San Malco, monje
fecha: 21 de octubre
†: s. IV - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: s. IV - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Conmemoración de san Malco, monje, del que san Jerónimo expuso por
escrito el testimonio de su ascesis y de su vida en Maronea, cerca de Antioquía
de Siria.
refieren a este santo: San Jerónimo

Los datos que poseemos sobre san Malco
proceden de san Jerónimo, quien afirma haberlos oido de labios del propio
santo. Hallándose en Antioquía, hacia el año 375, san Jerónimo visitó la ciudad
de Maronia, que distaba unos cincuenta kilómetros, y conoció allí a un anciano
muy piadoso llamado Malco (Malek). Interesado por lo que había oído contar
sobre él, san Jerónimo interrogó personalmente a Malco, quien le refirió su
historia. Había nacido en Nísibis y era hijo único. Desde muy joven, determinó
consagrarse enteramente a Dios. Como se sintiese inclinado a casarse, huyó
inmediatamente al desierto de Kalkis para reunirse con unos ermitaños. A los
pocos años, se enteró de la muerte de su padre y pidió permiso a su abad para
ir a consolar a su madre. El abad no vio con buenos ojos el proyecto y advirtió
a Malco que se trataba de una sutil tentación del demonio. Malco insistió en
que había heredado de su padre algún dinero con el que pensaba contribuir al
ensanchamiento del monasterio, pero el abad, que era un hombre de Dios y sabía
a qué atenerse, no se dejó persuadir y rogó a su joven discípulo que renunciase
al proyecto. Sin embargo, Malco pensó que tenía el deber de ir a consolar a su
madre y partió en contra de la voluntad de su abad.
La caravana en la que viajaba Malco fue
atacada por los beduinos, entre Alepo y Edesa, y uno de los cabecillas lo tomó
prisionero junto con una joven y condujo a ambos al corazón del desierto, más
allá del Eufrates. Alli Malco se vio obligado a pastorear los rebaños del
beduino, cosa que no le desagradaba. Naturalmente no le gustaba vivir entre
gentiles, bajo el terrible sol del desierto al que no estaba acostumbrado.
Pero, como él decía: «parecíame mi suerte muy semejante a la del santo Jacob y
a la de Moisés, ya que ambos habían sido pastores en el desierto. Me alimentaba
de dátiles, queso y leche. Oraba incesantemente en mi corazón y solía cantar
los salmos que había aprendido entre los monjes». El amo de Malco, que estaba
muy satisfecho con él, pues los esclavos no eran ordinariamente tan obedientes
y fáciles de manejar como aquel prisionero, decidió buscarle una compañera. Un
miembro de una tribu errante del desierto no podía comprender que un hombre
determinase libremente permanecer célibe, ya que los jóvenes que aún no se habían
casado, estaban obligados a vivir como criados en la tienda de otro hombre,
puesto que únicamente las mujeres podían hacer los trabajos domésticos para
atender a los hombres. Cuando el beduino ordenó a Malco que contrajese
matrimonio con su compañera de cautiverio, éste se alarmó, dado que era monje y
sabía que la joven era casada. Sin embargo, según parece, la joven no se oponía
al proyecto. Pero cuando Malco declaró que estaba dispuesto a suicidarse antes
que contraer matrimonio, la joven, herida en su amor propio (pues la naturaleza
humana es siempre la misma a través de los siglos), le dijo que no tenía el
menor interés por él y que podían simplemente fingir que estaban casados para
complacer a su amo. Así lo hicieron, por más que la situación no satisfizo del
todo a ninguno de los dos. Malco confesó a san Jerónimo: «Llegué a querer a esa
mujer como a una hermana, pero sin poder tenerle la confianza que se tiene a
una hermana».
Un día en que Malco se entretenía en
observar un hormiguero, se le vino a la cabeza la idea de que la vida ordenada
y laboriosa de los monjes se asemejaba mucho a la de una colonia de hormigas.
Ese recuerdo le entristeció mucho, pues recordó cuán feliz había sido entre los
monjes. Aquélla misma noche, al volver del pastoreo, dijo a su compañera que
estaba decidido a huir. Ella, que quería también ir a reunirse con su marido,
resolvió partir con Malco. Así pues, ambos huyeron juntos una noche, llevando
sus provisiones en dos pellejas de cabra. Inflando las pellejas, consiguieron atravesar
el Eufrates. Pero, al tercer día de marcha, divisaron a su amo y a otro hombre,
que venían en su busca, jinetes en sendos camellos. Inmediatamente se
escondieron cerca de la entrada de una caverna. El amo de Malco, imaginando que
se habían refugiado allí, envió a su compañero a buscarlos. Como éste no
volviese, el beduino penetró en la caverna y tampoco volvió a salir. ¡Cuál no
sería el asombro de Malco y su compañera cuando vieron salir de la caverna una
leona con su cachorro en el hocico y dentro encontraron a los dos beduinos
muertos! Inmediatamente se apoderaron de los camellos y partieron con la mayor
rapidez posible.
Al cabo de diez días, llegaron a un
campamento romano en Mesopotamia. El capitán, a quien refirieron su historia,
los envió a Edesa. San Malco retornó más tarde a su ermita de Kalkis y fue a
terminar sus días en Maronia, donnde le conoció san Jerónimo. Su compañera de
cautiverio no consiguió encontrar a su marido. Entonces, acordándose del amigo
con el que había compartido tantas penas y que la había ayudado a escapar, fue
a establecerse cerca de él, sin impedirle el servicio de Dios y de sus
prójimos. Ambos murieron a edad muy avanzada.
En Acta Sanctorum, oct., vol. IX, puede
verse el texto de san Jerónimo ampliamente comentado. Un monje de Canterbury,
Reginaldo (quien falleció hacia 1110), compuso varios poemas sobre san Malco;
cf. The Oxford Book of Medieval Latin Verse (1928), pp. 73-75, y p. 221, núm.
50. En Classical Bulletin, 1946 (Saint Louis, U.S.A.), pp. 31-60, puede verse el
texto y una traducción inglesa. Dichos poemas son de poco valor histórico, ya
que fueron compuestos probablemente con miras a la edificación. El cuadro que
acompaña, tomado del Ökumenisches Heiligenlexikon, es reproducción de una
ilustración de Mrs Lang en Book of Saints and Heroes, 1912: Malco y la mujer
cruzan el río huyendo.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3843
San Viator, lector
fecha: 21 de octubre
†: d. 381 - país: Francia
otras formas del nombre: Victor
canonización: pre-congregación
†: d. 381 - país: Francia
otras formas del nombre: Victor
canonización: pre-congregación
Elogio: En Lyon, también de la Galia, conmemoración de san Viator, lector,
que, discípulo y ministro del obispo Justo de Lyon, siguió a éste en su retiro
a Egipto y en su muerte.
refieren a este santo: San Justo de
Lyon
Lo poco que puede afirmarse sobre san
Viator se contiene en la historia de san Justo de
Lyon, obispo del que fue lector y compañero de retiro. La
historia decía que Viator murió «pocos días después» de san Justo; como se
había inscripto al obispo el 14 de octubre, se comenzó a celebrar al lector una
semana después. En el Martirologio actual la fecha de san Justo ha sido movida
al 2 de septiembre, pero la de san Viator quedó el 21 de octubre, posiblemente
por descuido, ya que debería haber sido trasladada a pocos días de distancia,
para mantener, al menos, la coherencia de la historia tradicional. De todos
modos son fechas sólo supuestas, ya que se carece de datos concretos acerca de
la muerte de estos dos santos.
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Estas biografías de santo son propiedad de
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que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
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