jueves, 25 de junio de 2015

Beata María Lhuillier - Santos Domingo Henares y Francisco Do Minh Chieu - San Próspero de Aquitania - Santa Tigris de Maurienne 25062015


Beata María Lhuillier

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Beata María Lhuillier, virgen y mártir
En Laval, en Francia, beata María Lhuillier, virgen y mártir, que, recibida en la Congregación de Hermanas Hospitalarias de la Misericordia, durante la Revolución Francesa fue decapitada por mantenerse fiel a los votos religiosos de la Iglesia.
María Lhuilier, Canonesa de las Hospitalarias Regulares de la Misericordia de Jesús, es parte del grupo de 19 mártires de Laval beatificados el 19 de junio 1955 (ver hagiografía del grupo). Nació en Arquenay, Francia, el 18 de noviembre de 1744, se crió analfabeta, y pronto quedó huérfana. Después de servir en lo de una señora del lugar, fue a llamar a la puerta del convento de San Julián de las Hermanas Hospitalarias de la Misericordia de Jesús, y fue puesta al servicio del hospital de Chàteau Gontier. Tras mucho sufrimiento y humillación, fue admitida en 1778 a la profesión religiosa en el mismo instituto, en calidad de hermana conversa (hermana lega), tomando el nombre de Sor María de Santa Mónica.
Con el estallido de la Revolución Francesa, en febrero de 1794, las monjas se vieron obligados a abandonar el hospital y a refugiarse en Laval, en el ex-convento de las Ursulinas. Acusada de haber distribuido a personas necesitadas las ropas de blanquería de las monjas del hospital, María fue arrestada y llevada ante el comité. El juez dijo que pasaría por alto la infracción sólo si la monja realizaba el «juramento de libertad e igualdad», pero ella no quiso saber nada. El juez entonces amenazó con la guillotina a ella y a cuantos habían seguido su ejemplo, pero impávida, ella respondió: «Tanto mejor para mí y para mis hermanas. Si tenemos la dicha de morir por nuestra fe, más pronto tendremos la dicha de ver a Dios». Le insinuó el juez: «Ves muy bien que queremos salvaros, y que os ofrecemos los medios». Pero la monja respondió: «Todos los medios que me propone son solo para engañarme, pero, gracias a Dios, no tendrá éxito. No quiero perderme por toda la eternidad». 
Al oír la sentencia de muerte, la futura beata se arrodilló y exclamó: «Dios mío, ¡qué gracia me haces al inscribirme en el número de tus mártires, mientras yo soy una gran pecadora!» . Luego se cortó ella misma el cabello, entonces el ayudante del verdugo la agarró y con un golpe de espada rasgó sus vestidos. La mártir, pálida de indignación, de inmediato se desmayó. Tan pronto recobró la conciencia se limitó a comentar: «La muerte no me asusta, pero podríais haberme ahorrado este dolor». Se le preguntó de nuevo si prestaba juramento, pero ella suspiró: «¡Oh Dios! ¡Preferir una vida fugaz y efímera que una vida gloriosa e inmortal! No, no, prefiero la muerte». Antes de salir al estrado exclamó: «Dios mío, yo tengo que morir una muerte tan dulce, mientras que tú has sufrido tanto por mí». El asesinato se consumó el 25 de junio de 1794, en Laval.

fuente: Santi e Beati


San Domingo Henares

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Santos Domingo Henares y Francisco Do Minh Chieu, mártires
En la ciudad de Nam Dinh, en Tonkín, santos Domingo de Henares, obispo de la Orden de Predicadores, y Francisco Do Minh Chieu, mártires, el primero de los cuales propagó la fe cristiana durante cuarenta y nueve años, y el segundo cooperó con él como catequista. Ambos fueron decapitados por su fe en Cristo, en tiempo del emperador Minh Mang.
El día 19 de junio de 1988, Juan Pablo II canonizaba a una verdadera pléyade de santos del Vietnam, altamente representativa de la legión de mártires que regaron con su sangre aquellas difíciles tierras de misión en el largo período que va desde la primera persecución, iniciada en 1620, hasta el año 1862, en el que el rey Tu-Duc, tras una intervención de Francia, sancionó el principio de libertad religiosa para todos sus súbditos. En la impresionante lista de canonizados figuran ocho obispos, cincuenta presbíteros y cincuenta y nueve seglares. Encabeza la lista de los ocho obispos (todos ellos dominicos españoles excepto un francés) santo Domingo Henares: primero en recibir la palma del martirio y primero también en ser beatificado, ya en 1900, por el papa León XIII.

Los setenta y dos años de vida de Santo Domingo Henares están divididos a partes iguales por la consagración episcopal: fue ordenado obispo a los treinta y seis años y fue decapitado treinta y seis años después. Nació en Baena, diócesis de Córdoba, el 19 de diciembre de 1765 en el seno de una familia muy humilde. A los 17 años recibió el hábito de Santo Domingo en el convento de Santa Cruz de Granada. Parece que obtuvo la admisión después de mucho insistir. En 1783 hizo la profesión religiosa. Recién profeso, y sólo iniciados los estudios teológicos, manifestó voluntad decidida de ser misionero. El ambiente apostólico del convento de Santa Cruz debía de ser muy bueno porque otros compañeros manifestaron el mismo deseo. Los dominicos ya contaban en España, y siguen contando, con la provincia del Santo Rosario que mira a las misiones en el Extremo Oriente. A ella se incorporó el joven dominico profeso del convento de Granada. Partió de Cádiz en septiembre de 1785 rumbo a Puerto Rico, Cuba, México y Filipinas, donde desembarcó el 9 de julio de 1786.

La Universidad de Santo Tomás de Manila, regida por los dominicos, estaba en todo su esplendor. En ella concluyó sus estudios al mismo tiempo que impartía clases de humanidades. El 20 de septiembre de 1789 recibió la ordenación sacerdotal e inmediatamente fue destinado a las Misiones de Tonkín (hoy al norte de Vietnam). Llegó el 28 de octubre de 1790 junto con san Clemente Ignacio Delgado y otros dos padres dominicos. Uno de sus primeros cargos en la misión fue el de rector del seminario para sacerdotes indígenas establecido en Tién-Chu, cargo en el que permaneció hasta 1798 en que fue nombrado vicario-provincial por el Capítulo de la Orden. Al fallecer el vicario apostólico Fr. Feliciano Alonso, le sucedió San Clemente Ignacio, que ya era su obispo-coadjutor con derecho de sucesión. Inmediatamente designó a Fr. Domingo para vicario general. Los tiempos eran difíciles y cargados de malos presagios. San Clemente Ignacio procuró inmediatamente contar con su propio obispo coadjutor: el 9 de septiembre de 1800 obtenía del papa Pío VII para nuestro santo Domingo Henares el nombramiento con el título episcopal de Fez. La ordenación episcopal se retardó hasta el 9 de enero de 1803; tuvo lugar en Phunhay.
Con sólo cuatro años de diferencia de edad, la labor pastoral de ambos santos transcurre en colaboración íntima hasta la muerte. Vidas largas de casi cincuenta años de apostolado misionero, convirtiendo a muchos paganos, erigiendo parroquias, formando y ordenando a numerosos sacerdotes indígenas, siempre escapando de perseguidores y delatores, en clima de evidente hostilidad. Causó admiración la rapidez con la que aprendió la lengua de los nativos y, más aún, su afabilidad no sólo con los conversos sino incluso con los mandarines, que con harto pesar se veían obligados a proceder contra él.

Tratándose de un mártir, lo que más importó para los procesos de su beatificación y canonización fue documentar debidamente los datos de su persecución y muerte. Cuando el sanguinario rey de Tonkín, Minh-Manh, inició la persecución contra los cristianos, decidió, ante todo, acabar con los misioneros fijándose directamente en los pastores más sobresalientes de la grey: Delgado, Henares, Hermosilla, Ximeno... Nuestro Santo Domingo Henares, ya rebasados los setenta años, anduvo errante, huyendo de aquí para allá de los soldados que le buscaban por los diversos poblados. El 9 de junio de 1838 creyó ponerse a salvo con el fiel catequista Francisco Chieu en una pobre embarcación, pero los vientos fueron contrarios y tuvieron que volver a tierra. Hallaron refugio en la casita del pescador cristiano Nghiém. Pronto se enteró el prefecto del poblado Bat-Phang. Se puso en contacto con él, fingiéndose su amigo, e inmediatamente lo traicionó. Los mandarines lo arrestaron junto con los mencionados Chieu y Nghiém.

Todo sucedió con rapidez. El 11 de junio fue conducido a Nam Dinh junto con sus dos compañeros. A él, seguramente por la debilidad de la vejez, lo conducían encerrado en una jaula, seguido de sus compañeros que iban a pie cargados de cadenas. Nada más llegar fue condenado a muerte. Lo decapitaron el día 25 del mismo mes de junio, junto a Francisco Chieu. San Jerónimo Hermosilla, decapitado veintitrés años después, dejó escrito el siguiente elogio de santo Domingo Henares: «Pureza extrema de vida, celo insaciable por la salvación de las almas, sed ardiente del martirio, evangélicamente pobre para sí mismo y prodigiosamente generoso con los necesitados».


fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003


San Próspero de Aquitania

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San Próspero de Aquitania, monje
Conmemoración de san Próspero de Aquitania, quien, versado en filosofía y en letras, llevó con su esposa una vida íntegra y modesta, y habiendo abrazado la vida monástica en Marsella, defendió enérgicamente contra los pelagianos la doctrina de san Agustín sobre la gracia divina y el don de la perseverancia, asumiendo después en Roma el servicio de secretario del papa san León I Magno.
San Próspero de Aquitania, a quien se conmemora en la diócesis de Tarbés como «Doctor Aquitano», es bien conocido por sus escritos, pero son muy escasos los datos sobre su vida, a pesar de que en los antiguos manuscritos abundan las referencias sobre él, con los calificativos de «sabio», «virtuoso», «santo» y otros similares. No fue obispo, ni sacerdote; al parecer, siempre fue un laico, muy piadoso, posiblemente casado. Este punto ha sido muy discutido, en vista de que se le atribuye un «Poema del Esposo a la Esposa» que, cualquiera que haya sido su inspiración, expresa una profunda confianza en Dios.
Próspero se trasladó de Aquitania a la Provenza y, en 428, a instancias de su amigo Hilario, escribió en Marsella una carta a san Agustín, que se hallaba en Hipona. Los asuntos tratados en aquella misiva hicieron que san Agustín escribiese sus tratados «De Praedestinatione Sanctorum ad Prosperum et Hilarium» (Sobre la predestinación, para Próspero e Hilario) y «De Dono Perseverantiae» (Sobre el don de la perseverancia), de manera que Próspero se vio envuelto en la controversia semi-pelagiana, en oposición a las ideas de san Juan Casiano y, posiblemente, de san Vicente de Lérins. Próspero y su amigo Hilario fueron a Roma y regresaron con una carta del papa san Celestino I para los obispos de la Galia, donde se alababa el celo de los portadores y se instaba a lograr la paz. Pero las desavenencias continuaron. Eventualmente, Próspero viajó de nuevo a Roma donde, al parecer, llegó a ocupar el cargo de secretario del papa san León Magno. Murió en Roma, alrededor del año 463.
Los escritos de Próspero de Aquitania, tanto en verso como en prosa, están relacionados, sobre todo, con la controversia sobre la gracia y el libre albedrío, en defensa de las doctrinas de San Agustín. Su poema más extenso es un tratado dogmático de unos 1000 versos en hexámetro, titulado: «Canto por los Sin Gracia» (De Ingratis Carmen); pero su obra más conocida, es su «Crónica», que comprende desde la Creación hasta la conquista de Roma por los vándalos, en el año 455.
L. Valentín, St. Prosper d'Aquitaine (1900); G. Bardy, en DTC. Consúltese también en este mismo día el artículo sobre san Próspero de Reggio. En 1950, se publicó en Nueva York la versión inglesa del tratado de Próspero sobre la Gracia Divina y el Libre Albedrío, contra las teorías de Casiano. En la Patrología de Quasten-Di Berardino (BAC nº 422, tomo III, págs 633-638) hay una introducción semejante a la vida y obra, aunque con algunos puntos divergentes, y una relación más amplia de la obra. 

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


Santa Tigris de Maurienne

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Santa Tigris, virgen

En Maurienne, en Saboya, santa Tigris, virgen, que con gran celo propagó en este lugar el culto a san Juan, el Precursor.
El valle francés de Maurienne se conoce generalmente como «berceu de la Maison de Savoia» (como dicen las inscripciones en la carretera), es decir, «la cuna de la Casa de Saboya». Este condado fue de hecho la primera posesión de Umberto Biancamano, fundador de Saboya, cuyos restos aún descansan en la catedral de la capital del valle, Saint-Jean-de-Maurienne. 
No por casualidad la ciudad lleva ese nombre: tiene relación con la santa que celebramos hoy, Tigris (llamada a veces Tecla). 
Nativa de Valloires, un pequeño pueblo de Mauirenne, emprendió con su hermana Pigmenia un largo peregrinaje a Tierra Santa y Alejandría, donde entró en contacto con diversas experiencias de vida eremítica. De regreso a su patria, no se limitó a importar a los Alpes de Saboya el estilo de vida singular que había aprendido, sino que de Alejandría trajo de regalo una preciosa reliquia: tres dedos del precursor de Cristo, san Juan Bautista, que fueron también el origen del símbolo de la ciudad, que representa una mano levantada para bendecir en plata sobre fondo azul claro. 
El antiguo pueblo de Maurienne recibió el nombre de Saint-Jean-de-Maurienne, fue promovido por el rey san Gontrán al rango de obispado, y se convirtió mucho más tarde en la verdadera capital del primer feudo de Saboya. 
Santa Tigris se propuso promover del culto de San Juan en Saboya, dándose a la vida eremítica, y abandonando las pocas posesiones que le quedaban. Según parece, únicamente interrumpía su soledad para ir a misa. Desafortunadamente, no podemos saber si vivió mucho tiempo, pero su existencia se ve, sin embargo, históricamente fundamentada, y referible al siglo VI.
Traducido, con escasos cambios, de un artículo de Fabio Arduino. Ver en Acta Sanctorum, junio V, pág. 72, lo que se conserva sobre la santa. La imagen muestra el actual relicario donde se conservan las reliquias de san Juan Bautista traídas por santa Tigris.

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