sobre Filemón y Apfia. Más allá del texto comienza la leyenda que, como cualquiera puede imaginar, llega a informarnos de detalles insospechados: Filemón llegó a ser obispo de Colosas, o tal vez de Gaza; en el ministerio fue ayudado estrechamente por Onésimo, y murió mártir, posiblemente en Éfeso, junto con Apfia; los dos esposos enterrados hasta la altura del pecho y apedreados, en tiempos de Nerón, el día de la fiesta de Diana. esta forma de la leyenda era la que traía el Martirologio Romano anterior, pero hay muchas otras variantes. El Martirologio actual no los inscribe como mártires, ni como obispo a Filemón.
San Pragmacio de Autún | |
San Pragmacio de Autún, obispo
En Autún, de la Galia Lugdunense, san Pragmacio, obispo.
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