San Juan de Sahagún González de Castrillo, monje y presbítero
fecha: 11 de junio
fecha en el calendario anterior: 12 de junio
n.: 1430 - †: 1479 - país: España
canonización: B: Clemente VIII 19 jun 1601 - C: Alejandro VIII 16 oct 1690
hagiografía: Santoral de la Archidiósesis de Madrid
fecha en el calendario anterior: 12 de junio
n.: 1430 - †: 1479 - país: España
canonización: B: Clemente VIII 19 jun 1601 - C: Alejandro VIII 16 oct 1690
hagiografía: Santoral de la Archidiósesis de Madrid
En Salamanca, en España, san Juan de
Sahagún González de Castrillo, presbítero de la Orden de Ermitaños de San
Agustín, que con su santidad de vida y sus coloquios constantes logró la
concordia de las facciones existentes entre los ciudadanos.

Dentro de la catedral de Salamanca, a
ambos lados del altar Mayor, pueden rezarse oraciones ante las urnas de plata
que contienen los restos mortales de santo Tomás de Villanueva y san Juan de
Sahagún. La vida y milagros del último es la que narramos hoy. Nace en el año
1430, o a lo más en el 1341, del matrimonio formado por don Juan González del
Castrillo y doña Sancha Martínez, cuando su padre peleaba contra moros en
tiempos de Juan II. El famoso obispo converso Alonso de Cartagena, que entonces
lo era de Burgos, lo eligió entre otros posibles por sus buenas condiciones y
lo protegió haciéndolo su paje, ayudante de cámara, sacerdote y canónigo con
prebenda de lujo. Así se hacían las cosas entonces.
Por su propia honradez renuncia a todo lo
que tiene en palacio -era una buena base augurante de aún mejores puestos- y se
dedica a la cura directa de las almas como sencillo -era un descenso- párroco
de santa Gadea, la iglesia donde el Cid tomó tiempo atrás juramento a Alfonso
VI de no haber tenido parte en la muerte de su hermano Sancho. En la parroquia
lo hizo bien según parece, pero no la rigió demasiado tiempo. Con veintiséis
años lo vemos ahora sentado en los bancos de Salamanca aprendiendo cánones.
Vive en el colegio de san Bartolomé fundado por don Diego de Anaya, obispo de
Salamanca, para la flor y nata de los estudiantes de la época, todos con
certificación de «limpieza de sangre» que quiere decir sin judíos ni moros en
su árbol genealógico. Terminados los estudios resulta que el gran protegido del
obispo, el párroco sencillo y el simple estudiante llama a las puertas de los
agustinos y, como novicio, monda patatas, cuida del fogón, sirve la comida a
los frailes y lava sus escudillas. Sí, parece que le iba el convento.
Pero los planes divinos llevan su curso y
lo sacan del retiro recoleto. Están pasando cosas tristes en Salamanca; son
sucesos graves sin cuento; el alboroto es muy grande y ha habido sangre por
medio; todo está revuelto: dos nobles de la familia de los Manzanos han matado
a dos hijos de doña María de Monroy, y la madre enfurecida -la llaman la Brava-
ha perseguido a los criminales hasta Portugal y ha puestos sus cabezas en
Salamanca sobre el sepulcro de sus hijos para escarmiento. Hay división, odio,
peleas, dos bandos y mucho deseo de venganza. Juan decide hacer algo por el
bien cristiano del pueblo. Sale, predica, habla con los de arriba y los de
abajo, convence, reza, visita y logra su intento de caridad cristiana. ¡Claro
que tuvo que oír de todo y soportar burlas e insultos de unos y de otros, y
desprecios y amenazas; pero la purificación bien merecía ese precio! Todavía
hoy se mantiene el recuerdo y se celebra a diario el éxito con la plaza que
lleva el nombre de la Concordia.
En Alba de Tormes tuvo problemas serios
con el duque por la clara y dura predicación que censuraba vicios de los nobles
que tenían vasallos - y eso que por el gracejo con que solía adornar sus
sermones le llamaban «el fraile gracioso»-. De Ledesma fue expulsado por cantar
verdades a los señores que abusaban de colonos y criados. Incluso las damas
elegantes se molestaban al verse retratadas en la predicación que ponía de
relieve como ofensa a Dios lo que todos sabían y de lo que nadie hablaba. Así se
fue ganando a pulso malas caras, comentarios maledicientes, repulsas, calumnias
y odios hasta el punto de morir en el convento de san Agustín, cuando sólo
tenía cuarenta y nueve años, en el 1479, y, según parece, envenenado por la ira
de una mujer a la que privó de la compañía y agasajo de su amante convertido al
buen camino en una plática predicada en la iglesia de san Blas. Lo canonizó el
papa Alejandro VIII en 1690.
fuente: Santoral de la Archidiósesis de Madrid
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1983
Beato Esteban Bandelli, religioso presbítero
fecha: 11 de junio
fecha en el calendario anterior: 12 de junio
n.: 1369 - †: 1450 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío IX, 21 abr 1856
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 12 de junio
n.: 1369 - †: 1450 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Pío IX, 21 abr 1856
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Saluzzo, en el Piamonte, beato
Esteban Bandelli, presbítero de la Orden de Predicadores, egregio en la
predicación y en el sacramento de la Confesión.

Uno de los predicadores más distinguidos
de la orden dominicana durante la primera mitad del siglo XV, fue fray Esteban
Bandelli. Nació en 1369, en el norte de Italia [posiblemente en Castelnuovo
Scrivia], y recibió el hábito de Santo Domingo en Piacenza. Desde el principio,
su piedad y su obediencia fueron un ejemplo y una inspiración para los monjes;
sus ciencias le proporcionaron el grado de doctor en leyes canónicas y una
cátedra en la Universidad de Pavía. Pero sus mayores triunfos los obtuvo desde
el pulpito y en el confesionario.
Ya fuera que predicase en Liguria o en
otra región cualquiera de Italia, verdaderas multitudes acudían a escucharle y
eran innumerables los pecadores que, arrepentidos, emprendían con firmeza el
camino del bien. A la edad de ochenta y un años murió en Saluzzo, en la
diócesis de Turín, e inmediatamente fue honrado como santo y realizador de
milagros. Treinta y siete años después de su muerte, cuando Saluzzo quedó
cercada por fuerzas enemigas, se vieron aparecer figuras extrañas sobre el
cielo, y la población afirmó que eran las sombras de la Santísima Virgen y del
beato Esteban que habían acudido a protegerles. El enemigo se retiró sin haber
puesto el sitio, y todos los agradecidos habitantes de Saluzzo instituyeron
desde entonces una procesión anual en honor del beato. El Papa, Pío IX confirmó
su antiguo culto en 1856.
Véase a Seebock, en Die Herrlichkeit der
katholischen Kirche, pp. 127 y ss.; Procter, Lites of Dominican Saints, pp.
174-175; Taurisiano, Catalogas Hagiographicus O.P.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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