jueves, 18 de febrero de 2016

San Tarasio de Constantinopla, obispo - San Angilberto, abad (18 de febrero)

San Tarasio de Constantinopla, obispo

fecha: 18 de febrero
fecha en el calendario anterior: 25 de febrero
†: 806 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Constantinopla, san Tarasio, obispo, insigne por su piedad y erudición, que inició el Concilio Niceno II, en el cual los Padres defendieron el culto de las santas imágenes.
San Tarasio ejercía el cargo de secretario del joven emperador Constantino IV y de su madre Irene. A pesar de ser laico, Paulo IV, patriarca de Constantinopla, le propuso por sucesor suyo, en el momento de retirarse a un monasterio. La corte, el clero y el pueblo confirmaron la elección de Tarasio. El santo era de familia patricia y había recibido una educación esmerada. En la corte, en un ambiente de sensualidad y halagos, había sabido llevar una vida casi monacal. Se resistió mucho a aceptar el nombramiento de patriarca, en parte porque no era sacerdote y en parte también, por la difícil situación que había creado la política de los emperadores contra la veneración de las imágenes sagradas, a partir de León III, en el 726. Cuando Tarasio fue elegido patriarca, la emperatriz Irene ejercía la regencia, pues su hijo, Constantino IV, sólo tenía diez años. Irene era una mujer ambiciosa y muy cruel, pero no era iconoclasta, es decir, no se oponía a la veneración de las imágenes. Esto facilitó la reunión de un Concilio, puesto que Tarasio, consagrado en la Navidad del año 784, había aceptado la dignidad patriarcal, bajo la condición de que se celebrara un sínodo para restablecer la unión deshecha por la campaña inococlasta. El séptimo Concilio Ecuménico se reunió en Nicea el año 787, presidido por los legados del papa Adriano I. Las discusiones llevaron a la conclusión de que la Iglesia podía permitir que se tributara a las imágenes un culto relativo, no el culto de adoración que sólo se debe a Dios. Como lo hizo notar el Concilio, quien reverencia a una imagen, reverencia a la persona que ésta representa.
Obedeciendo a las decisiones conciliares, Tarasio restituyó en su patriarcado el culto de las imágenes. Igualmente trabajó por desarraigar la simonía. Su vida fue un modelo de perfecto desinterés material, volcada hacia el clero y el pueblo. En su casa y en su mesa no había nada de la magnificencia que ostentaban sus predecesores. Consagrado al servicio del prójimo, Tarasio apenas permitía que sus criados le sirviesen. Dormía muy poco y en sus ratos de ocio se consagraba a la oración y la lectura espiritual. Prohibió al clero el uso de vestidos preciosos y se mostró particularmente severo por lo que se refiere al teatro. Con frecuencia repartía personalmente alimentos a los pobres; para que nadie se sintiese abandonado, visitaba todos los hospitales y obras de beneficencia en Constantinopla.
Algunos años más tarde, el emperador se enamoró de Teódota, una dama de honor de su esposa, la emperatriz María. La emperatriz madre, Irene, le había obligado a casarse con María, de la que el emperador decidió divorciarse. Para ello, intentó ganarse la voluntad del patriarca y le envió a un mensajero para anunciarle que la emperatriz quería envenenarlo. Tarasio respondió al mensajero: «Di al emperador que estoy dispuesto a morir antes que ayudarle a realizar su propósito». Entonces el emperador trató de ganarle por medio de halagos. Llamó, pues, al patriarca y le dijo: «A ti no puedo ocultarte nada, pues te considero como a mi padre. Es indudable que la Iglesia permitirá que me divorcie de una mujer que ha intentado envenenarme. La emperatriz María merece la muerte o la prisión perpetua». El emperador mostró a Tarasio un vaso con veneno que, según él, la emperatriz había tratado de hacerle beber. Pero el patriarca no se dejó engañar, y replicó que estaba cierto de que Constantino quería divorciarse de la emperatriz porque estaba enamorado de Teódota; además le manifestó que, aun en el caso de que la emperatriz María fuese realmente culpable, el nuevo matrimonio constituiría un adulterio. El monje Juan, que se hallaba también presente, habló con gran valentía en el mismo sentido que el patriarca; el emperador, furioso, les mandó retirarse de su presencia. Después echó a la emperatriz María fuera del palacio y la obligó a tomar el velo. Como Tarasio se negase a casarle con Teódota, el matrimonio se llevó a cabo ante el abad José, un personaje de la Iglesia de Constantinopla. En adelante Tarasio tuvo que soportar el resentimiento de Constantino, quien le persiguió durante el resto de su reinado. Se cuenta que el emperador hacía seguir al patriarca en todos sus movimientos, que había prohibido a todos que hablasen con él sin su permiso, y que desterró a muchos de los amigos y servidores de Tarasio por dirigirle la palabra. Entre tanto, la emperatriz Irene que quería seguir gobernando, se ganó a los principales personajes de la corte y el ejército, encarceló a su hijo y le mandó sacar los ojos. Irene gobernó durante cinco años, hasta que fue depuesta por Nicéforo, quien usurpó el imperio y la desterró a la isla de Lesbos.
Bajo el reinado de Nicéforo, Tarasio desempeñó sin contratiempos sus deberes pastorales. En su última enfermedad no dejó de celebrar el santo sacrificio, mientras pudo moverse. Poco antes de morir, Tarasio tuvo una visión en la que, según cuenta su biógrafo -que se hallaba con él en ese momento-, el prelado parecía responder a las acusaciones de un grupo de hombres que juzgaban cada una de las acciones de su vida. Tarasio se mostraba sumamente agitado al responder a las acusaciones. Esto atemorizó mucho a todos los presentes, pues la vida del patriarca había sido muy íntegra. Pero a la agitación sucedió una gran serenidad y san Tarasio entregó su alma a Dios en medio de una gran paz, después de haber gobernado al patriarcado durante veintiún años. No faltaron quienes pensaron que san Tarasio se había mostrado demasiado complaciente con el emperador en el asunto del divorcio, ya que otros tuvieron actitudes más extremas, como san Platón y san Teodoro el Estudita, encarcelados por Constantino.
La principal fuente, por lo que toca al aspecto ascético de la vida de san Tarasio, es la biografía del diácono Ignacio. El texto fue publicado por A. Heikel en Proccedings of the Helsingfors Academy. En Acta Sanctorum, febrero, vol. III, se encontrará una traducción latina. Sobre la controversia iconoclasta es excelente la obra de Hefele-Leclercq, Histoire des Conciles, vol. III, pte. 2 (1910), pp. 741 ss. En N. H. Baynes y H. L. B. Moss, Byzantinum (1948), pp. 15-17, 105-108, hay un buen resumen. Ver también Krumbacher, Geschichte der Byzantinischen Literatur, 2a. edic., p. 73, Hergenrother, Photius, vol. I, pp. 264-361; y Byzantinische Zeitschrift, 1909, pp. 57 ss.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=614





San Angilberto, abad

fecha: 18 de febrero
n.: c. 750 - †: 814 - país: Francia
otras formas del nombre: Engelberto
canonización: 
C: Pascual II 1100
hagiografía: Catholic Encyclopedia

En el monasterio de Céntula, en la región de la Galia Ambianense, san Angilberto, abad, que tras dejar los cargos palatinos y militares que ostentaba, y con el consentimiento de su esposa Berta, que también recibió el santo velo, abrazó la vida monástica y rigió con éxito dicho monasterio.
Parece que Angilberto fue educado en la corte de Carlomagno, donde fue discípulo y amigo del gran escolástico inglés Alcuino. Fue destinado al estado eclesiástico, y debió haber recibido las órdenes menores muy pronto; sin embargo, acompañó al joven rey Pipino a Italia en el 782, en calidad de «primicerius palatii» (un alto cargo en la administración real), tarea que implicaba ocuparse de la administración secular. En la academia de hombres de letras que hizo ilustre a la corte de Carlomagno, Angilberto fue conocido como Homero, y fragmentos de sus obras, aun existentes, muestran que su habilidad era considerable. Fue enviado varias veces como legado ante el papa, y se le imputó haber identificado sus puntos de vista con algunas opiniones heterodoxas de Carlomagno en la controversia de las imágenes.
En el 790 fue nombrado abad de Centula, conocido más tarde como Saint-Riquier, en Picardía, y con el apoyo de sus poderosos amigos, no sólo restauró o rehizo el monasterio con un estilo muy suntuoso, sino que lo dotó con una preciosa biblioteca de unos 200 volúmenes. En el año 800 tuvo el honor de recibir a Carlomagno como huésped. Es probable que en aquel momento Angilberto (que es dudoso si ya había sido ordenado presbítero) llevara todavía una vida muy mundana. Las circunstancias no son claras, pero los modernos historiadores consideran indudable que Angilberto tuvo una aventura con la hija soltera de Carlomagno, y tuvo con ella dos hijos, uno de los cuales es el bien conocido cronista Nithard. Esta aventura, considerada a veces como matrimonio, ha sido discutida por algunos estudiosos, pero está hoy generalmente admitida. Debemos recordar que las canonizaciones populares en aquella época eran muy informales, y no se ocupaban de investigar demasiado la conducta pasada o las antiguas virtudes.
Se declara, no obstante, en la biografía del santo escrita en el siglo XII que el abad antes de su muerte hizo amarga penitencia por aquella unión, y el cronista Nithard, en el mismo pasaje en el que afirma que Angilberto fue su padre, declara que el cuerpo de Angilberto se encontró incorrupto algunos años después de su sepultura. Angilberto es también considerado como el autor de un poema épico sobre Carlomagno y León III, pero esta autoría es discutida. Por otra parte, Monod piensa que Angilberto es el responsable de algunas partes de los famosos «Annales Laurisenses». Murió el 18 de febrero del 814 en la abadía de Saint-Riquier.
Traducido para ETF del artículo de Herbert Thurston, St. Angilbert, en la Catholic Encyclopedia (1907). En la edición inglesa del «Butler's Lives of Saints» hay otro artículo del mismo autor, con amplia bibliografía.
Notas: Como puede verse, el Martirologio Romano en su "elogio" del santo opta por la versión de "matrimonio", no de "aventura" con la madre de sus dos hijos. Por otra parte, en el listado de los santos canonizados oficialmente antes de la Sagrada Congregación de Ritos aparece como canonizado por el papa Pascual II en el 1100, sin embargo parece que el criterio del Martirologio Romano actual es considerarlo como canonización popular no confirmada, por lo que está marcado con el asterisco que corresponde a los beatos.
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