viernes, 5 de febrero de 2016

Santa Águeda, virgen y mártir - Santos Mártires del Ponto, mártires (5 de febrero)

Santa Águeda, virgen y mártir

fecha: 5 de febrero
†: c. 251 - país: Italia
otras formas del nombre: Ágata
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Memoria de santa Agueda, virgen y mártir, que en Catania, ciudad de Sicilia, siendo aún joven, en medio de la persecución mantuvo su cuerpo incontaminado y su fe íntegra en el martirio, dando testimonio en favor de Cristo Señor.
patronazgo: patrona de Catania (Italia) y Malta, de las enfermeras, pastoras, tejedores, mineros, trabajadores de hornos, orfebres, campaneros, cristaleros, protectora contra el hambre, la infecundidad, las enfermedades de las mamas, fiebres, para pedir por el mal tiempo, los terremotos y desastres naturales, y especialmente contra la erupción del Etna.
tradiciones, refranes, devociones: Por santa Águeda el tiempo agrada.
Santa Águeda, todas las fiestas arrebata. (?)
oración:
Te rogamos, Señor, que la virgen santa Águeda nos alcance tu perdón, pues ella fue agradable a tus ojos por la fortaleza que mostró en su martirio y por el mérito de su castidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
Las ciudades de Palermo y Catania, en Sicilia, se disputan el honor de haber sido el lugar de nacimiento de santa Águeda, pero el único dato cierto al que se ha llegado es que recibió la corona del martirio en Catania. Sus «Actas», que existen en latín y griego con muchas variantes y que no tienen valor histórico, declaran que perteneció a una familia rica e ilustre, y que habiendo sido consagrada a Dios desde sus primeros años, triunfó de los muchos asaltos a su pureza. Quinciano, un dignatario consular, pensó que podría llevar al cabo sus perversas intenciones hacia Águeda, por medio del edicto del emperador contra los cristianos. Con ese objeto, la hizo comparecer en su presencia. Viéndose en manos de sus perseguidores, oró de esta manera:
«Jesucristo, Señor de todas las cosas, tú ves mi corazón, tú conoces mis deseos. Sé tú dueño absoluto de todo lo que soy. Soy tu oveja: hazme digna de vencer al diablo.»
Quinciano ordenó que se la entregaran a Aphrodisia, una mujer perversa que con sus seis hijas tenía una casa de mala fama. En este lugar espantoso sufrió Águeda asaltos y acechanzas contra su honra, más terribles para ella que el tormento o la muerte, pero se mantuvo firme. Después de un mes, Quinciano trató de asustarla con amenazas, pero ella permaneció inconmovible y declaró que ser sierva de Jesucristo era estar en verdad libre. El juez, disgustado con sus firmes respuestas, mandó que fuera azotada y llevada a la prisión. Al día siguiente, le hicieron otro interrogatorio y ella aseguró que Jesucristo era su luz y su salvación. Entonces Quinciano ordenó que la estiraran en el potro, tormento que generalmente iba acompañado de azotes, desgarramiento de los costados con ganchos de hierro, y aplicación de antorchas ardiendo. El gobernador, enfurecido al ver que sufría todo esto con alegría, ordenó que le oprimieran brutalmente los pechos y después se los cortaran. Luego mandó que la enviaran de nuevo a la prisión, ordenando que no le dieran ni alimentos, ni atención médica. Pero Dios la confortó; se le apareció San Pedro en una visión que llenó su calabozo de una luz celestial, la consoló y la curó. Cuatro días después, Quinciano hizo que la rodaran desnuda sobre brasas ardiendo, mezcladas con cortantes fragmentos de vasijas. Al ser conducida de vuelta a la prisión, exclamó «Señor, Creador mío, desde la cuna me has protegido siempre; me has apartado del amor al mundo y me has dado paciencia para sufrir. Recibe ahora mi alma». Después de decir estas palabras, expiró.
Hay buen testimonio del primitivo culto a Santa Águeda. Su nombre aparece en el calendario de Cartago (c. 530), y en el Hieronymianum, y sus alabanzas las cantó Venancio Fortunato (Carmina 8:4), pero no podernos afirmar nada referente a su historia. Está representada en la procesión de los santos en Sant`Apollinare Nuovo en Ravena. En el arte la han representado sosteniendo un plato con los pechos que le cortaron. En la Edad Media éstos se confundieron a veces con panes, y de ahí parece que vino la costumbre de bendecir pan en la fiesta de Santa Águeda, el cual se lleva al altar en un plato. Como en Sicilia tenía la fama de poder detener las erupciones del Monte Etna, se la invoca contra cualquier brote de fuego. Ya sea porque cuando ocurre algún incendio se da aviso con un toque de campana, o porque el metal fundido para moldearla se asemeja a una corriente de lava, los gremios de fundidores de campanas tomaron a Santa Águeda por su patrona. En Roma hay dos iglesias del siglo sexto que están dedicadas en su honor, y se la nombra en el canon I de la misa.
Véase el Acta Sanctorum, febrero, vol. I, donde hay, una versión latina de un elogio atribuido a San Metodio de Constantinopla (o de Sicilia), muerto hacia el 847, sobre el cual véase Analecta Bollandiana, vol. LXVIII (1950) pp. 58 ss.; este elogio se utiliza como lectura patrística en la liturgia de las horas del día de la santa. Véase también a J.P. Kirsch en la Catholic Encyclopedia (vol. I, pp. 203-204); y para la santa en el arte, Künstle, Ikonographie der Heiligen (1926), pp. 37-39. Una obra sobre Santa Agueda en dos vols., por B. G. Consoli, apareció en 1951.
Imagen: mural en la iglesia de Santa Águeda en el monasterio de Ris en Vichy, en la región de Auvernia, siglo XV.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=458





Santos Mártires del Ponto, mártires

fecha: 5 de febrero
†: s. III ex. - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
En el Ponto, conmemoración de muchos santos mártires que murieron en la persecución desencadenada bajo el emperador Maximiano. Unos fueron rociados con plomo derretido, otros atormentados con cañas puntiagudas clavadas bajo las uñas y los restantes vejados con repetidos tormentos, hasta merecer del Señor, con su gloriosa pasión, la palma y la corona del martirio.
Esta celebración no aparece en los martirologios antiguos, sino que es introducida por el Cardenal Baronio en su redacción del Martirologio Romano. La novedad, sin embargo, es pertinente, ya que hace justicia a innumerables mártires que, aunque desconocemos sus nombres, edades, en fin, los datos que los individualizan, sabemos que padecieron por el nombre de Cristo tormentos inenarrables, que están apenas referidos en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea. Dice allí el historiador:
«Otros, por su parte, sufrieron en el Ponto tormentos que, con sólo oírlos, hacen estremecer. A unos Ies traspasaron los dedos con cañas puntiagudas, clavadas por la punta de las uñas; a otros, después de fundir plomo al fuego, hirviendo y candente como estaba, se lo vertían sobre las espaldas y les abrasaban las partes más necesarias del cuerpo; y otros sufrieron en sus miembros secretos y en sus entrañas tormentos vergonzosos, implacables e imposibles de expresar con palabras, tormentos que aquellos nobles y legítimos jueces imaginaban con el mayor celo, mostrando su crueldad como un alarde de sabiduría y tratando a porfía de superarse los unos a los otros en la invención de suplicios, siempre más nuevos, como en un certamen con premios.»
Aunque sus nombres se nos hayan perdido, es justo rendir este pequeño homenaje en una memoria colectiva, un día del año que el Card. Baronio eligió, como en tantos otros casos, de manera arbitraria.
El elogio redactado por Baronio ha pasado sin cambios al Nuevo Martirologio Romano. La referencia de Eusebio es Historia Eclesiástica, libro VIII, 12,6-7. Los bolandistas citan este mismo pasaje al tratar la fecha, pero con un número de capítulo distinto, que debe obedecer, seguramente, a una recensión distinta del texto; citan también a Rufino, comentando a Eusebio, pero no he verificado la cita. Ver Acta Sanctorum, febrero, I, 658. La versión de Eusebio citada es la de Argimiro Velasco-Delgado, BAC, 2008 (reimpr).
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: 4-2-2013
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=459

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