miércoles, 29 de julio de 2015

Santos Simplicio, Faustino, Beatriz y Rufo - Santa Lucila de Roma - San Calínico Gangres - San Lupo de Troyeso 29072015


San Simplicio Roma 

image Saber más cosas a propósito de los Santos del día


Santos Simplicio, Faustino, Beatriz y Rufo, mártires
En Roma también, en el cementerio de Generosa, santos Simplicio, Faustino, Beatriz y Rufo, mártires.
No sabemos nada de cierto acerca de estos mártires de Roma. Según la leyenda, Simplicio y Faustino, que eran hermanos, se negaron a ofrecer sacrificios a los dioses. Por ello fueron golpeados, torturados, decapitados y sus cadáveres fueron arrojados al Tíber. Otra versión afirma que perecieron ahogados en ese río. Su hermana Beatriz recuperó los cadáveres y los sepultó en el cementerio de Generosa, en el camino de Porto. Beatriz vivió durante siete meses con una mujer llamada Lucina, pero fue denunciada como cristiana por sil vecino Lucrecio, que codiciaba sus propiedades. El juez ordenó a Beatriz que sacrificase a los dioses, a lo que ella replicó valientemente que era cristiana y que no estaba dispuesta a adorar a los demonios. Por ello, fue estrangulada en la prisión, en la noche del 11 de mayo, y recibió sepultura junto con sus hermanos. Dios se encargó de castigar a Lucrecio: cierta vez, mientras celebraba una fiesta con las rentas de la propiedad que había robado, un niño de pecho se irguió súbitamente en el regazo de su madre y exclamó: «¡Lucrecio, eres un ladrón y un asesino; el demonio se ha apoderado de tu alma!» Al punto el acusado entró en agonía y falleció tres horas después.

En el siglo VI el papa León II trasladó las reliquias de los tres mártires a la iglesia de Santa Bibiana y más tarde a Santa María la Mayor. En este caso, como en tantos otros, el hecho del martirio y lo auténtico del culto están fuera de duda, a pesar de los datos extravagantes de la leyenda posterior. El Hieronymianum dice: "el 29 de julio, en el camino de Porto, a la altura de Sextum Philippi" se celebraba In memoria de Simplicio, Faustino y Viatrix (no Beatrix). En efecto, en 1868 se descubrió punto al camino de Porto el cementerio de Generosa; en él había una pequeña basílica de la época del papa san Dámaso, con algunos frescos y fragmentos de inscripciones. En las inscripciones están los nombres de Simplicio, Faustiniano, Viatrix y Rufiniano (o Rufo), del que las leyendas no hablan.

Véase J. B. De Rossi, Roma Sotterranea, vol. III, pp. 647-697; más breve es el artículo de Leclercq en Dictionnaire d'Archéologie chrétienne et de Liturgie, vol. VI, cc. 866-900. Las actas de estos mártires, que son muy cortas, pueden verse en Acta Sanctorum, julio, vol. VII.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


Santa Lucila de Roma

image Saber más cosas a propósito de los Santos del día


Santas Lucila, Flora, Eugenio, Antonino, Teodoro y otros dieciocho mártires, Roma, 262.


San Calínico Gangres

image Saber más cosas a propósito de los Santos del día



En Gangra, de Paflagonia, san Calínico, mártir.


San Lupo de Troyeso

image Saber más cosas a propósito de los Santos del día


San Lupo de Troyes, obispo
En Troyes, ciudad de la Galia Lugdunense, san Lupo, obispo, que con san Germán de Auxerre fue a Bretaña para combatir la herejía de los pelagianos, defendió con la oración a su ciudad del furor de Atila y, habiendo ejercido de modo admirable el sacerdocio durante cincuenta años, descansó en paz.
San Lupo nació en Toul hacia el año 383. Después de seis años de matrimonio con la hermana de san Hilario de Arles, ambos esposos se separaron de común acuerdo para consagrarse al servicio de Dios. Lupo vendió sus posesiones y repartió el producto entre los pobres. Después se retiró a la famosa abadía de Lérins, gobernada entonces porsan Honorato. Pero algo más tarde, hacia el año 426, Lupo fue elegido obispo de Troyes. En su cargo se mostró tan humilde y mortificado como antes y siguió practicando la pobreza como si se hallase en el monasterio. Sus vestidos eran sencillísimos, dormía en un lecho de tablas, pasaba largas horas en oración y ayunaba con mucha frecuencia. Así vivió cincuenta años, cumpliendo celosamente sus deberes pastorales.

En 429, cuando san Germán de Auxerre pasó por Troyes de camino a Inglaterra, a donde iba a combatir la herejía pelagiana, san Lupo fue elegido para acompañarle. Los dos obispos aceptaron esa misión con tanto mayor entusiasmo cuanto que prometía ser difícil y laboriosa. Con sus oraciones, predicación y milagros lograron extirpar la herejía, cuando menos por algún tiempo. A su vuelta a Francia, san Lupo se entregó con renovado vigor a la reforma de su grey. La prudencia y piedad que desplegó fueron tan grandes que san Sidonio Apolinar le llama «padre de padres, obispo de obispos, cabeza de los prelados de las Galias, norma de conducta, columna de verdad, amigo de Dios e intercesor de los hombres ante Él». San Lupo no vacilaba en arrostrar lo peor por salvar la oveja perdida, y su apostolado tenía un éxito que rayaba frecuentemente en lo milagroso. Entre otros ejemplos, se cuenta que un hombre de su diócesis había abandonado a su esposa y se había ido a vivir a Clermont. San Lupo escribió a san Sidonio, el obispo de esa ciudad, una carta muy firme, pero al mismo tiempo de un tono tan suave y comedido que, cuando el desertor la leyó, se arrepintió y regresó a su casa. A ese propósito comenta san Sídonio: «¿Qué milagro mayor puede darse que una reprimenda que mueve al pecador al arrepentimiento y le hace amar a quien le reprende?»

Por aquella época, Atila, a la cabeza de un innumerable ejército de hunos, invadió la Galia. La invasión fue tan bárbara, que las gentes consideraban a Atila como «el azote de Dios» que venía a castigar los pecados del pueblo. Reims, Cambraí, Besançon, Auxerre y Langres habían sufrido ya la cólera del invasor. La amenaza se cernía, pues, sobre Troyes. El obispo, después de haber encomendado fervorosamente su grey a Dios, salió al encuentro de Atila y consiguió que no entrase a la provincia, pero en cambio, el rey de los hunos se llevó consigo a san Lupo como rehén. Después de la derrota de los bárbaros en la llanura de Chálons, se acusó a san Lupo de haber ayudado a Atila a escapar y el santo tuvo que salir de su diócesis y abandonarla durante dos años, víctima de lo que podríamos llamar «histeria anticolaboracionista». En el exilio vivió como ermitaño en un bosque, con gran austeridad, entregado a la contemplación. Cuando la malicia de sus enemigos cedió finalmente ante la caridad y paciencia del obispo, volvió éste a su diócesis y la gobernó con el mismo entusiasmo de siempre, hasta su muerte, ocurrida el año 478.

Dado que acompañó a san Germán a Inglaterra, antiguamente se veneraba a san Lupo en ese país. Se ha puesto en duda la historicidad de la resistencia que el santo opuso a Atila y las consecuencias que se derivaron de ello. En todo caso, lo cierto es que los hombres de Dios se santifican por la oración y son capaces de obrar maravillas. Por la oración obtuvo Elías que bajase fuego del cielo, alcanzó misericordia Manasés en la prisión, vio Ezequías restablecida su salud; la oración salvó a los ninivitas de la catástrofe, con la oración preservaron Judit y Ester al pueblo de Dios y, finalmente, la oración libró a Daniel de los leones y a san Pedro de sus cadenas.

Tiempo ha que los historiadores miran con cierta sospecha el documento que pasa por ser la más antigua biografía de san Lupo. Bruno Krusch en su edición definitiva del texto (Monumenta Germaniae Historica, Scriptores Merov., vol. vis, 1920, pp. 284-302) pretende haber demostrado que dicha biografía no fue escrita antes del siglo VIII. Si ello es cierto, poco crédito puede prestarse a una obra que narra hechos ocurridos trescientos años antes. Según Krusch, la biografía fue escrita en la época de los carolingios con el objeto de defender las posesiones temporales de la sede de Troyes. Acerca de las relaciones de san Lupo con sus contemporáneos, cfr. Acta Sanctorum, julio, vol. VII.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

No hay comentarios:

Publicar un comentario