Santos Pedro Ch’oe Hyong y Juan Bautista Chon Chang-un, mártires
fecha: 9 de marzo
†: 1866 - país: Corea
canonización: B: Pablo VI 6 oct 1968 - C: Juan Pablo II 6 may 1984
hagiografía: Abel Della Costa
†: 1866 - país: Corea
canonización: B: Pablo VI 6 oct 1968 - C: Juan Pablo II 6 may 1984
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En la aldea de Nei-Ko-Ri, en Corea, santos Pedro Ch'oe Hyong y Juan
Bautista Chon Chang-un, mártires, los cuales, siendo padres de familia, se
distinguieron por administrar el bautismo y publicar escritos cristianos, razón
por la cual fueron entregados al suplicio, en el transcurso del cual se
mantuvieron tan constantes en la fe que suscitaron la admiración de sus mismos
perseguidores.
Ver más información en: 103 mártires de
la persecución en Corea (1839 - 1867)

Pedro Ch’oe había nacido en 1814 en Gongju, Chungcheong-do, Corea del Sur.
Pertenecía a una familia de cristianos; su hermana mayor, virgen consagrada,
murió hacia 1856, luego de una vida edificante, y su hermano menor estudiaba en
Macao al tiempo del martirio de Pedro, para ser ordenado sacerdote. Cuando
el P. Maubant,
misionero y mártir, llegó a Corea, se fijó en Pedro como un secretario digno
por su piedad e inteligencia; y este correspondió sirviéndolo hasta el martiro
del misionero.
Hacia el final de la persecución de 1839
Pedro fue apresado como tantos otros, por ser cristiano; pero en ese caso los
espías se limitaron a conseguir dinero por medio de extorsiones, que era una
práctica habitual de los funcionarios intermedios en época de persecución:
pedir rescate a los familiares y amigos.
Tras el martirio de Maubant pasa al
servicio de san Andrés Kim,
a quien también servirá hasta el martirio del sacerdote, en 1846. En este
tiempo contrae matrimonio, y se instala en la capital con un pequeño comercio.
Allí continúa catequizando, exhortando -con doctrina y ejemplo- a la fidelidad
al evangelio, y realizando una tarea necesaria: copiar libros religiosos.
A la llegada del P. Berneux en
1855 Pedro se pone a disposición del nuevo obispo, y éste lo entusiasma con un
proyecto importante para la misión: montar una imprenta. En cuatro años de
trabajo, Pedro llegó a imprimir y distribuir millares de libros utilizados en
la catequesis.
Con el juicio del P. Berneux llegan a
manos de los jueces algunos de esos ejemplares, y los espías se encargan de
seguir el rastro de los títulos hasta dar con un traidor que denuncia a Pedro.
La prisión del obispo y la pesquisa sobre los libros puso en guardia a Pedro y
llegó a poder esconderse, pero el cerco se fue cerrando sobre él, hasta que
finalmente es apresado.
Juan Bautista Chon, nacido en 1811 en
Seúl, era cristiano también, y había comprado la casa y la imprenta de Pedro
unos pocos días antes. La historia de este mártir no está exenta de
sinuosidades: en la persecución de 1839 había sido apresado y torturado
bárbaramente en la prisión de Kou-riou-kan, de modo que terminó apostatando
para librarse. Sin embargo, a la salida de la cárcel su madre, ferviente
cristiana, le reprochó su cobardía. Juan comprendió con el tiempo su error, y
quiso volver a la práctica de la fe, pero la ausencia de sacerdotes le impedía
confesarse, y cayó así en una profunda depresión.
Con la llegada del P. Andrés Kim su
espíritu tomó nuevo impulso, realizó una confesión general, e inició una vida
de penitencia que fue edificante para todos los cristianos que se habían
escandalizado con su caída.
Fue apresado junto con Pedro, y recibió
como él las torturas acostumbradas: bastonazos y puntazos -que fueron con Pedro
especialmente crueles-; pero los dos se negaron a dar ningún dato que pudiera
comprometer a otros cristianos, a la vez que mantuvieron con entereza la
confesión de la fe. Llegaron a ver la muerte del P. Berneux, y dos días más
tarde, el 9 de marzo, fueron crucificados, decapitados, y sus cuerpos expuestos
-a tenor de la ley- tres días.
Pagando un soborno, la familia de Juan
consiguió la devolución del cuerpo, pero en cambio el de Pedro fue abandonado
en el campo para que fuera comido por las alimañas y aves carroñeras. Sin
embargo no ocurrió eso, y los cristianos pudieron, algunos días más tarde,
recoger las preciosas reliquias y enterrarlas junto a las de Juan, cerca del
escenario de su pasión. Fueron canonizados el 6 de mayo de 1984.
Ver Ch. Dallet, Historire de L'Église de
Corée, II, 535-537; me he limitado a resumir de allí la historia de estos
mártires, contada en el original de manera vivaz y emocionante.
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: 8-3-2013
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