jueves, 10 de diciembre de 2015

San Juan Roberts y beato Tomás Somers - Beato Gonzalo Viñes Masip - Beato Marcos Antonio Durando 10122015

San Juan Roberts

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San Juan Roberts y beato Tomás Somers, presbíteros y mártires
Igualmente en Tyburn, diecinueve años después, san Juan Roberts, de la Orden de San Benito, y beato Tomás Somers, presbíteros y mártires, que en tiempo del rey Jaime I, condenados a causa de su sacerdocio, fueron colgados en el patíbulo junto con dieciséis ladrones.
Juan Roberts nació en Dolgelley, se crió como protestante y entró en la Iglesia católica a los 21 años en la catedral de Nótre Dame de París. Se preparó para el sacerdocio en el Colegio Inglés de Valladolid, pero al año siguiente él y otros cinco alumnos de su colegio pidieron el hábito benedictino en la propia Valladolid. En 1602 el papa Clemente VIII había permitido expresamente a los benedictinos de Valladolid enviar misioneros a la misión inglesa. Tres semanas más tarde, Roberts y otro monje, ambos sacerdotes, desembarcaron en Inglaterra. Hizo un grande y magnífico trabajo, y en la peste que devastó Londres manifestó su espléndida caridad. Cuando la llamada «Conspiración de la pólvora» fue arrestado, pero gracias al embajador francés fue soltado. Entonces tomó parte en la fundación del monasterio benedictino de Douai destinado a proporcionar monjes misioneros para la misión inglesa. De ellos el primero en dar la vida por la fe fue este san Juan Roberts.

Tomás Somers, que usó el alias de Wilson, había nacido en Skelsmergh, Westmoreland, y parece que era católico desde su infancia. Primero fue durante años maestro de escuela e hizo cuanto bien pudo desde su importante puesto en la educación de los niños. Pero luego se decidió por el sacerdocio y acudió al Colegio Inglés de Douai, ordenándose sacerdote en Arras en la vigilia de Pascua del año 1606. Enseguida volvió a Inglaterra y se estableció en Londres, especializándose en el apostolado entre gente humilde y mereciendo por su trabajo lleno de celo y dedicación el epíteto de «párroco de Londres». No era muy erudito pero sí muy caritativo. Arrestado y condenado al exilio, pudo quedarse en Douai como administrador del colegio pero echaba mucho de menos a sus fieles de Londres y por ello volvió para caer enseguida otra vez en manos de la policía. En el proceso se negó a prestar el juramento de supremacía religiosa del rey. Cuando iban a ahorcarlo le permitieron hablar y dijo: «Os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. El padre Roberts os ha dicho la razón por la que nosotros debemos sufrir la muerte, y así no es necesario que yo lo repita, pero quiero deciros una cosa: Yo no he rehusado prestar el juramento porque me falte la fidelidad que Su Majestad el Rey podría esperar de mí. Lo rehuso porque incluye materias de fe, y por ello ese juramento nos ha sido prohibido a todos por Su Santidad el Papa, al que, porque somos ovejas de Cristo, todos nosotros debemos ser obedientes. Yo por eso os ruego y exhorto a ser obedientes al Supremo Pastor de la Iglesia de Dios. Fuera de la Iglesia no hay salvación». Al subir al carro dijo en latín: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu».

Ambos mártires habían sido encontrados celebrando misa el primer domingo de Adviento de 1610. Fueron beatificados el 15 de diciembre de 1929 y Roberts fue luego canonizado con los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales el 25 de octubre de 1970.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003



Beato Gonzalo Viñes Masip

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Beato Gonzalo Viñes Masip, presbítero y mártir
En el pueblo llamado Vallés, de Valencia, en España, beato Gonzalo Viñes Masip, presbítero y mártir, el cual, en tiempo de persecución, libró un insigne combate por Cristo.
Gonzalo Viñes Masip nació en Xátiva, en España, el 19 de enero de 1883. Hizo el bachillerato en el Colegio Setabense y después ingresó en el Seminario Diocesano de Valencia. Ordenado en 1906 estuvo siempre en su ciudad, como canónigo de la Colegiata de Xàtiva. Estimado como poeta, historiador, investigador, periodista y escritor valenciano, fue miembro de asociacio­nes culturales y trabajó mucho con la juventud. Al inicio de la Guerra Civil y de la feroz persecución religiosa que atravesaba España, fue llamado a testimoniar con su sangre la fe en Cristo. Fue muerto en Vallés el 10 de diciembre de 1936.
fuente: Aciprensa


Beato Marcos Antonio Durando

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Nació en Mondovì, Italia, el 22 de mayo de 1801. Pertenecía a una familia acomodada, influyente y numerosa; de diez hermanos sobrevivieron ocho. Siendo joven se comprometió con la fe en un ambiente poco proclive a ella, al menos por parte de su padre que profesaba un laicismo de sesgo anticlerical. Pero como la madre era creyente, y se ocupaba de su educación, le inculcó el espíritu religioso. Gracias a su influjo, a los 14 años ingresó en el seminario de Mondovì, pero su deseo era evangelizar China.
Si hace unos días se recordó en esta sección que la piedra de toque de la vida consagrada es el defecto dominante, hoy conviene añadir que la obediencia es uno de sus pilares por excelencia. A través de ella se manifiesta la voluntad de Dios que puede no coincidir con la personal, pero que viene acompañada de grandes frutos como le sucedió a Marco Antonio. Llevando a China en su corazón, ingresó en la Congregación de la Misión y confió a sus superiores su anhelo misionero, pidiéndoles encarecidamente que lo enviaran allí. Pero su insistente demanda no fue acogida por ellos porque tenían otros planes para el muchacho. Así pues, prosiguió estudios en Sarzana dando muestras de virtud en todo su quehacer.
No gozaba de buena salud y por ese motivo en 1822 tuvo que hacer un paréntesis en su formación, momento que coincidió con la dolorosa pérdida de su madre. Ella ya no tendría la alegría de verle ordenado sacerdote, hecho que se produjo en la catedral de Fossano en 1824. Después, el beato revitalizó apostólicamente la región piamontesa con su celo apostólico, suscitando el fervor de las gentes sencillas que acudían a escuchar su vibrante predicación, aunque para ello quienes regentaban establecimientos públicos tenían que cerrarlos. Y al concluir las misiones, cuando llegaba el momento de la despedida de este insigne misionero, no ocultaban su pesar.
En 1830 fue designado superior de Turín, lugar en el que permaneció hasta el fin de sus días. Era un hombre ponderado, con enorme tacto y caridad, que dio sobradas pruebas de su templanza como se constató en situaciones difíciles y dolorosas que le tocó afrontar por razones histórico-políticas. Cuando vieron confiscados los bienes, se ocupó de atender fraternalmente a numerosos religiosos afectados, así como de ir recuperando las posesiones de su comunidad, salvando escollos y dificultades, y actuando en el momento oportuno. Su misión fue intensificar las acciones propias de su carisma que transmitió a través de las Misiones Populares, aunque se dirigió también al clero en sucesivas conferencias y retiros, todo ello conforme a lo establecido por san Vicente de Paúl. Siguiendo su ejemplo, asistió a los pobres espiritual y materialmente.
Fue un gran director espiritual al que acudían en busca de consejo personas de todas clases sociales, incluidos miembros relevantes de la Iglesia y de la nobleza. A él se debe el establecimiento de las Hijas de la Caridad en el Piamonte. Venciendo prejuicios de ciertos clérigos, a ellas encomendó la atención de heridos, tanto en el Hospital militar como en el campo de batalla, un acto de valor y de fe, que fue recompensado personalmente por el rey. Entre otras acciones, contribuyó a difundir entre las jóvenes la asociación de la Medalla Milagrosa, que reportó numerosas vocaciones y fue el detonante de 20 fundaciones. Fundó los centros caritativos «Misericordias», una red excepcional que se fue diversificando en distintos frentes: enfermerías, hospicios, asilos, escuelas, etc., todo ello para asistencia de los enfermos y de los necesitados. Estos centros emblemáticos se abrieron en distintos lugares.
En 1837 fue nombrado Visitador de la Provincia de la Alta Italia (antigua Lombardía), algo inusual dada su juventud, y ejerció esta misión admirablemente hasta la muerte. En 1865 fundó las Hermanas Nazarenas con un grupo de jóvenes que acudieron a él porque querían consagrar su vida a Dios. Les dio esta consigna: «¡Orad, obedeced y haceos santas!»,orientándolas a la asistencia de los enfermos a domicilio a tiempo completo. Tenían como modelo la Pasión de Jesús, devoción integrada en un cuarto voto. El beato fue un hombre bien relacionado y supo extraer de sus amistades frutos apostólicos. Íntimamente, y aunque mostraba gran fortaleza, tuvo que luchar contra el desánimo. Fue humilde y delicado, supo combinar sabiamente la comprensión con el rigor. En muchas ocasiones sufrió incomprensiones. Con su salud muy mermada, no logró ser relevado de su misión: «Encorvado bajo el peso de los años, sentado en un sillón, siempre mantenía el rostro suave y sonriente», se dijo de él en esa etapa de su vida. Y así llego a los 79 años, falleciendo el 10 de diciembre de 1880. Fue beatificado por Juan Pablo II el 20 de octubre de 2002.


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