viernes, 2 de diciembre de 2016

San Cromacio de Aquilea, obispo - San Silverio, papa mártir (2 de diciembre)

San Cromacio de Aquilea, obispo


fecha: 2 de diciembre
n.: c. 345 - †: c. 407 - país: Italia
otras formas del nombre: Chromacio
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En Aquilea, en el territorio de Venecia, san Cromacio, obispo, auténtico artífice de la paz, que, arrasadas las fronteras de Italia por Alarico, remedió las penas de los pueblos, y, explicando exquisitamente los misterios de la divina palabra, elevó las almas a la contemplación.
refieren a este santo: San Jerónimo

Cromacio se educó en la ciudad de Aquilea, en la que probablemente había nacido. Allí vivíó con su madre (la buena opinión que tenía san Jerónimo de esta viuda, puede verse en la carta que le escribió el año 374), su hermano, que también llegó a ser obispo, y sus hermanas solteras. Después de su ordenación sacerdotal, san Cromacio tomó parte en el sínodo de Aquilea contra el arrianismo (381), bautizó a Rufino siendo todavía joven y adquirió gran reputación. El año 388, a la muerte de san Valeriano, fue elegido obispo de Aquilea y llegó a ser uno de los prelados más distinguidos de su tiempo. Fue amigo de san Jerónimo, con quien sostuvo correspondencia epistolar y quien le dedicó varias de sus obras. No por ello dejó de ser amigo de Rufino y trató de hacer las veces de pacificador y moderador en la disputa origenista. Precisamente San Cromacio fue quien incitó a Rufino a traducir la «Historia Eclesiástica» de Eusebio y otras obras y, por consejo suyo, san Ambrosio escribió su comentario sobre la profecía de Balaam. El santo ayudó también a Heliodoro de Altino a financiar la traducción de la Biblia hecha por san Jerónimo. Cromacio fue un partidario enérgico y valioso de san Juan Crisóstomo quien le profesaba gran estima. El obispo de Aquilea escribió al emperador Honorio para protestar contra la persecución de que era objeto san Juan Crisóstomo, y Honorio transmitió la protesta a su hermano Arcadio. Desgraciadamente, los esfuerzos de san Cromacio no produjeron efecto alguno.
Fue un autorizado comentarista de la Sagrada Escritura; se conservan diecisiete de sus estudios sobre algunos pasajes del Evangelio de San Mateo y una homilia sobre las Bienaventuranzas. San Cromacio murió hacia el año 407. Su fiesta se celebra en las diócesis de Gorizia y de Istria, que antiguamente formaban parte de la provincia de Aquilea.
A lo que parece, no existe ninguna biografía propiamente dicha. En los últimos años, se ha estudiado con cierto interés la figura del santo, por razón de las obras que se le atribuyen. Véase Bardenhewer, Geschichte der altkirchlichen Literatur, vol. III, pp. 548-551. Las obras que se atribuyen a san Cromacio pueden verse en Migne, PL, vol. XX, cc. 247-436; pero el texto es muy poco satisfactorio. Al santo hay que atribuir probablemente la Expositio de oratione dominica, publicada por M. Andrieu en Les Ordines romani du haut moyen-age, vol. II (1948), pp. 417-447. En la «Patrología» de Quasten-Di Berardino, vol. III, 1981, pág 697-699, puede verse otra introducción a la vida y obras de san Cromacio.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4388




San Silverio, papa mártir

fecha: 2 de diciembre
fecha en el calendario anterior: 20 de junio
†: 537 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En la isla de Palmarola, de la Liguria, tránsito de san Silverio, papa y mártir, el cual, al no querer rehabilitar a Antimo, obispo herético de Constantinopla depuesto por su predecesor san Agapito, por orden de la emperatriz Teodora fue privado de su sede y enviado al destierro, donde murió agotado por los sufrimientos.
Silverio, hijo del papa san Hormisdas (pero que no gobernó inmediatamente después de él), no era más que un subdiácono el 22 de abril del año 536, día de la muerte del pontífice san Agapito I, en Constantinopla; pero en aquella fecha, Teodato, el rey ostrogodo de Italia, que temía la aparición de un candidato bizantino, le obligó a ocupar el cargo de Obispo de Roma. A pesar de semejante imposición, el clero romano aceptó de buen grado a Silverio, después de su consagración. La emperatriz Teodora le escribió inmediatamente para pedirle que reconociese a los monofisitas Antino y Severo como patriarcas de Constantinopla y Antioquía respectivamente; el Papa Silverio repuso con una rotunda negativa, aunque expresada con gentil lenguaje diplomático, y se afirma que, al sellar el sobre con la carta de respuesta, declaró que acababa de firmar su sentencia de muerte. Estaba en lo cierto: Teodora era una mujer implacable que no toleraba la oposición; aunque sí sabía aguardar una oportunidad para castigarla.
El general ostrogodo Vitiges, en su intento por tomar Roma, llegó hasta los suburbios y los arrasó; en la ciudad, el Papa y los miembros del senado, para evitar la catástrofe, abrieron sus puertas a un enemigo de los ostrogodos, el guerrero bizantino Belisario; y entonces se le presentó a Teodora su oportunidad. Primero se valió de la astucia: fraguó una carta en la que el Papa Silverio aparecía como un traidor en tratos con los godos y la hizo circular. Sin embargo, aquella estratagema fracasó y, entonces, la emperatriz recurrió a la violencia: el papa Silverio fue secuestrado y conducido hasta Patara de Licia, en el Asia Menor. Durante el día siguiente al del rapto, el bizantino Belisario, presionado por su esposa Antonina, proclamó Papa al diácono Vigilio, el candidato designado por la emperatriz Teodora. Así dio principio un período funesto para el papado.
En apariencia, se había mantenido en la ignorancia al emperador Justiniano de lo que sucedía en Roma; pero en cuanto el obispo de Patara le entrevistó para informarle con lujo de detalles, no pudo por menos que tomar cartas en el asunto: mandó que se hiciera una investigación y que Silverio partiese inmediatamente a Roma para hacerse cargo de la sede. Tan pronto como el Papa tocó tierras de Italia, los partidarios de Vigilio le cerraron el paso y lo capturaron. Antonina, la esposa de Belisario, ansiosa por halagar a Teodora, convenció a su marido para que ordenase a los captores del Papa que hicieran lo que buenamente les pareciera con el cautivo. En consecuencia, Silverio, vejado y golpeado por la soldadesca, fue escoltado hasta la solitaria isla de Palmarola, en el Mar Tirreno, frente a Nápoles y abandonado allí a su suerte. Pocos días más tarde, en aquella isla, o quizá en la vecina de Ponza, murió el papa a causa de los malos tratos recibidos y la falta de recursos en aquella soledad. De acuerdo con Liberato, quien escribió lo que había oído decir, murió de hambre; pero Procopio, un cronista contemporáneo de Silverio, asegura que el papa fue asesinado al llegar a la isla por uno de los soldados, que llevaba instrucciones de Antonina en este sentido. Como quiera que haya sido, a san Silverio se le conmemora como mártir.
No se ha puesto en claro cómo fue regularizado el nombramiento de Vigilio a la Sede Pontificia; pero sí se sabe que, tan pronto como ocupó el trono de San Pedro, su protectora, la emperatriz, dejó de favorecerlo, en vista de que se mostraba reacio a apoyar sus intrigas en favor de los monofisitas, se proclamó partidario de la ortodoxia e hizo todo lo que podía esperarse de un papa.
Véase el Liber Pontificalis (ed. Duchesne), vol. I, pp. 290-295, donde el editor, en su introducción (pp. 36-38), señala que hay una curiosa diferencia de tono, entre la parte más antigua y la posterior de ese escrito. Duchesne saca la conclusión de que fue recopilado por dos escritores distintos y que el primero era hostil a Silverio y el segundo le tenía simpatía. Las otras fuentes de información tienen una notable escasez de datos, pero a falta de algún material mejor, no son despreciables: el Breviarium, de Liberato; el De Bello Gothico, de Procopio; y los documentos de Vigilio en el libro de Mansi, Concilio, vol. IX. Ver también «Los Papas, de San Pedro a Juan Pablo II», de Jean Mathieu-Rosay, Rialp, Madrid, 1990, pág. 93, reproducida aquí. Otra biografía, con cita de fuentes, puede leerse en el artículo de J.P. Kisrsch en la Catholic Encyclopedia, que puede leerse traducido.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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