“EL HOMBRE”, VA VINIENDO A
TRAVÉS DEL HOMBRE (HN-04)
Si aceptamos
la visión ternaria de Kant debemos empezar aceptando que toda realidad –sobre
todo la realidad humana– puede ser captada de tres maneras; y que, además, esta
captación se hace siempre de forma progresiva. Refiriendo esta captación a la persona: lo primero que debemos hacer es
intentar entenderla; después tratar de comportarnos con ella adecuadamente,
según sus gustos; para poder llegar así, al final, incluso a amarla y gozarla.
Esta captación, que según Kant es siempre progresiva, tiene mucha importancia
para nosotros en todo lo que se va a decir; como tal sucesión histórica.
En efecto,
cuando la teología estaba en la etapa de la Lógica se pensaba que Dios era lo máximo que
podía pensar cualquier persona; y todavía hay mucha gente que lo ve así. Pero
es un error creer que lo mejor de una realidad, el tope máximo que podemos
captar de una realidad –bien sea un objeto, una estrella, una planta, un
ratón... o una persona– es tan solo conocerla. Por ejemplo, si ante una botella
de vino sin descorchar te preguntaran: “¿Qué es esto?” Y respondieras: “vino
tinto, Rioja, gran reserva... cosecha del 98” . ¿Ya estaría captado? Es verdad que lo sabes
todo de ese vino, pero sigue tan intocado como antes de responder; pues todavía
no lo has gozado. ¿Vemos por donde va hoy la búsqueda de “la teología del
gozo”? Al principio, en la época en que los escolásticos pensaron, estos lo
hicieron tan genialmente bien que nos dejaron tesoros como “La Síntesis Del Derecho” de
Graciano. Eran cíclopes, no gigantes sino cíclopes, y construyeron un edificio
tan grande del conocimiento que creyeron habían llegado al tope; pero este era
solo el primero de los topes de la realidad: el tope del conocimiento.
Inventaron el conocimiento y pensaron durante siglos, creyendo que aquello era
el tope; y dieron lugar a la visión beatífica siguiente: cuando tú lo sepas
todo de Dios estarás en el cielo, porque lo máximo es conocer-ver a Dios. Pero
después llegaron otros y dijeron: ¿y de qué sirve conocer la realidad, si la
maltratamos? En efecto, yo puedo pensar y conocer una cosa perfectamente pero
utilizarla mal. Si bien, pudieron decir esta novedad porque ya estaban en una
segunda etapa, donde el tope ya no es conocer: este tope es comportarse bien
con las cosas; usarlas bien, apreciarlas y utilizarlas como se
debe. En esta etapa se da un paso más, pero para dar este nuevo paso fue
necesario todo el conocimiento anterior. Y siguiendo a la tercera etapa
(en la captación de Dios): yo no puedo
conformarme solo con ver a Dios –porque no es un espectáculo– yo quiero terminar estando dentro de él;
pero antes de estar con él gozándolo, hay que conocerlo y comportarnos bien con
él. ¿Nos damos cuenta, cómo el hombre es un todo? Somos una especie en
evolución, en la que el hombre futuro va viniendo a través del
hombre; hasta llegar al Hombre que hemos de ser.
En la primera
etapa, fueron tan perfectos que creyeron ser el tope: y todavía hay muchos
cristianos que creen que para ser muy cristiano hay que saber mucha doctrina...
No, el cristianismo es una cosa de tan poco saber que, muchos de los
que dicen no ser cristianos puede que lo sean sin saberlo. O sea, ¿que hay
personas que no saben que son cristianos y pueden estarlo siendo? Sí pero, sólo
aquellos a los que veas sorprenderse cuando contemplan lo cotidiano como algo
nuevo y a la vez que esta contemplación les produce alegría. Sí, si percibes
que sienten dentro su libertad de forma cantarina; o sea, si ves que resuenan y
cantan llenándolo todo de paz. Sí, si los percibes como niños gozosos que
estrenan cada día el milagro de su caminar. Sí, porque en definitiva para
llegar a ser niño no basta sólo con saber. Hay mucho cristiano que todavía cree
que lo que más importa es saber, y por eso suelen decir: ¡esto no se puede
tocar, esto es dogma de fe! Ciertos
cristianos creen que aquél que sepa de memoria todos los dogmas será un
cristiano perfecto; pero no saben que los dogmas están ahí como puntos de
partida y no de llegada: que no son jaulas, para retener cualquier intento de
vuelo futuro del pájaro incansable que es el hombre. Venimos desde aquél lugar
donde los dogmas pertenecen a la
Lógica , venimos desde aquellos hombres que pensaban que los
dogmas eran formulaciones lógicas claras, perfectas y límites. Pero no es así, los
dogmas sólo son puntos de partida y están ahí para ayudarnos a caminar.
La Iglesia no se ha preocupado de enumerar dogmas, y hay muchos que ni siquiera
están registrados. Ni todos los teólogos juntos suman todos los dogmas, ni
mucho menos todos los caminos ni todas las intenciones que tuvieron tantos
“santos padres” al ir madurando los dogmas que hoy consideramos. El
cristianismo es mucho más que un saber; y en el s. XVII se dio un segundo gran paso; poniendo el tope no en el saber sino
en la ética (el comportamiento, la moral). Lo que, pasándolo a cristiano,
equivale a decir: ¡sólo es cristiano aquél que cumple...! Y cuidado con esto,
pues hay mucha gente que se cree perfecta
sólo porque cumple...; a pesar de que Cristo ya los retrató: Un fariseo subió al templo –cosa
propia de fariseos, de hombres de Iglesia–,
se puso en pie muy seguro
–pues este tipo de cristiano se siente muy seguro– y le dijo a Dios –con
soberbia y desprecio desde una pretendida perfección–: “Señor te doy gracias
porque no soy como los demás...” (Lc. 18, 11). Hoy también hay muchos que van
por la vida pensando esto: ¡menos mal que no soy como los demás!, pues no tengo
hijos drogadictos, cumplo todos los códigos de leyes... aporto mis impuestos,
acudo al templo... ¡Gracias Señor, porque me veo... “santo”! Pero no olvidemos
que Cristo respondió, a esta presunción cumplidora del fariseo, con una novedad
demoledora: “Éste bajó a su casa en
desgracia de Dios”. Recuerden además estos cristianos (los que creen que
basta con el buen cumplimiento) que los fariseos intocables y santos fueron los
responsables de la muerte de Cristo; o sea que, “este tipo de santos matan a Dios”. ¿Nos damos cuenta? Ser
cristiano no es un código, que si lo cumples te hace cristiano; porque cuando
uno no mata, ni roba, ni fornica, ni... solo quiere decir que se es ético –que
se cumple– pero no que se sea cristiano. Y si retrocedemos más todavía, algunos
siguen pensando que cuando sepan mucho de Dios serán cristianos. Pero no,
porque hay japoneses sintoístas, especialistas en cristianismo, que saben más
del cristianismo que nosotros y no son cristianos. Luego, se puede saber
mucho de Dios y se pueden cumplir todas las leyes sin estar en Dios. Santo Tomás de Aquino, al acabar los
increíbles volúmenes de la “Summa Theologica”, termina diciendo: “¿Y
cómo será, que muchas veces una viejecita con su escoba sabe más de Dios
que un gran teólogo?” No sorprende que esto lo piense Santo Tomás: un
místico... un hombre con carne de niño que murió muy joven, a los 47 años. Y
esto demuestra lo maduro que estaba aquél tiempo, para que se pudieran hacer
síntesis como esta: es posible que una abuelita con su escoba sepa más de Dios
que un teólogo. Se dieron cuenta que la sabiduría de Dios no viene solo por el
saber –no viene solo por la
Lógica –. Pero tampoco viene solo porque la abuelita barra
bien –haga bien su trabajo, o cumpla con su Ética–, sino por la combinación
sucesiva de ambas y por algo más que ya es actual; por lo que, según Kant, ya
pertenece a la tercera etapa: por la Estética. Y ahora debemos recordar que, los
que pretendan ir directamente a la Estética no entenderán
nada; pues hay que pasar por las
etapas previas, con paciencia y concentración. Ahora, después de mirar con
respeto a la Lógica
y después de aprender a comportarnos correctamente –o sea con sabiduría y con
principios éticos–, ya podemos desembocar en su síntesis: la Estética. Con la estética y
desde nuestros conocimientos actuales, estamos entrando ya en una etapa crucial
de nuestra historia: en la síntesis de toda la dirección horizontal por la que
venimos y por la que seguiremos caminando; sin saber bien lo que sucederá...
porque vamos a tientas, porque lo que está por venir será una sorpresa, una
maravilla y, como decía San Pablo, “mucho más allá de lo que esperamos”. Esto
es lo que sucede con el hombre: lo que nos espera está siempre más allá de
lo que somos, porque el hombre desemboca en Dios. O dicho de otra
forma: estamos hechos para la sorpresa y
la maravilla. El misterio, el milagro... la maravilla, pertenecen a la
dimensión del hombre; porque lo que ya tenemos dentro, aún siendo admirable y
formidable, no es más que una profecía del futuro: eso que de verdad estamos
llamados a ser. Es como cuando, viendo un hombre de 90 años a punto de morirse,
todavía preguntamos: ¿qué va a llegar a ser? Y es que hay siempre una dimensión
infinita por delante de nosotros, que nos hace pensar que un hombre de 90 años
puede ser todavía un niño: puede tener todavía más futuro que pasado.
Si después de Kant seguimos con Heggel, entendemos la realidad como
bipolar, aceptamos que toda tesis tiene su contraria: la antítesis. En chino
existe el yin-tesis y el yang-antítesis, que nosotros llamamos
derecha e izquierda, masculino y femenino, día y noche, luz y tinieblas, arriba
y abajo, hombre y Dios, o Dios y Satanás... Pero el hombre ansía pensar la
realidad como una, y en esa unidad encontrar lo gozoso
para siempre: la felicidad. Lo que es polémico y estridente es la escisión o la
ruptura de la unidad; pero en este mundo en el que vivimos, que no es nuestra
meta final, “la realidad una” se hace doble: sólo podemos percibir la realidad
de forma dual y esto es fundamental entenderlo. Pues cuando yo me pienso, y me
fijo en mi parte derecha, digo: sí, esta derecha forma parte de mí pero la
izquierda también. Si me miro arriba, digo: sí… pero la parte de abajo también.
Lo que soy ahora forma parte de mí, pero también es mío lo que estoy llamado a
ser... Si cogemos lo humano, la persona
entera, resulta que la parte derecha de nuestro cerebro –la parte
preferentemente femenina– tiende a captar lo total, lo global...; y que la
parte izquierda –la preferentemente
masculina– tiende a captar lo lineal, la sucesión, el tiempo, la matemática, el
número... Por eso, si imaginamos integrados los dos hemisferios de nuestro
cerebro –formando una sola unidad–, entonces coincidirán lo lineal, lo
temporal, lo analítico... con lo global, lo sintético, lo amoroso... ¿Y qué sucederá cuando esto tenga lugar?
Habrá iluminación y totalidad: esto es de lo que estamos hablando. Cuando se unan nuestras dos dimensiones
personales, acaecerá nuestra totalidad. La suma de nuestras dos dimensiones, a
tope y en una, darán la dimensión total de cada hombre: se producirá el gozo en Cristo (Hombre-Dios) de cada uno,
en lo que conocemos como “resurrección”.
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