San Habacuc, santo del AT
fecha: 2 de diciembre
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Conmemoración de san Habacuc, profeta, el cual, ante la iniquidad y
violencia de los hombres, anunció el juicio de Dios, pero también su
misericordia, diciendo: «El justo vivirá por su fe».
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Dicen que cuando el filósofo Heidegger
debía introducir a sus alumnos en el pensamiento de uno de los grandes
filósofos, no comenzaba como solemos hacer, contando a grandes rasgos la
biografía, sino solamente «nació y murió, y escribió... tales y tales ...
obras», para que sus alumnos no perdieran de vista que lo que debemos valorar
en un escritor es su escrito, y no las circunstancias personales que lo
llevaron a escribirlo. No sé yo si esta anécdota es cierta o sólo una leyenda
urbana, pero el gran pensador alemán hubiera estado muy a gusto haciendo la
hagiografía de los doce profetas menores, de los cuales apenas podemos decir
«nació, murió, y escribió el libro que lleva su nombre».
De Habacuc sólo puede deducirse, por indicios
internos del libro, que pronunció sus oráculos en relación a los
acontecimientos que ocurrían en Judá entre el 605, victoria de Nabucodonosor el
Grande que se alza con el poder en Oriente Medio, y el primer asedio de
Jerusalén, en 597, diez años antes de la destrucción del templo por obra del
mismo rey. Es, por tanto, contemporáneo de Jeremías. Jerusalén está sumida en
el pecado, en el abandono de la fidelidad a Yahvé, en la idolatría; el hombre
religioso espera la llegada del castigo divino, sabe que no faltará, pero ¿cómo
es posible que Dios castigue el mal de los suyos por medio de pueblos aun más
pecadores que el propio Judá? ¿Qué enigma es éste del mal en la historia, de un
Dios que ni se va del todo, ni termina de aparecer? Habacuc plantea a Dios, con
toda reverencia pero sin concesiones, el misterio del mal en la historia; su
librito, de apenas tres capítulos, contiene las preguntas y, con la autoridad
del propio Yahvé, lo que puede decir el profeta en Su nombre. Notemos que
estamos más de un siglo antes del libro bíblico que se ha hecho clásico por
plantear rigurosamente este tema, el de Job.
Los tres capítulos de Habacuc saben a
poco, es verdad, una vez hecha la pregunta por el misterio del mal en la
historia, desearíamos que Dios «se suelte a hablar» más largamente de lo que lo
hace, pero a pesar de su brevedad, podemos decir que es un libro perfectamente
estructurado y bellamente escrito, rasgo que -a diferencia de lo que ocurre en
otros libros de la Biblia- se sigue notando incluso en las traducciones. El
libro consta de dos quejas del profeta, seguidas cada una de ellas de una
respuesta -oráculo- por parte de Dios, luego una serie de invectivas contra los
males del mundo, y todo ello cierra con un extenso salmo que bien pronto se
integró en la liturgia, primero judía y luego también en la cristiana: lo
rezamos en las Laudes del viernes de la segunda semana del salterio.
Sin embargo lo que los estudiosos
coinciden en que podría llamarse el resumen del mensaje profético de Habacuc
está contenido en una sola frase, pero que ha tenido una larga trayectoria en
el mundo de la fe, especialmente la nuestra; en efecto, dice Habacuc 2,4:
«He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta,
más el justo por su fidelidad vivirá.»
«He aquí que sucumbe quien no tiene el alma recta,
más el justo por su fidelidad vivirá.»
Todos reconocemos en ese versículo cómo
sus palabras han calado hondo en nuestra fe a través de la cita que hace de
ellas san Pablo en Romanos 1,17. Entre Habacuc y san Pablo ha pasado Cristo, y
lo que podía llamar «justo» Habacuc y lo que san Pablo entiende por «justo» se
ha profundizado. Ciertamente que la frase «el justo vivirá por la fe» en el
contexto de la Carta a los Romanos tiene unas resonancias que no tiene aun en
Habacuc, pero eso no implica no reconocer en el profeta una voz del Antiguo
Testamento que ya reclama, claramente, una revelación inaudita de Dios, algo
que venga a «dar vuelta» la historia, tal como dirá en su salmo final:
Señor, he oído tu fama,
me ha impresionado tu obra.
En medio de los años, realízala;
en medio de los años, manifiéstala;
en el terremoto, acuérdate de la misericordia.
El Señor viene de Temán;
el Santo, del monte Farán:
su resplandor eclipsa el cielo,
la tierra se llena de su alabanza;
su brillo es como el día,
su mano destella velando su poder. (3,2-4)
Bibliografía:Una introducción muy breve pero útil se
encuentra en el prólogo a los Profetas Menores en Biblia de Jerusalén, que
incluso en su tercera edición repite aproximadamente -para Habacuc como para
otros- el contenido de las ediciones anteriores. Sigue siendo válida la seria y
pertinente introducción desde el punto de vista de la crítica histórica del Comentario
Bíblico «San Jerónimo», tomo I, págs 774ss. El libro de Habacuc
puede leerse en la sección de
Biblia de ETF en distintas versiones. Seguramente valdrá la
pena dar una visita a la sección dedicada al salmo del capítulo 3 en nuestra
sección de Orar los Salmos,
hay allí una catequesis de Juan Pablo II y otros desarrollos que pueden ayudar
a compenetrarse mejor del precioso librito. También puede ser muy enriquecedor
leer «Los Profetas»,
del rabino Abraham Heschel, especialmente tomo I, pág 255-261, donde podemos
ver cómo se representa la esperanza futura alguien que no conoce a Cristo, pero
aspira a su Justicia; volver a esas «fuentes de la esperanza» puede ser muy
necesario a veces.
Imagen: Habacuc (escultura llamada "Il zuccone") de Donatello, en el Duomo de Florencia, mármol, 190cm, 1430 aprox.
Imagen: Habacuc (escultura llamada "Il zuccone") de Donatello, en el Duomo de Florencia, mármol, 190cm, 1430 aprox.
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4385
San Pimenio, presbítero y mártir
fecha: 2 de diciembre
†: s. III/IV - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: s. III/IV - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: También en Roma, en el cementerio de
Ponciano, en la vía Portuense, san Pimenio, presbítero y mártir.
La tradición ha asociado el nombre de
Juan, el sacerdote que rescató el cuerpo de santa Bibiana (ver hoy mismo) con
el de san Pimenio, quien fue tutor de Juliano el Apóstata antes de que éste
abandonase la Iglesia. Cuando Juliano empezó a perseguir a los cristianos,
Pimenio huyó a Persia. Más tarde, volvió a Roma y encontró en la calle al
emperador. Este exclamó al verle: «¡Gloria sea dada a mis dioses y diosas por
veros de nuevo!» El santo replicó: «¡Gloria sea dada a mi Señor Jesucristo, el
nazareno que fue crucificado, porque no os he visto en mucho tiempo!» Juliano
mandó que le arrojasen al punto al Tíber. Como lo ha demostrado Delehaye, esta
leyenda procede de fábulas hagiográficas ligeramente más antiguas, en
particular, que las relacionadas con la vida de los santos Juan y Pablo. Por
otra parte, no es imposible que el nombre de Pimenio se derive de la palabra
griega «poimén», que significa pastor; en ese caso, se trataría de la leyenda
de «san Pastor». Lo cierto es que con él ha quedado representado un mártir
romano realmente venerado desde antiguo, de los siglos III o IV, cuya tumba se
halla en el cementerio de Ponciano.
El P. Delehaye ha estudiado muy a fondo la
leyenda de santa Bibiana, en Etude sur le légendicr romain (1936.), pp.
124-143; en un apéndice publica el autor dos textos de particular importancia
(pp. 259-268) titulados Passio Sancti Pygmenii y Vita Sancti Pastoris. En
realidad, el personaje principal de esta leyenda es Pimenio o Pigmenio, no
Bibiana.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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