Beato Juan Ruysbroeck, religioso presbítero
fecha: 2 de diciembre
n.: 1293 - †: 1381 - país: Bélgica
otras formas del nombre: Juan Rusbroquio, Jan Ruusbroec, Rusbrochius
canonización: Conf. Culto: Pío X 1 dic 1908
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1293 - †: 1381 - país: Bélgica
otras formas del nombre: Juan Rusbroquio, Jan Ruusbroec, Rusbrochius
canonización: Conf. Culto: Pío X 1 dic 1908
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En el monasterio de Groenendaal,
cerca de Bruselas, beato Juan Ruysbroeck, presbítero y canónigo regular, que
enseñó las grandezas de los distintos grados de la vida espiritual.

Jan Van Ruysbroeck nació en Ruysbroeck,
cerca de Bruselas, en 1293. En aquélla época la actual ciudad era un
pueblecito. Seguramente que los padres del futuro beato eran gente humilde,
aunque, a decir verdad, no sabemos nada sobre su padre y, sobre su madre, sólo
tenemos noticias de que era muy buena y amaba tiernamente a su hijo. A los once
años, Juan se fue a vivir con su tío Juan Hickaert, que era canónigo menor de
la colegiata de Santa Gúdula, en Bruselas. El niño fue a la escuela en esa
ciudad. Algunos años después, su madre se fue también a vivir a un beguinato de
Bruselas. Poco después de la muerte de ésta, Juan recibió la ordenación
sacerdotal, a los veinticuatro años de edad.
Al cabo de algún tiempo, como efecto de un
sermón que había oído en Santa Gúdula, el canónigo Hinckaert cambió
notablemente de vida. En efecto, repartió entre los pobres todos los bienes
superfluos y, en compañía de otro canónigo llamado Franco van Coudenberg, que
era más joven que él, empezó a dedicar más y más tiempo a la contemplación en
medio de su vida de canónigo. El Beato Juan se les unió pronto. Entre 1330 y
1335, escribió algunos panfletos polémicos que no se conservan, pero poco
después escribió el «Libro del Reino de los Amadores de Dios», una obra que,
como todas las otras del beato, fue escrita en flamenco, con la intención de
que el pueblo pudiese leerla. Se trata de una refutación del falso misticismo y
de una exposición del verdadero camino de Dios. A ella siguieron «Los
Esponsales Espirituales» y varias otras obras de mística práctica. Algunos
comentadores afirman que Juan era iletrado e ignorante, con lo cual añaden
interés al mérito de sus escritos. Pero en realidad, está probado que era un
filósofo y teólogo muy capaz y que estaba muy al tanto de las obras de los escolásticos
de su época y de los grandes maestros del pasado. Por lo demás, la hipótesis de
que Juan era un iletrado, fue lanzada desde su tiempo. Gerson, que le acusaba
de haber caído en el panteísmo en «Los Esponsales Espirituales», respondió a
los autores de la hipótesis: «Se ha dicho que el autor de este libro es
iletrado e ignorante para poder considerar su obra como inspirada por el
Espíritu Santo. Pero en realidad, da más pruebas de sabiduría humana que de
inspiración divina... Su estilo es un tanto estudiado. Además, para hablar de
un tema como ése, no basta la piedad, sino que hace falta también haber
estudiado».
Entre 1340 y 1343, Ruysbroeck escribió la
primera parte del «Libro del Tabernáculo Espiritual», que es una alegoría de la
vida mística. En la primavera del año siguiente, los tres sacerdotes partieron
de Bruselas. En efecto, se sentían llamados a dedicarse completamente a Dios en
la vida contemplativa y manifestaron su deseo de retirarse a la soledad del
campo, ya que en la ciudad se sentían esclavizados y oprimidos por los otros
clérigos, mucho de los cuales eran mundanos y poco piadosos y entre quienes
Juan había provocado la hostilidad por el vigor de su lucha contra la herejía.
Por aquel entonces, el canónigo van Coudenberg se hallaba en dificultades con
el duque de Brabante, Juan III, y éste, para contrariar al canónigo, autorizó a
los monjes de la ermita de San Lamberto, en Groenendael, de ceder un terreno en
los bosques de Soignes a los que aspiraban a la vida solitaria. Allí se establecieron
los tres amigos y construyeron una capilla más grande. Durante los seis
primeros años fueron muy criticados por el capítulo de Santa Gúdula y los
monjes de los alrededores, y además el duque solía organizar partidas de
cacería en aquellos parajes. Como no estaban asociados a ninguna orden
religiosa, no tenían manera de protegerse. Así pues, en 1349, cuando ya
contaban con cinco discípulos, formaron una comunidad de canónigos regulares de
San Agustín e hicieron los votos ante el obispo de Cambrai. El anciano
Hinckaert murió al año siguiente. Franco van Coudenberg fue elegido superior
del monasterio y Juan Ruysbroeck prior. Franco fue, como quien dice, el
fundador de Groenendael en el sentido material y administrativo, en tanto que
la presencia de Juan en el monasterio atraía a los numerosos aspirantes que
ingresaron en la comunidad. Ruysbroeck era un religioso ejemplar: dócil,
paciente, obediente y amante del trabajo manual (en el que era más bien torpe).
En una palabra, era mejor súbdito que superior.
Gerardo Naghel, cartujo de Hérinnes,
cuenta que Ruysbroeck fue a visitar su monasterio: «¡Cuánto más podría yo decir
sobre ese rostro poderoso y viril, endulzado por la alegría; sobre su
conversación humilde y afectuosa; sobre la espiritualidad que irradiaba de su
persona; sobre su actitud tan religiosa, que manifestaba hasta en su manera de
vestir! ...Aunque queríamos que nos hablase de sí mismo, nunca lo conseguimos,
pues siempre nos hablaba sobre epístolas sagradas... Estaba tan libre de
orgullo como si nunca hubiese escrito obras tan buenas como las suyas». El
beato Juan solía pasar horas enteras en el bosque que circundaba al monasterio
para escuchar la voz de Dios en aquel sitio donde las distracciones humanas no
se interponían entre él y su Creador. Acostumbraba tomar notas sobre unas
tabletas de cera y, después, las ordenaba y desarrollaba en su celda. En cierta
ocasión, no se presentó a la hora de comer y uno de los canónigos salió a
buscarle; lo encontró arrebatado en éxtasis, sentado y rodeado por una luz
celestial. El beato completó allí el «Tabernáculo Espiritual» y escribió las
otras obras que hicieron de él uno de más grandes contemplativos de la Edad
Media1.
Se ha dicho que Ruysbroeck no dijo nada que no hubiesen dicho ya otros
místicos, y que su originalidad consiste en su manera de presentar las cosas.
Pero, decir algo en forma nueva equivale siempre a decir algo nuevo. Por otra
parte, como Ruysbroeck vivíó entre la Edad Media y el Renacimiento, combinó los
elementos filosóficos de la escolástica con los elementos neoplatónicos. Se ha
dicho con razón que si Ruysbroeck no hubiese aportado un punto de vista
personal y si su doctrina no hubiese tenido nada de original, su extraordinaria
influencia sería inexplicable. Cierto que su santidad personal es suficiente
para explicar que las turbas más heterogéneas hayan ido en peregrinación a
Groenendael para verle. Pero Ruysbroeck ejerció también gran influencia sobre
otros, que eran «doctores ac clerici non mediocres» (doctores y clérigos no
mediocres), el principal de los cuales fue Gerardo Groote, fundador de los
Hermanos de la Vida Común. Por su intermedio, la doctrina del beato dejó sentir
su influencia sobre la escuela de Windesheim y Tomás de Kempis. También puede
decirse que la forma de vida monástica de Groendael explica por qué Windesheim
no se hizo cartujo o cisterciense, sino agustino.
En los últimos años de su vida, el beato
Juan no podía ya salir de la celda que compartía con Franco van Coudenberg,
quien era todavía más anciano que él. Una noche, el beato soñó con su madre
quien le decía que Dios iba a llamarle durante el Adviento. Al día siguiente,
pidió que le trasladasen a enfermería, donde, consumido por la fiebre, se
preparó con toda lucidez y devoción para la muerte. Dios le llamó a Sí el 2 de
diciembre de 1391, a los ochenta y ocho años de edad. A partir de entonces, el
segundo domingo después de Pentecostés, el capítulo de Santa Gúdula realizó procesiones
a Groenendael en honor de Juan Ruysbroeck. Cuando el monasterio fue suprimido
en 1783, las reliquias del beato se trasladaron a Bruselas, pero desaparecieron
durante la Revolución. Los esfuerzos que se habían hecho para obtener su
beatificación, tantas veces interrumpidos, fueron finalmente coronados por el
éxito en 1908, ya que san Pío X confirmó el culto del beato y concedió la
celebración de su fiesta a los canónigos regulares de Letrán y la diócesis de
Malinas. El abad Cutberto Butler (1858-1934) opina que probablemente no haya
ningún contemplativo más grande que Ruysbroeck «y ciertamente no ha habido
ningún escritor místico de mayor envergadura».
1: En Ruysbroeck, como en otros místicos de la época, particularmente en Ricardo De Hampole, hay una tendencia marcada a pasar de la prosa a una forma de ritmo (ya sea ritmo propiamente dicho, o el empleo de la aliteración). Este fenómeno se observa aun en la «Imitación de Cristo»; por eso se la llama algunas veces «Música eclesiastica».
Casi todo lo que sabemos sobre la vida del
beato Juan procede de una biografía latina escrita per un tal Enrique Pomerius.
(Pomerius es una latinización de Van den Bogaerde). Parece que la obra fue
compuesta entre 1429 y 1431, es decir, unos cincuenta años después de la muerte
del beato. El autor aprovechó una biografía anterior, escrita por Juan van
Schoonhoven, que se ha perdido. El texto de Pomerius, con una valiosa
introducción, puede verse en Analecta Bollandiana, vol. IV (1885), pp. 257-334.
Véase también A. Auger, Etude sur les mystiques des Pays-Bas au Moyen-Age
(1892). Aunque Ruysbroeck sabía ciertamente latín, escribió todas sus obras en
flamenco. Según se dice, ello provoca fácilmente malas interpretaciones de los
que no son expertos en la materia, y las traducciones son con frecuencia poco
de fiar. La traducción latina que hizo Surio de las obras de Ruysbroeck es, en
muchos casos, una simple paráfrasis. Los benedictinos de San Pablo de Wisques
tradujeron al francés, con gran criterio científico y sumo cuidado, todos los
escritos auténticos, bajo el título general de Oeuvres de Ruysbroeck
l'Admirable (6 vols., 1912-1938). En la Biblioteca Cervantes Virtual puede
encontrarse un breve trabajo titulado El lenguaje del
beato Jan van Ruusbroec y san Juan de la Cruz en torno a la experiencia mística
y el proceso de unión transformante de Miguel Norbert
Ubarri, que puede servir de inicial aproximación a la obra del beato, a partir
de quien posiblemente conocemos más en el mundo hispano como es san Juan de la
Cruz.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4390
Beata María Ángela
Astorch, abadesa
fecha: 2 de diciembre
n.: 1592 - †: 1665 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 23 may 1982
hagiografía: Frate Francesco
n.: 1592 - †: 1665 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 23 may 1982
hagiografía: Frate Francesco
Elogio: En Murcia, en España, beata María Ángela Astorch, abadesa de la
Orden de las Clarisas, la cual, muy humilde y entregada a las penitencias, daba
buenos consejos y ayuda, tanto a las monjas como a los laicos.
Oración: Oh Dios, rico para con todos los que te invocan, que adornaste a
la beata María Ángela, virgen, con el don de penetrar de modo inefable en el
tesoro de tus riquezas mediante la diaria liturgia de alabanza; concédenos, por
su intercesión, dirigir a ti de tal manera nuestras acciones, que seamos
alabanza de tu gloria en Jesús, tu Hijo. Amén.

María
Ángela Astorch es una beata reciente, puesta en los altares por Juan Pablo II
en 1983, después de más de 300 años de la muerte de esta mujer, eximia testigo
de la tradición mística española. Ha sido hasta hoy una desconocida. Si en 1773
el jesuita Luis Ignacio Zevallos escribía una obra de 580 páginas (in folio)
sobre «Vida y virtudes, favores del cielo, milagros y prodigios de la Venerable
Madre Sor María Ángela Astorch, fundadora en la ciudad de Murcia de su ilustre
convento de capuchinas de la Exaltación del Santísimo Sacramento», y para esta
obra se servía de los escritos de la venerable, de hecho no ha existido hasta
el momento (1985) un libro que recopilase propiamente las páginas que salieron
de sus manos, debidamente ordenadas. Su relación autobiográfica y sus
minuciosas cuentas de conciencia a los confesores nos dan la pista para
seguirle en su vida y trazar los rasgos de su espiritualidad.
Una Vida En
Tres Etapas: Barcelona, Zaragoza, Murcia
Nació
en Barcelona y fue bautizada, en la parroquia de Nuestra Señora del Pino, en
1592, cuarto vástago de un matrimonio acomodado de la Ciudad Condal, Cristóbal
y Catalina. De aquel matrimonio vinieron al mundo cuatro hijos: la mayor,
Isabel, capuchina en su día, a quien María Ángela profesó verdadera devoción y
a quien, muerta, la veneraba como santa; dos varones, Juan José, que vivió sólo
ocho años, y Cristóbal, que fue religioso servita. Sin cumplir un año queda
huérfana de madre, y a los cinco muere también el padre. María Ángela en Sarriá
es confiada a los cuidados del ama, bajo la vigilancia de sus tutores.
Toda la
infancia de esta criatura, por parte de padres y ama, estuvo arropada de amor y
ternura, en un clima profundamente religioso. A los 7 años ocurre algo
extraordinario, que ella ha de referir puntualmente cuando escriba, para un
confesor, el «Discurso de su vida». Es dada como muerta y acuden para el
entierro su hermana Isabel, ya monja, acompañada de la madre Serafina,
venerable iniciadora de las capuchinas en Barcelona. La oración de la santa
madre obra el portento de que la pequeña María Ángela vuelva a la vida.
Fue una
niña que llegó precozmente a mayor, hasta el punto de que pudo escribir: «Mi
niñez no fue sino hasta los siete años y, de éstos en adelante, fui ya mujer de
juicio y no poco advertida, y así, sufrida, compuesta, callada y verdadera».
«Llegada a los once años cumplidos y entrada en los doce cosa de trece días, en
el año de 1603, en 16 días del mes de septiembre, entré religiosa capuchina con
mi gusto y de mi propia voluntad.»
La
recibía la madre Serafina Prat. Esta catalana, hoy en vías de beatificación,
fue quien implantó las capuchinas en España, en Barcelona, cuyo monasterio
sería venero de varias fundaciones.
Los
primeros tiempos de su vida c1austral fueron una delicia espiritual. Luego, por
espacio de varios años, tuvo una contrariedad increíble por causa de su celosa
maestra -«rígida en extremo, así para sí misma como para las demás»-, era una
incompatibilidad tal que hacía tambalear la vocación de la joven, hasta el
punto de plantearse muy en serio el paso a otro instituto contemplativo donde
hallara el sosiego que su corazón deseaba, hipótesis que, felizmente para las
capuchinas, no se realizó. Nota curiosa y comprensible: nuestra biografiada
reconoce que tenía una airosa gracia natural en cuanto decía y hacía. «Todas
estas cosas daban notable gusto a mi santa madre fundadora Ángela Serafina, y a
esta mi madre maestra disgusto notable».
Orienta
a esta joven ardiente y ávida un hombre de Dios, el capellán de la comunidad,
Juan García, santo varón que había perseguido y practicado la vida eremítica, y
unía en sí un alto testimonio de santidad con una fama sabiduría de las cosas
del espíritu.
Sor
María Ángela profesa en 1609, a los 17 años. Tres años después la vemos como
consejera de la comunidad. Y pronto, en 1614, tiene que arrancarse de
Barcelona, para iniciar la fundación de Zaragoza. María Ángela no ha cumplido
22 años y va como maestra de novicias al monasterio que se va a iniciar. Salir
de su Cataluña y de su comunidad era el desgarrón de su alma. Resumiendo
oficios y servicios: «oficio de maestra de novicias, que lo tuve nueve años
seguidos, y después cuatro de vicaria y maestra de las recién profesas. y
después entré en la cruz de la abadesa». La primera vez que le se confió el
cargo de abadesa tenía treinta y tres años.
Los
tres decenios de Zaragoza (1614-1645) fueron fecundísimos para ella y la
comunidad y las fundaciones que se originaron de este convento en aquella época
que realmente fue época de oro para las capuchinas cerradas y otras monjas contemplativas.
En Zaragoza entró en contacto con un sacerdote eminente, don Alejo Boxadós,
bajo cuyo consejo puso por escrito, en forma de cuentas de conciencia, todas
las maravillas que Dios obraba en su alma al contacto con la Biblia Y la
sagrada liturgia.
En 1645
las capuchinas fundan en Murcia el monasterio de la Exaltación del Santísimo
Sacramento, y aquí la madre María Ángela, fundadora, transcurrirá los veinte
últimos años de su vida hasta la muerte, en 1665. Allí deja este mundo a los 73
años y allí en el monasterio de capuchinas reposa su cuerpo.
Había
sido una contemplativa, con un corazón materno abierto al mundo, a las
dolencias de su patria, Cataluña, en tiempos de la guerra, a la santa Iglesia,
nuestra Madre -¡hija de la Iglesia!, cómo lo gustaba-, a los fieles cristianos,
a todos. ¡Lástima, y muy grande, que no haya escrito, al estilo de Teresa de
Jesús, un tratado, a su estilo, explicándonos con orden las cosas de Dios!
Espiritualidad:
La Mística Del Breviario
Esta
mujer que de adolescente se encierra en un monasterio -cosa no absolutamente
insólita en aquellos tiempos, en contra de la pedagogía normal de hoy- es una
mujer de un potencial humano riquísimo. Mujer de grandes ansias de soledad,
pero con singular cordialidad y extraordinarias dotes de comunicación.
He aquí
para un psicólogo y para un espiritual lo que dice sobre su furia por estudiar
latín: «Entré en la religión y fue tan grande la inclinación que tuve a leer y
estudiar, que todo el día me era tiempo breve. Esta ocupación era para mí de
tanto gusto, que parecía locura, porque llegué a tal extremo y ansia de tener
libros de latín, que no dejaba diurnal ni breviario a las religiosas, y mi
gloria, en todo su lleno, era verme rodeada de libros de latín, que de otros,
aunque los leía, no se me daba nada. Por esta causa me sucedían muchos
disgustos (...) y a lo mejor que me sucedían y estaba cubierta de lágrimas,
cogía un libro de los dichos y me lo ponía a la boca y, con los dientes,
apretaba las cubiertas y decía con una pasión terrible: ¡No fueras de cera
siquiera para comerte! Y con esto satisfacía algo de mi pasión».
Claro
que esa furia apasionada no era por el latín, sino por lo que detrás se
escondía: la Sagrada Escritura, el breviario y hasta las «Vitae Patrum» (las
Vidas de los Padres), que esta pobre capuchina podía leer y traducir a sus
hermanas. La espiritualidad mística de esta contemplativa, que en diversas
ocasiones llama «mi camino interior», está vinculada a la Escritura, a los
versículos del Salterio, al Cantar de los Cantares y a otros pasajes de la
Palabra de Dios, que de pronto se iluminan con un fulgor espiritual que le
transportan a las esferas interiores de Cristo y de la Trinidad. Nada extraño
que en su beatificación se le haya presentado como «la mística del breviario».
Estamos en la época del barroco, en la que la espiritualidad de «ejercicios» y
penitencias que ponen espanto. María Ángela fue deudora a este estilo, pero
este contacto fragante con la Palabra de Dios le ha dado una originalidad nueva
y salvadora.
Ha
leído a Santa Teresa, recoge con frecuencia la terminología de oración de
quietud, de recogimiento, y es plenamente consciente de la clasificación de las
visiones y hablas interiores (San Juan de la Cruz), pero esta esposa de un
«Esposo de sangre» (en alusión a Ex 4, 25) tiene su camino propio de esposa
para las maravillas que Dios va obrando en ella. Es admirable encontrar esta
lozanía bíblica en el tiempo en que nos encontramos. María Ángela es límpida
como el agua para dar cuenta a sus directores.
Fuente:
lo hemos tomado de Frate Francesco, que a su vez remite en este artículo a
Rufino María Grandes, OFMCap., en Nuevo Año Cristiano, Edibesa, Madrid 2001, 2
de diciembre.
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Estas biografías de
santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta
ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y
servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar
esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el
siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4391
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