jueves, 4 de febrero de 2016

La voz de los sin voz (Virtudes y Valores)

La voz de los sin voz
Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado.


Por: Edwin Pereira, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores 








Óscar Arnulfo Romero y Galdámez (Ciudad Barrios, El Salvador, 15 de agosto de 1917- 24 de marzo de 1980), conocido como Monseñor Romero, fue un sacerdote católico salvadoreño, cuarto arzobispo metropolitano de San Salvador (1977-1980). Se volvió célebre por su predicación en defensa de los derechos humanos y murió asesinado en el ejercicio de su ministerio pastoral.

Son muchos los comentarios sobre este nombre, puesto que la nación salvadoreña vivía periodos virulentos, en especial cuando bandos que dividían al país estaban polarizados por alcanzar sus propios ideales.

Como arzobispo, denunció en sus homilías dominicales numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestó públicamente su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país. Su asesinato provocó la protesta internacional en demanda del respeto a los derechos humanos en El Salvador. Dentro de la Iglesia Católica se le consideró un obispo que defendía la "opción preferencial por los pobres". En una de sus homilías, Monseñor Romero afirmó: "La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres. Así la Iglesia encuentra su salvación." (11 de noviembre de 1977).

Sacerdote ejemplar de trayectoria intachable, ejemplo para los salvadoreños y toda la Iglesia en general. Es curioso que a pesar de ser un personaje bastante distinguido dentro del ámbito eclesial, también otras personas no católicas lo admiran por cuanto en materia social ha desempeñado y por ser la única persona valiente que se atrevió a denunciar las atrocidades cometidas por aquel entonces.

En 1994, se abrió la causa para su canonización por su sucesor Arturo Rivera y Damas. Actualmente, Monseñor Romero recibe el título de Siervo de Dios. En Latinoamérica se refiere a él como “San Romero de América”. Fuera de la Iglesia Católica, Monseñor Romero es honrado por otras denominaciones, incluyendo a la Comunión Anglicana. Él es uno de los diez mártires del siglo XX representados en las estatuas de la abadía de Westminster, en Londres.

Para Monseñor Romero la clave para enfrentar la difícil situación que vivía, fue la oración. De allí sacaba las fuerzas necesarias para salir adelante. Experimentó desde su infancia la oración nocturna y la veneración al Inmaculado Corazón de María, práctica que nunca dejó de hacer, pues dicen quienes le conocían que era un hombre de mucha oración y de gran devoción a María.

En 2005 el postulador de la causa de canonización, Monseñor Vincenzo Paglia, informó a los medios de comunicación sobre las conclusiones del estudio realizado para la causa de su beatificación. “Romero no era un obispo revolucionario sino un hombre de la Iglesia, del Evangelio y de los pobres”. El proceso sigue su curso que, una vez concluido, podría acercar la fecha en que Óscar Arnulfo Romero sea elevado a los altares como el primer santo y mártir de El Salvador.

Un día antes de su muerte hizo un enérgico llamamiento al ejército salvadoreño. A continuación se presenta un fragmento de su homilía:

“Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre. En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”.

Hoy día resuenan con mucha fuerza las palabras de Monseñor Romero. Basta cambiar los nombres “Guardia Nacional”, “policía” y “cuarteles” a quienes buscan asesinar la fe de las personas sencillas. Están matando la fe y la moral de nuestra gente y hoy estamos sufriendo las consecuencias. Hoy, ¿quién mata? Matan, por ejemplo, quienes quitan la oportunidad de vivir a tantos niños inocentes, que piden una oportunidad para cambiar este mundo.

Retomando las palabras de Monseñor Romero: “En nombre de Dios y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión”.

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