San Oseas, santo del AT
fecha: 17 de octubre
†: s. VIII a. C.
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
†: s. VIII a. C.
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: Conmemoración de san Oseas, profeta, que no sólo con sus palabras,
sino con su misma vida mostró al Señor al pueblo infiel de Israel, como Esposo
siempre fiel y movido por una misericordia infinita.
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Debemos reconocer que las figuras de los
profetas del Antiguo Testamento, incluso las de aquellos que nos son
«biográficamente» más conocidos, como un Isaías o un Jeremías, nos son
refractarias. Sin actuar de ninguna manera como «médiums» ni como meros recipientes
vacíos de visiones divinas, sino más bien todo lo contrario, actuando Dios «en
ellos y por ellos» (para tomar prestado el lenguaje del dogma),
comprometían su personalidad y su historia al servicio de una Palabra que los
excedía, pero que ellos deseaban transmitir, aceptaban transmitir, con todas
las consecuencias que tuvieran para su propia vida. No tenemos en la Biblia una
«vida de» -Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, etc.- porque ellos mismos, en sus
palabras, mantenían en un segundo plano su vida humana, para que sus hechos y
sus palabras estuvieran por entero al servicio de la Palabra de Dios.
Tan importante que es para nuestros
criterios actuales de lectura (aunque en realidad no lo sea en absoluto)
conocer la vida de los poetas, los escritores, la vida ajena en general,
incluyendo en esto a los escritores bíblicos, cuando abrimos el libro de Oseas
nos parece que por fin vamos a tener a mano un profeta cuya vida se nos va a
contar: «Palabra de Yahveh que fue dirigida a Oseas, hijo de Beerí [...]. Dijo
Yahveh a Oseas: 'Ve, tómate una mujer dada a la prostitución e hijos de
prostitución [...]'» (vv 1 y 2). Tal vez abrigamos la esperanza de que se nos
cuente cómo se desarrolló esa extraña familia, donde los hijos tenían nombres
tales como «No Compadecida» o «No Mi Pueblo». Sin embargo, una vez más esa
expectativa por enterarnos de la vida ajena queda frustrada, porque de lo que
nos enteramos es más bien de cómo esos hechos simbólicos en la vida del profeta
(que ni siquiera sabemos si los realiza «realmente», es decir, si efectivamente
tiene un hijo al que le pone «No mi pueblo», por ejemplo) actúan como
disparadores de una palabra de Dios que se dirige, no a la vida del profeta,
sino a la de Israel, y a través de esa vida de Israel, a la nuestra: «les he
hecho trizas por los profetas, los he matado por las palabras de mi boca, y mi
juicio surgirá como la luz», enuncia con toda claridad Oseas 6,5.
Sin embargo, junto con este principio
general, que nos obliga más bien a buscar en los profetas, no lo que es de
valor transitorio y anecdótico, sino aquello que se dirige a todos los
creyentes en todos los tiempos, no implica que sus palabras no hayan sido
pronunciadas, recibidas, transmitidas, en tiempos concretos, y atentos a
situaciones históricas que muchas veces, por desconocerlas, nos pueden
dificultar la comprensión profunda del profeta. Por eso varios de ellos, como
Oseas, comienzan por decirnos a qué tiempo corresponden los oráculos. Vemos
pues que Oseas comienza diciendo: «Palabra de Yahveh que fue dirigida a Oseas,
hijo de Beerí, en tiempo de Ozías, Jotam, Ajaz y Ezequías, reyes de Judá, y en
tiempo de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel.»
En el 931 aC el pueblo bíblico -luego del
siglo de David y Salomón, único en toda su historia en el que las antiguas
«tribus» permanecieron unidas-, se había dividido en dos: el Reino del Norte,
que conservó el nombre de Israel, y el Reino del Sur, que tomó el nombre de
Judá. Durante algunos siglos, desde esa separación hasta el 722 (en que
desaparece Israel), hay un solo pueblo de Dios pero dos pueblos bíblicos, cuyas
historias se nos trazan en paralelo en los libros de los Reyes; pueblos a los
que, por ejemplo, Ezequiel compara con dos hermanas, las dos de vida muy
ligera, por decir poco (ver en Ez 23 la historia de Oholá y Oholibá). Oseas
profetizó en el Norte, en Israel (a quien él llama indistintamente Israel o Efraín,
una de los territorios que lo formaban, quizás el suyo de origen), en época del
rey Jeroboam de Joás, es decir, Jeroboam II, que gobernó del 783 al 743. El
libro, sin embargo, no sólo sincroniza con la monarquía del Norte, sino que
también refiere a la del sur: los cuatro reyes mencionados corresponden al
período del 781 al 716. puesto que el ministerio del Oseas fue en el Norte, es
posible que esta correlación con los reyes del sur se haya agregado al compilar
los oráculos y editarlos en el sur, después de la desaparición del Reino del
Norte. Resumiendo, Oseas se ubica en algún momento del reinado de Jeroboam II,
que los especialistas sitúan hacia el 750, y actúa hasta, posiblemente, poco
antes de la caída del reino, quizás hasta el 723 o el mismo 722. Sus palabras
fueron recogidas en el Sur, y aunque se referían a hechos concretos del Norte,
fueron compiladas pensando ya en que podían ser aplicadas también a Judá (cfr.
1,7). Es interesante constatar que estas palabras dejaron de ser «históricas»
casi en el mismo momento de ser pronunciadas, y pasaron a atravesar los tiempos
y dirigirse a nuevas situaciones.
La época de Jeroboam II y poco
inmediatamente posterior, a la que nos referimos, puede juzgarse como una época
de gran ambigüedad:
-Por un lado es un período próspero, al
menos al principio. Hay relativa calma en los pueblos, circula el dinero, la
prosperidad, y con ello también el olvido de Dios. Ese olvido de Dios actúa
siempre de una manera muy curiosa: los seres humanos queremos no recordar a Dios,
pero no terminamos de ponernos de espaldas, sino que vamos de perfil, por así
decirlo: se va Dios, pero quedan los ídolos, las idolatrías religiosas y
profanas. No podemos vivir sin adorar, pero adorar al Dios vivo y verdadero es
algo exigente, mejor al ídolo, que es mudo. La Biblia ve en la prostitución
esta imagen del comportamiento religioso del hombre: no ama, pero busca comprar
amor. Aunque la imagen de la prostitución no es exclusiva de él, Oseas es uno
de los profetas que más ha insistido en ella (aunque Abraham Heschel hace
muchas interesantes salvedades sobre esta "prostitución", ver en
bibl. pág 113ss). Y no sólo como metáfora, sino haciendo de la metáfora algo
vivido: «Dijo Yahveh a Oseas: 'Ve, tómate una mujer dada a la prostitución e
hijos de prostitución, porque la tierra se está prostituyendo enteramente,
apartándose de Yahveh.' Fue él y tomó a Gómer, hija de Dibláyim, la cual
concibió y le dio a luz un hijo.» (vv 2 y 3).
-Pero por otro lado, es una época que ve
surgir, en el 745, a Teglat-Pileser III de Asiria. Se ha descripto
acertadaamente ese reino, y en particular ese gobernante con estas palabras:
«no hubo soberanos más despóticos, más codiciosos, más vengativos, más
despiadados, más orgullosos de sus crímenes. Asiría reúne todos los vicios.
Aparte de la bravura, no posee ninguna virtud.» (citado en A. Heschel I, ver
bibl., pág 94). Allí donde todos veían simplemente un tremendo mal que había
que conjurar con medios políticos -alianzas, coaliciones, frentes-, Oseas ve de
manera directa la mano de Dios educando a su pueblo: «Por eso, yo cercaré su
camino con espinos, la cercaré con seto y no encontrará más sus senderos;
perseguirá a sus amantes y no los alcanzará, los buscará y no los hallará.»
(2,8-9) También la política de Israel es juzgada prostitución, y no porque no
sea posible hacer alianzas con los vecinos para defenderse, sino porque esas
alianzas se hacen a partir de un profundo olvido de la Alianza con Dios, a
partir de una desconfianza en su soberanía de la historia.
Finalmente Samaría, capital del Norte, cae
a manos de Sargón II, sus habitantes son dispersados, la tierra repoblada con
extranjeros, y las tradiciones religiosas del Norte son recogidas en Judá.
Oseas no vio la conversión del Norte, sino su destrucción. Su libro, sin
embargo, contiene palabras de profundo consuelo y profunda esperanza. Algunas
de ellas tocan el corazón del misterio de Cristo, sin desvelarlo, sin
desocultarlo, tan sólo dejándonos ver, en el horror de los hechos de la
historia, en una humanidad que parece -también hoy- querer más su propia
perdición que su salvación, un rayo de luz:
«La visitaré por los días de los Ídolos, cuando les quemaba incienso, cuando se adornaba con su anillo y su collar y se iba detrás de sus amantes, olvidándose de mí, -oráculo de Yahveh. Por eso yo voy a seducirla; la llevaré al desierto y hablaré a su corazón. Allí le daré sus viñas, el valle de Akor lo haré puerta de esperanza; y ella responderá allí como en los días de su juventud, como el día en que subía del país de Egipto.» (2,15-17)
«Venid, volvamos a Yahveh, pues él ha desgarrado y él nos curará, él ha herido y él nos vendará. Dentro de dos días nos dará la vida, al tercer día nos hará resurgir y en su presencia viviremos.» (6,1-2)
Bibliografía: Es muy conveniente ampliar
el conocimiento del contexto histórico de Oseas, mucho más que las breves
pinceladas que doy aquí. En cualquier introducción al profeta puede
encontrarse. En particular recomiendo, la introducción a Oseas del Comentario
Bíblico San Jerónimo (tomo I, pág 675ss); también el cuaderno bíblico
Verbo Divino dedicado a Amós y Oseas, por Jesús. M.
Asurmendi (CB nº 64), y muy especialmente el capítulo dedicado a Oseas en la
obra del rabino Abraham Heschel «Los profetas»,
tomo I, pág 92ss. Aunque breve, la introducción del P. Alonso Schökel, y sobre
todo su traducción del libro, en la «Biblia del Peregrino», son de gran valor.
Más importante que todo ello junto, es no dejar de leer el libro del
profeta. La vidriera que ilustra el artículo es de artista
románico desconocido, alemán, de hacia el 1132, mide 2,20 X 0,5 m., y se
encuentra en la catedral de Augsburgo, junto con otras vidrieras del mismo
autor dedicadas a figuras del A.T.
Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3788
Santos Rufo y Zósimo, mártires
fecha: 17 de octubre
fecha en el calendario anterior: 18 de diciembre
†: c. 107 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 18 de diciembre
†: c. 107 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Conmemoración de los santos Rufo y
Zósimo, mártires, acerca de los cuales san Policarpo, como compañeros de
martirio de san Ignacio, confirmó, al escribir a los filipenses, que
«participaron en la pasión del Señor, no amaron la vida presente, sino a Aquel que
por ellos y por todos los hombres murió y resucitó».
Cuando san Ignacio de Antioquía (ver hoy
mismo) estuvo en Filipos de Macedonia de paso para Roma, en donde habría de ser
martirizado, le acompañaban los santos Rufo y Zósimo, originarios de Antioquía
o de Filipos. Siguiendo las instrucciones de san Ignacio, los cristianos de
Filipos escribieron una carta fraternal a los de Antioquía. San Policarpo de
Esmirna, a quien san Ignacio Había encomendado el cuidado de su
iglesia, se encargó de responderles. En su carta, que solía leerse públicamente
en las iglesias de Asia en el siglo IV, san Policarpo habla de Rufo y Zósimo,
que habían tenido la felicidad de compartir las cadenas y sufrimientos de
Ignacio por amor de Cristo y habían sido glorificados por Dios con la corona
del martirio, hacia el año 107, durante el reinado de Trajano. San Policarpo
dice, hablando de ellos: «No corrieron en vano, sino que iban armados
de la fe y la rectitud. Partieron al sitio que les tenía preparado Aquél por
quien habrían de sufrir, porque no amaron este mundo sino a Jesús, que murió y
fue resucitado por Dios para nuestra salvación ... Por ello, os exhorto a todos
a vivir rectamente y a ejercitar la paciencia, de la cual os han dado ejemplo
no sólo Ignacio, Zósimo y Rufo, sino también otros que vivieron entre vosotros,
así como el mismo Pablo y los demás Apóstoles.»

Epígrafe encontrado sobre la Tumba de San Rufo en el «Coemieterius Maius» (contiguo al de Santa Inés) en Roma. Fue hallado en el siglo XVIII y cada vez más apreciado como testimonio de la paleohistoria cristiana. El texto dice «Rufo el mensajero, sepultado el 10 de diciembre» y el dibujo que sigue al texto se ha identificado con una palma de martirio, un símbolo inequívoco para los primeros cristianos. En la actualidad se encuentra en los Museos Vaticanos.
Lo único que sabemos sobre estos mártires
es lo que dice san Policarpo. No existe huella ninguna del culto primitivo. Nota
de ETF: para referencias sobre el texto en la tumba puede consultarse
el web de laparroquia donde
esta la tumba de San Rufo (en italiano)
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3789
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