San Tarasio de Constantinopla, obispo
fecha: 18 de febrero
fecha en el calendario anterior: 25 de febrero
†: 806 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 25 de febrero
†: 806 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En
Constantinopla, san Tarasio, obispo, insigne por su piedad y erudición, que
inició el Concilio Niceno II, en el cual los Padres defendieron el culto de las
santas imágenes.
refieren a este santo: Santa Antusa, San Miguel de
Sinnada, San Teofilacto
de Nicomedia

San
Tarasio ejercía el cargo de secretario del joven emperador Constantino IV y de
su madre Irene. A pesar de ser laico, Paulo IV, patriarca de Constantinopla, le
propuso por sucesor suyo, en el momento de retirarse a un monasterio. La corte,
el clero y el pueblo confirmaron la elección de Tarasio. El santo era de
familia patricia y había recibido una educación esmerada. En la corte, en un
ambiente de sensualidad y halagos, había sabido llevar una vida casi monacal.
Se resistió mucho a aceptar el nombramiento de patriarca, en parte porque no
era sacerdote y en parte también, por la difícil situación que había creado la
política de los emperadores contra la veneración de las imágenes sagradas, a
partir de León III, en el 726. Cuando Tarasio fue elegido patriarca, la
emperatriz Irene ejercía la regencia, pues su hijo, Constantino IV, sólo tenía
diez años. Irene era una mujer ambiciosa y muy cruel, pero no era iconoclasta,
es decir, no se oponía a la veneración de las imágenes. Esto facilitó la
reunión de un Concilio, puesto que Tarasio, consagrado en la Navidad del año
784, había aceptado la dignidad patriarcal, bajo la condición de que se
celebrara un sínodo para restablecer la unión deshecha por la campaña
inococlasta. El séptimo Concilio Ecuménico se reunió en Nicea el año 787,
presidido por los legados del papa Adriano I. Las discusiones llevaron a la
conclusión de que la Iglesia podía permitir que se tributara a las imágenes un
culto relativo, no el culto de adoración que sólo se debe a Dios. Como lo hizo notar
el Concilio, quien reverencia a una imagen, reverencia a la persona que ésta
representa.
Obedeciendo
a las decisiones conciliares, Tarasio restituyó en su patriarcado el culto de
las imágenes. Igualmente trabajó por desarraigar la simonía. Su vida fue un
modelo de perfecto desinterés material, volcada hacia el clero y el pueblo. En
su casa y en su mesa no había nada de la magnificencia que ostentaban sus
predecesores. Consagrado al servicio del prójimo, Tarasio apenas permitía que
sus criados le sirviesen. Dormía muy poco y en sus ratos de ocio se consagraba
a la oración y la lectura espiritual. Prohibió al clero el uso de vestidos
preciosos y se mostró particularmente severo por lo que se refiere al teatro.
Con frecuencia repartía personalmente alimentos a los pobres; para que nadie se
sintiese abandonado, visitaba todos los hospitales y obras de beneficencia en
Constantinopla.
Algunos
años más tarde, el emperador se enamoró de Teódota, una dama de honor de su
esposa, la emperatriz María. La emperatriz madre, Irene, le había obligado a
casarse con María, de la que el emperador decidió divorciarse. Para ello,
intentó ganarse la voluntad del patriarca y le envió a un mensajero para
anunciarle que la emperatriz quería envenenarlo. Tarasio respondió al mensajero:
«Di al emperador que estoy dispuesto a morir antes que ayudarle a realizar su
propósito». Entonces el emperador trató de ganarle por medio de halagos. Llamó,
pues, al patriarca y le dijo: «A ti no puedo ocultarte nada, pues te considero
como a mi padre. Es indudable que la Iglesia permitirá que me divorcie de una
mujer que ha intentado envenenarme. La emperatriz María merece la muerte o la
prisión perpetua». El emperador mostró a Tarasio un vaso con veneno que, según
él, la emperatriz había tratado de hacerle beber. Pero el patriarca no se dejó
engañar, y replicó que estaba cierto de que Constantino quería divorciarse de
la emperatriz porque estaba enamorado de Teódota; además le manifestó que, aun
en el caso de que la emperatriz María fuese realmente culpable, el nuevo
matrimonio constituiría un adulterio. El monje Juan, que se hallaba también
presente, habló con gran valentía en el mismo sentido que el patriarca; el
emperador, furioso, les mandó retirarse de su presencia. Después echó a la
emperatriz María fuera del palacio y la obligó a tomar el velo. Como Tarasio se
negase a casarle con Teódota, el matrimonio se llevó a cabo ante el abad José,
un personaje de la Iglesia de Constantinopla. En adelante Tarasio tuvo que
soportar el resentimiento de Constantino, quien le persiguió durante el resto
de su reinado. Se cuenta que el emperador hacía seguir al patriarca en todos
sus movimientos, que había prohibido a todos que hablasen con él sin su
permiso, y que desterró a muchos de los amigos y servidores de Tarasio por
dirigirle la palabra. Entre tanto, la emperatriz Irene que quería seguir
gobernando, se ganó a los principales personajes de la corte y el ejército,
encarceló a su hijo y le mandó sacar los ojos. Irene gobernó durante cinco
años, hasta que fue depuesta por Nicéforo, quien usurpó el imperio y la
desterró a la isla de Lesbos.
Bajo
el reinado de Nicéforo, Tarasio desempeñó sin contratiempos sus deberes
pastorales. En su última enfermedad no dejó de celebrar el santo sacrificio,
mientras pudo moverse. Poco antes de morir, Tarasio tuvo una visión en la que,
según cuenta su biógrafo -que se hallaba con él en ese momento-, el prelado
parecía responder a las acusaciones de un grupo de hombres que juzgaban cada
una de las acciones de su vida. Tarasio se mostraba sumamente agitado al
responder a las acusaciones. Esto atemorizó mucho a todos los presentes, pues
la vida del patriarca había sido muy íntegra. Pero a la agitación sucedió una
gran serenidad y san Tarasio entregó su alma a Dios en medio de una gran paz,
después de haber gobernado al patriarcado durante veintiún años. No faltaron
quienes pensaron que san Tarasio se había mostrado demasiado complaciente con
el emperador en el asunto del divorcio, ya que otros tuvieron actitudes más
extremas, como san Platón y san Teodoro el
Estudita, encarcelados por Constantino.
La
principal fuente, por lo que toca al aspecto ascético de la vida de san
Tarasio, es la biografía del diácono Ignacio. El texto fue publicado por A.
Heikel en Proccedings of the Helsingfors Academy. En Acta Sanctorum, febrero,
vol. III, se encontrará una traducción latina. Sobre la controversia
iconoclasta es excelente la obra de Hefele-Leclercq, Histoire des Conciles,
vol. III, pte. 2 (1910), pp. 741 ss. En N. H. Baynes y H. L. B. Moss,
Byzantinum (1948), pp. 15-17, 105-108, hay un buen resumen. Ver también Krumbacher,
Geschichte der Byzantinischen Literatur, 2a. edic., p. 73, Hergenrother,
Photius, vol. I, pp. 264-361; y Byzantinische Zeitschrift, 1909, pp. 57 ss.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 813 veces
ingreso
o última modificación relevante: ant 2012
Estas
biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una
fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia
completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor,
al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel)
y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=614
San Angilberto, abad
fecha: 18 de febrero
n.: c. 750 - †: 814 - país: Francia
otras formas del nombre: Engelberto
canonización: C: Pascual II 1100
hagiografía: Catholic Encyclopedia
n.: c. 750 - †: 814 - país: Francia
otras formas del nombre: Engelberto
canonización: C: Pascual II 1100
hagiografía: Catholic Encyclopedia
En el monasterio de Céntula, en la
región de la Galia Ambianense, san Angilberto, abad, que tras dejar los cargos
palatinos y militares que ostentaba, y con el consentimiento de su esposa
Berta, que también recibió el santo velo, abrazó la vida monástica y rigió con
éxito dicho monasterio.

Parece que Angilberto fue educado en la
corte de Carlomagno, donde fue discípulo y amigo del gran escolástico inglés
Alcuino. Fue destinado al estado eclesiástico, y debió haber recibido las
órdenes menores muy pronto; sin embargo, acompañó al joven rey Pipino a Italia
en el 782, en calidad de «primicerius palatii» (un alto cargo en la
administración real), tarea que implicaba ocuparse de la administración
secular. En la academia de hombres de letras que hizo ilustre a la corte de
Carlomagno, Angilberto fue conocido como Homero, y fragmentos de sus obras, aun
existentes, muestran que su habilidad era considerable. Fue enviado varias
veces como legado ante el papa, y se le imputó haber identificado sus puntos de
vista con algunas opiniones heterodoxas de Carlomagno en la controversia de las
imágenes.
En el 790 fue nombrado abad de Centula, conocido más
tarde como Saint-Riquier, en Picardía, y con el apoyo de sus poderosos amigos,
no sólo restauró o rehizo el monasterio con un estilo muy suntuoso, sino que lo
dotó con una preciosa biblioteca de unos 200 volúmenes. En el año 800 tuvo el
honor de recibir a Carlomagno como huésped. Es probable que en aquel momento
Angilberto (que es dudoso si ya había sido ordenado presbítero) llevara todavía
una vida muy mundana. Las circunstancias no son claras, pero los modernos
historiadores consideran indudable que Angilberto tuvo una aventura con la hija
soltera de Carlomagno, y tuvo con ella dos hijos, uno de los cuales es el bien
conocido cronista Nithard. Esta aventura, considerada a veces como matrimonio,
ha sido discutida por algunos estudiosos, pero está hoy generalmente admitida.
Debemos recordar que las canonizaciones populares en aquella época eran muy
informales, y no se ocupaban de investigar demasiado la conducta pasada o las
antiguas virtudes.
Se declara, no obstante, en la biografía del santo
escrita en el siglo XII que el abad antes de su muerte hizo amarga penitencia
por aquella unión, y el cronista Nithard, en el mismo pasaje en el que afirma
que Angilberto fue su padre, declara que el cuerpo de Angilberto se encontró
incorrupto algunos años después de su sepultura. Angilberto es también
considerado como el autor de un poema épico sobre Carlomagno y León III, pero
esta autoría es discutida. Por otra parte, Monod piensa que Angilberto es el
responsable de algunas partes de los famosos «Annales Laurisenses». Murió el 18
de febrero del 814 en la abadía de Saint-Riquier.
Traducido para ETF del artículo de Herbert Thurston, St. Angilbert,
en la Catholic Encyclopedia (1907). En la edición inglesa del «Butler's Lives
of Saints» hay otro artículo del mismo autor, con amplia bibliografía.
Notas: Como puede verse, el
Martirologio Romano en su "elogio" del santo opta por la versión de
"matrimonio", no de "aventura" con la madre de sus dos
hijos. Por otra parte, en el listado de los santos canonizados oficialmente antes
de la Sagrada Congregación de Ritos aparece como canonizado por el papa Pascual
II en el 1100, sin embargo parece que el criterio del Martirologio Romano
actual es considerarlo como canonización popular no confirmada, por lo que está
marcado con el asterisco que corresponde a los beatos.
fuente: Catholic Encyclopedia
accedida 466 veces
ingreso o última modificación relevante: ant
2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=615
No hay comentarios:
Publicar un comentario