lunes, 17 de octubre de 2016

San Juan de Licópolis, eremita - Beato Baltasar Ravaschieri de Chiavari, religioso presbítero (17 de octubre)

San Juan de Licópolis, eremita

fecha: 17 de octubre
fecha en el calendario anterior: 27 de marzo
†: s. IV - país: Egipto
otras formas del nombre: Juan de Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En Licópolis, de Egipto, san Juan, eremita, que entre sus muchas virtudes se distinguió por su espíritu profético.
refieren a este santo: San Arsenio
Exceptuando a san Antonio, ningún ermitaño del desierto adquirió tan amplia fama como san Juan de Egipto, que fue consultado por emperadores y cuyas alabanzas fueron cantadas por san Jerónimo, Paladio, Casiano, san Agustín, y muchos otros. Nació en la baja Tebaida, en Licópolis, en el sitio de la actual ciudad de Asyut, y fue educado para el oficio de carpintero. A la edad de veinticinco años, abandonó el mundo y se puso bajo la dirección de un anciano anacoreta, quien, durante diez o doce años, lo ejercitó en la obediencia y abnegación de sí mismo. Juan obedeció sin replicar, por irracional que fuera la tarea que se le imponía. Durante todo un año, por mandato de su padre espiritual, diariamente regó un palo seco como si hubiera sido una planta viva y obedeció otras órdenes igualmente ridiculas. El continuó en este ejercicio hasta la muerte del anciano, y a su humildad y pronta obediencia atribuye Casiano los dones extraordinarios que más tarde recibió de Dios. Parece haber pasado cuatro o cinco años visitando varios monasterios. Finalmente se retiró a la cumbre de una escarpada colina, cerca de Licópolis, e hizo en la roca tres pequeñas celdas contiguas. Una como alcoba, otra como cuarto de trabajo y asistencia y la tercera como oratorio. Después tapió todos los accesos, dejando solamente una pequeña ventana, a través de la cual recibía las cosas necesarias para la vida y hablaba con aquellos que lo visitaban. Durante cinco días de la semana conversaba solamente con Dios, pero los sábados y los domingos, los hombres -nunca las mujeres- tenían libre acceso a él para oír sus instrucciones y sus consejos espirituales. Nunca comió antes de la puesta del sol, y se alimentaba con frutos secos y legumbres. Al principio, mientras llegó a acostumbrarse, padeció terriblemente, ya que no comía pan ni nada que fuera cocinado al fuego, pero continuó con su dieta desde los cuarenta hasta las noventa años.
Él no fundó ninguna comunidad, y sin embargo se le consideraba como el padre de todos los ascetas de la comarca y, cuando sus visitantes llegaron a ser tan numerosos que se hizo necesario construir una hospedería para recibirlos, el lugar fue administrado por sus discípulos. San Juan fue especialmente famoso por sus profecías, sus milagros y su poder de leer los pensamientos y de descubrir los pecados secretos de aquellos que lo visitaban. Maravillosas curaciones se realizaron con sólo aplicarles a los enfermos y a los ciegos el aceite que el hombre de Dios había bendecido. De sus muchas profecías, las más célebres fueron las que hizo al emperador Teodosio I. Juan le dijo que saldría victorioso en su lucha contra Máximo, y el emperador, confiado en esto, atacó y derrotó a su enemigo. Nuevamente en 392, cuatro años después, cuando Eugenio se apoderó del imperio de occidente, Teodosio acudió en busca del auxilio del recluso. Envió al eunuco Eutropio a Egipto, con instrucciones de que le llevara a san Juan, si era posible, pero que en cualquier forma averiguara con él si era mejor marchar contra Eugenio o esperar su ataque. El santo se rehusó a abandonar su celda, pero mandó decir que Teodosio saldría victorioso, aunque a costa de mucha sangre y que no sobreviviría largo tiempo a su triunfo. La predicción se cumplió: Eugenio fue derrotado en las llanuras de Aquilea y Teodosio murió pocos meses después.
Poco antes de su muerte, san Juan fue visitado por Paladio, quien nos hace un interesante relato de su viaje y recibimiento. El venerable ermitaño le dijo que estaba destinado a ser un día consagrado obispo y reveló otras muchas cosas de las que normalmente no podía tener conocimiento. De igual manera, cuando unos monjes llegaron a verlo desde Jerusalén, Juan reconoció al momento que uno de ellos era diácono, aun cuando el hecho había sido ocultado. El ermitaño tenía entonces 90 años y murió poco después. Advertido por Dios de su próximo fin, cerró su ventana y ordenó que nadie se acercara a él durante tres días. Murió pacíficamente al fin de ese lapso, estando de rodillas en oración. En 1901, la celda que él había ocupado fue descubierta cerca de Asyut.
Los bolandistas, en el Acta Sanctorum de marzo, vol. III, han extractado los principales hechos atribuidos a san Juan de Egipto en la Historia Lausiaca, de Paladio, en la Historia Monachorum y en otras partes. Referente al texto de Paladio, tenemos que consultar a C. Butler o Lucot. Para la Historia Monachorum, ver Preuschen, Palladius und Rufinus. N. de ETF: en la edición anterior del Martirologio figuraba en esta fecha otro padre del desierto de nombre Juan, san Juan Kolobos (o san Juan el enano), conocido a través de los famosos «Apotegmas de lso Padres del desierto», al que se suele situar un siglo después que el de Licópolis; a él se atribuía la misma anécdota del riego del palo seco que finalmente florece por obediencia. En el Martirologio Romano actual el de Licópolis ha sido trasladado a esta fecha (antes se celebraba el 27 de marzo) y el Kolobos ha desaparecido. Posiblemente se considere en la actualidad que son la misma persona, aunque no fue posible verificar el dato. La imagen que ilustra esta hagiografía corresponde a Juan Kolobos.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3791



Beato Baltasar Ravaschieri de Chiavari, religioso presbítero

fecha: 17 de octubre
fecha en el calendario anterior: 25 de octubre
n.: 1419 - †: 1492 - país: Italia
canonización: 
Conf. Culto: Pío XI 8 ene 1930
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.

Elogio: En Binasco, de la Lombardía, beato Baltasar de Chiavari Ravaschieri, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores.

Baltasar Ravaschieri, nació en la familia de los condes de Lavagna en Chiavari, rivera de Levante en 1420. Hijo de una devota familia, creció en la inocencia, en la bondad y en la piedad. Ingresó joven entre los Hermanos Menores, estudió, se laureó en teología, fue ordenado sacerdote y se dedicó a la predicación. Era gran amigo del beato Bernardino de Feltre.
Virtuoso y activo, fue primero elegido guardián, luego Ministro provincial en Génova. Fácil habría sido predecir para él una carrera más brillante aún en la Orden o en la Iglesia si la gota no lo hubiera atacado en forma agudísima paralizando casi del todo sus movimientos. Del mal que lo tenía postrado hizo un constante ejercicio de gimnasia espiritual quemando las etapas de su carrera hacia la santidad. En el convento de Binasco cerca de Milán era llevado en brazos a la iglesia, allí permanecía largas horas solitario, orando y meditando. O se hacía llevar a un bosque donde confesaba a los fieles, los aconsejaba, los consolaba. En aquel bosque, lo sorprendió un día una fuerte nevada sin que nadie se acordara de él. El primero que lo encontró tuvo la sorpresa de observar que la nieve no había caído sobre su cuerpo, aquel cuerpo dolorido y paralizado que se había convertido en palestra de perfección para el espíritu.
Todos los días era llevado en brazos por los hermanos para asistir a la Santa Misa, tomar parte en la recitación del oficio divino y sobre todo escuchar por larguísimas horas, a veces casi todo el día, las confesiones de los fieles, atraídos por la fama de su santidad. Baltasar en su inmovilidad intensificó su vida de íntima unión con Dios y ofreció sus sufrimientos físicos y morales al amor misericordioso de Jesús por la conversión de los pecadores, que en gran número supo acercar a Dios. Desde la llanura de Pavía acudían a él los devotos que le llevaban sus enfermos para que obtuviera de Dios su curación, las madres le llevaban sus niños para que los bendijera.
Seis años sufrió con perfecta serenidad de los santos el extenuante martirio de la gota. Pero ya la hermana muerte estaba por llegar para invitarlo al eterno descanso. Consumido por el mal que le había martirizado sus miembros, serenamente expiró el 17 de octubre de 1492, a la edad de 72 años. Fue sepultado en una urna de mármol.
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3795

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