martes, 6 de diciembre de 2016

Santos Dionisia, Mayórico, y compañeros, mártires - San Obicio, penitente (6 de diciembre)

Santos Dionisia, Mayórico, y compañeros, mártires

fecha: 6 de diciembre
†: 484 - país: África Septentrional
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En el norte de África, conmemoración de los santos mártires que, bajo la persecución vandálica en tiempo de Hunerico, rey arriano, por defender la fe católica, sufrieron gravísimas e innumerables torturas. De entre el grupo hay que recordar a Dionisia y a su hijo Mayórico, quien, siendo adolescente y temiendo los tormentos, fortalecido por las miradas y palabras de su madre fue el más fuerte de todos, y entregó el alma en medio de las torturas. Entre ellos conmemoramos a san Emilio, médico, Dativa, Leoncia, Tercio, Bonifacio Sibidense, Servio y Victoriosa.
El año 484, el rey arriano Humerico desterró de su diócesis a los obispos católicos de África. Durante la violenta persecución que siguió a esa medida, perecieron numerosos cristianos. Dionisia, que era una mujer notable por su belleza, celo y piedad, fue azotada en el foro hasta quedar bañada de sangre. Viendo Dionisia que su joven hijo, Mayórico, temblaba ante ese espectáculo, le dijo: "Hijo mío, no olvides que hemos sido bautizados en el nombre de la Santísima Trinidad. No debemos perder la túnica bautismal, no sea que el Señor nos encuentre sin el vestido de bodas y nos arroje a las tinieblas." El niño, confortado por esas palabras, sufrió con extraordinaria constancia un martirio brutal. La hermana de Santa Dionisia, Dativa, así como su primo Emiliano, que era médico, y Leoncia, Tercio y Bonifacio, sufrieron también horribles tormentos por la fe. Por ello, el Martirologio Romano dice que merecieron figurar entre los santos confesores de Cristo. Dionisia, Mayórico y Dativa murieron en la hoguera; Emiliano y Tercio fueron desollados vivos.
San Servio era originario de Tuburbo. Los perseguidores le torturaron con la mayor violencia, levantándole una y otra vez con cuerdas y dejándole caer desde lo alto. Después, le arrastraron por las calles hasta que la piel y los pedazos de carne le colgaban por todo el cuerpo. Entre los mártires de Cucusa hubo una mujer llamada Victoria, a la que los perseguidores colgaron por las muñecas sobre una hoguera. Su esposo, que no estaba bautizado, le pidió en los términos más conmovedores que por lo menos tuviese piedad de sus hijitos y obedeciese al rey para salvase. La santa no accedió a sus súplicas y apartó la vista de sus hijitos. Los perseguidores, creyéndola muerta, la dejaron tirada por tierra. Victoria recobró el conocimiento y, más tarde, relató que se le había aparecido una doncella que la había curado pasándole la mano por las heridas.
Lo único que sabemos sobre estos mártires es lo que cuenta el obispo de Vita, en su «Historia persecutionis provinciae africanae»; el autor vivió en la época de los sucesos. No existen pruebas de que el culto de estos mártires haya sido muy popular. Los nombres de estos santos no figuran en el Calendario de Cartago ni en el Hieronymianum.
En la imagen: ícono del médico Emilio.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4428




San Obicio, penitente

fecha: 6 de diciembre
n.: c. 1150 - †: 1204 - país: Italia
otras formas del nombre: Obicio de Niardo
canonización: 
Conf. Culto: León XIII 10 jul 1900
hagiografía: Abel Della Costa

Elogio: En Brescia, de la Lombardía, san Obicio, que, siendo militar de caballería, se convirtió a Dios, abrazó una vida de penitencia y distribuyó sus bienes para utilidad pública.

Nació en Niardo, pueblo cercano a Brescia, hacia el 1150; su padre, Gratiadeus, era gobernador, por lo que tuvo una infancia acomodada. Contrajo matrimonio, de lo que tuvo cuatro hijos, e ingresó en la milicia, por lo que participó en las habituales luchas de su tiempo. Es muy devoto de santa Margarita, a quien lleva representada en su escudo, pero la religión no ocupa ningún espacio relevante en su vida. Sin embargo, En una batalla en las inmediaciones del río Oglio estuvo a punto de perder la vida, cuando caballos y caballeros cayeron desde un puente que cedió ante el peso. Salvado por un desconocido, que lo llevó a la orilla, tuvo, mientras estaba semiconsciente, una visión donde se vio a sí mismo en el infierno.
Una vez restablecido, bastó esa visión para hacerle comprender la vanidad de la vida y la necesidad de hacer penitencia. Abandonó el ejército, pero tuvo inicialmente la oposición de su familia; sin embargo, con la oración y el ejemplo, su mujer e hijos comprendieron su conversión, y de opositores se transformaron en apoyos de su vocación. Dejó a su mujer y sus hijos los bienes, y se retiró, primero en peregrinación, y luego, en 1197, de siervo al convento bresciano de Santa Julia, como oblato benedictino.
Murió en 1204 (otros dicen 1206), asistido por su familia, y dos de sus hijos, Margarita y Maffeo, ingresan también como religiosos, siguiendo su ejemplo. Su fama de santidad y culto inmemorial fueron confirmado por el papa León XIII. Sus reliquias reposan en la parroquia de Niardo (la foto muestra el actual relicario, con la imagen del santo atrás).
Artículo basado en la noticia de Claudia Gioia en Santi e beati. El decreto de confirmación de culto trae, en latín, una semblanza biográfica, ASS 1900-1, pág 182.
Abel Della Costa
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