El futuro de
Europa no pasa por Francia y Alemania, sino por Argelia
La
incertidumbre no habita sólo en Londres, Roma, Bruselas o París, sino que la
tenemos a un tiro de piedra, y Argelia tiene todas las papeletas para
convertirse en el próximo foco.

Las
profecías envejecen que es una barbaridad. Algunos aún recordábamos cuando
aquello del fin de la Historia era la doctrina indiscutible: la democracia
liberal había triunfado y el progreso de la Historia había llegado a su final.
A algunos, retardados, les iba a costar todavía un tiempo, pero no existía ya
alternativa posible, la Historia como escenario en el que los hombres toman
distintos caminos y en el que sucede lo imprevisto había sido ya superada: sólo
existía un camino y de lo que se trataba era de avanzar por él siguiendo los
pasos de los más adelantados. Dudar de este relato era considerado ridículo,
propio de mentalidades nostálgicas y reaccionarias.
Y sin
embargo la Historia sigue muy viva, deparándonos sorpresas a cada paso y
derribando gran parte de las certezas políticas que aún perduraban. Durante los
últimos meses, el ritmo de sucesión de sorpresas se ha acelerado y el grado de
incertidumbre se ha elevado hasta cotas que no se recordaban. Las encuestas
sirven para poco y ya no hay casi ninguna decisión importante totalmente segura. El Brexit, Colombia, Trump, ahora Italia, los planes trazados
se tuercen, caen gobiernos, se dispara la incertidumbre. En este contexto de Historia bien viva
y agitada, el futuro de la Unión Europea es, como mínimo, incierto.
El epicentro de la próxima sacudida está a la vuelta de la
esquina, a menos de 300 kilómetros por mar: me refiero a Argelia
Pues
bien, sin pretender ser profeta (ya he dicho antes que dárselas de agorero es
el primer paso para quedar obsoleto y desprestigiado, algo que sinceramente no
me apetece especialmente), sí me gustaría poner sobre aviso a los lectores
acerca de otra sacudida que bien podría afectar a nuestra estabilidad. Se trata
de una sacudida que no aparece en los periódicos, de la que casi nadie habla,
pero sobre la que los analistas geopolíticos sí están sobre aviso. Su epicentro
está a la vuelta de la esquina, a menos de 300 kilómetros por mar: me refiero a
Argelia.
Argelia
es un país de algo más de 40 millones de habitantes con el que España tiene
unas importantes relaciones comerciales, entre las que destaca el suministro de
gas proveniente del país magrebí. Argelia
ha sido también uno de los países en los que la primavera árabe no explotó y en
los que los grupos islamistas están bajo control. No siempre fue así. El crecimiento del
islamismo y el regreso al país de veteranos de la guerra de Afganistán durante
los años 80 llevó a que las primeras elecciones legislativas libres, en 1991,
dieran como ganador al islamista Frente Islámico de Salvación. El Ejército dio
marcha atrás e impidió que el FIS alcanzara el poder, dando pie a una terrible
guerra civil que, durante la década de los 90 se calcula que provocó en torno a
150.000 muertos.
Luego
llegó Abdelaziz Bouteflika, quien accedió a la presidencia en 1999, combinando
una política de palo y zanahoria con los islamistas y pacificando el país.
Desde entonces no ha abandonado la presidencia de Argelia.
Bouteflika
ha cumplido ya 79 años y desde hace tres necesita una silla de ruedas para
desplazarse. No sólo eso: acaba
de regresar al país después de una estancia en una clínica privada en Francia y aunque oficialmente fue allá a
someterse a “pruebas de rutina”, hay varios síntomas de que las perspectivas no
son muy buenas. No sabemos cuántos años de vida le quedan, pero no parece que
vayan a ser muchos… y no se perfila ningún claro sucesor con su autoridad para
dirigir el país.
Los
islamistas, por su parte, no han desaparecido, sino que más bien han dado un
paso atrás y se han dedicado a fortalecerse a la espera de que Bouteflika
desaparezca. Su fuerza electoral parece pequeña (la alianza islamista obtuvo
solamente 48 de los 462 escaños en juego en las elecciones de 2012), pero es
porque han optado por no jugar a un juego en el que las reglas están trucadas.
Los islamistas han encabezado campañas, con éxito, para
asegurarse de que el currículum escolar se focalice en lo que ellos llaman
“ciencia islámica”
Por
el contrario, han encabezado campañas, con éxito, para asegurarse de que el
currículum escolar se focalice en lo que ellos llaman “ciencia islámica” o para
impedir cualquier cambio en el código de familia que suponga una mejora del
estatuto de la mujer. El
velo islámico, antaño residual, es ahora lo normal en Argelia, donde se estima
que el 70% de las mujeres lo llevan (hasta un 90% fuera de las ciudades).
En
este contexto, la muerte de Bouteflika y el posible vacío de poder subsiguiente
pueden ser el momento esperado por los islamistas para intentar un nuevo asalto
al poder, quizás con apoyos desde la fronteriza y caótica Libia, actualmente
paraíso de milicias islamistas. El desencadenamiento de nuevas hostilidades
entre los islamistas y el gobierno provocaría con toda certeza una oleada
masiva de refugiados huyendo de ese nuevo conflicto.
¿De
cuántos estamos hablando? Imposible saberlo, pero algunos
analistas hablan de hasta 10 millones de argelinos que optarían por huir, con Francia como primer y principal
destino, pero sin descartar a España o Italia. ¿Se imaginan el impacto de una
nueva oleada de “refugiados” (los de verdad y los que aprovechan la situación)
en una tambaleante Europa?.
Claro
que Bouteflika puede vivir muchos años y que también es posible diseñar algún
tipo de sucesión ordenada, incluso pactada con los islamistas. No es mi
intención ponerme catastrofista. Pero sí avisar de que la incertidumbre no
habita sólo en Londres, Roma, Bruselas o París, sino que la tenemos a un tiro
de piedra. La Historia no ha acabado y nos puede deparar algunas importantes
sorpresas en un futuro no muy lejano. Haremos bien en prepararnos y estar
atentos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario