En una visión San Juan vio un corderito
de pie.
En una visión San Juan vio un corderito de pie sobre la montaña Sión y con
él estaban cuarenta y cuatro[99],
que no eran terrestres ni tenían nombre de mujer. Eran todos vírgenes y se
hallaban lo más cerca del cordero, y adonde se dirigía el cordero, lo seguían y
cantaban todos una canción especial junto con el cordero y llevaban escritos en
la frente de su cabeza su nombre y el de su Padre (Cfr. Apocal. 14,1 a4).
Pues bien, dice Juan que vio un corderito de pie sobre la montaña.
Yo digo: Juan era, él mismo, la montaña sobre la cual vio al corderito, y quien
quiere ver al cordero divino tiene que ser, él mismo, la montaña y llegar a lo
más elevado y acendrado de su ser. En segundo lugar, si él dice que vio al
corderito sobre la montaña [resulta que]: cualquier cosa que está parada sobre
otra, toca con su parte más baja la más alta de la de abajo. Dios toca todas
las cosas, mas Él permanece intacto. Por encima de todas las cosas Dios es una
permanencia [instan] en Él mismo y su permanencia en sí mismo sostiene a todas
las criaturas. Todas las criaturas tienen una parte superior y otra inferior.
Esto no lo tiene Dios. Él se halla por encima de todas las cosas y nada lo toca
en ninguna parte. Cualquier criatura está buscando siempre fuera de sí, en las
otras, aquello que ella no tiene: Dios no procede así. Dios no busca nada fuera
de Él. Todo aquello que tienen todas las criaturas, lo tiene Él dentro de sí.
Él es el suelo [y] el anillo [=vínculo] de todas las criaturas. Bien es cierto
que una es anterior a otra o por lo menos que una nace de otra. Sin embargo,
ésta no le entrega su [propio] ser: retiene algo de lo suyo. [Mas] Dios es una
simple «permanencia», un «asentamiento» en sí mismo. De acuerdo con la nobleza
de su natura, toda criatura se brinda tanto más hacia fuera, cuanto más se
asienta en sí misma. Una piedra sencilla, por ejemplo, una toba, no da
testimonio de nada fuera de que es una piedra. Mas una piedra preciosa que
tiene gran fuerza a causa de su «permanencia», de su «asentamiento» en sí
misma, levanta al mismo tiempo la cabeza y mira en su derredor. Dicen los
maestros que ninguna criatura tiene tanto «asentamiento» en sí misma como lo
tienen el cuerpo y el alma, y eso que nada sale tanto de sí mismo como el alma
en su parte superior.
Ahora dice: «Vi el cordero de pie». De ello podemos sacar cuatro enseñanzas
buenas. Una: el cordero da comida y vestimenta y lo hace de muy buen grado,
esto debe estimular nuestra comprensión de que hemos recibido mucho de Dios y
que Él lo da con tanta bondad; nos ha de incitar a que no busquemos en todas
nuestras obras nada más que su loa y su gloria. Segundo: el corderito estaba de
pie. Nos hace muy bien cuando un amigo se halla de pie junto a su amigo. Dios
nos socorre y Él permanece de pie junto a nosotros[100],
siempre y sin moverse.
[98]Este sermón se conoce
por un solo manuscrito. Quint considera como posible, si bien no seguro, que se
trate del fragmento de un sermón que Eckhart habría pronunciado basándose en el
mismo texto del Apocalipsis que en el sermón XIII. En el manuscrito se atribuye
a «Fray eghart».
El título abreviado no figura en los textos de la
edición crítica. Véase nota 1 del Sermón XLVIII.
[99]El número equivocado se
habría originado quizás por la dificultad que significaba para el escriba
reproducir el número exacto de los 144.000 elegidos.
[100]Juego de palabras, que
no se puede reproducir en castellano, entre «stân» = «estar de pie,
encontrarse» y «bîstan» = «socorrer».
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