viernes, 5 de febrero de 2016

Beata Isabel Canori Mora, madre de familia - San Jesús Méndez Montoya, presbítero y mártir (Mártires mexicanos (1915-1937)) 5 de febrero

Beata Isabel Canori Mora, madre de familia

fecha: 5 de febrero
n.: 1774 - †: 1825 - país: Italia
canonización: 
B: Juan Pablo II 24 April 1994
hagiografía: Aciprensa
En Roma, beata Isabel Canori Mora, madre de familia, que tras haber sufrido durante mucho tiempo, caritativa y pacientemente, la infidelidad de su marido, así como angustias económicas y el cruel trato por parte de parientes, ofreció su vida a Dios por la conversión, salud, paz y santificación de los pecadores, y entró a formar parte de la Tercera Orden de la Santísima Trinidad.
Nació en Roma el 21 de noviembre de 1774. Hija de Tommaso y Teresa Primoli, en el seno de una familia de posición acomodada, profundamente cristiana y diligente en la educación de sus hijos. Estudió con las Hermanas Agustinas de Cascia (1785-88), donde destacó por su inteligencia, una profunda vida interior y su espíritu de penitencia. De regreso a Roma, tuvo una vida tranquila hasta que en 1796 -cuando tenía 21 años- se casó con el joven abogado romano Cristóforo Mora.
Para ella, el matrimonio fue una decisión reflexionada, madura, pero después de algunos meses, la fragilidad psicológica de Cristóforo comprometió la serenidad de la familia. Convirtió a una mujer de mal vivir en su amante y a medida que pasaba el tiempo, humilló y abusó de su esposa en distintas formas, no ejerció más la abogacía, y gastó tanto dinero en sus aventuras que terminó llevando a su esposa e hijas a la extrema pobreza y a una creciente deuda. A la violencia física y psicológica de su esposo, Isabella respondió siempre con absoluta fidelidad. Nunca puso excusas, conveniencias o intereses para justificar un abandono de su hogar, para ella sólo primaba el código de fidelidad de amor y rendición total. Elizabeth trató a su marido con paciencia gentil, ofreciendo penitencias y oraciones por su conversión. Nunca pensó en separarse de él, a pesar de los consejos de familiares y amigos. En vez de esto, siempre amó, apoyó y perdonó a su esposo esperando su conversión.
En 1801 sufrió una misteriosa enfermedad que la puso al borde de la muerte. Se curó de forma inexplicable y tuvo su primera experiencia mística. El Señor le hizo alcanzar la madurez para recibir las visiones y las ilustraciones sobre el destino de la Iglesia. Recibió en forma clara los estigmas de la pasión de Cristo, y en sus visiones vio las tremendas batallas que tendrá que sostener la Iglesia en los últimos tiempos bajo el poder de las tinieblas.
Tuvo cuatro hijos, pero los dos primeros murieron a los días de nacer. Con el abandono de su esposo, fue forzada a vivir trabajando con sus propias manos para seguir al cuidado de sus hijas Marianna y Luciana. Dedicó mucho tiempo a la oración, los pobres y los enfermos. Su hogar pronto se convirtió en un punto de referencia para mucha gente en busca de ayuda material y espiritual. Se dedicó especialmente a cuidar de las familias en necesidad. Para ella, la familia implicaba dar un espacio a cada persona, un lugar que dé frutos de vida, fe, solidaridad y responsabilidad. La familia, para ella, era el templo en el que recibía al «al amado Señor, Jesús de Nazaret» y a todos los que se dirigían a ella. A través de la auto negación, Elizabeth ofrecía su vida por la paz y la santidad de la Iglesia, la conversión de su esposo y la salvación de los pecadores.
En 1807 Elizabeth se unió a la Orden terciaria Trinitaria. Respondió con dedicación a la vocación al matrimonio y la consagración secular. Sus admirables virtudes humanas y cristianas así como la fama de su santidad se difundieron a través de Roma, Albano y Marino, donde ganó fama de santidad. En 5 de febrero de 1825, mientras era asistida por sus dos hijas, Isabella falleció. Fue enterrada en Roma en la iglesia trinitaria de San Carlino alle Quattro Fontane. Poco después de su muerte, como ella misma predijo, su esposo se convirtió uniéndose a la Orden Terciaria Trinitaria y después se ordenó sacerdote de los franciscanos conventuales. Murió el 9 de setiembre de 1845 y fue enterrado en la iglesia de los franciscanos conventuales de Sezze.
Fue beatificada junto al joven mártir Zaire Isidore Bakanja, y a otra madre italiana santa, Gianna Beretta Molla, por el Papa Juan Pablo II el 24 de abril de 1994, en el Año Mundial de la Familia.
Nota de ETF: Por muy admirable que pueda ser la virtud heroica de la beata Isabel soportando la crueldad de su marido, debe tenerse especial cuidado en no creer que eso constituye un ejemplo a seguir por cualquier mujer, por cristiana que sea, que sufre maltrato. Esa virtud que la beata Isabel desplegó fue un especial don de Dios, y no es ni debe considerarse la situación normal de una mujer que sufre malos tratos. Proteger la propia integridad, psíquica y psicológica, así como la de los hijos, no son «excusas, conveniencias o intereses», como parece sugerir el biógrafo, sino que es lo que normalmente debe hacer una persona, salvo que luego de una difícil y riesgosa penetración a través de la oración y la charla espiritual, se descubra que ese camino de humillación es un especial llamado de Dios a participar de su pasión, como en el caso de ésta y otras santas mujeres cristianas a lo largo de la historia.
fuente: Aciprensa
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=468





San Jesús Méndez Montoya, presbítero y mártir

fecha: 5 de febrero
n.: 1880 - †: 1928 - país: México
canonización: 
B: Juan Pablo II 22 nov1992 - C: Juan Pablo II 21 may 2000
hagiografía: Mártires Mexicanos
En Valtiervilla, lugar de México, san Jesús Méndez Montoya, presbítero y mártir, que murió por su fe en Cristo durante la Revolución Mexicana.
Ver más información en:
Mártires mexicanos (1915-1937)
Nacido en Tarímbaro, Michoacán, el 10 de junio de 1880 y ordenado sacerdote, le fue encomendada la población de Valtierrilla, en donde se dedicó a su ministerio sacerdotal y veneró especialmente a la Santísima Virgen. Su vida, sin embargo, no transcurrió tranquila. Pobladores de Valtierrilla quisieron sumarse a los cristeros y fijaron la fecha del 5 de febrero de 1928 para su levantamiento; sin embargo, fueron delatados y acudieron los soldados de Sarabia para sofocar al grupo, con el que el padre Méndez nada tuvo que ver, pues jamás empuñó las armas. Durante la persecución callista, muchos sacerdotes se escondieron o se alejaron de sus parroquias buscando lugares más seguros, pero el Padre Méndez siguió ejerciendo su ministerio, aunque ocultamente: celebraba su misa muy temprano, bautizaba, confesaba. Por la noche salía a bautizar a las casas, y durante el día atendía a los enfermos.
No abandonó a sus ovejas en el tiempo de la persecución, y en varias ocasiones expresó su deseo de ser mártir. El 5 de febrero de 1928, a eso de las cinco de la mañana, estaba terminando de celebrar la Misa, cuando se escucharon los primeros disparos de los federales, que venían entrando al pueblo en busca de los que se iban a levantar en armas. Entonces tomó el copón de hostias consagradas y lo escondió bajo su tilma con la que se cobijaba cuando hacía frío, pero queriendo buscar una mayor seguridad para el Santísimo, se brincó por una ventana de la Notaría que daba a la torre. Unos soldados había ya subido al campanario para poder ver la dirección que tomaban los cristeros que huían y cuando vieron al sacerdote bajaron con rapidez, pensando posiblemente que sería alguien armado. Al revisarlo encontraron al copón que apretaba contra su pecho y le preguntaron: «¿Es usted cura?», a lo cual les respondió: «¡Si, soy cura!». Esto bastó para que lo aprehendieran. Él les dijo: «A ustedes no les sirven las hostias consagradas; dénmelas». Pidió a los soldados unos momentos para recogerse en oración, se puso de rodillas y comulgó. Dijeron después los soldados: «Déles esa joya [el copón] a las viejas», refiriéndose a su hermana Luisa y a la sirvienta María Concepción, que trataban de arrebatarles el padre a los soldados. Él entregó el copón diciéndoles: «Cuídenlo y déjenme, es la voluntad de Dios».
Seis u ocho soldados lo llevaron al lugar del sacrificio, distante una media cuadra de la plaza, lo sentaron en un palo que había allí, en medio de dos soldados. El capitán Muñiz intentó dispararle con una pistola que no funcionó. Ordenó entonces a los soldados que le dispararan. Tres veces los hizo cada soldado con su rifle, pero ningún disparo hizo blanco; o porque no quisieron o porque no pudieron atinarle. Entonces el oficial ordenó al prisionero que se pusiera de pie; lo examinó, le quitó un crucifico y unas medallas; lo colocó junto a unos magueyes, le disparó y cayó al suelo. Poco más o menos a las siete de la mañana, estaba ya muerto. Como a las tres de la tarde del mismo día 5, se llevaron el cuerpo a Cortázar en una camioneta de redilas, propiedad del Gobierno. Los soldados lo pusieron junto a la vía del tren con el fin de que fuera despedazado, e hicieron desfilar ante el cuerpo a todas las gentes de Valtierrilla que se habían llevado en calidad de detenidos. Las mujeres de los oficiales, sin embargo, quitaron el cuerpo de allí y se lo llevaron a un portalillo. Entonces los soldados cavaron una fosa en el machero de los caballos para enterrarlo, pero las soldaderas se opusieron, y como el señor Elías Torres les pidiera el cuerpo para sepultarlo, se lo concedieron. Un carpintero de Sarabia, Alberto Delgado, hizo el ataúd y fue velado el cuerpo en el portal de los Carmona y sepultado en Cortázar por Elías Torres.
Cinco años después, el Padre Segoviano, Vicario fijo de Valtierrilla, con su feligresía, fue a Cortázar y exhumó los restos, que fueron identificados por el señor Elías Torres; los familiares también los identificaron por un mechón blanco que tenía en el pelo y por la ropa que vestía. Además, el sitio de la sepultura era conocido por la gente del lugar. El Padre Segoviano depositó la urna con los restos en el piso del presbiterio de la iglesia parroquial y sobre ellos una lápida de mármol con los datos del nombre y fecha de su sacrificio. Al ser construida la nueva iglesia parroquial, el Padre Alberto Campos colocó los restos en la esquina izquierda del presbiterio. En 1987 los restos fueron nuevamente exhumados, dado que se estaban realizando los trabajos de ampliación de la iglesia, y fueron guardados bajo llave y custodia del señor Cura D. Antonio Meza.
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