Santa Hilda, abadesa
fecha: 17 de noviembre
n.: 614 - †: 680 - país: Reino Unido (UK)
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 614 - †: 680 - país: Reino Unido (UK)
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Whitby, en Northumbria, santa
Hilda, abadesa, la cual, después de abrazar la fe y recibir los sacramentos de
Cristo, puesta al frente de su monasterio, tanto se entregó a la formación de
los monjes y monjas en la vida regular, al mantenimiento de la paz y la
armonía, al trabajo y a la lectura de las divinas Escrituras, que parecía
realizar en la tierra tareas celestiales.

Seguramente que el culto de esta santa
abadesa comenzó muy poco después de su muerte, pues su nombre figura ya en el
calendario de san Wilibrordo, escrito a principios del siglo VIII. Hilda era
hija de Hererico, sobrino de Edwino, rey de Nortumbría. Fue bautizada por san Paulino junto
con Edwino, a los trece años de edad. Según dice Beda, los primeros treinta y
tres años de su vida «los pasó noblemente en el estado secular y, todavía más
noblemente, dedicó la otra mitad de su vida al servicio de Dios en la
religión». Santa Hilda se trasladó al reino de Anglia del este. Tenía la intención
de retirarse al monasterio de Celles, en Francia, donde se hallaba su hermana
Hereswita, pero san Aidán la
convenció para que volviese a Nortumbría, donde fundó una pequeña abadía junto
al río Wear. Más tarde, fue nombrada abadesa del monasterio mixto de
Hartlepool, donde lo primero que hizo fue establecer el orden, guiada «por su
prudencia innata y su amor al servicio divino». Unos diez años después fue
trasladada a Streaneshalch (que se llamó más tarde Whitby), ya fuese para
reformar una abadía o para fundarla. Se trataba también de una abadía mixta.
Los religiosos y las religiosas vivían completamente separados, pero se reunían
en la iglesia para el canto del oficio divino. Según la costumbre, la abadesa
era superiora en todo, excepto en lo estrictamente espiritual. Beda escribe que
Santa Hilda desempeñó su oficio con tanto tino, «que no sólo las gentes del
pueblo, sino aun los reyes y príncipes solían consultarla y seguir sus
consejos. A aquéllos que estaban bajo su dirección, los obligaba a leer con
asiduidad la Sagrada Escritura y a ejercitarse constantemente en las buenas
obras, de suerte que llegasen a ser aptos para las funciones eclesiásticas y el
servicio del altar».
Algunos de los monjes de santa Hilda
llegaron a ser obispos, como san Juan de Beverly. El poeta Caedmon, que servía
en el monasterio, tomó finalmente el hábito por consejo de la santa y fue
venerado localmente como santo, después de su muerte. Santa Elfleda, discípula
de Hilda, fue su sucesora en el gobierno de la abadía. El éxito con que la
santa supo gobernar la abadía y ganarse el afecto de sus súbditos puede verse
en las páginas que le dedica Beda en su Historia Ecclesiástica. Probablemente
por razón de su magnífica situación, se escogió la abadía de Whitby para el
sínodo convocado en el año 664 para discutir la fecha en que debía celebrarse
la Pascua y otros problemas espinosos. Santa Hilda y sus súbditos se aliaron
con los escoceses en favor de las costumbres célticas, pero triunfó el partido
opuesto, encabezado por san Wilfrido, y el rey Oswy impuso en Nortumbría la
costumbre romana. Sin duda que santa Hilda obedeció a la decisión del sínodo,
pero es posible que haya quedado un poco resentida por la actitud de San Wilfrido,
ya que más tarde apoyó decididamente a san Teodoro de Canterbury contra él en
la cuestión de las diócesis del norte. Siete años antes de su muerte, Santa
Hilda contrajo una enfermedad de la que no volvió a sanar. Sin embargo, en ese
lapso «no dejó nunca de dar gracias al Creador y de instruir en privado y en
público a sus súbditos. Con su ejemplo exhortaba a todos a servir fielmente a
Dios en la salud y a darle gracias en la enfermedad y en la adversidad». Santa
Hilda murió probablemente al amanecer del 17 de noviembre de 680. Como dice
Beda, una religiosa «que la amaba apasionadamente» y que no pudo asistir a su
muerte porque estaba encargada de las postulantes, tuvo una visión de lo
sucedido y lo refirió a las religiosas que estaban con ella. Otra religiosa,
llamada Begu, que se hallaba en la casa de Hackness, a veinte kilómetros de
distancia, oyó en sueños el tañido de unas campanas y vio el alma de su abadesa
partir al cielo. Inmediatamente, convocó a sus hermanas y pasaron toda la noche
orando en la iglesia. Al amanecer «llegaron los hermanos desde el sitio en que
la santa había pasado a mejor vida, con la noticia de su muerte». Cuando los
daneses destruyeron el monasterio de Whitby, las reliquias de santa Hilda se
perdieron o fueron trasladadas a un sitio desconocido. Su fiesta se celebra
todavía en la diócesis de Middlesbrough.
Casi todo lo que sabemos sobre Santa Hilda
se reduce a lo que cuenta Beda en su Historia Ecclesiastica. Véanse, sin
embargo, las notas de la edición de C. Plummer y también Howorth, The Golden
Days of Early English Church, vol. III, pp. 186-195 y passim, Cf. Stanton,
Menology, pp. 551-552.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4204
San Lázaro, monje confesor
fecha: 17 de noviembre
fecha en el calendario anterior: 23 de febrero
†: c. 867 - país: Turquía
otras formas del nombre: Lazaro Zographos
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 23 de febrero
†: c. 867 - país: Turquía
otras formas del nombre: Lazaro Zographos
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Constantinopla, san Lázaro, monje, nacido en Armenia, el cual,
insigne en la pintura artística de imágenes sagradas, fue atormentado con
crueles suplicios al negarse a destruir sus obras por orden del emperador
iconoclasta Teófilo, aunque después, apaciguadas las controversias sobre el
debido culto a las imágenes, el emperador Miguel III le envió a Roma para
afianzar la concordia y unidad de toda la Iglesia.
Patronazgos: patrono de pintores.
Lázaro, natural de Armenia, llegó desde
muy joven a Constantinopla, donde se hizo monje. Aparte de practicar todos los
ejercicios de la vida monástica, aprendió la pintura, un arte que era motivo de
alto honor en los claustros, sobre todo después de que los iconoclastas
declararan la guerra a las imágenes de santos. La reputación que adquirió
Lázaro en su oficio motivó la persecución de que fue objeto. En el 829, el
emperador Teófilo había sucedido a su padre, Miguel el Tartamudo; desde el
comienzo de su reinado, decretó la pena de muerte para todos los pintores
cristianos que se negasen a romper, desgarrar o pisotear las pinturas de los
santos. Al poco tiempo, hizo traer a su presencia al monje Lázaro para
obligarle a ejecutar su mandato; al principio creyó poderlo convencer con
buenas maneras, pero como no obtuvo ningún resultado, echó mano de los métodos
violentos. Los tormentos infligidos a Lázaro fueron particularmente crueles y
se creyó que iba a expirar por la violencia de los suplicios. Con el cuerpo desgarrado,
cubierto de llagas y quemaduras, fue arrojado a una charca inmunda, y
abandonado allí para que muriese; pero al poco tiempo se anunció a Teófilo que
el monje había recuperado las fuerzas y había reanudado su tarea de pintar
cuadros religiosos. El emperador Teófilo mandó entonces que le quemaran las
palmas de las manos con hierros candentes, Lázaro soportó este nuevo tormento,
sin dar muestras de dolor o de impaciencia; sin embargo, cuando el calor había
consumido la carne de sus manos hasta los huesos, cayó al suelo y pareció
desmayado. La emperatriz Teodora, cuyas virtudes se pusieron a prueba por la
impiedad de su marido, aprovechó esta circunstancia para hacer que dejaran en
libertad a Lázaro. Ella misma ocultó al monje en la iglesia de San Juan
Bautista y se preocupó de que le curaran las heridas. Al cabo de algún tiempo,
Lázaro quedó nuevamente restablecido y, como una muestra de su agradecimiento
pintó un hermoso cuadro con la imagen del santo Precursor; esa pintura, muy
estimada, fue el instrumento de que Dios se valió para obrar muchos milagros.
Al morir Teófilo, en el 842, la emperatriz
Teodora y su hijo, el emperador Miguel III, restablecieron el culto a las
santas imágenes, hicieron volver del exilio y salir de la prisión a todos los
que habían sufrido castigos por esta causa. Lázaro pintó la imagen del Salvador
y la expuso a la veneración pública y, después, ya no pensó más que en
santificarse en el retiro de su monasterio y en ejercer su ministerio de
sacerdote, sacramento que le fue conferido por entonces. Teodora le visitó para
pedirle que perdonara a su difunto marido y le recomendó que lo tuviese
presente en sus oraciones; parece que el santo monje Lázaro respondió que ya
era demasiado tarde para cambiar las decisiones de la justicia divina en favor
del infortunado emperador.
En el año 856, el emperador Miguel III
sacó a Lázaro de su claustro y lo envió como embajador ante el papa Benedicto
III, luego de cargarle con ricos presentes para el Pontífice recientemente
elegido. Al tiempo que cumplía con su misión, san Lázaro hacía gestiones ante
el Papa para buscar los medios de afirmar la fe católica, hacer que
desaparecieran los restos de las herejías y propiciar la unión de las Iglesias.
Las otras actividades de este santo monje no fueron registradas; el resto de su
existencia transcurrió en la quietud del claustro. Se dice que hacia el año 867
fue enviado a Roma por segunda vez y que murió en el camino, sin que se pueda
precisar la fecha. Baronio insertó su nombre en el martirologio romano el 23 de
febrero, pero los griegos lo conmemoran el 17 de noviembre, fecha a la que fue
trasladado en la revisión actual del Martirologio.
Véase el Sinaxario de Constantinopla,
columna 231.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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