lunes, 14 de diciembre de 2015

Santos Ares, Promo y Elías - San Folcuino de Thérouanne - Beato Buenaventura Bonaccorsi 14122015

San Ares de Ascalón

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Santos Ares, Promo y Elías, mártires
En Ascalón, población de Palestina, santos Ares, Promo y Elías, mártires, los cuales, al querer marchar de Egipto a Cilicia para visitar y ayudar a los confesores de Cristo en la persecución desencadenada por el emperador Maximino, fueron apresados en Cesarea, donde les maltrataron los ojos y los pies, y llevados luego a Ascalón por mandato del prefecto Firmiliano, consumaron su martirio al ser Ares quemado vivo y los otros dos decapitados.
El elogio del Martirologio Romano recoge todo lo que sabemos acerca de estos santos; en efecto, nos dice Eusebio de Cesarea, única fuente (si bien muy directa, ya que fuue contemporáneo) para estos martirios que «en el día catorce del mes de Appellaeus, es decir, en nono decimo Kalendas ianuarii [esto es: 14 de diciembre], ciertas personas venidas de Egipto fueron capturadas por los que examinaban a los que pasaban por las puertas [de la ciudad]. Estos egipcios habían sido enviados para apoyar a los confesores de Cilicia, y recibieron la misma sentencia que aquellos a quienes habían venido a ayudar, y fueron mutilados en los ojos y pies... ». Eusebio había mencionado en la misma obra, dos capítulos atrás, a estos mártires, también egipcios, que fueron condenados a las minas de Palestina, lo que explica que hayan venido otros de Alejandría a apoyarlos. La cantidad de confesores que fueron condenados en ese momento, y marcados como esclavos no la dice, pero de todos ellos, que parece ser un grupo numeroso, destaca los tres que rememoramos hoy, que fueron trasladados a Ascalón, encarcelados, y probados con toda clase de torturas, y de quienes menciona el nombre: Ares, Probo y Elías.

El Martirologio Romano, ya desde su edición 2001 trae «Promo» y no «Probo» (que es más habitual); es difícil saber si se trata de un error de inscripción en el martirologio, o una variante del nombre; me inclino por la primera posibilidad, pero todos los santorales que he consultado inscriben como el Romano, ya que se trata de una inserción nueva, que no estaba en el viejo martirologio Romano. El texto de Eusebio se encuentra en la obra llamada «Mártires de Palestina», que en la actualidad se edita como suplemento al libro VIII de la Historia Eclesiástica, cap. 10,1. Estos tres mártires pertenecen al mismo contexto que los mártires de Palestina celebrados el 16 de febrero.


San Folcuino de Thérouanne

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San Folcuino de Thérouanne , obispo

En el territorio de Thérouanne, en la Galia septentrional, san Folcuino, obispo.



Beato Buenaventura Bonaccorsi

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Beato Buenaventura Bonaccorsi, religioso presbítero
En Orvieto, de la Toscana, beato Buenaventura Bonaccorsi, presbítero de la Orden de los Siervos de María, el cual, conmovido por la predicación de san Felipe Benizi, le ayudó a pacificar las facciones en las ciudades de Italia.
En 1276, san Felipe Benizi fue a Pistoia a presidir el capítulo general de los servitas y aprovechó la oportunidad para predicar al pueblo, que estaba muy dividido. Entre sus oyentes había un hombre de unos treinta y seis años, perteciente a la noble familia Buonaccorsi, que era el jefe de los gibelinos y, en materia de piedad, era un caso desesperado. El hombre, que se llamaba Buenaventura, quedó tan conmovido de la exhortación que hizo el santo por la paz y concordia, que fue a verle y se acusó de ser uno de los principales causantes del desorden, la miseria y la injusticia que reinaban. Su arrepentimiento era tan profundo, que pidió la admisión en la orden de los servitas. San Felipe, que naturalmente desconfiaba un poco de aquella conversión tan súbita, le probó imponiéndole una penitencia pública. En efecto, Buenaventura debía reparar todos sus excesos y pedir perdón personalmente a todos aquéllos a quienes había hecho daño. Buenaventura se sometió de buen grado a aquella penitencia y la ejecutó puntualmente. Entonces, San Felipe le llevó consigo a Monte Senario para que hiciese el noviciado en la casa madre de la Orden. Buenaventura perseveró en su buen propósito. Después de su profesión, fue el compañero de viajes de san Felipe y recibió la ordenación sacerdotal. Durante los años siguientes, acompañó constantemente al prior general, quien, junto con el legado pontificio, que era el cardenal Latino, trató de restablecer la paz en Bolonia, Florencia y otras ciudades en las que reinaba la división. Naturalmente, las gentes quedaban muy impresionadas cuando veían al antiguo gibelino en hábito de mendicante, predicando el amor fraternal.

En 1282, el beato Buenaventura fue nombrado superior de Orvieto. Cuando murió san Felipe, el sucesor de éste, que fue el P. Lottaringo, le llamó a su lado. Más tarde, el beato fue nombrado predicador apostólico para que misionase en toda Italia y lo hizo con gran fruto de las almas. En 1303, fue elegido por segunda vez superior de Montepulciano y ayudó a santa Inés a fundar una comunidad de religiosas de Santo Domingo, de las que fue director espiritual. De allí pasó a Pistoia, su ciudad natal, que estaba desgarrada por la guerra civil y amenazada por los florentinos. El beato hizo cuanto pudo por renovar en el pueblo la conciencia de sus responsabilidades cristianas, sobre todo, mediante la creación de cofradías y la difusión de la tercera orden de los servitas, y predicó incansablemente la paz y la unión. Murió en Orvieto, el 14 de diciembre de 1315 y fue sepultado en la capilla de Nuestra Señora de los Dolores de la iglesia de los servitas. Así le mostró el pueblo la veneración que le profesaba. Desde antes de morir, se le llamaba en Orvieto «il Beato», y se le atribuyeron milagros antes y después de su muerte. Su culto fue confirmado en 1822.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


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