domingo, 6 de diciembre de 2015

Narciso Pascual Pascual, Beato - Vicente Vilumbrales Fuente, Beato - Gregorio Cermeño Barceló, Beato 06122015

Narciso Pascual Pascual, Beato
Narciso Pascual Pascual, Beato

Religioso y Mártir, 6 de diciembre


Por: Elías Fuente | Fuente: Somos.Vicencianos.org 



Religioso y Mártir

Martirologio Romano: En distintos lugares de España, Beatos Fortunato Velasco Tobar y 13 compañeros, de la Congregación de la Misión;asesinados por odio a la fe. ( 1934-1936) 

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.
Nacido en Sarreaus de Tioira (Orense), el 11 de agosto de 1917, hijo de Juan Antonio y Pilar, Narciso se sintió atraído, cuando mayorcito, como buen gallego y de Orense, por más señas, hacia el santuario de Nuestra Señora de los Milagros, regido por los PP. Paúles.

Allá ingresó como apostólico, “pues quería ser abade, pero de la Congregación”, y estudiando, estudiando, llegó hasta el tercer curso de latín, que empezó a cursar en Guadalajara. Mas aquí dijo “que no llegaba”, y se plantó. Quedóse para Hermano.

Tras unos meses de postulantado, en la misma casa de Guadalajara, empezó el noviciado en Hortaleza, el 26 de no­viembre de 1933. Finido éste y hechos los santos votos, fue destinado a Cuenca, en 1935.

Al ser echada de aquella ciudad la Comunidad entera por disposición gubernativa y arrojo de los zurdos, a primeros de mayo de 1936, en víspera de la segunda vuelta de las eleccio­nes, el H. Pascual fue enviado a Valdemoro provisionalmente. Tanto que, a los pocos días, dispusieron los Superiores su tras­lado a Guadalajara.

Y en Guadalajara corrió la misma suerte de los demás in­dividuos de la Comunidad: encarcelado, en cuanto se rindió la guarnición, ante el impulso de la ola marxista, y vilmente asesinado en el Fuerte el 6 de diciembre de 1936.

De este Hermanito, como del P. Vilumbrales, podemos de­cir que Dios los había seleccionado para el martirio y en Gua­dalajara les había preparado la palma triunfal.


Vicente Vilumbrales Fuente, Beato
Vicente Vilumbrales Fuente, Beato

Sacerdote y Mártir, 6 de diciembre


Por: . | Fuente: Somos.Vicencianos.org 



Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: En distintos lugares de España, Beatos Fortunato Velasco Tobar y 13 compañeros, de la Congregación de la Misión;asesinados por odio a la fe ( 1934-1936) 

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.
El benjamín de nuestros sacerdotes mártires. Aun, despi­den sus manos aroma de sagrado crisma. Es de la última hor­nada presbiteral.

Era de mediana estatura, bien parecido, afable, nerviosi­llo, de marcada inclinación a la vida activa, con ribetes de cándido, si no de superiores, sí regulares, suficientes disposi­ciones, piadoso, discreto, amante de la Congregación y celoso de la honra de la misma. Hubiera sido un buen misionero.

Las primicias de su sacerdocio rindiólas apenas en Ma­drid. Que en Guadalajara no llevaba más de dos meses.

Y fue en el clásico barrio de Antón Martín (Colegio de San Blas, travesía del Fúcar) y en el suntuoso palacio del Duque del Infantado (Colegio de Niñas huérfanas de Milita­res) donde su candor primaveral se derramó al par del óleo de su apostólico, celo, en pláticas y exhortaciones.

En las páginas de la popularísima revista Reina de las Misiones quedan iluminadas viñetas de sus fervores mariano- misionales. Con esmero y cariño llevaba él la parte técnica de aquella publicación, cuando la obediencia le envió a la no­ble ciudad de Alvar Fáñez, el prima del Cid, su redentor de la morisma, para suplir ausencias de los que cuidaban aque­lla pimpollada de futuros misioneros paúles, trasplantada pru­dencial y providencialmente a clima más benigno, ya que en ella los aires soplaban tan recio que se echaba claramente de ver que un, día fatal, cualquiera, podían ajar todos sus pétalos a medio abrir.

El ambiente era de los que prueban el temple de las al mas. Y el P. Vilumbrales dio sobradas muestras de que el suyo era de los más puros. Atemperándose, como exigían los más elementales postulados de la prudencia, a las circunstancias, ni un solo día- dejó de atender debidamente a su capellanía.

Era mucha sensatez la de aquel joven sacerdote, que tan bien sabía hermanar la igualdad de ánimo con la valentía y el hervor guerrero. En pocos días ¡cuántos años vivió!

La espiga se ponía rápidamente en sazón, por la sobre­abundancia del calor divino. Y es que la “hora de la siega se echaba encima.

Lo hemos oído relatar varias veces, con dejos de alma su­mamente edificada:

—”¡Aquello parecía un infierno! Tiros, blasfemias, ayes desgarradores, gritos descompasados, ¡y el Padre, confesando tan tranquilo a tantísimas personas que venían corriendo a ponerse a bien con Dios, para morir, y sabiendo él que los milicianos rojos se iban haciendo dueños de la ciudad! ¡Qué unción en sus palabras, qué fuerza y aliento daba para el mar­tirio, qué cosa tan de santo!”

¿Verdad que este párrafo parece sólo propio de los tiem­pos pasados, de hace siglos, quizá de los primeros, los más he­roicos del Cristianismo? ¿Y que el aludido varón ejemplar debe de ser algún santo famoso en los anales de la Historia?

Pues no que no; que se refiere a nuestros tiempos, no me­nos heroicos por ser nuestros, y hablan de quien a nuestra vera pasó y aun pudo ser tanta la dicha que no pasara de largo y hasta se honrara con nuestra amistad.

Era, era, sí, el P, Vilumbrales copia fiel de antiguos he­roísmos.

Y cayó en poder de los rojos, que al Fuerte lo llevaron.

Y el día 6 de diciembre de 1936, cuando la matanza gene­ral de la que en otro lugar hablamos por extenso, el P. Vilum­brales fue una de tantas inocentes víctimas.

El P. Vicente Vilumbrales de la Fuente, hijo de Andrés y Josefa, nació el 5 de abril de 1909, en Reinoso de Bureba (Burgos).

Llamado por Dios a la Congregación de la Misión, hizo sus estudios humanísticos en Tardajos y Guadalajara. Ingresó en el Seminario Interno (Noviciado) el 14 de septiembre de 1926. De Hortaleza pasó a Villafranca del Bierzo para estu­diar la Filosofía y allí hizo los votos el 27 de septiembre, ani­versario de la muerte de San Vicente, de 1928. Estudió Teolo­gía en Cuenca, en donde, terminado el primer curso, se orde­nó de Menores el 19, 20 y 21 de agosto, y de Subdiácono, el 26 del mismo mes; de Diácono, el 2 de septiembre, y de Sa­cerdote el 9; todo en el año 1934. Terminó la carrera en In­glaterra.

En el otoño de. 1935 volvió a España, y, después de haber estado algunos meses sin destino fijo en Madrid, fue encar­gado de la revista de Misiones. A principios de 1936 marchó a Guadalajara, donde el Señor quería coronarle como mártir de la Religión y de la Patria.

BIOGRAFÍAS DE MISIONEROS PAULES Edición 1942
Autor: Elías Fuente


Gregorio Cermeño Barceló, Beato
Gregorio Cermeño Barceló, Beato

Sacerdote y Mártir, 6 de diciembre


Por: . | Fuente: Somos.Vicencianos.org 



Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: En distintos lugares de España, Beatos Fortunato Velasco Tobar y 13 compañeros, de la Congregación de la Misión;asesinados por odio a la fe ( 1934-1936) 

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.
“IRÁ EN LA BIOGRAFÍA”

Tal era el estribillo —el remoquete— con que en las re­creaciones, al hacer comidilla de las prendas del P. Cermeño —a sus barbas, aunque se le encrespasen del bello furor de la humildad herida—, habíamos, de terminar nuestras ponde­raciones.

¡Señor! ¿Quién nos había de decir que aquellas bromas habían de ser veras, y tan pronto, y para fin tan fausto?…

Y pues ello es así, con el mayor amor y devoción más puros y entrañables, sin quitar el aroma del donaire y la familiari­dad confianzuda de aquellas comidillas, ahí van, P. Cermeño, las veras de estos rasgos de tu vida: Rosuelas para el nicho que te corresponde a lo menos en el retablo de nuestro altar casero. “A lo menos”, porque, para mi credo y mi esperanza, tú irás a los altares de la Iglesia.

“EL SANTITO”

Le llamaban “él santito”. Pusiéronle el apodo los chicuelos del corro de la esquina; luego lo hicieron suyo las devotas, los dependientes de comercio… Todos se lo llamaban al fin.

No hay exageración: que cuando fui a Guadalajara, hace año y medio, las gentes, al referirse a él, lo hacían así: “¡Y aquel Padre, “el santito”!…

Y es que el P. Cermeño, por esas calles de Dios, era tal­mente cualquiera de esos santos que se ganaron la canonización del pueblo por el modo de ir, por el modo de tratar…

Era el P. Cermeño llama de santidad enfundada en los hábitos talares.

Valga, pues, esto para primer rasgo: Le llamaban “el santito”. Habiendo de notar únicamente que lo del diminutivo provendría más bien de su talla, muy menuda.

ALMA DE PURA INFANCIA ESPIRITUAL

Apurando el análisis psicológico del P. Cermeño, acaso se le colocase en la casilla del tipo de menos valía. Pero en el terreno, de la santidad su situación cae de lleno en la Infan­cia Espiritual.

Alma niña era la suya, mirados los contentos y los gustos de su espíritu, y su ciego seguimiento de la voz de la Obediencia, y la pureza e inocencia de su vida y continente. Y así, es cosa de echarse a pensar a qué grado de perfección llegaría, contando como contaba con este don de privilegio, que, según la mágica doctora de las “florecillas”, es la trocha segura, ve­loz y certera.

De mí sabré decir que, descubriendo como descubría en él el tipo puro de esa modalidad místico-ascética, sentía, al ver­le, comezón de envidia. Entre el correr de las hilaridades a su cuenta, me asaltaban a mí como nostalgias de un paraíso cerrado. ¿Cómo es que a este hombre le brotan tan sin, esfuer­zo las virtudes, mientras que a los demás nos cuestan Dios y ayuda?

IN QUO DOLUS NON EST

Quien haya tratado al P. Cermeño ya sabrá del ideal que se cifra en este sentencioso rasgo ascético. Sabrá del varón que no acertaría a pensar mal de nadie; que tiene de par en par el templo de oro de su alma; que, al parecer, sigue automáti­co la línea rectilínea; que detrás de la risa sólo tiene el cielo dilatado de su buena fe…

El P. Cermeño nunca entendió de segundas intenciones. Las indirectas le descomponían, le ponían malo; abundando los casos en que, por tomar en serio las bromas, se pasó, el inocente, ratos bien atroces. El mismo lenguaje figurado le dejaba perplejo. Y él hablaba siempre con el alma en la palma de la mano: siempre, aun cuando quisiera hacer de pillín.

REZADOR EMPEDERNIDO

Si, como él lo confesaba sin cesar, acaso tendría que envi­diar a los demás en lo de las “cuantísimas luces” —sus térmi­nos— que recibían, de Dios en la meditación, en cambio, los demás le teníamos seguramente que envidiar a él aquel furor por la oración vocal de que gozaba.

Tropezarse con él en el pasillo era cortarle el bisbiseo de los labios: aquel bisbiseo tan martilleado que hacía pensar si no sería el hábito del mismo lo que le trajo aquel su refle­jo labial al rezar, aquel como tic que comprimiéndole el labio superior, le hacía parecer como que, más que decir, mordía las plegarias; lo que, por lo demás, le daba mucha gracia.

Y en cuanto al rezo común del Oficio divino, era tan asiduo, tan buen cumplidor, que, al acercarse ya la hora, allá re le veía desasosegado, mirando y remirando al minutero… Y llegada la hora, allá se le tenía el primero en su puesto, con el Breviario bien registradito y el “Aperi, Dómine” rezado con sobrada antelación.

Pites en la Misa, lo tieso de la actitud. y de los ademanes tenía unos como dejos de arrobo continuo.

SIN HIEL, SIN AGUIJON

De lo dicho se entiende, sin decirlo, que sería así el buen P. Cermeño; pero conviene hacerlo resaltar.

Esclavo hasta servil de las formas del trato social, que ma­mó en su Madrid, sabía adobarlas con la miel de una sonrisa inocua, graciosa y benevolentísima.

Pero aun, en los casos de resentimiento por las bromas, allí no había más que la palomita que al picotear hace cos­quillas. Por mucho que enarcase las cejas —cosa que hacía con tal extremo de arte pasional que habría de envidiarlo el más insigne actor—, por furibundas que afectasen ser sus mi­radas de soslayo, detrás sólo asomaba el alma sin hiel ni agui­jón, en simpática comedia causadora de grata hilaridad.

En los casos de dolencia ajena, cuando algún, compañero estaba enfermo, él era el obligado visitante, condolido, todo anhelos de servicio y siempre a la hora exacta prefijada para su vueltecita.

NI LA SOMBRA DE PECADO

¿Cómo sospechar falta consciente en el P. Cermeño? Ni la sombra del pecado enturbiaba jamás aquel su mirar per­petuamente diáfano, aquel su sonreír de alma de Dios.

Asiduo y aun devoto como era del confesionario, hacía pensar que oiría las confesiones como con un grande para­guas y que se deslizaba por esta al fin ciénaga humana con la misma inmunidad del cisne.

Y siempre en los cotidianos trajines, daba la sensación de ir bajo las alas del Ángel de la Guarda.

SU MODESTIA

Secuela de este don era su compostura, su modestia. Acaso tendrá que nacer quien le gane en tal virtud. Tan extrema ya en él, que, como acertó a definirla un donairoso compañero, aquello era más bien pudibundez.

LIMPIEZA

Si respecto de la modestia ha cabido la duda, con relación a la limpieza es apodíctico que sí que tendría que nacer quien le gane.

Quien desee saber lo que es una virtud sublimada, que lo estudie en la limpieza practicada por el P. Cermeño.

¿Una pelusa en la ropa? ¡Qué horror!

Y en la habitación, la mesa reluciente, la estatuita y el ca­racolillo de mar siempre en su sitio; en el baúl, las prendas bien plegadas y saturadas de alcanfor; los flecos de la colcha de la cama en impecable simetría, y… ¡el plumero en acción quién sabe las veces al día!

Se diría, en fin, que para el P. Cermeño la limpieza tenía rango de divinidad.

EL GESTO CUMBRE

En la vida del P. Cermeño, prisma de visos tan encantadores, hay una faceta que lo personifica sin igual: su actitud, su gesto ante el posible caso del martirio, que ¡ay! —y por su dicha— le llegó.

Tirarle de la lengua sobre tal asunto fue solaz reiteradísimo de las recreaciones cuando ya la tempestad se nos cernía negra y angustiosa.

En un alarde de osadía vindicativa, cediendo a sugerencias de un compañero tan ducho en latines como en humorismo, llegó el P. Cermeño a resolverse por añadir al “ut inimicos… humiliare digneris” la coletilla de un “Domine, ut deprehe­dantur”, que él pronunciaba con énfasis de verdadero mordisqueo de las palabras. Y era casi continuo también este diálogo:

—Pero, vamos a ver, P. Cermeño: ¿y si vienen a echarle mano ya?

—Ya sé bien lo que tengo que hacer. Les lanzo un ¡Viva Cristo Rey! que… ¡los aplasto!

FIN

Y el gesto, la exaltación de fe y el furor santo con que lo profería, eran, en efecto, como para aplastar… Pero a los racionales, no a los monstruos de entrañas de piedra y de dientes y zarpas de oso.

Y así, llegado el momento ferozmente trágico de las veras de estas bromas —¿cómo dudar de ello?—, el P. Cermeño, fiel a su plan tan madurado, estrujando las últimas fuerzas del sistema nervioso probablemente en ruinas, lanzaría su consig­na —exaltación de fe y furor santo—; la descarga de balas no cedió, y él, con el grito ya palma del espíritu, se iría a los cielos con zapatos y todo

¡Y qué hermoso estarás, querido hermano!

¡Y qué envidia!

¡Y cómo se escapan los besos a la palma y al zapato!

Hasta aquí el lindo y galano decir del P. Gregorio Sedano. Completemos la biografía.

Era el P. Cermeño hijo del matrimonio ejemplar Mariano Cermeño y Matilde Barceló, y nació el 9 de mayo de 1874, en la ciudad heroica de los Sitios.

Estudió en nuestra casa de Teruel, desde 1890 a 1892, en que ingresó en el noviciado de Chamberí, a 27 de abril. El día 28 de abril de 1894 hizo los Votos. Se ordenó de Menores el 26 de marzo de 1899; de Subdiácono, el día siguiente; de Diácono, el 23 de julio, y, de Presbítero, el 8 de septiembre del mismo año 1899.

Fue destinado accidentalmente a Valdemoro y luego a la fundación de Porto-Alegre (Brasil), en cuyo Seminario ense­ñó durante tres cursos completos: 1900-1903.

Al deshacerse aquella fundación, volvió a España, siendo destinado al Santuario de Nuestra Señora de los Milagros (Orense), y allí vivió durante dieciséis años dedicado a la en­señanza en la Escuela Apostólica y Seminario Menor de la Diócesis.

El año 1923 se inició un período de crisis en su vida ‘tran­quila y sosegada del monte Medo, con, la que también se ave­nía su espíritu. Una orden superior dispuso se trasladara a Valdemoro, para que fuera uno de los capellanes de las Her­manas ancianas y enfermas que en las dos residencias de San Diego y San Nicolás unas reparan averías y otras viven de año­ranzas; mas la tal disposición fue poco a poco modificada y marchó- a Teruel en calidad de director y confesor espiri­tual de la Escuela Apostólica de la Congregación en aquella ciudad. A pesar de correr por sus venas sangre aragonesa, no se hacía a vivir en aquellas tierras; por ello, al cabo de un año, los Superiores, comprensivos y casi adivinos (el P. Cer­meño no era pedigüeño y menos machacón), por una parte, y, por otra, no queriendo desaprovechar al buen P. Cermeño, consecuentes con el plan formativo de los futuros apostólicos, le trasladaron a la ciudad de Guadalajara; mas ni aquí se aquietó su ánimo; seguíale la nostalgia de la terriña. Fuéle, al fin, otorgado volverse a su querido Santuario, en 1924. Pero su actuación en la Apostólica de Guadalajara, justamente apre­ciada, no se echaba en olvido y nuevamente fue requerida. Pasó a dicha ciudad el año 1929, para nunca jamás abando­narla.

En Porto-Alegre tuvo bastante que sufrir, y recordamos a propósito esta su frase de entonces: “Vengo cano, y no por los arios.” Nada tiene ello de extraño ni creemos indique cosa particular respecto a su persona, pues sabido es que aquella fundación brasileña fué un semillero de disgustos para todos.

¿Y su muerte?

Su muerte, para no desentonar de la vida, anónima también.

A lo que se sabe, en casa le cogieron los rojos. De casa, al Fuerte. Y el día más trágico de la ciudad de Alvar Fáriez, del Palacio del Duque del Infantado, del Panteón, de la Acade­mia, de la Hispano… el 6 de diciembre de 1936, fecha de tris­tísima recordación, el P. Cermeño fue una de las quinientas víctimas que la barbarie marxista sacrificó, en su vesania incalificable, así de una vez.

BIOGRAFÍAS DE MISIONEROS PAULES Edición 1942
Autor: Elías Fuente


Este grupo de mártires está integrado por:

1. TOMÁS PALLARÉS IBÁÑEZ
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 06 Marzo1890 en Iglesuela del Cid, Teruel (España)
martirio: 13 Octubre 1934 en Oviedo, Asturias (España)

2. SALUSTIANO GONZÁLEZ CRESPO
hermano de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 01 Mayo 1871 en Tapia de la Ribera, León (España)
martirio: 13 Octubre 1934 en Oviedo, Asturias (España)

3. LUIS AGUIRRE BILBAO
hermano de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 13 Septiembre 1914 en Murguía, Vizcaya (España)
martirio: 30 Julio 1936 en Alcorisa, Teruel (España)

4. LEONCIO PÉREZ NEBREDA
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 18 Marzo1895 en Villarmentero, Burgos (España)
martirio: 02 Agosto 1936 en Las Planas de Oliete, Teruel (España)

5. ANDRÉS AVELINO GUTIÉRREZ MORAL
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 11 Noviembre 1886 en Salazar de Amaya, Burgos (España)
martirio: 03 Agosto 1936 en Gijón, Asturias (España)

6. ANTONIO CARMANIÚ MERCADER
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 17 Agosto 1860 en Rialp, Lérida (España)
martirio: 17 Agosto 1936 en Llavorsi, Lérida (España)

7. FORTUNATO VELASCO TOBAR
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 31 Mayo 1906 en Tardajos, Burgos (España)
martirio: 24 Agosto 1936 en Alcorisa, Teruel (España)

8. RICARDO ATANES CASTRO
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 05 Agosto 1875 en Cualedro, Orense (España)
martirio: 14 Agosto 1936 en Gijón, Asturias (España)

9. PELAYO JOSÉ GRANADO PRIETO
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 30 Julio 1895 en Santa María de los Llanos, Cuenca (España)
martirio: 27 Agosto 1936 en Gijón, Asturias (España)

10. AMADO GARCÍA SÁNCHEZ
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 29 Abril 1903 en Moscardón, Teruel (España)
martirio: 24 Octubre 1936 en Gijón, Asturias (España)

11. IRENEO RODRÍGUEZ GONZÁLEZ
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 10 Febrero 1879 en Los Balbases, Burgos (España)
martirio: 06 Diciembre 1936 en Guadalajara (España)

12. GREGORIO CERMEÑO BARCELÓ
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 09 Mayo 1874 en Sitios, Zaragoza (España)
martirio: 06 Diciembre 1936 en Guadalajara (España)

13. VICENTE VILUMBRALES FUENTE
sacerdote de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 05 Abril 1909 en Reinoso de Bureba, Burgos (España)
martirio: 06 Diciembre 1936 en Guadalajara (España)

14. NARCISO PASCUAL y PASCUAL
hermano de la Congregación de la Misión (Vicenciano)
nacimiento: 11 Agosto 1917 en Sarreaus de Tioira, Orense (España)
martirio: 06 Diciembre 1936 en Guadalajara (España)





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