Surge illuminare iherusalem etc.
Esta palabra que acabo de pronunciar en latín, está escrita en la Epístola
que fue leída en la misa. El profeta Isaías dice: «Levántate Jerusalén y
elévate y llega a ser iluminada» (Is. 60, 1). En este [texto] deben captarse
tres significados. ¡Rogad a Dios por [que os dé su] gracia!
«Levántate Jerusalén y elévate y llega a ser iluminada». Los maestros y
los santos dicen por lo general que el alma tiene tres potencias en las
cuales se asemeja a la Trinidad. La primera potencia es la memoria, que
significa un saber secreto y escondido; ésta designa al Padre. La otra potencia
se llama inteligencia, ésta es una representación, un conocimiento, una
sabiduría. La tercera potencia se llama voluntad, [o sea] un flujo del Espíritu
Santo[102].
En esto no queremos detenernos porque no es un asunto nuevo.
«Levántate Jerusalén y llega a ser iluminada.» Otros maestros que
también dividen el alma en tres partes, dicen [lo siguiente]: A la potencia más
elevada la llaman potencia iracunda; la comparan con el Padre. Ella siempre
hace la guerra y [siente] ira hacia el mal. La ira enceguece al alma y el amor
subyuga a los sentidos (…)[103].
La primera potencia repercute en el hígado, la segunda en el corazón, la
tercera en el cerebro[104].
Dios lleva una guerra contra la naturaleza de modo que (…) la primera [potencia]
no descansa nunca hasta llegar a lo más elevado; si hubiera algo más elevado
que Dios, ella no querría a Dios. La otra no se contenta sino con lo mejor de
todo; si hubiera algo mejor que Dios, no querría a Dios. La tercera no se
contenta con nada que no sea bueno; si hubiera algo mejor que Dios, no querría
a Dios. Ella no descansa sino en un bien duradero en el cual se contienen todos
los bienes de modo que en él constituyen uno solo[105].
Dios mismo no descansa allí donde Él es el comienzo de todo ser; descansa allí
donde Él es fin y comienzo de todo ser.
«Jerusalén» significa lo mismo que una altura[106],
según dije en [el convento de] Mergarden[107].
A aquello que está en lo alto se le dice: ¡Desciende! A aquello que está abajo,
se le dice: ¡Asciende! Si tú estuvieras abajo y yo estuviese por encima de ti,
tendría que bajar hacia ti. Lo mismo hace Dios; cuando tú te humillas, Dios
baja desde arriba y entra en ti. La tierra es la cosa más alejada del cielo y
se ha acurrucado en un rincón y está avergonzada y le gustaría huir del hermoso
cielo, de un rincón a otro. ¿Cuál sería entonces su morada? Si huye hacia
abajo, llega al cielo, si huye hacia arriba, tampoco lo puede eludir, él la
empuja hacia un rincón y le imprime su fuerza y la hace fecunda. ¿Por qué? Lo
más elevado desemboca en lo más bajo. Una estrella que se halla por encima del
sol, es el astro más elevado; éste es más noble que el sol: derrama [su luz] en
el sol y lo alumbra, y toda la luz que tiene el sol, la ha recibido de ese
astro. ¿Qué significa, pues, el que el sol no brille tanto de noche como de
día? Significa que el sol por sí solo no es fuerte; el que haya una cierta
deficiencia en el sol, lo percibís por el hecho de que está oscuro en un
extremo, y de noche la luna y las estrellas le quitan su luz, y lo empujan
hacia otra parte; entonces brilla en otra parte, en otro país. Aquel astro [más
elevado] derrama [su luz] no sólo en el sol sino que [ésta] atraviesa el sol y
todos los astros y se derrama en la tierra fecundizándola7a.
Exactamente lo mismo sucede con el hombre verdaderamente humilde que ha echado
por debajo de sí todas las criaturas y se acurruca por debajo de Dios. Dios en
su bondad no deja de derramarse por completo en semejante hombre; es obligado a
hacerlo necesariamente. Si quieres, pues, ser elevado y levantado, tienes que
ser rebajado, [lejos] de la corriente de la sangre y de la carne, porque la
soberbia escondida [y] disimulada es la raíz de todos los pecados y máculas y
la siguen sólo pena y dolor. La humildad, en cambio, es raíz de todo lo bueno
[…] y lo sigue[108].
Dije en París, en el colegio [=la universidad], que todas las cosas serán
concluidas en el hombre verdaderamente humilde. El sol [en la comparación
anterior] corresponde a Dios: lo más elevado en su divinidad sin fondo,
corresponde a lo más bajo en la profundidad de la humildad. El hombre
verdaderamente humilde no tiene necesidad de rogar a Dios, puede mandar a Dios,
porque la altura de la divinidad no pone sus miras sino en la hondura de la
humildad, según dije en [el convento de] los Macabeos[109].
El hombre humilde y Dios son uno; el hombre humilde tiene tanto poder sobre
Dios como sobre sí mismo, y todo cuanto hay en todos los ángeles, le pertenece
a este hombre humilde; lo que obra Dios, lo obra el hombre humilde, y él es lo
que es Dios: una sola vida y un solo ser; y por ello dijo Nuestro querido
Señor: «Aprended de mí, porque yo soy manso y humilde de corazón» (Mateo 11,
29).
Si un hombre fuera verdaderamente humilde, Dios, o tendría que perder toda
su divinidad y despojarse del todo de ella, o tendría que verterse y esparcirse
totalmente en el hombre. Anoche pensé que la majestad de Dios depende de mi
humildad; en donde yo me rebajara Dios sería enaltecido. Jerusalén será
iluminada, dicen la Escritura y el profeta (Isaías 60, 1). Mas yo
pensé anoche que Dios debería ser des-enaltecido, no en forma absoluta sino
interiormente, y esto [=este des-enaltecimiento mediante la interiorización]
significa un «Dios des-enaltecido», lo cual me gustaba tanto que lo anoté en mi
libreta. Significa pues, un «Dios des-enaltecido», no en forma absoluta sino
interiormente para que nosotros fuéramos enaltecidos. Lo que estaba arriba, se
convirtió en interno. Tú has de interiorizarte [y eso] por ti mismo en ti mismo
para que Él more dentro de ti. No [ha de ser] que tomemos algo de aquello que
está por encima de nosotros, debemos tomarlo en nuestro fuero íntimo y debemos
tomarlo de nosotros en nosotros[110].
Dice San Juan: «A quienes lo recibieron, les dio poder de llegar a
ser hijos de Dios. Quienes son hijos de Dios traen su origen ni de la carne ni
de la sangre: han nacido de Dios» (Juan 1, 12 ss.), no hacia fuera, sino hacia
dentro. Dijo Nuestra querida Señora: «¿Cómo podrá ser que llegue a ser madre de
Dios?» Entonces dijo el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti» (Cfr.
Lucas 1, 34 ss.). Dijo David: «Hoy te he engendrado» (Salmo 2, 7). ¿Qué
es hoy? [La] eternidad. Yo he engendrado eternamente, a mí [como] tú, y a ti
[como] yo. Sin embargo, el hombre humilde [y] noble no se contenta con ser el
hijo unigénito, engendrado eternamente por el Padre: quiere ser también Padre y
adentrarse en la misma igualdad de la paternidad eterna y engendrar a Aquel de
quien fui engendrado desde la eternidad. Según dije en [el convento de]
Mergarden: Ahí Dios entra en lo suyo. Entrégate a Dios, entonces Dios llega a
ser tuyo, tanto como se pertenece a sí mismo. Aquello que me es engendrado,
permanece. Dios nunca se separa del hombre dondequiera que éste se dirija. El
hombre puede separarse de Dios; por más que el hombre se aleje de Dios, Él se
mantiene firme y lo espera y se le cruza en el camino antes de que él lo sepa.
Si quieres que Dios sea tuyo debes ser suyo como [lo son para mí] mi lengua o
mi mano, de modo que yo pueda hacer con [lo mío] lo que quiera. Así como yo no
puedo hacer nada sin Él, Él tampoco puede obrar nada sin mí. Si quieres, pues,
que Dios te pertenezca de tal manera, hazte propiedad de Él y no retengas en tu
intención nada fuera de Él; entonces Él será el comienzo y el fin de todas tus
obras así como su divinidad consiste en que es Dios. El hombre que de tal modo
no pretende ni ama en sus obras nada que no sea Dios, a aquél Dios le da su
divinidad. Todo cuanto obra el hombre (…) [lo obra Dios] pues mi humildad le
otorga a Dios su divinidad. «La luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas
no la han comprendido» (Juan 1, 5); esto quiere decir que Dios es no sólo el
comienzo de nuestras obras y de nuestro ser, sino que es también el fin y el
descanso para todo ser.
[101]Quint señala (tomo I p.
227 ss.) que este sermón es indudablemente auténtico, pero que el texto
conservado resulta bastante cuestionable. Parece desordenado, y una parte se
habría perdido. Supone (tomo I p. 372) que el sermón fue pronunciado en el
convento de las monjas benedictinas de Los Santos Macabeos en, Colonia.
Encabezamiento: «Para el día de los Tres Reyes Magos».
[102]Se trata de la fórmula
agustiniana de la Trinidad.
[103]Texto corrupto. Cfr.
Quint t. I p. 231 n. 5. El editor opina que detrás de «syne» = «sentidos»
se debe suponer una laguna.
[104]Esta ubicación de los
sentidos interiores en los diferentes órganos condice con la doctrina de
Galenio.
[105]A partir de «Dios lleva
una guerra» se trataría, probablemente, de un texto corrupto.
[106]En otras oportunidades
Eckhart dice que «Jerusalén» significa «paz».
[107]Posiblemente, forma
alterada que debería decir: de Los Santos Macabeos (en Colonia). Cfr. Quint
tomo I p. 372.
7aQuint anota (t. I p.
234) que no se sabe de dónde saca Eckhart la teoría del astro por encima del
sol. Acaso sería posible remitir a Empédocles «quien enseña que el sol, en
cuanto a su substancia, no es un fuego sino sólo el reflejo de un fuego».
[108]El texto parece
incompleto.
[109]En el original «sent
merueren» que posiblemente corresponde al convento de Los Macabeos (San Maviren
y grafías parecidas).
[110]Para la interpretación
de esta idea véase lo dicho por Quint (t. I p. 237 s. nota 3), quien llega a la
conclusión de que «este desenaltecimiento de Dios no se debe interpretar
como un absoluto tirar hacia abajo y rebajar o disminuir a Dios, sino como superación
de la distancia y trascendencia de Él mediante su «interiorización, su
inmanencia en el alma, por lo cual ella misma es enaltecida y llega a la unión
con Dios inmanente».
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