que azota al país: “Alepo es una ciudad rica en recursos hídricos - explica Samaan - pero los grupos armados que controlan las bombas de agua cierran los grifos para presionar a la ciudad. No se sabe que negociaciones están tratando de imponer al gobierno de Damasco, y usan el agua como instrumento de chantaje. Los que pagan el precio más alto son los civiles que no tienen nada que ver”.
Sobre la base de las operaciones militares, los últimos acontecimientos confirman que la solución para Alepo sólo se puede encontrar en el ámbito internacional. “La ciudad está muy cerca de la frontera con Turquía - recuerda Samaan - y los rebeldes no tienen problemas en recibir apoyo logístico, armas y todo tipo de ayuda en esa dirección. A nivel local, sólo se pueden encontrar soluciones temporales basadas en equilibrios muy precarios”.
Mientras tanto, en la metrópoli sedienta y desfigurada por la guerra - dice a Fides Samaan Daoud – las iglesias cristianas que no han sido destruidas por las bombas siguen manteniendo viva la esperanza “contra toda esperanza”.
“En la parroquia de los Franciscanos se reúnen cada día más de 150 jóvenes - informa Saaman - y también en el Oratorio de los Salesianos se organizan actividades de verano para 500 niños y niñas. Allí se trata de mantener en los chicos la memoria de Alepo como era antes: una ciudad vital y alegre, con muchas posibilidades de encuentro. Si se va a esas parroquias, todavía se encuentra una luz de esperanza. Son como faros que iluminan las noches de tormenta, y reavivan la esperanza de los marineros que se han perdido en un mar oscuro y hostil”.
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