Beato Ladislaw Findysz | |
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Beatos Ladislaw Findysz, Bornislaw Markiewicz, Ignacio Kłopotowski
Durante la clausura del III Congreso Eucarístico Nacional de Polonia y por encargo del Papa Benedicto XVI, el cardenal Józef Glemp, arzobispo de Varsovia y primado de Polonia, presidió (2005) en la capital polaca la santa misa de clausura del III Congreso Eucarístico Nacional Polaco y la beatificaciones de tres sacerdotes compatriotas.
Entre beatos se encuentra un mártir: el sacerdote diocesano Ladislaw Findysz. Nació en Krościenko Niżne, en la entonces diócesis de Przemyśl de los latinos, el 13 de diciembre de 1907. Diligente y valiente párroco en Nowy Żmigród, en la actual diócesis de Rzeszów, desarrolló su misión en tiempo de guerra y después, bajo el régimen comunista, que le encarceló en 1963 a causa de su ministerio pastoral.
En prisión el padre Findysz fue sometido a humillaciones y maltratos y se le impidió atención. Puesto en libertad, con la salud ya destruida, murió a los pocos meses el 21 de agosto de 1964 en la diócesis a la que pertenecía.
El del padre Bornislaw Markiewicz, quien nació en Pruchnik, cerca de Przemyśl, el 13 de julio de 1842. Fue vicario cooperador, párroco y profesor de seminario. En Turín ingresó en la Sociedad Salesiana de San Juan Bosco.
De regreso a Polonia, se ocupó sobre todo de la formación de la juventud pobre y huérfana. Fundó las Congregaciones masculina y femenina de San Miguel Arcángel --aprobadas tras su muerte, ocurrida en Miejsce Piastowe el 29 de enero de 1912--; los «miguelitas» hace años que pertenecen a la Familia Salesiana.
El sacerdote diocesano Ignacio Kłopotowski --nacido el 20 de julio de 1866 en Korzeniówka--, muy comprometido en actividades socio-caritativas y literario-publicistas. Se ocupó de la formación de los jóvenes, la recuperación de muchachas en dificultades, la asistencia a los huérfanos y a los ancianos. Párroco en Varsovia, fundó las Hermanas de la Beata Virgen María de Loreto. Murió en esta ciudad el 7 de septiembre de 1931.
La Plaza Pilsudski, de Varsovia, será el significativo marco de la solemne Eucaristía: allí el Papa Juan Pablo II presidió la Misa en su primera visita pastoral a Polonia en 1979 (entonces se llamaba Plaza de la Victoria), y también fue donde, en cuanto murió, se celebraron Misas en sufragio por su alma con una importantísima presencia de fieles.
Con la beatificación de Marianne Cope y Ascensión del Corazón de Jesús, que presidió por encargo del Papa el cardenal José Saraiva Martins en la Basílica vaticana de San Pedro, Benedicto XVI retomó la tradición de los Papas de no presidir beatificaciones, una práctica que había sido interrumpida en 1971 por el Papa Pablo VI, al beatificar al sacerdote polaco Maximiliano Kolbe.
Juan Pablo II, por su parte, presidió la beatificación de 1.338 siervos de Dios. «¡Quédate, Señor, en nuestras familias!» es el tema sobre el que se celebrará el 18 y 19 de junio en Varsovia el III Congreso Eucarístico Nacional de Polonia, con la participación de 10 mil delegados de las 44 diócesis polacas, junto a decenas de miles de habitantes de la capital.
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Beata Margarita Rutan | |
Margarita Rutan nació en Metz en 1736. Fue la octava de quince hermanos. Su padre era tallador de piedra, maestro albañil y arquitecto. Su madre, profundamente cristiana, proporcionó a cada uno de sus hijos una educación religiosa seria y el ejemplo de una vida entregada.
En 1757, a la edad de 21 años, empezó su noviciado en la casa madre de las Hijas de la caridad en París.
En 1779, tomó, como superiora, la dirección de un hospital en Dax y rápidamente se convirtió en una pionera de la acción social, con la apertura de una escuela, la acogida de niñas abandonadas,...
Al llegar el período del Terror, las monjas del hospital quedaron encarceladas en el convento de Carmas transformado en cárcel para mujeres, mientras el de Capuchinos servía de cárcel para hombres y el palacio episcopal, de tribunal revolucionario, presidido por Pinet.
En 1792, las religiosas fueron acusadas de robo y en 1793, la hermana Rutan finalmente denunciada y encarcelada la víspera de Navidad.
Fue condenada a muerte por el tribunal revolucionario el 9 de abril de 1794 y guillotinada el mismo día por no abjurar de su fe.
Un año más tarde, el Directorio lamentó que esa mujer fuera “sacrificada de una forma inhumana por motivos cuya prueba está todavía por adquirir”.
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