San Atormentado.
San Sturmio de Fulda, abad. 17 de
diciembre.
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Talla del monasterio de
Fulda.
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Sturmio (cuyo nombre significa
tormenta) nació alrededor de 705 en Moosburg, la Alta Baviera; en una familia
de terratenientes, cristianos desde antiguo. Una tradición local le hace medio
primo de San Eigil (15
de junio), cuarto abad del célebre monasterio de Fulda. De joven Sturmio
conoció al gran San Bonifacio (5 de junio), el apóstol de
Alemania, y se unió a él como discípulo. Bonifacio envió a Sturmio al
monasterio de Fritzl, para que su abad,San Wigbert (13 de agosto), le instruyese
en las costumbres monásticas. A los 30 años, Sturmio fue ordenado presbítero y
muy pronto, tras la muerte de Wigbert, fue elegido abad de la comunidad y, en
el primer reparto de tareas, eligió para sí, ayudar en la cocina, como el más
pequeño de los monjes. Poco tiempo le duró la dignidad abacial, pues prefirió
la soledad de la ermita, para vivir en continua oración. Así que junto a dos
monjes, se fue a Hersfeld, donde levantó una pequeña ermita, que luego sería
monasterio. Sturmio fue nombrado superior de la pequeña comunidad, que dirigió
un año, puesto que Bonifacio le envió a Italia para que aprendiese los usos del
monasterio de Monte Cassino, para formar una comunidad como aquella en Los
Alpes. A su regreso, se fundó el monasterio de Fulda, además de uno de monjas.
A San Bonifacio le gustó tanto el ideal benedictino que allí se vivía, que lo
visitaba frecuentemente y allí se
veneran sus reliquias.
Precisamente, luego de la muerte del
gran apóstol, tuvo su primera "tormenta" Sturmio: San Lullo(11 de julio),
obispo de Maguncia tras la muerte de Bonifacio, pretendió ser también sucesor
de este en el mandato de los monasterios. Sturmio le recordó que el liderazgo
de Bonifacio era de orden moral y afectivo, pues cada monasterio fundado
por el santo o sus discípulos, tenía su propia regla y eran independientes y
autónomos. Lullo maquinó y lo calumnió ante el rey Pipino, que desterró a Jumièges,
donde el santo vivió en una ermita, separado de todos. Lullo puso al frente de
Fulda un abad de su confianza, que tan mal lo hizo que antes del año los monjes
le echaron. Entonces Pipino investigó la verdad, repuso a Sturmio al mando,
protegiéndole de las intromisiones de obispo alguno, aunque se reservó para sí
mismo la administración del monasterio.
Luego de la muerte de Pipino, su
sucesor, San Carlomagno (28 de enero y 29 de diciembre,
traslación de las reliquias) le envió a Sajonia para convertir a los
paganos y cristianos laxos que por allá pululaban. Hizo una gran labor
apostólica, predicando, dando ejemplo y realizando milagros hasta 779, cuando
con 74 años regresó a Fulda, cansado, para dedicarse a la oración hasta que la
muerte le llegase. Y pronto llegó, el 17 de diciembre de ese mismo año. Estando
en el lecho de muerte, un monje le dijo: “Padre, nadie duda entre nosotros
que vas al cielo y heredarás la vida eterna. Por lo tanto te pedimos que sigas
pensando y velando por tus hijos. ¿Quieres ser nuestro intercesor ante el
Señor? Será una gran ayuda para nosotros contar contigo como protector".
Sturmio le respondió: “Orad y vivid adecuados a la regla, y ya me encargaré
yo de cumplir lo que me pidáis”. Y murió dulcemente.
Fue sepultado en la catedral de
Fulda, donde se aún encuentran sus reliquias. Su pariente y sucesor compuso la
primera "Vita S. Sturmii”. En 1139 fue canonizado, avalando el culto que
ya se le tributaba.

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