San Daniel de Bangor, abad y obispo
fecha: 11 de septiembre
†: c. 584 - país: Reino Unido (UK)
otras formas del nombre: Deiniol Wyn
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: c. 584 - país: Reino Unido (UK)
otras formas del nombre: Deiniol Wyn
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En la isla de Bardsey, en el litoral
de Cambria septentrional, san Daniel, obispo y abad de Bangor.

Este obispo, famoso en Escocia, «Daniel de
los Bangors», descendía de una familia de Strathclyde. Estuvo en Arfon, donde
estableció el monasterio de Bangor Fawr, en la región de los Menai Straits, que
llegó a ser el núcleo de la diócesis medieval de Bangor. También fue Daniel el
fundador del monasterio de Bangor Iscoed en el Dee, y se dice que fue
consagrado obispo por san Dyfrig o san Teilo o por el propio san David,
quien se supone que envió a Daniel a las Galias para buscar algún obispo que se
prestara a combatir el recrudecimiento del pelagianismo. También se dice que
éste fue el motivo para la convocatoria del sínodo en Llanddewi Frefi,
alrededor del año 545. El escritor Bhygyfarch, en su biografía de san David,
dice que éste se negó a asistir a la asamblea, por lo que se mandó a Daniel y a
Dyfrig a buscarlo, y ambos lograron convencerlo para que participase. En aquel
sínodo se puso de manifiesto la famosa elocuencia de san Daniel, que era
irresistible en las tribunas y los púlpitos. Se relatan varios milagros
realizados por san Daniel, no siempre desprovistos de esos elementos de
altanería, orgullo y venganza, característicos de tantas historias hagiológicas
celtas. A su muerte, fue sepultado en Ynys Ynlli, localidad que ahora se conoce
con el nombre de Bardsey. En diversas fechas se nombra a san Daniel, pero el 11
de septiembre es el día en que, hasta hoy, se celebra su fiesta en la diócesis
de Menevia.
Es muy poco lo que se puede afirmar con
certeza sobre este santo. Algunos datos se pueden obtener de A. W. Wade-Evans,
en su Life of Saint David (1923) y en su Welsh Christian Origins (1934).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 1032 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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San Adelfio, abad
fecha: 11 de septiembre
†: c. 670 - país: Francia
otras formas del nombre: Adelphio de Metz
canonización: Conf. Culto: León IX 3 dic 1049
hagiografía: Abel Della Costa
†: c. 670 - país: Francia
otras formas del nombre: Adelphio de Metz
canonización: Conf. Culto: León IX 3 dic 1049
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En el monasterio de Luxeuil, en
Burgundia, tránsito de san Adelfio, abad del monasterio de Remiremont, que
lloró profusamente por una disensión de menor importancia.

De la vida de san Adelphio tenemos dos
testigos documentales, uno de ellos de excepcional calidad, aunque escaso de
datos. Una "Vita", la más larga, fue escrita en el monasterio de
Remiremont en el siglo XI, unos cuatro siglos después de la muerte del santo,
por un autor anónimo; y aunque aporta algunos datos que no poseemos por la otra
"Vita", no podemos asegurarnos demasiado de la calidad de esos datos,
precisamente por la lejanía en el tiempo. La otra, en cambio, decía que se
trata de un testigo de excepcional calidad, porque fue escrita por un monje de
Remiremont, anónimo también, contemporáneo del santo, que lo conoció
personalmente, y que además manejaba suficientemente la expresión escrita, como
para haber tenido a su cargo también la redacción de la vida de san Romarico y
de san Amado,
los fundadores del monasterio. Este documento más breve lo transcribe Mabillon
de buenos manuscritos en sus actas de los santos de la Orden de San Benito, y
medio siglo más tarde lo vuelve a editar Acta Sanctorum, junto con la vida
larga mencionada al inicio.
La "Vita" breve es un documento
escrito para dejar sentados algunos hechos excepcionales que -en los cánones de
la época- testimonian la santidad del abad; lamentablemente no tiene
pretensiones de exahustividad, y promete más adelante retomar el tema en otro
escrito que, o no se hizo, o no llegó hasta nosotros. Así que a éste le faltan
algunos elementos que están en las "vidas" que podemos considerar más
completas: no nos cuenta el nacimiento y linaje del santo, los motivos y
circunstancias de su paso a la vida eremítica, primero, y monástica, luego. Comienza
directamente con una enumeración de las virtudes del santo: "Apacible en
palabras, de aspecto jovial, dulcísimo para con los hombres buenos, suave y
afable para todos, extremadamente esmerado en las cosas de Dios, no amante de
las cosas ajenas, para los fervorosos, esforzada y dulcemente sujeto a Dios,
seguidor de la paciencia y la modestia, laudablemente dispuesto a todos los
hombres."
Nos dice el narrador que Adelphio pasó
vagando por distintos parajes desérticos un cierto tiempo, viviendo como ermitaño.
No sabemos por qué motivo, pero podemos deducir sobre la analogía de otras
vidas santas, que fue motivado por una súbita conversión, quizás debido a una
fuerte experiencia del propio pecado, o por apagar el ardor de las pasiones
juveniles. Da a entender precisamente esto segundo, cuando nos dice que
"vagaba por vastos desiertos, aposentándose aquí y allí, se esforzaba en
apagar ocultamente multitud de violentas llamas, con abundantes lágrimas".
Llevaba, en definitiva, una vida de penitente, desconocido para el mundo y
"conocido solamente por Aquel que es el único que conoce los corazones de
los hombres".
Sin embargo, hacia los treinta años
ingresa al monasterio llamado de Remiremont (originalmente Monasterio
Habundense). Este monasterio doble -con su rama masculina y su rama femenina-
había sido fundado a comienzos del siglo VII por san Romarico en una de sus
propiedades (de allí Romerici Mons, que da por deformación del término,
Remiremont), y había tenido por primer abad a san Amado, que había sido monje
de Luxeuil, el monasterio fundado por san Columbano. Entre las dos comunidades,
Luxeuil y Remiremont, además de la cercanía geográfica que permitía ir de uno
otro andando a pie en poco tiempo, había fuertes lazos históricos y religiosos.
Este dato es importate para comprender la vida de san Adelphio. Porque
efectivamnte, ingresado al monasterio, no sabemos exactamente cuándo ni cómo,
llega a ser abad de Remiremont; la redacción sugiere en realidad que es elegido
abad de su comunidad mientras era huésped en Luxeuil, pero no parece esto
posible, y la cosa queda irremediablemente oscura, por lo que daré por supuesto
que era ya abad antes de su período como huésped de Luxeuil. Nos sigue diciendo
el narrador que llevado por su extrema humildad, postrado en tierra, hizo una
confesión pública de sus pecados, y pidió con abundantes lágrimas a la
comunidad que le impusiera una penitencia. Y la comunidad le impuso el
retirarse por un tiempo a Luxeuil, como huésped-penitente.
Hay que reconocer que el modo como está
narrado no termina de dejar muy claros los hechos, de allí posiblemente que, en
el intento de allanar un poco el Nuevo Martirologio Romano hable de que
"lloró profusamente por una disensión de menor importancia". La
verdad es que no sabemos a qué se debió la penitencia, si fue por una falta,
efectivamente, de menor importancia, o si fue por una pública confesión general
de los pecados de su vida (la redacción de la Vita breve creo que más bien
sugeriría esto), o por alguna otra falta que no se comenta. Lo interesante es
que los motivos para hablar de la santidad de san Adelphio no son la
impecabilidad, ni la imperturbabilidad de su vida, ni una vida linealmente
virtuosa, sino por el contrario, una vida hecha de pecado y penitencia, de
lágrimas y arrepentimiento.
Una vez en Luxeuil, trabó amistad con
Emmo, un monje de vida santa, encargado de los huéspedes, que fue su compañero
de celda y de tareas. Cierto día, despierta a Emmo para indicarle que es hora
ya de la oración, pero Emmo le dice que aun no es, y sale fuera. En ese breve
ínterin, cuando quedaba con Adelphio sólo un muchacho, siente el santo un
fuerte dolor en el brazo, y ve venir el momento de su Paso; levanta el brazo
para intentar hacer la señal de la cruz, mientras decía las palabras "Cristo,
ayuda; Cristo, ayuda!". Pero no llegó a poder hacer la señal, sino que
entregó inmediatamente el alma. Como reflexiona el narrador, sin duda se
cumplen en él las palabras del profeta Joel (2,32): "Los que invoquen el
nombre del Señor, se salvarán".

Inmediatamente se da aviso de la muerte al
monasterio de origen, y viene de allí, no sólo una gran cantidad de monjes y
monjas, sino también gente del pueblo, que realizan el traslado de su abad,
considerado ya santo por la humildad de su vida y por su muerte, al monasterio
de Remiremont, junto con los objetos que llegarán a ser reliquias. El narrador
se detiene en una magnifiscente estampa del traslado, en el que los
participantes quedan divididos en tres columnas: la de los monjes que llevan el
cuerpo, la de las monjas que acompañan la procesión, y el pueblo que sigue esta
ceremonia, que tiene como centro el cruce del Mosela, y recuerda la columna del
Exodo; "Resonaban hacia lo alto por todos lados, voces que salmodiaban en
alabanzas a Dios, y toda la tierra se llenó de las voces y los cánticos de las
antífonas y salmos".
Llegados a Remiremont sepultan el cuerpo
con todos los honores en el altar de san Pedro, en la iglesia monástica. Y
ocurre allí un gran milagro; el narrador no parece que sea dado a fantasías,
pero el portento es tan grande que no lo puede callar: estaban los monjes
reunidos en las vísperas de la celebración de san Amado, y cuando iban a
entonar el himno del santo, el primer verso fue acompañado por la voz del
propio san Adelphio, quien incluso levantó el brazo para intentar hacer la
señal de la cruz, como en el momento de su muerte. El narrador es honesto en
que de esto último no tiene fuentes confiables, sólo es algo que "se
dice"; sin embargo de haberse oído la voz de san Adelphio tiene un testigo
presencial.
En otro momento cierto diácono que
visitaba el monasterio fue a orar en el altar de san Pedro, y oyó allí una voz
que cantaba "Mi alma vivirá y cantará en tu alabanza, oh Dios" (salmo
118,175). También por tercera vez, una sierva de Cristo ("mujer llena de
devoción", nos aclara el narrador), va a orar a la capilla, pero siente
como de fondo un murmullo suave, y el lugar se llenó de una fragancia repleta
de suavidad. Los que estaban allí se llenaron de "gran alegría y un gozo
inenarrable".
Aquí terminan la exquisita narración, que
nos provee los elementos justos para comprender la santidad de san Adelphio,
con la reticencia natural de quien sabe que los milagros no son hechos para
vulgarizar, pero tampoco pueden callarse los portentos cuando los testigos son
de buena calidad. En el listado de santos canonizados oficialmente en los
siglos anteriores a la creación de la Sagrada Congregación de Ritos (y por
tanto del establecimiento definitivo de la canonización formal), las dos
fuentes que se pueden considerar las mejores tienen a san Adelphio como canonizado
por SS León IX en 1049; sin embargo, parece que sólo se trató de una traslación
de reliquias (que era un modo informal de canonización), y no de un acto
formal, por lo que el Nuevo Martirologio Romano lo inscribe como un santo de
culto local no oficialmente canonizado.
Acta Sanctorum de septiembre, tomo III,
dedica un abundante artículo (págs. 809 a 837), con la transcripción de las dos
"Vita", la breve y la larga, una valoración crítica de los textos, y
algunos otros documentos posteriores. Allí mismo hay más referencias
documentales. Por mi parte, he seguido el texto de la Vita breve tomándolo de
Mabillon (Acta SS. Ben., II, pág 602). Para la cuestión de la canonización ver
Giuseppe Löw, art. "Canonizzazione", en Enciclopedia Cattolica, Vaticano,
1949-54), y Pierre Delooz, Sociologie et Canonisation, Liège, Faculté de droit,
1969. En la parte superior de la basílica de San Sebastián, del siglo XII, en
Saverne, se exhiben tapices realizados en el siglo XVI de la "Vita Sancti
Adelphi", escrita en 1506 por el humanista estrasburgués Wimpfeling.
Encargados por el conde Felipe III de Hanau-Lichtenberg, los cuatro tapices,
que incluyen 20 pinturas fueron tejidas de lana de Flandes, con hilo de oro,
plata y seda de Italia. Son de 94 cm de alto y 4,75 m de largo. Se reproducen
dos escenas: San Adelphio estudiante, y San Adelphio dando limosna.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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