Beato Carlos Steeb, presbítero y
fundador
fecha: 15 de diciembre
n.: 1773 - †: 1856 - país: Italia
otras formas del nombre: Johannes Heinrich Karl Steeb
canonización: B: Pablo VI 6 jul 1975
hagiografía: Santi e Beati
n.: 1773 - †: 1856 - país: Italia
otras formas del nombre: Johannes Heinrich Karl Steeb
canonización: B: Pablo VI 6 jul 1975
hagiografía: Santi e Beati
En Verona, de la región del Véneto, beato Carlos
Steeb, presbítero, nacido en Tubinga, que abrazó la fe católica en Verona y,
ordenado sacerdote, fundó el Instituto de Hermanas de la Misericordia, para
ayuda de los afligidos, pobres y enfermos.

Nació en 1773 en Tubinga. Su padre, un empresario muy
respetado (y también administrador de los bienes del Duque de Württemberg), lo
envía a los dieciséis años a París y a los dieciocho a Verona, para aprender
lenguas y práctica comercial. Se trata de un joven reservado y maduro, todo
estudio y trabajo. Ferviente protestante, como toda su familia. Sin embargo, lo
fascina el mundo vivaz de Verona con su vitalidad cultural y religiosa. Lo
atrae el diálogo con algunas grandes figuras, de entre sacerdotes y laicos, y
esto lo lleva en septiembre de 1792 a convertirse al catolicismo. Cuatro años
después será ordenado sacerdote, con gran amargura de su familia, que lo
deshereda (pero a la muerte de su hermana Guillermina los bienes paternos
pasarán a él).
Es tiempo de guerra entre Napoleón y Austria: las
batalla de Bassano, de Arcole, de Rivoli, y luego las revueltas antifrancesas
de 1797 (las «Pascuas Veronesas»). Verona, ya bajo Venecia, por 18 años verá
alternarse el dominio francés y el de los Habsburgo. Carlos Steeb vive este
tiempo entre enfermerías, hospitales militares y lazaretos, como sacerdote,
enfermero e intérprete en tres lenguas. Se mantiene enseñando, no tiene otros
trabajos retribuidos. Su «trabajo estable» es el lecho de los sufrientes, en la
guerra y la paz, entre quienes vive como un hombre de punta de la «Fraternidad
evangélica de sacerdotes y laicos hospitalarios», fundada en 1796 por Pietro
Leonardi, con hombres y mujeres. Se contagia el tifus y hace testamento, pero
su director espiritual, el P. G.B. Bertolini, le advierte: «No es tu hora, el
Señor espera algo grande de ti».
Eso grande nació en 1840, en dos pequeñas
habitaciones: es el Instituto de Hermanas de la Misericordia, dedicadas a todo
sufrimiento y necesidad; nace con el impulso y el apoyo económico suyo, y con
el trabajo de la veronesa Luisa Poloni,
después Madre Vincenza, de la que es confesor (confiesa a toda Verona, este
alemán de voz débil). Desde aquellas dos habitaciones, el Instituto inició un
viaje que continúa en el tercer milenio, con casas en Europa, América Latina y
África. Y él muere después de ver completada la iglesia del Instituto en
Verona, donde está depositado su cuerpo. SS Pablo VI lo beatificó en 1975.
Traducido para ETF de un artículo de Domenico Agasso
en Famiglia Cristiana.
accedida 639 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo
Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente,
es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se
corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre
del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=4528
Santa María Crucificada de Rosa, virgen
y fundadora
fecha: 15 de diciembre
n.: 1813 - †: 1855 - país: Italia
otras formas del nombre: Paula Francisca María de Rosa
canonización: B: Pío XII 1940 - C: Pío XII 1954
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1813 - †: 1855 - país: Italia
otras formas del nombre: Paula Francisca María de Rosa
canonización: B: Pío XII 1940 - C: Pío XII 1954
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Brescia, de la Lombardía, santa María Crucificada
de Rosa, virgen, que gastó sus riquezas, y se entregó ella misma, por la salud
de las almas y de los cuerpos del prójimo, para lo cual también fundó el
Instituto de Esclavas de la Caridad.

Más de tres siglos después de que Savonarola predijo
la ruina de Brescia (profecía que se cumplió en 1512, cuando los franceses se
apoderaron de la ciudad y la saquearon), nació una de las tres personas que,
con su santidad, dieron gloria a Brescia en el siglo XIX; las otras dos fueron
el beato Luis Pavoni y la beata Teresa Verzeri. María (a quien en su casa
llamaban Paula o Paulina) nació en 1813. Era la sexta de los nueve hijos de
Clemente de Rosa y de la condesa Camila Albani. Su infancia no tuvo nada de
extraordinario. A los once años, María tuvo la pena de perder a su queridísima
madre. A los diecisiete años, la joven abandonó la escuela para ocuparse de su
padre y éste empezó a buscarle marido. Cuando le presentó al pretendiente,
María se sobresaltó. En seguida, acudió a consultar al arcipreste de la
catedral, Mons. Faustino Pinzoni, sacerdote muy sagaz, que había dado ya
muestras de gran prudencia en su dirección. Mons. Pinzoni fue a ver
personalmente a Clemente de Rosa y le explicó que su hija había determinado no
contraer matrimonio. En aquella época, sobre todo en las clases superiores, los
padres no solían preocuparse mucho de las inclinaciones de sus hijos,
particularmente en cuestiones de matrimonio. Ello hace tanto más encomiable la
actitud del padre de María, quien se plegó casi inmediatamente a la decisión de
su hija y la apoyó más tarde en la realización de sus planes, por más que debían
parecerle extravagantes. María siguió viviendo en su casa diez años. Cada día,
se consagraba más a las obras de beneficencia, en lo cual su padre la precedía
con el ejemplo. Entre las propiedades de Clemente se contaban unos telares en
Acquafredda, en los que trabajaban algunas jóvenes. Una de las primeras
empresas de Paula consistió en ocuparse de ellas. Su solicitud se extendió
pronto a las jóvenes de Capriano, donde su familia tenía una casa de campo. Con
la ayuda del párroco, María estableció allí una cofradía de mujeres y organizó
para ellas retiros y misiones especiales. Los resultados fueron tan
extraordinarios, que el párroco apenas reconocía a sus feligreses.
La epidemia de cólera hizo estragos en Italia en
aquella época. Cuando la epidemia se declaró en Brescia, en 1836, María pidió a
su padre permiso para asistir a los enfermos en los hospitales. Clemente aceptó
no sin vacilar y temblar por la salud de su hija. Los servicios de María fueron
bien acogidos en el hospital. La joven acudió con una viuda llamada Gabriela
Echenos-Bornati, la cual tenía ya cierta experiencia en el cuidado de los
enfermos. Ambas dieron tal ejemplo de olvido de sí mismas, laboriosidad y
caridad, que toda la ciudad quedó profundamente impresionada (Manzoni describe
en «Los Novios» el hospital de infecciosos de Milán. Ello puede dar una idea de
las condiciones del de Brescia).
A raíz de eso, se pidió a María que se encargase de
dirigir una especie de taller para jóvenes pobres y abandonadas. Se trataba de
un puesto difícil para una joven que tenía apenas veinticuatro años. María lo
desempeñó con gran éxito durante dos años, al cabo de los cuales, renunció a
causa de ciertas diferencias con los protectores de la obra, quienes no querían
que las jóvenes pasasen la noche en la casa que ocupaba el taller. María fundó
entonces un dormitorio para doce jóvenes. Al mismo tiempo, empezó a ocuparse de
una obra emprendida por su hermano Felipe y Mons. Pinzoni: se trataba de una
escuela para niñas sordomudas, del tipo de las que Luis Pavoni estaba fundando
entonces para niños. La escuela estaba aún en sus comienzos cuando Paula la
cedió a las hermanas canosianas, quienes deseaban desarrollar la obra en gran
escala en Brescia.
La historia de aquellos diez años de la vida de María
es verdaderamente extraordinaria, sobre todo si se tiene en cuenta que aún no
cumplía los treinta años y era de salud delicada. Pero había en ella algo de
viril, y su energía física y su valor eran poco comunes; por ejemplo, en cierta
ocasión, salvó la vida de una persona que iba en un carruaje cuyo caballo se
desbocó, en circunstancias extremadamente peligrosas. Su inteligencia, rápida,
aguda y tenaz, hacía juego con su carácter, de suerte que no practicaba la
virtud en grado heroico, abandonando su evolución intelectual en materia de
religión a la altura del catecismo de niños. Por el contrario, la santa llegó a
poseer serios conocimientos teológicos, y en la selección de sus lecturas supo
emplear la agudeza e intuición que la guiaban en los asuntos de la vida práctica.
Su inteligencia se reveló particularmente cuando tuvo que resolver los
complejos problemas que acompañan siempre a la fundación de una congregación
religiosa. Por otra parte, María tenía una memoria muy tenaz para retener los
recuerdos de personas y acontecimientos, tanto grandes como pequeños, cosa que
le sirvió no poco.
La congregación empezó a tomar forma en 1840. Al
principio, fue una especie de asociación piadosa, de la que María fue nombrada
superiora por Mons. Pinzoni. La Sra. Cornati fue prácticamente cofundadora de
dicha asociación, que tenía por finalidad atender a los enfermos en los
hospitales; las socias no actuaban únicamente como enfermeras, sino que
consagraban a los enfermos todo su tiempo y sus fuerzas. Las cuatro primeras
socias, que tomaron el nombre de Doncellas de la Caridad, se establecieron en
una casa ruinosa e incómoda, en las cercanías del hospital. Pronto fueron a
unírseles quince jóvenes tirolesas, quienes habían oído a un misionero hablar
de la asociación. Al poco tiempo, la comunidad constaba ya de treinta y dos
personas. La forma en que trabajaban, despertó la admiración de la ciudad, de
la que se hizo eco un médico que escribió un artículo sobre las obras de
misericordia, espirituales y corporales, que llevaban a cabo. Pero no faltaban
quienes criticasen seriamente la obra. Algunas personas consideraban a las
Doncellas de la Caridad como instrusas y querían echarlas fuera. Sin embargo, a
los tres meses de la fundación de la asociación, las autoridades de Cremona
invitaron a las jóvenes a emprender una obra parecida en dicha ciudad, y éstas
aceptaron. Escribiendo a la casa de Cremona decía Paula, a propósito de las
dificultades de Brescia: «Espero que no sea ésta nuestra última cruz.
Francamente, me habría dado pena que no fuésemos perseguidas».
Clemente de Rosa cedió poco después una casa mejor a
la comunidad de Brescia. El obispo de la ciudad aprobó en 1843 la regla
provisional. Gabriela Bornati murió pocos meses después, y esa pena vino a
ensombrecer un tanto el gozo anterior. Aunque privada de su principal
colaboradora, Paula podía aún guiarse por los consejos de Mons. Pinzoni. La
congregación siguió creciendo y los hospitales fueron aumentando en número. En
el verano de 1848, murió el arcipreste, precisamente en una época en que las
convulsiones políticas sacudían a Europa y la guerra hacía estragos en el norte
de Italia. Paula aprovechó la oportunidad para enviar a sus religiosas a
encargarse del hospital militar de San Lucas. Ahí tuvieron también que
enfrentarse con la oposición de los médicos, que preferían a las enfermeras
seglares y a los ordenanzas militares. Las religiosas atendieron a las víctimas
civiles y a los prisioneros. Además, anticipándose a Florencia Nightingale,
ejercieron las obras de misericordia espirituales y corporales en pleno frente
de batalla. Al año siguiente, tuvieron lugar los trágicos «Diez Días de
Brescia». Paula y sus religiosas atendieron a todos los heridos sin distinción.
Un destacamento indisciplinado hizo irrupción en el hospital. Paula, acompañada
de media docena de religiosas que llevaban un crucifijo y dos cirios, cerró el
paso a los soldados, los cuales vacilaron un momento, se detuvieron y se
escurrieron fuera. El crucifijo, que todavía se conserva en Brescia, pasó de
mano en mano entre los enfermos para que lo besaran.
Paula quería que sus religiosas uniesen la vida activa
a la contemplativa. Pero no quería religiosas «activistas», de ésas que, según
la expresión de Santa Luisa de Marillac, «corren por las calles con tazones de
sopa». En aquella época, Italia era un campo ideal para fundaciones como la de
Paula. Así pues, la santa partió a Roma en el verano de 1850. El 24 de octubre,
Pio IX le concedió audiencia. Dos meses después, la congregación fue aprobada
con una rapidez notable, según iban las cosas en Roma. La aprobación de las
autoridades civiles fue menos rápida; por ello, las primeras veinticinco
religiosas no pudieron hacer la profesión sino hasta el verano de 1852. Paula
tomó el nombre de María del Crucificado. La erección canónica de la congregación
abrió un período de rápido desarrollo. Pero la obra personal de la madre María
en este mundo estaba próxima a su fin. Aunque apenas tenía cuarenta y dos años,
sus fuerzas estaban totalmente agotadas, de suerte que se consideró como un
milagro que recobrase la salud el Viernes Santo de 1855. El trabajo abundaba:
el cólera amenazaba a Brescia, y había que abrir un convento en Espalato de
Dalmacia y otro cerca de Verona. La santa sufrió un ataque en Mántua. Cuando
llegó a Brescia, exclamó: «¡Bendito sea Dios, que me trae a morir en Brescia!»
Dios la llamó a Sí tres semanas más tarde, el 15 de diciembre de 1855.
Mons. Pinzoni, quien la había conocido tan a fondo,
dijo en cierta ocasión: «Su vida es un milagro que asombra a cuantos lo ven».
Santa María resumió perfectamente el espíritu que la animaba, al decir a sus
religiosas: «No puedo ir a acostarme con la conciencia tranquila los días en
que he perdido la oportunidad, por pequeña que ésta sea, de impedir algún mal o
de hacer el bien». Día y noche, estaba pronta a acudir en auxilio de los
enfermos, a asistir a algún pecador moribundo, a poner fin a una reyerta, a
consolar una pena. Así lo reconoció el pueblo de Brescia, que acudió en masa a
los funerales. La canonización de santa María tuvo lugar en 1954.
B. Bartoccetti escribió una biografía muy completa,
titulada Beata Maria Crocifissa di Rosa (1940). Existe un buen resumen de dicha
obra, en noventa páginas, hecho por una religiosa de la congregación. Citemos
también la biografía del Dr. L. Fossati.
fuente: «Vidas
de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
accedida 971 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo
Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente,
es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se
corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre
del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=4527
No hay comentarios:
Publicar un comentario