San Auberto de Cambrai, obispo
fecha: 13 de diciembre
n.: c. 600 - †: c. 670 - país: Francia
otras formas del nombre: Autberto
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 600 - †: c. 670 - país: Francia
otras formas del nombre: Autberto
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Cambrai, de Austrasia, san Auberto, obispo.
Patronazgos: patrono de los panaderos.
refieren a este santo: San Landelino

Existe una biografía de san Auberto,
escrita a principios del siglo XII. Algunos autores la atribuyen a san Fulberto
de Chartres, pero eso con stituye probablemente un error. Por otra parte, dicha
biografía da tan pocos datos, que las cuatro páginas que Alban Butler consagra
a san Auberto se reducen a generalidades o a datos históricos que nada tienen
que ver con el tema. Lo primero que sabemos sobre el santo es que fue elegido
obispo de Cambrai el año 633 o más tarde. El año 650, san Gisleno,
que era entonces un ermitaño desconocido, empezó a fundar un monasterio cerca
de Mons. No faltaron quienes quisiesen indisponerle con san Auberto; pero éste
se negó a emitir un juicio sin oírle y, el resultado de la entrevista fue que
san Auberto apoyó la empresa y consagró la iglesia construida por san Gisleno. Entre
los que se preparaban para el sacerdocio en Cambrai, había un joven llamado
Landelino, que escapó y llevó una vida licenciosa. Al cabo de algún tiempo, se
arrepintió de su locura. San Auberto supo tratar el caso con tal habilidad, que Landelino se
hizo monje, fundó varios monasterios y su nombre figura en el Martirologio
Romano. San Auberto ayudó a abrazar la vida religiosa a varios distinguidos
personajes de la época, como san Vicente Madelgario y su familia y Santa
Amalburga, la madre de Santa Gúdula. Más seguro es el dato de que san Auberto
asistió a la traslación de las reliquias de san Fursey a Peronne; San Eligio
llevó a cabo dicha traslación hacia el año 650. San Auberto fue sepultado en la
iglesia de San Pedro de Cambrai, que más tarde se transformó en una abadía de
canónigos regulares y tomó el nombre del santo.
Ghesquiére publicó íntegra la biografía
que se atribuye erróneamente a Fulberto, en Acta Sanctorum Belgii, vol. III,
pp. 529-564. Hay un catálogo de milagros en Analecta Bollandiana, vol. XIX
(1900), pp. 198-212. Acerca de la confusión entre el obispo de Cambrai,
Auberto, y el conde de Ostrevant, Audeberto, véase Analecta Bollandiana, vol.
II (1933), pp. 99-116.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 739 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4502
Santa Otilia, abadesa
fecha: 13 de diciembre
n.: c. 660 - †: c. 720 - país: Francia
otras formas del nombre: Odilia, Ottilia, Adilia, Othilia, Odile
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: c. 660 - †: c. 720 - país: Francia
otras formas del nombre: Odilia, Ottilia, Adilia, Othilia, Odile
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Estrasburgo, de Burgundia, santa Otilia, virgen y primera abadesa
del monasterio de Hohenburg, fundado por el duque Aldarico, su padre.
Patronazgos: protectora contra el sufrimiento de
los ojos, los oídos y la cabeza.

En la época de Childerico II, había en
Alsacia un señor feudal franco, llamado Adalrico, casado con Bereswinda. A
fines del siglo VII, tuvieron una hijita ciega, que nació en Obernheim, en los
Vosgos. Adalrico, que tomó esa desgracia como una ofensa personal y una injuria
al honor de su familia, en la que nunca había sucedido nada semejante, se dejó
arrastrar por una cólera que no entendía razones. En vano trató su esposa de
explicarle que era la voluntad de Dios, quien sin duda quería manifestar su
poder en la niña. Adalrico no le prestó oídos, e insistió en que había que
matar a la cieguita. Finalmente, Bereswinda consiguió disuadirle de ese crimen,
pero para ello tuvo que prometerle que enviaría a su hija a otra parte sin
decir a qué familia pertenecía. Bereswinda cumplió la primera parte de su
promesa, pero no la segunda, ya que confió la niña al cuidado de una campesina
que había estado antiguamente a su servicio y le dijo que era su hija. Como los
vecinos de la campesina empezasen a hacerle preguntas embarazosas, Bereswinda
la envió con toda su familia a Baumeles Dames, cerca de Besançon, donde había
un convento en el que la niña podría educarse más tarde. Allí vivió hasta los
doce años, sin haber sido bautizada, aunque no sabemos por qué razón. Por
entonces, san Erhardo,
obispo de Ratisbona, tuvo una visión en la que se le ordenó que fuese al
convento de Baume, donde encontraría a una joven ciega de nacimiento; debía
bautizarla y darle el nombre de Otilia, y con ello recobraría la vista. San
Erhardo fue a consultar a san Hidulfo en
Moyenmoutier y, juntos, se dirigieron a Baume, donde encontraron a la joven y
la bautizaron con el nombre de Otilia. Despúes de ungirle la cabeza, san
Erhardo le pasó el crisma por los ojos y, al punto, obtuvo la vista.
Otilia se quedó a servir a Dios en el
convento. Pero el milagro del que había sido objeto y los progresos que comenzó
a hacer en sus estudios, provocaron la envidia de algunas de las religiosas y
éstas empezaron a hacerle la vida difícil. Santa Otilia escribió entonces a su
hermano Hugo, del que había oído hablar, y le pidió que la ayudara como se lo
dictase el corazón. Entre tanto, san Erhardo había comunicado a Adalrico la
noticia de la curación de su hija. Pero aquel padre desnaturalizado se
encolerizó más que nunca y prohibió a Hugo que fuese a ayudarla y que revelase
su identidad. Hugo desobedeció y mandó traer a su hermana. Un día en que Hugo y
Adalrico estaban en una colina de los alrededores, Otilia se presentó en una
carreta, seguida por la muchedumbre. Cuando Adalrico se enteró de quien era y
supo por qué había ido, descargó su pesado bastón sobre la cabeza de Hugo y lo
mató de un golpe. Pero los remordimientos le cambiaron el corazón, de suerte
que empezó a amar a su hija tanto cuanto la había odiado antes. Otilia se
estableció en Obernheim, con algunas compañeras que se dedicaron como ella a
los actos de piedad y a las obras de caridad entre los pobres. Al cabo de un
tiempo, Adalrico determinó casar a su hija con un duque alemán. Otilia
emprendió la fuga. Cuando los enviados de su padre estaban ya a punto de
capturarla, se abrió una grieta en la roca, en Schossberg, cerca de Friburgo en
Brisgovia y allí se escondió la santa. Para conseguir que volviese, Adalrico le
prometió regalarle el castillo de Hohenburg. Otilia lo transformó en monasterio
y fue la primera abadesa. Como las montañas eran muy escarpadas y hacían
difícil el acceso a los peregrinos, santa Otilia fundó otro convento, llamado
Niedermünster, en un sitio más bajo, y edificó una posada junto a él.
Se cuenta que la santa, poco después de la
muerte de su padre, vio que sus oraciones y penitencias le habían sacado del
purgatorio. San Juan Bautista se apareció a Otilia y le indicó el sitio y las
dimensiones de una capilla que debía construirse en su honor. Se cuentan muchas
otras visiones de la santa y se le atribuyen numerosos milagros. Después de
gobernar el convento durante muchos años, santa Otilia murió el 13 de
diciembre, alrededor del año 720.
He aquí en resumen la leyenda de Santa
Otilia. Los datos son poco seguros, pero la devoción del pueblo cristiano a la
santa es innegable. El santuario y la abadía de Santa Otilia fueron importantes
centros de peregrinación en la Edad Media. Todos los emperadores, desde
Carlomagno a Carlos IV, les concedieron privilegios. Entre los personajes
ilustres que fueron en peregrinación a Hohenburg, se cuenta a san León IX, que
era entonces obispo de Toul y también, según se dice, a Ricardo I de
Inglaterra. Las gentes del pueblo realizaban asimismo grandes peregrinaciones.
Desde antes del siglo XVI se veneraba a santa Otilia como patrona de Alsacia. Según
la tradición, la santa hizo brotar una fuente para dar agua a las religiosas y
a los peregrinos. Los enfermos de los ojos suelen lavarse en esa fuente, al
mismo tiempo que invocan la intercesión de santa Otilia. La misma costumbre se
practica en Odolienstein de Brisgovia, en el sitio en que la roca se abrió para
ocultar a la santa. Al cabo de muchas vicisitudes, el santuario de Santa Otilia
y las ruinas de su monasterio pasaron a poder de la diócesis de Estrasburgo.
Desde mediados del siglo pasado, Odilienberg se ha convertirlo de nuevo en
sitio de peregrinación. Las reliquias de la santa reposan en la capilla de San
Juan Bautista, que es una construcción medieval y ocupa el sitio de la antigua
capilla construida por Otilia en honor del santo. Actualmente, suele darse a
dicha capilla el nombre de Santa Otilia.
W. Levison publicó el texto de una
biografía de santa Otilia, que data del siglo X, en Monumenta Germaniae
Historica, Scríptores Merov., vol. VI (1913), pp. 24-50; y cf. Analecta
Bollandiana, vol. xrrt (1894), pp. 5-32 y 113-121. Según Levison, la biografía
contiene muy pocos datos fidedignos. Santa Otilia sigue siendo una de las
santas más populares, no sólo en Alsacia, sino también en Alemania y en toda
Francia. Existe una literatura considerable sobre santa Otilia, como puede
verse por las referencias de Potthast, Wegweiser, vol. II, p. 1498. Acerca de
Santa Otilia en el arte, véase Künstle Ikonographie, vol. II, pp. 475-478, y C.
Champion, Ste Odile (1931) . En la época de las batallas de Verdún, en la
primera guerra mundial, se atribuyó a Santa Otilia una profecía apócrifa que
hizo sonar mucho su nombre. Lo mismo sucedió, aunque en menor escala, en la
segunda guerra mundial.
En la imagen: santas Lucía y Otilia. Vidriera en el Museo de Cluny, París. Nótese que Otilia sostiene un cáliz que tiene encima los dos ojos, que es el atributo habitual en la otra santa, mientras que Lucía sostiene un libro de oraciones, que sería un atributo normal en una religiosa como Otilia.
En la imagen: santas Lucía y Otilia. Vidriera en el Museo de Cluny, París. Nótese que Otilia sostiene un cáliz que tiene encima los dos ojos, que es el atributo habitual en la otra santa, mientras que Lucía sostiene un libro de oraciones, que sería un atributo normal en una religiosa como Otilia.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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