La fama de la televisión y el dinero le
llevaron a la droga pero un viaje a Fátima le transformó
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Mujeres, Hombres y Viceversa
es uno de los reality
show de moda en
España y más seguido por los jóvenes. En él se banaliza la sexualidad y se
promueve un culto real al dinero y al cuerpo. Vicente fue uno de sus
protagonistas y sufrió gravemente las consecuencias con una vida llena de
adicciones y sin sentido. En este artículo publicado en Portaluz se
relata su encuentro con Dios en el Santuario de Fátima que cambió radicalmente su vida:
Poco queda de quien fuera
alguna vez presentado por la televisión de farándula en España como “soltero de
oro”, “el joven más conocido de Aranjuez”… un
personaje que explotaba el culto al ego y que por ello recibía varios miles de
euros al mes.
Hoy, a sus 29 años “Vicente
One” aún no termina por sanar y reencontrar el rumbo. Cuando el dinero era su
amo, el personaje se fagocitó a la persona.Luego vendría el paso por un centro
de desintoxicación, la soledad de saberse sin nadie a quien acudir a pesar de ser un rostro conocido, la
experiencia de la indigencia…
Su verdad no era la del mundo
Como ocurre en las películas
-que engañan sobre el sentido de la vida-, Vicente acompañó a un amigo al
casting, pero fue a él a quien eligieron para participar en el popular concurso
de televisión Mujeres y hombres y viceversa (myhyv), en el que varias mujeres
utilizan sus “encantos” para conquistar al macho denominado: “Tronista”.
Para algunos que consumen y
se dejan consumir por la pasión del ego… Vicente era un “ganador” que tenía una
vida como de spot publicitario:éxito, dinero, popularidad, cientos
de personas cerca de él que parecían amigos…
Pero su realidad espiritual,
psicológica e incluso física era bien distinta a lo que la TV mostraba, porque
la vida se le escurría entre las manos con la misma rapidez con que él consumía los euros en alcohol,
cocaína y otros ‘lujitos’ varios.
“Todo estaba pervertido”
En su última edición, Revista Misión cuenta que Vicente había vivido con su
padre hasta que este falleció, justo en el momento en que le llegó la fama. Su
paso por la televisión lo condujo entonces a una serie de fiestas y bolos
–invitaciones pagadas que las discotecas hacen a famosos como reclamo
comercial– que convirtió
en rutina diaria el consumo de alcohol, estupefacientes y tranquilizantes.
Estuvo entre seis y ocho
meses en el reality televisivo “myhyv”, aunque no lo recuerda bien, quizá
porque prefiere borrar de su memoria esa vida de… “excesos y ostentación en la que
todo estaba pervertido, contaminado. Allí solo valías por tu imagen o tu labia,
por nada más”.
A pesar de que se sentía “muy
vacío”, Vicente lo achacaba a la ansiedad que le producían las grabaciones.
Poco a poco, sin embargo, empezó a identificar que la raíz de su desencanto
estaba en su vida superficial y hedonista.
La herencia de familia
“Tener una madre alcohólica
me ayudó a conocer esa enfermedad. Ella comenzaba a beber y no podía parar. Le
cambiaba el carácter. Y
vi que eso es lo que me estaba pasando a mí”, reconoce.
“Mi padre había muerto, así
que yo vivía solo en casa y no tenía que dar explicaciones a nadie de cómo
estaba ni de lo que hacía. Cuando no bebía, me sentía mal, tenía temblores… así
estuve tres años, hasta
que ingresé durante un mes y medio en un centro de desintoxicación.
»Yo lo llamo ‘mi pequeño
milagro’; no sé ni por qué lo hice, pero ahí comenzó a cambiar mi vida”. Y, en
ese “pequeño milagro”, Vicente asegura que “estuvo Dios”,
porque “fue el inicio de todo y es imposible que yo, por mi propia voluntad,
accediera a dejar el alcohol. Solo pudo ser Dios, que me echaba
una mano, no encuentro otra explicación”.
Pero aquel gran paso solo fue
el primero. “Cuando salí del centro, los médicos me dijeron que, si quería
mantener la abstinencia, no podía volver a casa de mi madre. Me costó mucho,
pero lo hice, a pesar de que no tenía a dónde ir: me habían despedido del
trabajo por problemas con el alcohol y no tenía nada”. Fue así como llegó al albergue de
Cáritas en Aranjuez. “Casi ni sabía que existían estos
albergues y pensaba que solo iban los ‘desechos’. Y ahora era yo el que vivía
en uno… ¡quién lo iba a decir!”.
En Fátima comenzó su conversión
Al
principio, se mantuvo “muy distante con respecto a todo lo relacionado con la
religión”, pero
llegó el verano y el albergue cerraba temporalmente, así que lo derivaron a
Toledo. “La acogida fue tan buena que decidí realizar el programa de
reinserción socio-laboral en Toledo. Y comencé a recobrar la fe”, asegura.
“Mi familia era muy creyente,
pero, desde la adolescencia, yo estaba muy separado de la religión.Un
día, en el programa de reinserción, fuimos de viaje final de curso a Fátima, y
me confesé. En ese momento cambió todo. Todavía recuerdo cómo me sentí después
de la confesión. Me emocionó. Fue algo increíble”, cuenta conmovido.
“Tenía mucho miedo a
confesarme porque no sabía ni qué decir. Pero el sacerdote me ayudó. Me sentí
tremendamente aliviado y comprendí muchas cosas.Ahora hasta tengo la necesidad de ir
a misa los domingos. Primero, entreno y, después, voy a misa; el párroco ya me conoce y todo…”.
Agradecido a Dios
Y explica con sinceridad que,
a pesar de las dificultades, ahora es “mucho más feliz, muchísimo
más que antes, cuando ganaba más de 15.000 euros al mes, tenía
un coche de alta gama, una rubia a cada lado y dormía en hoteles de cinco
estrellas. Ahora trabajo en un programa de recogida de ropa de Cáritas y doy
gracias a Dios por estar aquí, por la salud y la energía que tengo, por las
ganas de hacer las cosas bien. Rezo mucho y pido a Dios que no me deje caer de
nuevo en ese mundo…”.
Hoy, Vicente vive en un piso,
es independiente, ysu mayor aspiración, dice, es “tener
una familia, un trabajo y una casa. ¡Que no es poco!”. Su gran éxito,
explica, es estar donde está y “no el haber salido en la tele”.
Vicente tiene varios
tatuajes, entre ellos uno, con las iniciales de myhyv, el programa que
lo hizo famoso… y que también lo llevó a lo más bajo. Entre sus planes está
cambiarlo: “Quiero
que sea otra cosa: algo que represente al hombre nuevo que soy ahora”.
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