Santos Pedro Cho Hwa-so y cinco compañeros, mártires
fecha: 13 de diciembre
†: 1866 - país: Corea
canonización: B: Pablo VI 6 oct 1968 - C: Juan Pablo II 6 may 1984
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
†: 1866 - país: Corea
canonización: B: Pablo VI 6 oct 1968 - C: Juan Pablo II 6 may 1984
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
Elogio: En el pueblo de Tjyen-Tiyou, en Corea, santos Pedro Cho Hwa-so, padre
de familia, y cinco compañeros, mártires, los cuales, tentados por las promesas
y tormentos del mandarin para que dejaran la religión cristiana, resistieron
hasta sufrir la decapitación. Sus nombres son: san Pedro Yi Myong-so y
Bartolomé Chong Mun-ho, padres de familia; Pedro Son Son-ji, padre de familia y
catequista; José Pedro Han Chaekwon, que fue catequista; y Pedro Chong Won-ji,
adolescente.
refieren a este santo: San José Cho
Yun-ho
Ver más información en:
Estos seis mártires coreanos confesaron
intrépidamente su fe, fueron lisonjeados con la vida y la libertad y otras
ventajas si apostataban, fueron atormentados al negarse a hacerlo y finalmente
fueron decapitados en Tiyen-Tiyou el 13 de diciembre de 1866. Fueron
canonizados el 6 de mayo de 1984 en Seúl por el papa Juan Pablo II. Estos son
sus datos personales:
Pedro Cho Hwa-so nace en la provincia
coreana de Kyonggi el año 1815 hijo de Andrés Cho, que moriría mártir en 1839.
Llegado a la edad adulta, ayudó primero al sacerdote Tomás Choe Yang-Op, pero
luego se estableció en Songju Dong, donde vivían muchos cristianos, y con ellos
formó una comunidad. Contrajo matrimonio con Magdalena Han, una piadosa
cristiana, y tuvo con ella un hijo, San José Cho Yun-Ho, que también moriría
mártir, pero ella murió pronto y Pedro perseveró en su soledad un tiempo pero
luego, aconsejado por los fieles, volvió a casarse con otra cristiana, Susana
Kim. Su trabajo catequístico era muy fructífero. Pero llegó la persecución y el
5 de diciembre de 1866 fue arrestado. Le pidió a su hijo que se escapara pero
el hijo se negó a hacerlo. Se negó a revelar los nombres de los demás fieles y
por ello él y su hijo sufrieron todo tipo de malos tratamientos e insultos. Lo
tuvieron en una tienda detenido mientras arrestaban a los demás mártires, y
animó a su hijo para que perseverara en la fe pese a todas las amenazas.
Llevado a la cárcel, consoló a los demás presos y dedicó el resto de su tiempo
a la oración, soportando las torturas con el pensamiento puesto en los dolores
de Cristo en su pasión. Finalmente fue condenado a muerte. Ante la muerte
conservó su rostro sereno, se santiguó y ofreció su cuello al verdugo, que,
extrañado de su paz, le preguntó si estaba loco. A lo que respondió el mártir
que si él fuera creyente abordaría la muerte de la misma manera.
Pedro Yi Myong-so había nacido en 1821 en
la provincia de Chungchong en una familia católica. En una de las persecuciones
perdió todas sus propiedades y a punto estuvo de perder la vida. Debió entonces
dejar su pueblo y su familia e irse a vivir a otra zona, terminando por
establecerse en Songji Dong, donde abundaban los católicos. Logró recuperar su
buen estado económico y hacerse granjero, viviendo confortablemente y llegando
a conocer a sus nietos. Piadoso, caritativo y honesto, se granjeó el aprecio de
todos. Colaboraba con gran celo en la obra evangelizadora y afirmaba que había
que hacerse fuerte ante la perspectiva del martirio. Estaba enfermo y tenía
pocas fuerzas físicas. Era muy amigo de San Pedro Cho Hwa-So, y se animaban
mutuamente en el camino de la fe. La policía le propuso una noche que huyera.
Él cayó en la trampa y preparó todo para huir, pero la policía que le esperaba
le arrestó. Manifestó su fe y su perseverancia con gran energía y fue torturado
hasta perder el conocimiento, pero ni apostató ni reveló los nombres de los
otros cristianos.
Bartolomé Chong Mun-ho había nacido en
Imchom, provincia de Chungchong, en 1802. Fue jefe de su pueblo y participó en
el gobierno de la provincia antes de ser cristiano, pero conoció el
cristianismo y se bautizó. Por ser cristiano la gente de su pueblo lo rodeó de
hostilidad hasta el punto de decidir él cambiar de vecindad e irse a vivir a
Shinügol. Culto, distinguido, delicado de trato, no hacía distinción entre
católicos y paganos a la hora de darles a todos un trato igualitario, afectuoso
y correcto. Mucha gente le consultaba sus cosas e incluso gentes de otros
pueblos venían a hablar con él. En su trato con la gente él de forma prudente y
sin imposiciones dejaba caer la semilla de la palabra de Dios. Cuando alguien
se mostraba interesado, él le transmitía con mucho amor la doctrina cristiana.
Una noche fue arrestado, junto con otros creyentes, estando él mal de salud.
Enviado al día siguiente a Chonju, fue interrogado y a causa de su debilidad
estuvo a punto de sucumbir pero su amigo lo sostuvo. Aguantó las torturas y no
apostató. Se le ofrecieron ventajas y puestos, pero conservó hasta su ejecución
una conducta ejemplar y un ánimo sereno ante el verdugo.
Pedro Son Son-ji había nacido en Koindol
en Imchom, provincia de Chungchong. Cuando la persecución de 1839 dejó su
pueblo y se fue a vivir en Shinügol. Había nacido en una familia distinguida,
educado cristianamente y bautizado en la adolescencia. Muy erudito en doctrina
cristiana, era muy estimado en la comunidad católica y se le confió el encargo
de catequista, gozando de la confianza del santo padre Chastan. Casado y con
dos hijos, era un padre ejemplar, y en la calle y en la casa era manso, amable
y afectuoso. No solamente trabajó en un pueblo sino en varios más como
evangelizador. Avisado de que volvía la persecución, no perdió la calma, y fue
arrestado por la policía. Perseveró en la fe, y así se lo dijo también la
policía a su madre, que intercedía por él. Enviado a Chonju e interrogado,
confesó la fe y aguantó las torturas en las que le fue fracturado un brazo.
Llegado al lugar de la ejecución, regaló sus ropas a los verdugos y exclamó:
«Oh Señor, gracias por darme una tan gran bendición». Miró al cielo. Invocó a
Jesús y a María y de dos tajos fue decapitado.
José Pedro Han Chaekwon nace en 1836 en
Chinjam, provincia de Chungchong, hijo de una católica, pero siendo pagano el
resto de su familia. Al tiempo de su martirio se ganaba la vida como empleado
de la administración en la ciudad de Chongyang. Era amable, servicial y
bondadoso. Casado y con hijos, se portaba en todo como un verdadero cristiano,
muy activo en la comunidad, de la que era catequista. Propagó el evangelio por
los pueblos de la cercanía. Tenía mucha caridad con los pobres, al extremo de
darle a uno de ellos su abrigo en invierno y pasar él mucho frío. Se llevaba
magníficamente con su esposa, unidos ambos en el amor y la fe religiosa.
Arrestado el 3 de diciembre de 1866, se le ofreció la libertad si apostataba, y
su padre hizo cuanto pudo por que apostatara y salvara su vida. La tenaz
insistencia de su padre no consiguió nada de él ni las torturas tampoco. Su
propia familia le escribió que estaba en peligro de muerte por causa de él,
pero no por ello apostató sino que afrontó con valentía la muerte por Cristo a
los 30 años de edad.
Pedro Chong Won-ji había nacido en
Chinjam, provincia de Chungchong, en 1846, en una familia cristiana. Su padre
al poco murió mártir y su madre murió cuando él era niño, de modo que muy
pronto se vio solo, y anduvo de un sitio a otro. Por fin recaló en Songji Dong
en Chonju. Era un chico creyente, bueno, respetuoso y trabajador. San Pedro Cho
Hwa-So lo recogió en su casa, y se hizo muy amigo del hijo de su bienhechor,
Yun-ho, que era casi de su misma edad. Contrajo matrimonio con una chica
católica y con ella rezaba cada día las oraciones. Trataba a San Pedro Cho
Hwa-So como a un verdadero padre. Con su hermano mayor trabajaba en una granja.
Cuando se empezó a hablar de que iba a haber una nueva persecución, él le dijo
a su esposa que estaba dispuesto a ser mártir. Cuando la policía irrumpió en la
casa y arresto a San Pedro Cho Hwa-So, él huyó las montañas pero al día
siguiente volvió. Lo encontró la policía y cuando ésta le preguntó si era
católico dijo que no, pero aún así fue arrestado y llevado a la calle principal
donde estaban los otros cristianos arrestados. Volvieron a preguntarle si era
católico y él, pensando en su joven esposa, volvió a decir que no. Pero Pedro
Cho Hwa-So le animó a que confesara su fe y entonces el joven dijo claramente a
la policía que él sí era católico. A la policía le dio lástima de su juventud y
le dijeron que siguiera negando su fe y sería libre pero él estaba ya decidido
a seguir confesando la fe. Llevado a Chonju con los demás, volvió a titubear y
otros se sintieron también en duda, pero San Pedro Cho Hwa-So los consoló y
animó y juntos pidieron fuerza al Señor. Ante el magistrado recordó que era
hijo de un mártir y confesó la fe. Pidió que no le atormentaran más sino que lo
mataran ya. Fue decapitado con los demás mártires.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
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