lunes, 20 de julio de 2015

San Andrés de Constantinopla - Santa Liberata - Santa Margarita Pisidia - SANTOS LEÓN IGNACIO MANGIN, sacerdote, MARIA ZHU WU y sus compañeros 20072015


San Andrés de Constantinopla

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San Andrés «in Crisi» o «Calibita», monje mártir
En Constantinopla, san Andrés, llamado «in Crisi» o «Calibita», monje y mártir, el cual, nacido en la isla de Creta, por defender el culto de las santas imágenes, en tiempo del emperador Constantino Coprónimo fue flagelado, torturado hasta la muerte y arrojado desde lo alto de la muralla.
San Andrés era cretense; sin embargo, para distinguir a este mártir del otro san Andrés de Creta, obispo muerto unos veinticinco años antes, se le llama «el Calibita» o «in Crisi», por el sitio donde fue sepultado. Cuando el emperador Constantino V Coprónimo desató la campaña contra las sagradas imágenes, san Andrés se transladó a Constantinopla para participar en la lucha. En cierta ocasión en que el propio emperador asistió en persona a la tortura de unos cristianos, san Andrés protestó violentamente en público; en seguida fue llevado a la presencia del emperador, quien le acusó de idólatra. san Andrés, por su parte, calificó a Constantino de hereje. Al punto, los presentes se arrojaron sobre él y le golpearon. Cuando los guardias le conducían, cubierto de sangre, a la prisión, Andrés gritó todavía al emperador «¡Ved cuán poco podéis contra la fe!» al día siguiente, defendió de nuevo el culto a las sagradas imágenes ante el emperador, quien le mandó azotar otra vez y recorrer las calles de la ciudad para escarmiento público. Un fanático iconoclasta aprovechó la ocasión para apuñalar al mártir, quien falleció en la Plaza del Buey. Su cadáver fue a rrojado a una cloaca; pero los cristianos lo rescataron y le dieron sepultura en un sitio próximo, llamado Krisis, donde se construyó más tarde el monasterio de San Andrés.

La afirmación de Teófanes el Confesor de que San Andrés había sido anacoreta parece ser errónea. Existen dos versiones de las actas, aparentemente independientes entre sí; ambas se hallan en Acta Sanctorum, oct., vol. VIII. Véase también J. Pargoire, en Echos D'Orient vol. XIII (1910), pp. 84-86.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


Santa Liberata

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Santa Liberata
Su vida esta mezclada entre la realidad y la leyenda. Nació en Balcagia, la actual Baiona de Pontevedra en Galicia (España), por el año 119, siendo hija de Lucio Castelio Severo, gobernador romano de Gallaecia y Lusitania y de su esposa Calsia. Mientras su marido esta fuera recorriendo sus dominios Calsia da a luz en un solo parto a nueve niñas,  y asustada  por el múltiple alumbramiento y temiendo ser repudiada por infidelidad conyugal decide deshacerse de las criaturas y se las encomienda a su fiel servidora Sila, ordenándole que bajo el mayor secreteo las ahogara en el río Miñor.
Sila, cristiana a carta cabal, lejos de cometer tan horrible crimen, las  dejaría en casa de familias amigas y las criaturas fueron bautizadas por el obispo San Ovidio y criadas en la fe cristiana.
Llegado el momento tuvieron que comparecer ante su propio padre acusadas de ser  cristianas, el cual al saber que eran sus hijas las invita a que renuncien a Cristo a cambio de poder vivir rodeadas de los lujos y comodidades propias de su nacimiento. Las encarcela tratando de atemorizarlas pero logran huir de las garras de la cárcel y se dispersaron.
Todas ellas, no obstante acabarían siendo mártires cristianas. La devoción       popular sitúa a Liberata y a Marina (hermanas) mártires en la cruz a la edad de 20 años el 18 de enero del 139. La fiesta de Santa Liberata se celebra el 20 de julio por ser la fecha en que se trasladaron sus reliquias desde la ciudad de Sigüenza a  la Baiona gallega en el año 1515. La fiesta de Santa Marina se celebra el 18 de julio.





Oremos

Tú, Señor, que todos los años nos alegra con la fiesta de Santa Liberata, concede a los que estamos celebrando su memoria imitar también los ejemplos de su vida santa. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



Oración a Santa Marina y Santa Liberata

Señor todopoderoso y eterno, que nos ha dado como ejemplo para imitar la vida de las Santas Marina y Liberata, concédenos también que su valiosa intercesión venga siempre en nuestra ayuda. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo. 



Santa Margarita Pisidia

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Santa Margarita
La gloriosa virgen y mártir santa Margarita, que los griegos y algunos autores llaman Marina, fue natural de la ciudad de Antioquía de Pisidia, e hija de  un famoso sacerdote de los dioses, llamado Edisio.
Crióla una buena mujer, la cual le infundió con la leche la fe cristiana y la educó en santas costumbres. Enternecíase sobremanera cuando oía decir los suplicios con que los santos mártires eran despedazados, y la constancia y fortaleza con que los padecían; y veníale gran deseo de imitarlos y de morir como ellos por Jesucristo.
Por esta causa era aborrecida y maltratada por su padre idólatra y sacerdote de los ídolos, el cual llevó su inhumanidad hasta el extremo de acusarla y de ponerla en manos del impío presidente Olibrio. Habíase enamorado este tirano de la belleza de Margarita, y no pudiendo atraerla a su voluntad con astucia ni con fuerza, trocó todo el amor en odio, y quiso vengarse de ella con tormentos.
Mandóla tender en el suelo y azotar cruelísimamente, hasta que de su delicado cuerpo saliesen arroyos de sangre, lo cual, aunque hizo derramar lágrimas de pura lástima al pueblo que estaba presente, no ablandó el pecho de la santa virgen, que parecía no sentir aquellos despiadados azotes, como si no descargaran sobre ella.
Lleváronla después arrastrando a la cárcel, donde rogando la santa con gran devoción al Señor que le diese fortaleza y perseverancia hasta el fin, oyó un escalofriante ruido, y vio al demonio en figura de un dragón terrible que con silbidos y un olor intolerable se llegó a ella como queriéndola tragar.
Mas la cristiana virgen, armándose con la señal de la cruz, le ahuyentó, y luego aquel oscuro calabozo resplandeció con una luz clarísima y divina, y se oyó una voz que dijo: Margarita, sierva de Dios, alérate, porque has vencido. Al día siguiente la mandó el juez comparecer delante de sí y con grande asombro observó que estaba sana de sus heridas, y llamándola hechicera, la mandó desnudar y con hachas encendidas abrasar los pechos y costados.
Después ordenó que trajesen una gran tina de agua, y que echasen en ella a la santa virgen atada, de suerte que sin poderse menear se ahogase. Y cuando la sumergían en el agua, bajó una claridad grandísima, y una paloma que se asentó sobre la cabeza de la santa. Por este milagro se convirtieron muchos de los que estaban presentes, en los cuales el presiente ejercitó su crueldad, dando sentencia que así ellos como la santa fuesen degollados.
Al tiempo que el verdugo estaba con la espada en la mano para ejecutar la sentencia, tembló la tierra con súbito terremoto, y animando la misma santa al verdugo, fue degollada y recibió de mano de su amorosísimo y celestial Esposo la corona doblada de su virginidad y martirio.





Oremos

Suplicámoste, Señor, que nos alcances el perdón de nuestros pecados por la intercesión de la bienaventurada virgen y mártir Margarita, que tanto te agradó por el mérito de su castidad y por la manifestación de tu soberana fortaleza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




San Léon Mangin

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SANTOS LEÓN IGNACIO MANGIN, sacerdote, MARIA ZHU WU y sus compañeros, mártires 

Se celebra en este día la memoria de un gran número de mártires que en diversas 
épocas y regiones de China testimoniaron a Cristo con su sangre. Entre ellos 
cuatro sacerdotes franceses de la Compañía de Jesús, que sufrieron el martirio en 
la misión de China entre el 19 y el 20 de julio de 1900. Son León Ignacio Mangin 
(*1857), Modesto Andlauer (*1847), Pablo Denn (*1847) y Remigio Isoré 
(*1857). Junto con ellos fueron martirizados María Zhu Wu, y numerosos 
cristianos chinos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, que habían abrazado la 
fe en Cristo por el trabajo evangelizador de los jesuitas. En el momento de su 
martirio se encontraban en la iglesia junto con sus misioneros. Fueron beatificados 
por Pío XII en 1955, y canonizados junto con Agustín Zhao Rong y 119 
compañeros, por Juan Pablo II, el 1º de octubre de 2000.

León Ignacio Mangin, el último de una familia de once hijos, nació el 31 de julio de 1857 en Verny, cabecera del cantón al sur de Metz, en donde su padre ejerció por seis años las funciones de juez de paz. Hizo sus estudios elementales en el internado dirigido por los Hermanos de las Escuelas Cristianas, en Beauregard, cerca de Thionville. En 1867, su padre fue trasladado a Sedán y el niño fue puesto en el colegio de Saint-Clement de Metz, dirigido por los jesuitas. Pero éstos fueron expulsados por los alemanes en 1872, y León Ignacio los siguió y pasó tres años en el colegio de Amiens, donde se habían refugiado. Por su dinamismo y alegría, era muy querido de sus compañeros, los que no se sorprendieron poco, cuando el 5 de noviembre de 1875, vieron que ingresaba al noviciado de los jesuitas en Saint-Acheul, cerca de Amiens, aquel muchacho a quien creían tan casquivano como ellos mismos. Sus dos años de noviciado y sus cuatro de estudios literarios y filosóficos en Lovaina pasaron sin mayores peripecias. El 2 de noviembre de 1881, fue nombrado profesor para sexto grado en el colegio de Saint Gervais en Lieja. Durante algún tiempo, se preocupó por las misiones, pero tanto le interesaron sus clases, que no volvió a pensar en otra cosa, sino hasta junio de 1882, cuando su provincial le propuso, inesperadamente, enviarlo a China. Un tanto desconcertado al principio, aceptó y, después de haber pasado quince días con su familia, se embarcó para Marsella, el 17 de septiembre de 1882. Llegó a Tsien-Tsin seis semanas más tarde.
Durante cuatro años, estudió la teología y la lengua china. Fue ordenado sacerdote el 31 de julio de 1886, el día que cumplió 29 años. Su primer puesto fue el distrito de Kou-Tcheng, en la misión de Tche-Li. Se reveló como un buen administrador y organizador calmado y firme; poseía además una alegría comunicativa. Después de tres años, en 1890, lo trasladaron al sector de Ho-Kien-Fou en calidad de ministro. Este cargo le imponía el cuidado de velar por los intereses de 20.000 cristianos del distrito. Él los defendía ante las autoridades civiles y aun éstas, a pesar de su paganismo, no tardaron en apreciar su amabilidad y su destreza. Lamentaba un tanto el verse completamente absorbido por los cuidados de administración porque casi no disponía de tiempo para el cuidado de las almas, pero aceptaba esta situación porque, por ningún motivo, se hubiese permitido transgredir los mandatos de la obediencia. Se alegró muchísimo cuando, al final de 1897, le encargaron la sección de King-Tcheou, que comprendía esa cristianidad y la de Tchou-Kia-Ho. Esta última tuvo que ser fortificada en vista de los malos tiempos que se avecinaban. Cuando se enteró de la muerte de sus dos compañeros, el padre Mangín se refugió en Tchou-Kia-Ho, junto con un hermano suyo en religión, el padre Pablo Denn, sacerdote de la Compañía de Jesús nacido en Lila, el 1° de abril de 1847.
Tchou-Kia-Ho se convirtió muy pronto en un asilo para 3.000 cristianos. El padre Mangín sabía que el norte de su distrito ya había sido atacado, pero no imaginaba que su ciudad no tardaría en serlo también. Los boxers aparecieron el 14 de julio, pero se los hizo retroceder. Los ataques que emprendieron durante los tres días siguientes, resultaron en otras tantas derrotas para ellos. Pero el 20 de julio, regresaron apoyados por las tropas regulares y, hacia las siete de la mañana, vencieron la defensa y entraron en la ciudad, en donde mataron a todos los transeúntes que encontraron al paso. Más de mil personas se habían refugiado en la iglesia; el padre Mangín y el padre Denn se colocaron ante el altar para dar valor y reconfortar a sus ovejas aterrorizadas. Los boxers llegaron, abrieron a empellones la puerta de la iglesia, pero no entraron, sino que, desde fuera vociferaron: «A todos los que salgan se les perdonará la vida». El padre Mangín, que no quería ver a su grey dispersada, alzó el crucifijo y habló a sus fieles: «Quedémonos aquí», les dijo, «¿qué importa si es ahora o después? Tarde o temprano nos veremos todos en el cielo». El padre Denn avanzó entre los fieles mientras recitaba el Confiteor y después el acto de contrición. El padre Mangín dio a todos la absolución general. Los boxers impacientes por la tardanza, comenzaron a hacer disparos al aire. Después abrieron el fuego contra los cristianos que se hallaban en el interior de la iglesia.
María Tchou-Ou-Cheu trató de defender con su cuerpo al padre Mangín y cayó herida. El padre Denn, alcanzado por las balas, se arrodilló ante el padre Mangín, para recibir la última absolución, segundos antes de que una descarga le abriese el pecho. Mientras tanto, los boxers habían prendido fuego al techo de esteras y cañas de la iglesia, por donde las llamas se extendieron rápidamente. La sotana del padre Mangín comenzaba a arder cuando una descarga lo hizo caer muerto al pie del altar. Al medio día, el techo de la iglesia se había desplomado sobre los cristianos ya muertos, y el fuego acabó de consumir sus cuerpos. 
A este grupo de mártires anónimos hay que añadir todos aquéllos a quienes los boxers encontraron en las calles, en las casas o en los alrededores. El proceso de beatificación enumera cincuenta y seis nombres de las personas sobre quienes algunos testigos pudieron transmitir detalles. Este mismo día se celebran, aunque en entradas separadas del martirologio, otros santos de la misma ocasión: san Pedro Zhou Rixinsanta María Fu Guilinsantas María Zhao Gouzhi, Rosa Zhao y María Zhao, y san Xi Guizi.
La información del conjunto y una muy breve (poco más que lo que dice el elogio del Martirologio Romano) puede leerse en el decreto de beatificación, Acta Apostolica Sedis, 47 (1955), pág 381 a 388.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI





Oh Dios, que, mediante el testimonio 

de los santos mártires León Ignacio, María Zhu Wu y compañeros, 

fortaleciste a tu Iglesia con admirable largueza, 

concede a tu pueblo 

que se mantenga fiel a la misión que le encomendaste, 

obtenga los beneficios de la libertad, 

y dé testimonio de la verdad en medio del mundo. 

Por nuestro Señor

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