jueves, 4 de febrero de 2016

CURSO “EL HOMBRE NUEVO” (“EL HOMBRE”, VA VINIENDO A TRAVÉS DEL HOMBRE) (HN-04)

“EL HOMBRE”,  VA VINIENDO A TRAVÉS DEL HOMBRE  (HN-04)

Si aceptamos la visión ternaria de Kant debemos empezar aceptando que toda realidad –sobre todo la realidad humana– puede ser captada de tres maneras; y que, además, esta captación se hace siempre de forma progresiva. Refiriendo esta captación a la persona: lo primero que debemos hacer es intentar entenderla; después tratar de comportarnos con ella adecuadamente, según sus gustos; para poder llegar así, al final, incluso a amarla y gozarla. Esta captación, que según Kant es siempre progresiva, tiene mucha importancia para nosotros en todo lo que se va a decir; como tal sucesión histórica. 

En efecto, cuando la teología estaba en la etapa de la Lógica se pensaba que Dios era lo máximo que podía pensar cualquier persona; y todavía hay mucha gente que lo ve así. Pero es un error creer que lo mejor de una realidad, el tope máximo que podemos captar de una realidad –bien sea un objeto, una estrella, una planta, un ratón... o una persona– es tan solo conocerla. Por ejemplo, si ante una botella de vino sin descorchar te preguntaran: “¿Qué es esto?” Y respondieras: “vino tinto, Rioja, gran reserva... cosecha del 98.  ¿Ya estaría captado? Es verdad que lo sabes todo de ese vino, pero sigue tan intocado como antes de responder; pues todavía no lo has gozado. ¿Vemos por donde va hoy la búsqueda de “la teología del gozo”? Al principio, en la época en que los escolásticos pensaron, estos lo hicieron tan genialmente bien que nos dejaron tesoros como “La Síntesis Del Derecho” de Graciano. Eran cíclopes, no gigantes sino cíclopes, y construyeron un edificio tan grande del conocimiento que creyeron habían llegado al tope; pero este era solo el primero de los topes de la realidad: el tope del conocimiento. Inventaron el conocimiento y pensaron durante siglos, creyendo que aquello era el tope; y dieron lugar a la visión beatífica siguiente: cuando tú lo sepas todo de Dios estarás en el cielo, porque lo máximo es conocer-ver a Dios. Pero después llegaron otros y dijeron: ¿y de qué sirve conocer la realidad, si la maltratamos? En efecto, yo puedo pensar y conocer una cosa perfectamente pero utilizarla mal. Si bien, pudieron decir esta novedad porque ya estaban en una segunda etapa, donde el tope ya no es conocer: este tope es comportarse bien con las cosas; usarlas bien, apreciarlas y utilizarlas como se debe. En esta etapa se da un paso más, pero para dar este nuevo paso fue necesario todo el conocimiento anterior. Y siguiendo a la tercera etapa (en la captación de Dios): yo no puedo conformarme solo con ver a Dios –porque no es un espectáculo– yo quiero terminar estando dentro de él; pero antes de estar con él gozándolo, hay que conocerlo y comportarnos bien con él. ¿Nos damos cuenta, cómo el hombre es un todo? Somos una especie en evolución, en la que el hombre futuro va viniendo a través del hombre; hasta llegar al Hombre que hemos de ser.
 En la primera etapa, fueron tan perfectos que creyeron ser el tope: y todavía hay muchos cristianos que creen que para ser muy cristiano hay que saber mucha doctrina... No, el cristianismo es una cosa de tan poco saber que, muchos de los que dicen no ser cristianos puede que lo sean sin saberlo. O sea, ¿que hay personas que no saben que son cristianos y pueden estarlo siendo? Sí pero, sólo aquellos a los que veas sorprenderse cuando contemplan lo cotidiano como algo nuevo y a la vez que esta contemplación les produce alegría. Sí, si percibes que sienten dentro su libertad de forma cantarina; o sea, si ves que resuenan y cantan llenándolo todo de paz. Sí, si los percibes como niños gozosos que estrenan cada día el milagro de su caminar. Sí, porque en definitiva para llegar a ser niño no basta sólo con saber. Hay mucho cristiano que todavía cree que lo que más importa es saber, y por eso suelen decir: ¡esto no se puede tocar, esto es dogma de fe!  Ciertos cristianos creen que aquél que sepa de memoria todos los dogmas será un cristiano perfecto; pero no saben que los dogmas están ahí como puntos de partida y no de llegada: que no son jaulas, para retener cualquier intento de vuelo futuro del pájaro incansable que es el hombre. Venimos desde aquél lugar donde los dogmas pertenecen a la Lógica, venimos desde aquellos hombres que pensaban que los dogmas eran formulaciones lógicas claras, perfectas y límites. Pero no es así, los dogmas sólo son puntos de partida y están ahí para ayudarnos a caminar. La Iglesia no se ha preocupado de enumerar dogmas, y hay muchos que ni siquiera están registrados. Ni todos los teólogos juntos suman todos los dogmas, ni mucho menos todos los caminos ni todas las intenciones que tuvieron tantos “santos padres” al ir madurando los dogmas que hoy consideramos. El cristianismo es mucho más que un saber; y en el s. XVII se dio un segundo gran paso; poniendo el tope no en el saber sino en la ética (el comportamiento, la moral). Lo que, pasándolo a cristiano, equivale a decir: ¡sólo es cristiano aquél que cumple...! Y cuidado con esto, pues hay mucha gente que se cree perfecta sólo porque cumple...; a pesar de que Cristo ya los retrató: Un fariseo subió al templo –cosa propia de fariseos, de hombres de Iglesia–,  se puso en pie muy seguro –pues este tipo de cristiano se siente muy seguro– y le dijo a Dios –con soberbia y desprecio desde una pretendida perfección–: “Señor te doy gracias porque no soy como los demás...” (Lc. 18, 11). Hoy también hay muchos que van por la vida pensando esto: ¡menos mal que no soy como los demás!, pues no tengo hijos drogadictos, cumplo todos los códigos de leyes... aporto mis impuestos, acudo al templo... ¡Gracias Señor, porque me veo... “santo”! Pero no olvidemos que Cristo respondió, a esta presunción cumplidora del fariseo, con una novedad demoledora: “Éste bajó a su casa en desgracia de Dios”. Recuerden además estos cristianos (los que creen que basta con el buen cumplimiento) que los fariseos intocables y santos fueron los responsables de la muerte de Cristo; o sea que, “este tipo de santos matan a Dios”. ¿Nos damos cuenta? Ser cristiano no es un código, que si lo cumples te hace cristiano; porque cuando uno no mata, ni roba, ni fornica, ni... solo quiere decir que se es ético –que se cumple– pero no que se sea cristiano. Y si retrocedemos más todavía, algunos siguen pensando que cuando sepan mucho de Dios serán cristianos. Pero no, porque hay japoneses sintoístas, especialistas en cristianismo, que saben más del cristianismo que nosotros y no son cristianos. Luego, se puede saber mucho de Dios y se pueden cumplir todas las leyes sin estar en Dios. Santo Tomás de Aquino, al acabar los increíbles volúmenes de la “Summa Theologica”, termina diciendo: “¿Y cómo será, que muchas veces una viejecita con su escoba sabe más de Dios que un gran teólogo?” No sorprende que esto lo piense Santo Tomás: un místico... un hombre con carne de niño que murió muy joven, a los 47 años. Y esto demuestra lo maduro que estaba aquél tiempo, para que se pudieran hacer síntesis como esta: es posible que una abuelita con su escoba sepa más de Dios que un teólogo. Se dieron cuenta que la sabiduría de Dios no viene solo por el saber –no viene solo por la Lógica–. Pero tampoco viene solo porque la abuelita barra bien –haga bien su trabajo, o cumpla con su Ética–, sino por la combinación sucesiva de ambas y por algo más que ya es actual; por lo que, según Kant, ya pertenece a la tercera etapa: por la Estética. Y ahora debemos recordar que, los que pretendan ir directamente a la Estética no entenderán nada; pues hay que pasar por las etapas previas, con paciencia y concentración. Ahora, después de mirar con respeto a la Lógica y después de aprender a comportarnos correctamente –o sea con sabiduría y con principios éticos–, ya podemos desembocar en su síntesis: la Estética. Con la estética y desde nuestros conocimientos actuales, estamos entrando ya en una etapa crucial de nuestra historia: en la síntesis de toda la dirección horizontal por la que venimos y por la que seguiremos caminando; sin saber bien lo que sucederá... porque vamos a tientas, porque lo que está por venir será una sorpresa, una maravilla y, como decía San Pablo, “mucho más allá de lo que esperamos”. Esto es lo que sucede con el hombre: lo que nos espera está siempre más allá de lo que somos, porque el hombre desemboca en Dios. O dicho de otra forma: estamos hechos para la sorpresa y la maravilla. El misterio, el milagro... la maravilla, pertenecen a la dimensión del hombre; porque lo que ya tenemos dentro, aún siendo admirable y formidable, no es más que una profecía del futuro: eso que de verdad estamos llamados a ser. Es como cuando, viendo un hombre de 90 años a punto de morirse, todavía preguntamos: ¿qué va a llegar a ser? Y es que hay siempre una dimensión infinita por delante de nosotros, que nos hace pensar que un hombre de 90 años puede ser todavía un niño: puede tener todavía más futuro que pasado.


Si después de Kant seguimos con Heggel, entendemos la realidad como bipolar, aceptamos que toda tesis tiene su contraria: la antítesis. En chino existe el yin-tesis y el yang-antítesis, que nosotros llamamos derecha e izquierda, masculino y femenino, día y noche, luz y tinieblas, arriba y abajo, hombre y Dios, o Dios y Satanás... Pero el hombre ansía pensar la realidad como una, y en esa unidad encontrar lo gozoso para siempre: la felicidad. Lo que es polémico y estridente es la escisión o la ruptura de la unidad; pero en este mundo en el que vivimos, que no es nuestra meta final, “la realidad una” se hace doble: sólo podemos percibir la realidad de forma dual y esto es fundamental entenderlo. Pues cuando yo me pienso, y me fijo en mi parte derecha, digo: sí, esta derecha forma parte de mí pero la izquierda también. Si me miro arriba, digo: sí… pero la parte de abajo también. Lo que soy ahora forma parte de mí, pero también es mío lo que estoy llamado a ser...  Si cogemos lo humano, la persona entera, resulta que la parte derecha de nuestro cerebro –la parte preferentemente femenina– tiende a captar lo total, lo global...; y que la parte izquierda –la  preferentemente masculina– tiende a captar lo lineal, la sucesión, el tiempo, la matemática, el número... Por eso, si imaginamos integrados los dos hemisferios de nuestro cerebro –formando una sola unidad–, entonces coincidirán lo lineal, lo temporal, lo analítico... con lo global, lo sintético, lo amoroso...  ¿Y qué sucederá cuando esto tenga lugar? Habrá iluminación y totalidad: esto es de lo que estamos hablando. Cuando se unan nuestras dos dimensiones personales, acaecerá nuestra totalidad. La suma de nuestras dos dimensiones, a tope y en una, darán la dimensión total de cada hombre: se producirá  el gozo en Cristo (Hombre-Dios) de cada uno, en lo que conocemos como “resurrección”. 

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