MINORÍA PARA LAS MAYORÍAS
Los conscientes, los
revolucionarios auténticos y los cristianos radicales siempre serán una
minoría.
Los verdaderos
revolucionarios, los revolucionarios-hasta-el-fondo, siempre serán una minoría.
Y los seguidores de Jesús, partidarios de aquella Revolución máxima que él
desató, también serán minoría.
La revolución es como
la vaca: hay que cuidarla, hay que darle de comer, hay que atenderla. Muchos
son los que se entusiasman con la carne de la vaca, la leche de la vaca... pero
no quieren saber nada de sacrificarse por la vaca, de alimentarla, de cuidarla.
Muchos son los que se entusiasman con los beneficios que comporta la
revolución, pero muy pocos son los que están dispuestos a sacrificarse por
ella, a defenderla, a cuidarla... Y es por lo mismo por lo que hay tan pocos
cristianos verdaderos, que den la vida entera en favor de la revolución máxima,
el Reino de Dios, dispuestos a perderlo todo... aún sin la leche ni la carne de
la vaca.
Los revolucionarios
verdaderos y los verdaderos cristianos siempre serán una minoría. Los
cristianos revolucionarios también.
Para ser lo que son,
tendrán que ser una minoría radical: en la decisión, en la opción, en la
capacidad de renuncia, de disposición, de servicialidad...
Tendrán que ser
también una minoría formada, cultivada: estudiando, formándose, cultivándose,
renovándose constantemente.
Una minoría, por ser
tal, por definición, es frágil, vulnerable. Necesita cohesión, contactos, algo
que alimente su unidad, una atención constante a las fuentes de su vida...
Jesús mismo tuvo dificultades inmensas para formar a la minoría...
Yo no sé si ustedes
saben de las grandes crisis de la vida de Jesús. Jesús tuvo grandes crisis.
Antes, desgraciadamente, nunca se nos hablaba de las crisis que pasó Jesús. Más
aún, cuando yo estudié teología se decía: ¿cómo iba a tener fe el que era el
mismo Hijo de Dios? Hace tiempo ya que los teólogos nos recuerdan que Jesús
tuvo fe -como ya decía la carta a los hebreos- y que también pasó la llamada
"crisis de Galilea". Jesús, inicialmente, soñó con la muchedumbre.
Por su sentido de compasión, por ser pobre, por sus raíces humanas, por su
formación y por su opción misionera y pastoral iba a las masas. Debió pensar
que las masas se entusiasmarían por el Reino. Pero las masas se entusiasman por
el pan, por el aceite, por los donativos... Por la leche de la vaca, no por la
vaca.
Superada esa crisis de
Galilea, Jesús se volvió a las comunidades eclesiales de base. Lo digo en
serio: se volvió a la pequeña comunidad al grupito, a los discípulos...
haciendo con ellos un taller y otro taller a la orilla del lago... Y ahí se
pasó dos años, taller tras taller, cursillo tras cursillo... Y al final resultó
que los discípulos no habían entendido nada. Y entonces hizo falta que viniera
la "insurrección evangélica" del Espíritu Santo, para que los
reanimara a todos. Y a pesar de todo ahí tenemos a san Pedro, el primer papa,
riñendo con el apóstol san Pablo, el apóstol más misionero. Pedro quería que el
Reino de Dios, la salvación en Jesucristo, fuera sólo para Israel...
Y hemos de recordar
que quien traicionó a Jesús, quien lo vendió, no fueron las comunidades
eclesiales de base que tenía en Jerusalén...; fueron los obispos. Uno de ellos
le vendió, los otros diez fallaron y Juan, Juancito, resistió y le acompañó
porque se protegió detrás del parapeto de aquellas santas mujeres. Las mujeres
fueron las que permanecieron fieles, las mejores de la comunidad de base.
Los seguidores
auténticos de Jesús siempre fueron una minoría. Fueron, son y serán.
para las mayorías
Esta es la segunda
parte: para las mayorías. Somos una minoría al servicio de las mayorías.
Fermentando a las mayorías. Dando testimonio a las mayorías.
El peligro de ciertas
comunidades de base es el regodeo sobre sí mismas, el quedar prendidos de su
propio ombligo. Y eso no es de adultos, ¿no?
Al servicio de las
mayorías: ser voz de los sin voz, en favor de los campesinos sin tierra, de los
analfabetos y semianalfabetos, los que no tienen oportunidad de una formación
más profunda y más clara, en favor de los otros países de América Latina que
están más retrasados, el tercer mundo, los países que están más sojuzgados bajo
el capitalismo del imperio...
Si somos consecuentes
y evangélicos, debemos vivir al servicio de las mayorías.
¿Y cuáles son las
necesidades de la mayoría? Pues si las necesidades de la mayoría son
alimentación, salud, techo, educación... a eso nos tendremos que dedicar. ¿A
qué nos vamos a dedicar si no? Porque Dios no tiene necesidades.
Algunos dicen:
"No, yo quiero servir sólo a Dios". Pero Dios se ríe: "Si yo no
te necesito para nada... Lo que quiero es que te dediques a servir a mis hijos,
que son los que te necesitan. Yo no necesito nada de ti...". Recuerden el
texto del salmo, repetido varias veces por los profetas: "no tengo
necesidad de bueyes, de machos cabríos...: si los montes son míos, y Yo crié
los ganados...". (y conste que yo creo en las monjas de clausura, en los
contemplativos; pero aún estos contemplativos, solo deben estar donde están
sirviendo a la humanidad).
sin dicotomías
O sea, sin
separaciones, sin divisiones. Y me explico.
La formación que se
nos daba antes era: cielo/tierra, Dios/hombres, la eternidad/lo temporal,
cuerpo/alma, espiritual/material, lo sagrado/lo profano, la fe/la vida real, lo
religioso/lo político... Todo pues en una dicotomía marcada.
Pero nosotros somos
conjuntamente cuerpo y alma, tiempo y eternidad, fe y política, historia de la
salvación e historia humana, que acaba siendo la misma historia. Por ejemplo,
si estamos en Nicaragua, ¿cómo vamos a prescindir de la escasez, de la defensa,
de los colectivos, de los cambio de moneda, de Reagan...? Sólo podremos
prescindir de todo eso si cerramos los ojos, los oídos, el corazón, la fe...
Debemos vivir pues sin dicotomías, sin separaciones.
con qué criterios
Si no hacemos
separaciones y debemos volvernos a la mayoría siempre, ¿qué criterios debemos
seguir? Algunos dicen: "la voz de la jerarquía" , y piensan que con
eso ya está todo resuelto. Pero, ¿y la jerarquía a quién obedece? Porque la
jerarquía también tiene que ser cristiana...
El primer criterio, en
primer lugar y siempre, en primera y última instancia, es: la palabra, la
práctica, la muerte y la resurrección de Jesús. El. El es el criterio.
Segundo criterio: la
necesidad del pueblo. O, con palabras de Jesús, diríamos nosotros: el prójimo
herido a la vera del camino. Las exigencias de la mayoría. Claro: hablamos de
un pueblo ubicado. Porque podemos caer en la tentación de hablar del pueblo
como si fuese una masa en el aire, sin historia, sin lugar, sin condiciones
socio-políticas ni económicas... ¿Cómo se puede hablar del pueblo de Nicaragua
sin hablar de la revolución?
Hablamos de las
mayorías, es decir, del pueblo-pueblo. No hablo de las oligarquías, no estoy
hablando de los privilegiados de siempre.
Estuve celebrando en
Nicaragua en una antigua hacienda que ahora había sido convertida en
reasentamiento, con cooperativas. Aquella hacienda fue de un tal señor Argüello
que ahora está en Miami. Claro, el señor Argüello debe estar maldiciendo a la
revolución y al "Dios de los pobres" y a las comunidades eclesiales
de base y... El tenía aquella hacienda para él solito, mientras la inmensa
mayoría de los campesinos de Nicaragua no tenían tierra. Pero la tierra es para
todos. Para las mayorías, no para las minorías, no para los privilegiados, no
para la oligarquía. Ni tampoco para el primer mundo.
Dios no quiere ni
ricos ni pobres.
Si la fraternidad,
dentro de una igualdad, no es el objetivo de cualquier acción nuestra, de toda
pedagogía, de toda acción política de cualquier acción pastoral... estamos
fuera de la óptica del evangelio.
Entre cristianismo y
revolución no hay contradicción, dice Méndez Arceo, y añade: pero sí
distinción. Una cosa es el cristianismo y otra la revolución. Pero la revolución,
en buena parte, si es bien vivida, si está bien llevada, también es reino de
Dios, y por eso es también cristianismo. Que haya ahora unos 700 campesinos en
El Bonete en esas seis cooperativas, cinco de ellas ya con ganado...
evidentemente que todo eso es también ya Reino de Dios...
Recuerden la lista de
preguntas del examen final del juicio de Dios, donde Jesús no hace dicotomías.
Sin dicotomías, pero
con conflictos. El cristianismo en cruz. Si Jesús dijo que había venido a
dividir las familias, mucho más habría que pensar que vino a dividir la
Iglesia, que es una gran familia...
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