martes, 15 de diciembre de 2015

San Urbicio Eremita - San Maximino de Orleans - San Valeriano de Abbensa - Beato Marino de Cava 15122015

San Urbicio Eremita

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Eremita ( † 802)
Simpático santo mitad español y mitad francés.
Urbicio o Urbe no es recordado porque ejerciera funciones eclesiásticas, quiero decir que no fue cura, ni fraile, ni obispo, ni papa. Tampoco es celebrado como mártir que sufriera crueles tormentos y entregara cruentamente su vida por la religión.
No se debe su veneración a funciones de gobierno hechas ejemplarmente con visión cristiana de las realidades temporales, como sucede con tantos reyes y gobernantes cuya gestión les sirvió para ejercitar de modo heroico las virtudes. Ni es fundador de una familia religiosa. Ciertamente esto es a lo que nos tiene acostumbrados la más común hagiografía de los santos.

La leyenda sobre su vida nos lo presenta como nacido en Burdeos. Los moros que dominan España entran en Aquitania y lo hacen cautivo, cuando sólo tenía catorce años, junto con su madre Asteria. Madre e hijo llevan a partir de entonces su esclavitud con espíritu cristiano y anhelando siempre el tiempo de su liberación.
Cuando la consigue Asteria, todos sus esfuerzos van encaminados a recaudar fondos con los que liberar a su hijo; pero, muere sin llegar a conseguirlo.
Vive Urbicio en su cautiverio, y de modo ejemplar, aquellas virtudes que el Apóstol Pablo recomienda a los esclavos cristianos en las relaciones con sus dueños: sirve a su amo pensando que sirve al Amo de todos, se ejercita en la humildad, da ejemplo de honradez y de pureza; se hace notar por su continua y sincera piedad.
El asunto de su libertad, estando en tierra hispana, lo tiene puesto es las manos de los niños santos de Alcalá, los santos Justo y Pastor.

Su libertad, cuando llega, la atribuye a la intercesión de estos santos de los que se siente deudor. Programa y realiza un viaje de agradecimiento a Alcalá y, viendo allí los peligros de profanación a que están expuestas las reliquias, las roba y lleva consigo a Burdeos.

La última fase de su vida se sitúa en Huesca donde está retirado y entregado a la oración, en completa pobreza y dura penitencia. En el valle de Nocito reproduce el antiguo estilo de los anacoretas egipcios. La gente del lugar visita al hombre santo ansiosa de recibir la instrucción cristiana que sale firme y bondadosa de su boca, se admira de su austeridad y se siente movida al amor a Dios y caridad con el prójimo ante su ejemplo.

El piadoso relato, adornado con recursos imaginativos, posiblemente supuso una ayuda importante para los cristianos que, en aquel momento histórico, sufrían duramente por el hecho de ser discípulos de Jesucristo. Quizá mantuvo en la fe a muchos y a lo mejor hasta les animó a practicar con valentía la piedad concomitante a la fe. Incluso debió responsabilizar a más de uno a ser catequista —apóstol— para los demás.

Hoy también nos vendría bien el impacto de unos cuantos "Urbes" bien repartidos por el Orbe. Seguro que existen. Sólo hay que descubrirlos.


San Maximino de Orleans

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San Maximino, abad y presbítero
En la región de Orleans, en la Galia Lugdunense, san Maximino, presbítero, considerado como primer abad de Micy.





Oremos 
Tú, Señor, que nos has dado un modelo de perfección evangélica en la vida ejemplar de San Maximino, abad, concédenos, en medio de los acontecimientos de este mundo, que sepamos adherirnos, con todo nuestro corazón, a los bienes de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



San Valeriano de Abbensa

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San Valeriano de Abbensa, obispo y mártir

Conmemoración de san Valeriano, obispo de Abbensa, en Africa Proconsular, que, ya más que octogenario, en la persecución desencadenada bajo los vándalos, el rey arriano Genserico le conminó a que entregara los utensilios de la Iglesia, y al rehusarse repetidamente, fue expulsado de la ciudad con orden de que nadie le dejara vivir ni en su casa ni en el campo, por lo que durante mucho tiempo estuvo a la intemperie, en la vía pública, y acabó así su vida bienaventurada como confesor de la verdad ortodoxa.







Oremos

Tú, Señor, que concediste a San Valeriano el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros por intercesión de este santo, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.



Beato Marino de Cava

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Beato Marino, abad
En el monasterio de Cava dei Tirreni, en la Campania, beato Marino, abad, admirable por su fidelidad hacia el Romano Pontífice.
Séptimo abad de la famosa e importante abadía de La Trinidad de Cava dei Tirreni, fundada alrededor de 1011 por san Alferio. Fue elegido para el gobierno de la abadía el 9 de julio de 1146; sucedió al beato Falcón y gobernó por 24 años. Fue al principio un simple monje, pero se distinguió en las tareas de «vestidor», que además de proporcionar la ropa a los monjes, era también el guardián de los tesoros y documentos de archivo.

Según la costumbre de Cava, fue a Roma al inicio de su mandato para obtener la bendición papal; el papa de ese entonces, Eugenio III (1145-1153) era cisterciense, discípulo de san Bernardo, y le recibió con honor, y en esa ocasión le confió el monasterio de San Lorenzo en Panisperna, para que lo hiciera resurgir bajo las normas de Cava. El mismo papa, con bula del 6 de mayo de 1149, tomó bajo su protección la abadía, por lo que quedó sujeta a la Sede Apostólica, y por tanto independiente de las autoridad diocesana.

El gobierno del abad Marino fue fructífera en obras y en prosperidad, por las generosas donaciones de obispos, príncipes y señores feudales; otros monasterios e iglesias fueron a ponerse bajo su autoridad. La riqueza que entraba, se utilizaba para ayudar a los pobres y sufrientes, para el sustento de muchos monjes, para la construcción de edificios y para el esplendor del culto. La basílica abasial fue revestida con incrustaciones de mármol precioso, decorada con frescos y pavimentada con mosaicos polícromos. Además, por sus gestiones como plenipotenciario para conseguir la paz entre el rey de Sicilia Guillermo el Malo (1120-66) y el Papa Adrián IV (1154-59), en la corte de Palermo obtuvo del rey un diploma que confirmaba los bienes propiedad de la Abadía, y la tomaba bajo la protección real, con exención de impuestos; podría entonces nombrar vasallos, alistar soldados, nombrar jueces y notarios.

Marino murió piadosamente el 15 de diciembre de 1170, y su cuerpo fue sepultado en la basílica, cercano a san Constable. En 1648 fue encontrado y posteriormente sus reliquias -después de la confirmación del culto del beato en mayo de 1928 por el Papa Pío XI- fueron colocadas en un altar particular.
fuente: Santi e Beati

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