lunes, 20 de julio de 2015

San Vulmaro de Boulogne - San Pablo de Córdoba - Beato Bernardo de Hildesheim - Santos Magdalena Yi Yong-hui y siete compañeros 20072015


San Vulmaro de Boulogne

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San Vulmaro, abad y presbítero
En la región de Boulogne, en la Galia, san Vulmaro, presbítero, que, siendo humilde pastor, interesado en instruirse adquirió una buena formación y fue ordenado sacerdote, tras lo cual se retiró en un eremo siguiendo las costumbres de los antiguos padres, y finalmente, en Hautmont, en el Hainaut, en los bosques de su patria, fundó dos monasterios, uno de monjes y otro de vírgenes.
San Vulmaro, a quien el Martirologio Romano anterior calificaba de «hombre de santidad extraordinaria», nació en el distrito de Boulogne, en Picardía. Habiendo sido separado por la fuerza de su esposa, ingresó en la abadía de Hautmont de Hainaut, donde sus superiores le emplearon en cuidar el ganado y proveer de leña al monasterio. Vulmaro se distinguía por su eminente espíritu de oración. Recibió las sagradas órdenes y, con el permiso de sus superiores, se retiró durante varios años a una ermita de las cercanías de Monte Cassel. Después fundó, cerca de Calais, la abadía de Samer (corrupción del nombre de san Vulmaro), que existió hasta la Revolución Francesa. Fundó también un convento de religiosas en Wierre-aux-Bois, a dos kilómetros de su abadía. El monarca inglés de los sajones occidentales, Caedwalla, pasó por la abadía el año 688, de camino a Roma para recibir el bautismo, e hizo cuantiosos donativos al santo para que llevase adelante la fundación. Dios glorificó con milagros a su siervo Vulmaro. Sus reliquias fueron trasladadas a Boulogne y de ahí a la abadía de San Pedro en Gante. El santo es popular en Países Bajos.

Debe notarse que el Martirologio actual recoge en su elogio fundamentalmente los mismos hechos pero en otro orden completamente distinto: el matrimonio no figura, es primero pastor, luego clérigo, luego ermitaño, y luego abad, fundador en Hautmont, en vez de marido - monje - pastor - clérigo - ermitaño - abad. Posiblemente se han quitado las dos primeras no por ninguna nueva investigación histórica sino por racionalizar un poco más la leyenda (N.ETF).

La biografía que se conserva no es de gran valor; puede verse en Mabillon y en Acta Sanctorum, julio, vol. V. Ciertamente no fue escrita antes de mediados del siglo IX. Cf. Van der Essen, Etude critique sur les Vitae des saints mérovingiens (1907), pp. 412-414. Imagen de san Vulmaro de hacia el 1500 en la iglesia de San Wadrille, en Francia.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



San Pablo de Córdoba

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San Pablo de Córdoba, diácono y mártir
En Córdoba, ciudad de la región hispánica de Andalucía, san Pablo, diácono y mártir, que, aleccionado con el ejemplo y la palabra de san Sisenando, no temió reprochar a los príncipes y dignatarios sarracenos la falsedad de su culto, y fue muerto por haber confesando a Cristo como verdadero Dios.
Uno de los gloriosos defensores de la religión cristiana, que arrebató de este mundo la cruel persecución que suscitaron los moros en Córdoba al mediados del siglo IX, fue san Pablo, natural de la misma Ciudad: joven ilustre, de talle airoso , y de una hermosura corporal extraordinaria, vivo retrato de la que ilustraba su alma. No se dejó llevar en sus primeros años de aquellas vanas esperanzas con que le lisonjeaba la fortuna. Inspiróle su virtud dictámenes muy contrarios; pues considerando el fin caduco de todos los bienes de la tierra, quiso conseguir los eternos, y para aprender el verdadero camino que conduce al hombre a la patria celestial, empleó su juventud en el estudio de las letras divinas, y de las laudables costumbres que se enseñaban en la Iglesia de San Zoilo, donde en ambos ramos se instruían los hijos de los cristianos por los mas hábiles preceptores, en la desgraciada época que se hallaba Córdoba bajo el tirano yugo de los africanos.

Hizo Pablo grandes progresos en las ciencias, y dedicado al estado eclesiástico, recibió el sagrado orden de diácono, en el que se distinguió por la sencillez de su corazón, por la integridad de su fe, y por el testimonio de su buena conciencia: y como estaba armado con el escudo de la caridad, no pudo separarle de Jesu-Cristo ni la tribulación, ni la espada, ni aun la misma muerte. En todo tiempo y en todas ocasiones daba Pablo pruebas auténticas de su ardiente caridad para con todos los pobres necesitados, y con especialidad para con los fieles que se hallaban en las cárceles próximos a ser víctimas del furor de los árabes, no por otra causa, que la de declamar justamente contra los crasos errores y contra las ridículas patrañas de la Ley de Mahoma. Servíalos con indecible piedad, cuidaba de asistirlos en todas sus necesidades, mostrábales compasión en los trabajos, y aliviaba sus males con sus saludables exhortaciones. San Eulogio, que escribió las Actas de este ilustre joven, engrandece su bondad, su candidez, su suavidad, y su ardorosa caridad, por lo que se hizo amable de todos. Pero como Dios le tenia escogido para sí, le trasladó del destierro de esta vida en lo mas florido de sus años.

Contribuyó mucho para excitar a Pablo a la heroica generosidad con que se ofreció al martirio, la amistad que profesaba con san Sisenando, que dio pruebas de la firmeza de su fe en el día 16 de julio , teniendo en él no solo ejemplo, sino despertador para su glorioso triunfo: habiéndolo convidado, cuando estaba próximo a padecer, a que lograse la misma dicha a que aspiraba. Presenció el ilustre diácono el valor con que hizo frente Sisenando a los enemigos de la fe, la fortaleza con que confesó a Jesu-Cristo por verdadero Dios ante el Tribunal de los jueces árabes, la generosidad con que condenó por hombre falso y engañador al que los moros tenían por verdadero Profeta, y la constancia con que perseveró en la defensa de la religión cristiana hasta derramar su sangre, y encendido en vivísimos deseos de imitar a aquel héroe, se presentó al juez agareno, y no satisfecho con haber confesado la divinidad de Jesu-Cristo, declamó con no menor brío que su amigo Sisenando contra los necios delirios del Corán. Irritó al juez una acción tan generosa, de suerte que, no pudiendo contener la indignación dentro del pecho, mandó que lo degollasen inmediatamente. Ejecutóse la inicua providencia en el día 20 de julio del año 851, y habiendo dejado los moros el venerable cadáver delante del Alcázar, recogido por los cristianos, le dieron sepultura en la Iglesia de San Zoilo, donde tuvo el oficio de diácono.

Cuando entró Pablo en la cárcel, se hallaba en ella un sacerdote natural de Beja, a quien por un falso crimen tuvieron los moros en una oscura mazmorra el dilatado tiempo de veinte años, después de los cuales le pusieron en la prisión común de los malhechores. Entró el presbítero en el calabozo en lo mas florido de su edad, pero salió lleno de canas, a fuerza de los trabajos e infelicidades que le hicieron padecer los bárbaros. Vio a Pablo cercano á su glorioso triunfo, y le rogó, que cuando estuviese en la visión beatífica, intercediese con Dios para que le libertase de las pesadas prisiones que sufría inocente tantos años. Ofreciólo así el insigne diácono compadecido de sus miserias; y no olvidándose de su palabra, a pocos días después de su martirio consiguió el sacerdote la apetecida libertad, por lo que dio al Señor, y al ilustre mártir, las gracias correspondientes.

Al igual que para santa Áurea, hemos tomado este texto del «Suplemento á la última edicion del Año Christiano», del P. Juan Croisset, S.J. (Juan de Croiset, dice la portadilla), en redacción correspondiente de D. Juan Julián Caparrós, tomo II, pág 128 a 130, edición de 1797, afortunadamente puesta a disposición, en un escaneo de muy buena calidad, por Google Libros. He corregido parte de la gramática del texto, para evitar mayores dificultades en la lectura, sin embargo, me ha parecido adecuado respetar algo del sabor antiguo de la redacción, que es gran parte del atractivo de las páginas del Croisset.
La fuente única para éste, como para la inmensa mayoría de los «mártires de Córdoba», es el «Memoriale Sanctorum» de san Eulogio de Córdoba; en este caso la historia está en el libro II, cap VI, es decir, inmediatamente a continuación de san Sisenando, de donde el P. Caparrós recoge lo sustancial de la historia. El texto de Eulogio puede verse, en latín, en una edición facsimilar muy legible, en el proyecto Cervantes Virtual.
fuente: P. Juan Croisset, SJ


Beato Bernardo de Hildesheim

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En Hildesheim, ciudad de Sajonia, en Germania, beato Bernardo, obispo, que, pese a ser ciego, rigió en paz su Iglesia durante veintitrés años.



San Magdalena Yi Yong-hui

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Santos Magdalena Yi Yong-hui y siete compañeros, mártires
En la ciudad de Seúl, en Corea, santas Magdalena Yi Yong-hui, Teresa Yi Mae-im, Marta Kim Song-im, Lucía Kim, Rosa Kim y Ana Kim Chang-gum, María Won Kwi-im, virgen, y san Juan Bautista Yi Kwangnyol, todos ellos mártires.
En el lugar de Seúl llamado Pequeña Puerta del Oeste fueron decapitados el 20 de julio de 1839 ocho cristianos, siete mujeres y un varón, que prefirieron perder la vida antes que abandonar la fe de Cristo, que profesaban de corazön y que confesaron con sus labios sin miedo a las represalias. Todos estos santos fueron canonizados el 6 de mayo de 1984 por el papa Juan Pablo II en Seúl. Estos son sus datos:

Magdalena Yi Yong-Hui había nacido en Pongchon, Seúl, el año 1809. Era hija de la también mártir santa Magdalena Kye-im. Educada cristianamente, ella y su hermana mayor decidieron guardar virginidad para servir con mayor libertad al
Señor. Pero cuando su padre quería a todo trance casarla, decidió irse a Haktari, en Hanyang, la capital. El día antes de cumplir los diecisiete años le reveló a una criada su propósito de marcharse. Tomó un hatillo de ropas y, acompañada por la criada, salieron al día siguiente para la capital siguiendo a su padre que ese día iba allí. Llegó a casa de su tía Teresa, le contó su historia y la tía le permitió quedarse y vivir tranquilamente allí. Como ella dejó en la cercanía de la casa ropa ensangrentada pensaron que algún animal la había atacado y el padre al saberlo volvió urgentemente a casa. Supo el padre que Magdalena rehusaba casarse con el novio que él la había buscado y pensó que él era el responsable de la muerte de su hija. Tres meses más tarde la tía mandó a la madre de Magdalena un recado secreto tranquilizándola respecto a su hija y diciéndole que se encontraba a salvo en su casa. La madre, hasta entonces hundida por la pena, respiró, y el padre al ver la mutación de su esposa empezó a sospechar. La madre le contó la verdad y él fue a la capital a asegurar a su hija que podía seguir su propio camino. Luego de estar un tiempo con su tía, Magdalena pasó por otras casas y finalmente, por intervención de un sacerdote, pudo poner su propia casa. Cuando su hermana Bárbara quedó viuda, se fue a vivir con ella y compartieron ambas la vida durante años, y recibían la visita de su madre en Navidad y Pascua. Llegada la persecución de abril de 1839, Magdalena fue una de las cristianas que se decidieron a ofrecerse espontáneamente a las autoridades y así se presentaron como cristianas a los soldados que buscaban a Agustín Yi Kwang-hon. No las tomaron en serio y las mujeres persistieron, y como prueba les enseñaron sus rosarios. Entonces los soldados las llevaron a la cárcel. Al día siguiente fueron interrogadas e invitadas a renunciar al cristianismo. Ellas contestaron que no traicionarían al Señor aunque les costase la vida. Las autoridades estaban perplejas y las interrogaron un día tras otro comprobando la convicción con que se confesaban cristianas. Los guardias las golpearon en las rodillas pero las mártires se mantuvieron firmes. Les pegaron aún más fuerte pero sin resultado. La sangre caía desde las heridas al suelo.

Había otros muchos presos cristianos en la cárcel y se declaró una epidemia de tifus. Faltaba agua y alimentos y la situación se hizo muy dura. Empezaron las apostasías. San Pedro Maubant, el misionero francés que había ido a Corea luego de tanto tiempo de ser solicitados misioneros, animaba a los presos diciéndoles que si morían de miseria en la cárcel, ello no era menor martirio que morir a espada. Por fin las espontáneas confesoras de la fe fueron llevadas ante el Ministro de Justicia, ante el que repitieron su confesión de fe y su negativa a apostatar. Como consecuencia, en el día señalado Magdalena junto con sus compañeras fue decapitada.

Teresa Yi Mae-Im había nacido en 1788 en Pongcheon, Seúl. Era tía de la mártir anterior. Se había casado con un hombre no católico pero se quedó viuda con sólo 20 años. Volvió a la casa paterna y entonces tuvo lugar su encuentro con una persona católica que la llevó a la Iglesia. Una vez bautizada, hacía propaganda cristiana entre sus familiares y amigos. Cuando Magdalena, su sobrina, como queda dicho, huyó de su casa, ella la recibió en la suya. Fue una de las que se presentaron espontáneamente a los soldados, padeciendo interrogatorios, tortura, cárcel y finalmente decapitación.

Marta Kim Song-Im nació en Pupyong, provincia de Kyonggi, el año 1787, y antes de ser cristiana estuvo casada dos veces. La primera vez con un hombre con el que no era posible llevarse bien por el carácter irascible del mismo, tanto que ella optó por separarse. Simplemente se marchó de casa y se fue a vivir a Han-yang. Aquí se unió a un ciego que se ganaba la vida echando las cartas y con él contrajo matrimonio y vivió muchos años. Tendría unos cincuenta años cuando, mediante un vecino católico, conoció el cristianismo. Murió el marido ciego, con quien la vida tampoco había sido fácil, y entonces comenzó a ganarse la vida trabajando como criada doméstica y lo hizo en varias casas católicas. Pudo así conocer el cristianismo más de cerca y comenzó a admitir en su corazón la fe y a valorar desde ella los sucesos de su vida pasada. Conoció por entonces a Teresa Yi Mae-im, la mártir anterior. Llegada a la fe y bautizada, residía con Teresa y fue una de las que espontáneamente confesaron su cristianismo, siendo apresada, torturada y condenada a decapitación.

Lucia Kim había nacido en Kangchon, Seúl, el año 1818 en el seno de una familia aristocrática. La familia ya se había mudado a Kongdok cuando murió su padre, que dejaba quince hijos, siendo Lucía la más pequeña. Su madre estaba todavía muy impactada por la muerte del esposo cuando un vecino católico se acercó a ella a brindarle el consuelo de la religión cristiana. Con motivo de esta influencia toda la familia se hizo cristiana. Lucía se aprendió el catecismo de memoria con sus solos nueve años, y fue bautizada por un sacerdote recién llegado a Corea. A los 14 años Lucía decidió guardar su virginidad y consagrarla al Señor. Al morir su madre se encontró en la mayor pobreza, y aunque la ayudaban personas caritativas, conoció bien lo que es el hambre. Una vez que llevaba varios días sin alimentos la visitó su hermana mayor y se extrañó que no hubiera vendido cosas de la casa para poder comer. Ella respondió que dejaba la venta de las cosas para cuando hubiera de comprar zapatos porque la policía venía por ella. Significó con ello que estaba a la espera del martirio. Una cuñada suya la visitó y ella le regaló una cuchara diciendo que ya le quedaba poco tiempo para poder usarla y le aconsejó que si la arrestaban a ella no perdiera la oportunidad del martirio. Estaba en la casa de Teresa Yi Mae-im hablando sobre la persecución religiosa cuando decidió con las otras compañeras presentarse espontáneamente a los soldados. Siguió su arresto, prisión, torturas, juicio y muerte por decapitación.

Rosa Kim era natural de Seúl, donde había nacido el año 1784 en el seno de una familia pagana. En su juventud contrajo matrimonio pero posteriormente se separó su marido de ella. Entonces se fue a vivir con una pariente suya que era católica y por ahí vino a conocer el cristianismo. A pesar de ser ya mayor se dedicó con gran esfuerzo a aprenderse la doctrina cristiana. Inteligente y comunicativa, no sólo ella se hizo cristiana sino que era feliz comunicando su fe a otros. Vivía cristianamente y cuando tenía oportunidad recibía los sacramentos. Los demás católicos la consideraban una cristiana modelo. Arrestada el 16 de enero de 1838, pasó por varias cárceles y mostró siempre gran firmeza y serenidad. Al comparecer ante el juez, vio que estaban allí preparados los instrumentos de tortura. Se los señaló el juez pero ella señaló que nunca se separaría de Dios y que le tenía ofrecida su vida. Torturada y luego sentenciada a muerte, la ejecución se retrasó hasta el citado 20 de julio de 1839.

Ana Kim Chang-Gum había nacido en Seúl en una familia católica el año 1789. Educada cristianamente, desde joven se adhirió de todo corazón a los principios del cristianismo. Tenía espléndidas dotes naturales de inteligencia y habilidad. Llegada a la edad nupcial contrajo matrimonio, pero su esposo murió al poco tiempo. Se dedicó entonces al cuidado de su madre, y tuvo el consuelo de que llegara un sacerdote y le administrara a la anciana el sacramento de los enfermos. Tuvo como vecino a San Juan Bautista Yi Kwang-nyol que estaba destinado por Dios a compartir el martirio con su cristiana vecina. Ambos se conocieron y se animaron a vivir cristianamente, y juntos pusieron un pequeño negocio del que sacaban su sustento. Ambos fueron arrestados el 8 de abril de 1839 con María Kwi-im. Interrogada Ana confesó abiertamente su fe y se negó a apostatar como enseguida se le exigió bajo amenazas. Posteriormente sería torturada, sometida a juicio y condenada a muerte. Detenida en la cárcel, pasó hambre, sed, enfermedad y malos tratos hasta que llegó el día de su ejecución.

Maria Won Kwi-Im había nacido en Yongmo Ri, Koyang Kun, provincia de Kyonggi, el año 1818. Muy niña perdió a su madre y estuvo algún tiempo con su padre, pero se la llevó su tía Lucía Won, que era cristiana y preparó a la niña para el bautismo, que recibió a los quince años de edad tomando el nombre de María. Se le ofreció un matrimonio pero ella decidió permanecer virgen y ofrecerse al Señor, por lo que vestía como las mujeres casadas. Cuando en la noche del 8 de abril de 1839 la policía rodeó la casa de su tía Lucía, intentó María huir pero se topó con un conocido que la entregó a la policía. Muy impactada por el arresto, se serenó luego y aceptó la voluntad de Dios, confesó la fe en el interrogatorio y se negó a apostatar. No lo consiguieron tampoco las torturas. Se mantuvo firme en el juicio y en los malos tratos de la cárcel hasta que fue decapitada en la fecha señalada.

Juan Bautista Yi Kwang-Nÿol nació el año 1795 en Kwangju, provincia de Kyonggi, y era hermano del también mártir San Agustín Yi Kwang-hon. Pertenecía a una familia aristocrática. Había oído ya hablar del cristianismo cuando su hermano Agustín, tras su conversión, le invitó expresamente a hacerse católico y él estuvo de acuerdo, pese a ser ya entonces una religión prohibida en el reino. Comenzó a vivir con intensidad su nueva fe. Se hizo cargo de su madre y vivió con ella cerca de la casa de Agustín. Su pobreza le impidió casarse. Los cristianos lo incluyeron varias veces en el grupo que fue a Pekín para pedir misioneros a Corea, y fue en uno de estos viajes cuando recibió el bautismo y tomó el nombre de Juan Bautista. Decidió entonces no contraer matrimonio nunca para estar libre al servicio de la Iglesia. Vivía con gran espíritu ascético. La Iglesia utilizó sus servicios como catequista. Se incrementó la persecución y el 8 de abril de 1839 fue arrestado junto con su anciana madre. Presenció el interrogatorio y maltrato infligido a su hermano Agustín, arrestado también ese día, e invitado a apostatar se negó firmemente. Llevado a juicio y torturado, permaneció firme. Condenado a muerte, no se le ejecutó junto con su hermano porque una ley prohibía ejecutar a dos hermanos al mismo tiempo. Por ello fue dejado para otra fecha, que fue finalmente el 20 de julio de 1839.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003

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