San Modesto de Jerusalén, obispo
fecha: 17 de diciembre
†: 634 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: 634 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Jerusalén, san Modesto, obispo,
el cual, después de que la Santa Ciudad fuese conquistada y devastada por los
árabes, reconstruyó monasterios y los llenó de monjes, y con mucho trabajo
rehizo los santuarios destruidos por el incendio.

Con el pretexto de vengar a su anciano
protector, el emperador Mauricio, asesinado por Focas en el 602, Cosroes II,
rey de los persas, invadió los territorios de Siria. Al no encontrar ninguna
resistencia seria, extendió sus conquistas. En el año 613, el general persa
Romizanes, llamado el «Scharbaraz» («jabalí real»), se apoderó de Damasco y, al
año siguiente, entró en Palestina, donde fue bien acogido por los judíos y los
samaritanos, en tanto que los cristianos, afectados por divisiones internas,
fueron incapaces de defenderse. En esas condiciones, el patriarca de Jerusalén,
Zacarías creyó preferible tratar con el enemigo que, por su parte, manifestaba
intenciones pacíficas. Debe tenerse en cuenta que en Persia los cristianos eran
bastante numerosos por aquel entonces y que algunos de ellos ocupaban puestos
de importancia. El mismo Cosroes mostraba cierta simpatía hacia la religión
cristiana. Pero había en Jerusalén un partido de intransigentes, convencidos de
que Dios no permitiría que la Ciudad Santa cayese en manos de los bárbaros.
Estos fueron los que amenazaron al patriarca con hacerlo perecer como a un
traidor si entablaba tratos con los invasores persas. Zacarías cedió a las
presiones, no sin haber declarado antes que no se hacía responsable por las
desgracias que sobrevendrían inevitablemente. Entonces, envió a Jericó al
hegúmeno (es decir, equivalente al prior) del monasterio de San Teodosio, llamado
Modesto, con la misión de reunir y llamar a la guarnición bizantina. Los persas
no dieron tiempo a que llegaran los refuerzos y, en mayo de 614, entraron en la
Ciudad Santa, incendiaron las iglesias, y mataron a gran número de los
habitantes, vendieron a otros muchos como esclavos, y desterraron al resto,
junto con el patriarca Zacarías, hasta Persia. Gracias a la intervención del
platero particular del rey Cosroes, un cristiano llamado Yazdin, no fueron
destruidas las reliquias de la verdadera Cruz, aunque se las confiscó como
botín de guerra.
Durante algunos años, los habitantes de
Palestina tuvieron que soportar un régimen de terror, sometidos como estaban a
los excesos de los persas y a las represalias de los judíos que aprovecharon la
situación para destruir las iglesias. Los primeros éxitos de Heraclio, en 622,
obligaron a Cosroes a cambiar de actitud para no provocar revueltas entre los
pueblos conquistados. En consecuencia, expulsó a los judíos del territorio de
Jerusalén, ordenó la restitución de iglesias y monasterios a los cristianos y concedió
a éstos el derecho de reconstruir lo que estaba en ruinas, y les otorgó la
libertad de culto. Pero, no obstante los favores concedidos, el rey apoyaba
decididamente a los herejes monofisitas, y los cristianos de Palestina,
privados de su patriarca y de la mayoría de los sacerdotes y monjes que habían
huido hacia el otro lado del Jordán, a Egipto y aun a Occidente, corrían el
riesgo de caer en la herejía.
Fue entonces cuando apareció de nuevo en
escena el hegúmeno Modesto, un digno sucesor de san Teodosio, con el valor
suficiente para emprender la reconstrucción moral y material de la Ciudad
Santa. Algunos años más tarde, Antíoco, monje de San Sabas, escribió a Eustacio
de Ancira, para relatarle el martirio de cuarenta y cuatro monjes y concluía su
misiva con estas palabras de esperanza: «Por la gracia de Cristo y el celo de
nuestro muy santo padre Modesto, los monasterios se han poblado de nuevo.
Porque el virtuoso Modesto no sólo vela por los monasterios del desierto, sino
también por los de las ciudades y sus alrededores, y el espíritu de Dios está
con él. En efecto, Modesto es para nosotros un nuevo Beselel u otro Zorobabel
lleno del Espíritu Santo, y ha vuelto a levantar los venerables santuarios de
Nuestro Salvador Jesucristo que fueron derribados e incendiados: la santa
iglesia del Calvario, la santa Anástasis, la venerable casa de la preciosa
Cruz, la Madre de las iglesias, la de su bendita Ascensión y los otros templos
honorables».
Bastante más tarde, Eutiquio, que era
médico y llegó a ser patriarca de Alejandría (933-940), alabó también los
méritos de Modesto: «Cuando los persas se retiraron de Jerusalén, escribió,
después de haber destruido y quemado las iglesias, había en el monasterio de
Duaks, es decir en el de San Teodosio, un monje llamado Modesto, que era el
superior. Al retirarse los persas, Modesto viajó a Ramlé, a Tiberíades, a Tiro
y a Damasco para inflamar la fe de los cristianos y pedirles su ayuda para la
reconstrucción de las iglesias de Jerusalén. Gracias a sus donativos, Modesto
reunió abundantes recursos y regresó a la ciudad, donde construyó la iglesia de
la Resurección, el Sepulcro, el lugar del Cranion y San Constantino. Esas
construcciones subsisten hasta hoy. Al saber que Modesto reconstruía las
iglesias destruidas por los persas, Juan el Limosnero, patriarca de Alejandría,
le envió mil bestias de tiro, mil bolsas de trigo, mil bolsas de granos, mil
barriles de pescado salado, mil ánforas de vino, mil láminas de hierro y mil
obreros».
El propósito de Modesto era el de dar a las
basílicas la magnificencia y esplendor que tenían antes de la invasión. El
fuego de los incendios había carcomido los techos, ahumado las paredes y
destruido los ornamentos. Todo el mobiliario fue destrozado o tomado como
botín. La tarea era ardua, y Modesto no hizo el intento de crear, sino
solamente de restaurar. Las investigaciones han demostrado que respetó las
formas originales, sobre todo en el Santo Sepulcro, donde se conservan detalles
de la construcción de Constantino que, otros autores anteriores creyeron que
eran obra de Modesto. Su gran mérito fue el de ponerse inmediatamente en
acción, porque de haber esperado tiempos mejores, que nunca llegaron, no
hubiese devuelto al culto cristiano las iglesias de Jerusalén. Comenzó por la
más venerable de las basílicas, la del Santo Sepulcro, a la que restauró en
todas sus partes; luego continuó con la Anástasis, el Cranion, la capilla del
Calvario y la iglesia de la Cruz, así como la gran basílica del Martyrium. que,
a partir del siglo IX, llevó el nombre de su constructor, San Constantino. Con
el nombre de «Madre de las iglesias», el monje Antíoco designa a la gran
basílica de la ciudad alta que se hallaba en el lugar donde estuvo el Cenáculo
y que, con el nombre de Santa Sión, fue objeto de una veneración particular. En
el Monte de los Olivos, Modesto se preocupó especialmente del grupo formado por
la iglesia de la Ascensión y la de Santa Elena.
Como Modesto no pudo ocuparse de restaurar
iglesias tan ilustres como la de Getsemaní y la de San Esteban, por falta de
recursos, desaparecieron y fueron reemplazadas por oratorios pobres y exiguos.
Jerusalén le debió a Modesto la fisonomía que conservó hasta la época de las
Cruzadas, puesto que su actividad no se limitó a las grandes basílicas, sino
que alcanzó también a muchas iglesias secundarias, como la de San Juan
Bautista, que aún existe. Mientras Modesto se ocupaba de sus reconstrucciones,
el emperador Heraclio, con una serie de campañas triunfales, arrebató a los
persas todas sus conquistas. Cuando exigió la evacuación total de Siria,
recuperó las reliquias de la verdadera Cruz. Las mandó trasladar a Tiberíades y
él mismo las acompañó hasta Jerusalén, a donde llegó en marzo de 630. La
entrada triunfal del emperador victorioso, portador de las veneradas reliquias,
dio origen a innumerables leyendas cuyo principal defecto fue el de relegar al
olvido a Modesto, el restaurador de los Santos Lugares. Sólo el relato de
Eutiquio, más histórico y más sencillo, le rinde el debido homenaje: «A su
arribo a Jerusalén, Heraclio fue recibido con el incienso por los habitantes de
la ciudad y los monjes de Siq, al frente de los cuales se hallaba Modesto.
Cuando el emperador entró en la ciudad, se afligió en extremo a la vista de
todo lo que los persas habían asolado e incendiado. Pero al enterarse de que
Modesto había reconstruido la iglesia de la Resurrección, el lugar del Cranion
y la iglesia de San Constantino, experimentó una gran alegría y dio las gracias
a Modesto por lo que había hecho».
Como el patriarca Zacarías había muerto en
el exilio, Heraclio pensó que no podía haber mejor sucesor que aquél que había
ocupado su lugar durante largo tiempo y, en consecuencia, Modesto fue el
patriarca de Jerusalén. El emperador Heraclio lo llevó consigo hasta Damasco
para hacerle entrega del dinero del fisco de Siria y de Palestina. Aún quedaba
mucho trabajo por hacer en las iglesias de Jerusalén, y Modesto continuó sin
descanso sus tareas de restaurador y sus giras de inspección, pero la muerte le
sorprendió en una de éstas, en Sozón, población fronteriza de Palestina. Por
aquel entonces, circuló con insistencia el rumor de que los compañeros de viaje
de Modesto le habían envenenado para apoderarse del oro que llevaba consigo.
El cuerpo de Modesto fue trasportado a
Jerusalén y sepultado en la basílica del Martyrium. «La memoria de Modesto,
patriarca de Jerusalén, reconstructor de Sión después del incendio», fue
honrada en la Ciudad Santa, en la fecha del 17 de diciembre. Los sinaxarios lo
mencionan el 19 de octubre, el 16 y el 18 de diciembre. El calendario de mármol
de Nápoles, grabado en el siglo IX, nombra al santo el 18 de diciembre. Su
culto, que no parece haber sido muy popular ni siquiera en el Oriente, ha
dejado pocos vestigios. Sin embargo, en algunas iglesias de Capadocia aparece
su imagen en los frescos y mosaicos.
Toda la fama de Modesto radica en la
reconstrucción de las iglesias de Jerusalén. H. Vincent y F.M. Abel, en
Jerusalem, vol. II y Jérusalem Nouvelle, París, 1914-1926, publicaron un
estudio sobre las diversas fuentes de información. Se pueden confrontar sus
conclusiones con las de A. Grabar, en Martyrium, París, 1946. La carta del
monje Antíoco a Eustacio de Ancira, se encuentra en PG., vol. LXXXIX, cols.
1421-1427. Eutiquio, en Corpus scriptor. christian. oriental., cols. 150, 314 y
325, así como en Hagiographie napolitaine de la Analecta Bollandiana, vol.
LVII, 1939, pp. 42-43. La biografía de san Modesto, descubierta y editada por
Loparev en 1892 (Biblioth. hag. gr. n. 1299), es una auténtica fábula. Potio
atribye a Modesto tres discursos (PG. vol. CIV, cols. 244-245), pero su
autenticidad es dudosa. El único de esos discursos que ha sido editado
íntegramente, el que se refiere a la Dormición de la Virgen, es apócrifo. El P.
Jugie lo atribuye a un autor de fines del siglo VII o principios del VIII y que
vivió lejos de Jerusalén después de la controversia monotelita. Véase para
esto, La Mort et l'Assomption de la Sainte Víerge, Roma, 1944, pp. 139-150.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4542
Santos Cincuenta Soldados, mártires
fecha: 17 de diciembre
†: 638 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: Florilegium Martyrologii Romani
†: 638 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: Florilegium Martyrologii Romani
Elogio: En Eleuterópolis, de Palestina,
pasión de los santos soldados, que, en número de cincuenta, y en tiempo del
emperador Heraclio, a causa de su fe en Cristo fueron muertos por los
sarracenos que asediaban Gaza. Entre ellos se cuentan los santos Juan, Pablo, otro
Juan, otro Pablo, Fotino, Zitas, Eugenio, Muselio, Juan, Esteban, Teodoro,
Juan, otro Teodoro, hijo del precedente, Jorge, Teopento, otro Jorge, Sergio,
otro Jorge, otro Teodoro, Ciriaco, otro Juan, Zitas, Filoxeno, otro Jorge, otro
Juan y otro Jorge, todos de la cohorte de los Escitas; Teodosio, Epifanio,
Juan, Teodoro, Sergio, Jorge, Tomás, Esteban, Conón, otro Teodoro, Pablo, otro
Juan, otro Jorge, otro Juan, otro Juan, Paulino, Cayumas, Abramio, Marmises y
Marino, todos de la cohorte de los Voluntarios.

El 6 de noviembre del 638, en tiempo del
emperador griego Heraclio en Constantinopla, tres años después de la conquista
de Gaza por el comandante musulmán Ambrus, algunos meses después de la
rendición de Jerusalén al califa Omar Ibn Al-Khattab de Damasco, fueron al
martirio en Jerusalén 10 soldados cristianos y, del mismo grupo un mes después,
50 soldados cristianos en Gaza.
Los árabes musulmanes bajo el liderazgo de
Omar, Califa de Damasco, comenzaron la conquista de la Tierra Santa en 634, en
635 capturaron, tras la batalla de Gaza, la ciudad costera y se enfrentaron al
ejército cristiano en el año 636, en la batalla de Yarmuk; en la primavera del 638,
luego de un corto asedio y sin derramamiento de sangre, fue entregada Jerusalén
por el Patriarca Sofronio.
En la batalla de Gaza del 635, los
soldados se habían rendido con la firma, por unos 60 miembros, de un documento
donde se comprometían a dejar el libre paso a las tropas musulmanas. Sin
embargo, esta capitulación ante el comandante de los árabes no fue mantenida
por Ambrus, que ordenó a los 60 la inmediata apostasía del cristianismo, y el
paso al Islam. Dado que se negaron, fueron separados de sus esposas, hijos y
armas, encadenados y mantenidos en cautiverio. Después de treinta días fueron
trasladados a Eleutheropolis (literalmente «Ciudad libre» o «de la libertad»),
entonces una ciudad importante entre Gaza y Jerusalén, que había sido fundada
hacia el 200 por Septimio Severo. Durante cinco meses los prisioneros fueron
reclamados en repetidas ocasiones a la apostasía, y luego fueron llevados
encadenados a Jerusalén.
El que había sido hasta entonces patriarca
de Jerusalén, Sofronio, visita con frecuencia a los presos de noche y los
alienta a perseverar en la fe. Después de diez meses el Emir de Jerusalén los
pone de nuevo bajo las órdenes de Ambrus. Como advertencia del vigor de la
orden de apostasía, toma diez soldados, entre ellos el oficial al mando
Calinizo, y los ejecuta. La decapitación de los diez tuvo lugar el 6 de
Noviembre del 638. Según la lista es evidente que pertenecían a dos grupos: los
de los escitas y la de los voluntarios. Estos 10 mártires fueron enterrados en
Jerusalén por el Patriarca Sofronio cerca de la tumba de san Esteban.
Treinta días después, el emir ordenó el
envío a Gaza de los restantes 50. Y el 17 Diciembre del 638, hacia el mediodía,
son asesinados por guerreros sarracenos. Los cristianos compraron luego los
cuerpos, que fueron enterrados en Eleutheropolis, y se construyó sobre la fosa
común una iglesia dedicada a la Santísima Trinidad. Estos son los 45 nombres
que se conservan del grupo de los 50: Juan, Pablo, Juan, Pablo, Fotino, Zitas,
Eugenio, Muselio, Juan, Esteban, Teodoro, Juan, Teodoro, hijo del precedente,
Jorge, Teopento, Jorge, Sergio, Jorge, Teodoro, Ciríaco, Juan, Zitas, Filoxeno,
Jorge, Juan y Jorge -todos de la cohorte de los Escitas-; Teodosio, Epifanio,
Juan, Teodoro, Sergio, Jorge, Tomás, Esteban, Conón, Teodoro, Pablo, Juan,
Jorge, Juan, Juan, Paulino, Cayumas, Abramio, Marmises y Marino -todos de la
cohorte de los Voluntarios-.
Traducido y resumido para ETF del
Florilegium Martyrologii Romani, de Klaus Martin Reichenbach, de la entrada
correspondiente al nº2 del 17 de
diciembre, con cita allí mismo de fuentes. La imagen corresponde
en realidad a uno de los íconos dedicados a los soldados mártires de Sebaste.
fuente: Florilegium Martyrologii Romani
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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