lunes, 29 de junio de 2015

Maestro Eckhart (místico medieval) Sermón XXa

SERMÓN XX a(186)
Homo quidam fecit cenam magnam.

San Lucas nos escribe en su Evangelio: «Un hombre había preparado una cena o un
gran banquete nocturno» (Lucas 14, 16). ¿Quién la preparó? Un hombre. ¿Qué quiere
decir que lo llame una cena? Un maestro dice que significa un gran amor porque Dios
no permite el acceso a nadie que no sea íntimo de Dios. En segundo lugar da a entender
lo puros que deben ser quienes disfrutan de esta cena. Ahora bien, nunca llega el anochecer
sin que le haya precedido un día entero. Si no existiera el sol, nunca se haría de
día. Cuando sale el sol hay luz matutinal; luego brilla cada vez más hasta que llegue el
mediodía. Del mismo modo surge la luz divina en el alma para iluminar cada vez más
las potencias del alma hasta que llegue el mediodía. Si el alma no ha recibido una luz divina,
de ninguna manera se hace jamás de día en el alma, [hablando] espiritualmente. En
tercer lugar nos da a entender que, quienquiera que desee participar dignamente de esta
cena, tiene que llegar al anochecer. Cada vez que fenece la luz de este mundo, se hace
de noche. Ahora bien, dice David: «Él asciende hacia el anochecer y su nombre es el
Señor» (Salmo 67, 5). Así [hizo] Jacobo: cuando era de noche, se acostó y se durmió
(Cfr. Génesis 28, 11). Esto significa el descanso del alma. En cuarto lugar [el pasaje de
la Escritura] da a entender, según dice San Gregorio(187), que luego de la cena ya no hay
más comida. A quien Dios da esta comida, le sabe tan dulce y deliciosa que no apetece
nunca más otra comida. Dice San Agustín(188): Dios es de tal índole que aquel que la comprende,
nunca más puede descansar en otra cosa. Dice San Agustín(189): Señor, si te nos
quitas a ti, danos otro tú, o no descansaremos nunca; no queremos nada más que a ti.
Ahora bien, dice un santo con respecto a un alma amante de Dios, que lo obliga a Dios a
[hacer] todo cuanto ella quiere y que lo seduce completamente de modo que Él no le
puede negar nada de todo cuanto Él es. De una manera se retiró y de otra se entregó; se
retiró en cuanto Dios y hombre y se entregó en cuanto Dios y hombre como otro sí mismo
en un pequeño recipiente secreto. No nos gusta permitir que una gran reliquia sea to-
186 Se supone que los sermones XXa y XXb constituyen dos prédicas independientes y no dos versiones del mismo sermón. (Cfr. Quint t. I p. 324).
Atribución: Sermo magistri Ekhardi. Encabezamiento: «Otro sermón sobre San S.».
187 Gregorius M., Hom. in Evang. II hom. 36 n. 2.
188 Cfr. Augustinus, Confess. 1. I c. 1.
189 Cita no asegurada. Quint remite a Confess. I. XIII c. 8.

cada o vista de-velada. Por eso, se puso la vestimenta bajo la forma del pan, exactamente
así como la comida material es transformada por mi alma de modo tal que no haya
rinconcito en mi naturaleza que no le sea unido. Porque en la naturaleza existe una fuerza
que desprende lo más burdo y lo echa afuera; y lo más noble lo lleva hacia arriba
para que no quede en ninguna parte tanto como la punta de una aguja que no le sea unido.
Lo que comí hace quince días, está tan unido a mi alma como aquello que recibí en
el vientre materno. Lo mismo le sucede a quien recibe con pureza esta comida; se une
tan verdaderamente con ella, como la carne y la sangre son uno con mi alma.
Era «un hombre», ese hombre no tenía nombre porque ese hombre es Dios. Ahora
bien, dice un maestro(190), con referencia a la causa primigenia, que ésta se halla por encima
de las palabras. La deficiencia reside en la lengua. Ello se debe a la excesiva pureza
de su ser [=de Dios]. Uno no puede hablar de las cosas sino de tres maneras: primero,
por medio de aquello que se encuentra por encima de las cosas, segundo, por medio de
las semejanzas de las cosas [y] tercero, mediante el efecto de las cosas. Traeré a colación
un símil. Cuando la fuerza del sol hace subir desde la raíz hasta las ramas la savia
más noble produciendo así la flor, la fuerza del sol permanece, sin embargo, por encima.
Exactamente del mismo modo, digo yo, obra la luz divina en el alma. Aquello con lo
cual el alma enuncia a Dios, sin embargo, no encierra en sí nada de la verdad propia de
su ser: sobre Dios nadie sabe decir en sentido propio lo que es. A veces se dice(191): Una
cosa se asemeja a otra. Como, pues, todas las criaturas encierran en sí poco menos que
nada de Dios, tampoco saben revelar nada de Él. El arte de un pintor que ha creado un
cuadro perfecto, se conoce por este último. Sin embargo, no es posible conocerlo por él
íntegramente. Todas las criaturas [juntas] no son capaces de expresar a Dios, porque no
son susceptibles de lo que Él es. Este Dios y hombre [pues] ha preparado la cena, este
hombre inefable para el cual no existe palabra alguna. Dice San Agustín(192): Cuanto se
enuncia de Dios no es verdad, y lo que no se enuncia de Él, esto es verdad. Cualquier
cosa de la que se dice que es Dios, no lo es; lo que no se enuncia de Él, lo es más verdaderamente
que aquello de lo cual se dice que lo es. ¿Quién ha preparado este banquete?
«Un hombre»: el hombre que es Dios. Ahora bien, dice el rey David: «Oh Señor, cuán
grande y múltiple es tu banquete y el sabor de la dulzura preparada para quienes te
aman, [mas] no para aquellos que te temen» (Salmo 30, 20). San Agustín(193) reflexionaba
sobre esta comida, entonces se estremeció y no le gustaba. En eso, escuchó una voz de
arriba, cerca de él, [que dijo]: «Yo soy una comida para gente mayor, crece y vuélvete
190 Cfr. Liber de causis prop. 6.
191 Explicación relativa al segundo modo mencionado arriba.
192 Quint remite a Augustinus, De trinit. VIII c. 2 n. 3.
193 Confessiones 1. VII c. 10 n. 16.
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grande y cómeme. Pero no creas que yo sea transformado en ti: tú serás transformado en
mí». Cuando Dios obra en el alma, luego es transformado en el ardor del fuego y echado
afuera aquello que hay de desigual en el alma. ¡Por la verdad acendrada! el alma entra
más en Dios de lo que [entra] cualquier comida en nosotros, más aún: el alma es transformada
en Dios. Y en el alma hay una potencia que va segregando lo más burdo y es
unida con Dios: ésta es la chispita del alma. Más que la comida con mi cuerpo, mi alma
se une con Dios.
¿Quién ha preparado este banquete? «Un hombre». ¿Sabes cómo se llama? El hombre
innominado. Este hombre envió a su criado. Ahora bien, San Gregorio dice (194): A este
criado lo representan los predicadores. [Interpretándolo] en otro sentido, los ángeles son
este criado. En tercer lugar, este criado es, así me parece a mí, la chispita del alma, que
fue creada por Dios y es una luz impresa desde arriba y una imagen de la naturaleza divina
que en todo momento está luchando contra todo cuanto no es divino, y no es una
potencia del alma —como opinaban algunos maestros— y siempre es propensa a lo bueno,
incluso en el infierno es propensa a lo bueno. Dicen los maestros(195): Esta luz tiene
una naturaleza tal que posee un afán constante y se llama sindéresis, y esto significa una
relación y un apartamiento. Tiene dos actuaciones. Una consiste en una hostilidad empedernida
contra todo cuanto no es puro. La otra actuación consiste en que persuade continuamente
[a dirigirse] hacia lo bueno; y esto lo lleva el alma inmediatamente impreso…
incluso en quienes se hallan en el infierno. Por eso, es una cena grande.
Entonces le dijo al criado: «Vete y diles a los invitados que vengan; que todo está
preparado» (Lucas 14, 17). Todo cuanto Él es, lo recibe el alma. Cuanto apetece el alma,
ahora está preparado. Cualquier cosa que da Dios, siempre se ha encontrado en estado
de devenir; en este momento, su devenir es nuevo y fresco y completo dentro del «ahora
» eterno. Dice un gran maestro(196): Aquello que veo, es purificado y espiritualizado
dentro de mi vista, y la luz que llega a mis ojos no llegaría nunca al alma de no existir
aquella potencia que se halla por encima. Dice San Agustín que la chispita está más
adentrada en la verdad que todo cuanto el hombre pueda aprender. Una luz está encendida.
Ahora bien, se dice que una cosa es encendida por otra. Si esto ha de suceder, es necesario
que aquello que arde, se halle arriba. Es como si alguien tomara un cirio apagado
que ardiera aún sin llama y echara humo, y lo acercase a otro [cirio], entonces la llama
humearía hacia abajo y encendería al otro. Dicen que un fuego enciende a otro. Esto
194 Gregorius M. Hom. in Evang. XXXVI, 2.
195 Cfr. Thomas, Sent. II d. 39 q. 3 a. 1; Bonaventura, Sent. II d. 39 a. 2 q. 2 c. Quint dice (t. I p. 334 n.1) que —según ha podido ver— la palabra sindéresis aparece en las obras alemanas de Eckhart sólo en este contexto.
196 Aristóteles.
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lo rebato. Un fuego se encenderá a sí mismo. El que ha de encender a otro, debe hallarse
por encima de él, así como el cielo no arde y es frío; sin embargo, enciende el fuego y
esto sucede gracias al toque del ángel. Así también el alma se prepara con el ejercicio.
Debido a él es encendida desde arriba. Esto se debe a la luz del ángel.
Dice, pues, al criado: «Sal y diles a los invitados que vengan; que todo está preparado
» (Lucas 14, 17). Entonces dijo uno: «He comprado una aldea, no puedo ir» (Lucas
14, 18). Ahí se trata de gente que en alguna forma está pegada aún a las preocupaciones:
nunca probarán esta cena. El otro dijo: «He comprado cinco yuntas de bueyes» (Lucas
14, 19). En verdad estas cinco yuntas —así me parece— se refieren a los cinco sentidos;
pues cada sentido se halla dividido en dos partes, también la lengua es doble en sí [=la
lengua y el paladar]. Por ello —según dije anteayer— cuando Dios le dijo a la mujer:
«Tráeme a tu marido», ella contestó: «No tengo [marido]». Entonces dijo Él: «Tienes razón;
pero has tenido cinco y el que tienes ahora no es tu marido» (Juan 4, 16 a 18). Esto
quiere decir: Quienes viven de acuerdo con los cinco sentidos, de veras no probarán
nunca jamás esta comida. El tercero dijo: «Acabo de casarme, no puedo ir» (Lucas 14,
20). El alma, cuando está dirigida hacia Dios; es enteramente varón. Cuando el alma se
dirige hacia abajo, se la llama mujer; mas cuando uno llega a conocer a Dios en su propio
fuero íntimo y busca a Dios en casa de uno, entonces ella [el alma] es varón. Ahora
bien, en la Vieja Alianza estaba prohibido que ningún hombre se pusiera vestimenta de
mujer, ni las mujeres vestimenta de hombre. El [alma] es varón siempre y cuando penetre
en Dios con simplicidad [y] sin mediación.
Mas, cuando mira de alguna manera hacia fuera, luego es mujer. Entonces dijo el Señor:
«¡De cierto! Nunca probarán mi comida», y le dijo al criado: «Sal a las calles angostas
y anchas y a los cercados y a los caminos espaciosos» (Lucas 14, 21 y 23 a 24).
Cuanto más angosto, tanto más ancho. «A los cercados»: ciertas potencias están cercadas
con vallados en determinado lugar. Con la potencia con la cual veo, no oigo, y con
la que oigo, no veo. Así sucede también con las demás. Sin embargo, el alma es entera
en cualquier miembro, pero alguna potencia no está ligada a ninguna parte.
Luego ¿qué es el criado? Lo son los ángeles y los predicadores. Pero, a mí me parece
que el criado es la chispita. Ahora bien, él le dijo al criado: «Sal a los cercados y haz entrar
a la fuerza a las siguientes cuatro clases de gente: ciegos y tullidos, enclenques y enfermos.
¡De cierto! ningún otro probará jamás mi cena». Que Dios nos ayude a deshacernos
de esas tres cosas [indicadas arriba] para que así lleguemos a ser «varones».
Amén.
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