sábado, 5 de diciembre de 2015

San Lúcido de Lucania - San Geraldo de Braga - Beato Bartolomé Fanti - Santa Crispina Thagorense 05122015

San Lúcido de Lucania

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San Lúcido, monje
En el cenobio de San Pedro de Aquara, en la Lucania, san Lúcido, monje.
San Lúcido nació en Aquara en torno al 960. A la edad de aproximadamente 15 años, sus padres, Albino della Croce y Sabina Nicodemo, lo confiaron a los monjes del monasterio de San Pedro, poco distante del pueblo. Formado en aquella escuela, cuando estuvo maduro para el apostolado pasó de Aquara a Montecassino. Desde allí varias veces regresó al monasterio de San Pedro y a Salerno, donde, por su sabiduría, fue nombrado consejero del Príncipe Guaimaro. En los admirables hechos de su infatigable vida, Lúcido tuvo tiempo no sólo de visitar el monasterio de Cava dei Tirreni, sino aun de ir a Tierra Santa. Al retornar de aquella peregrinación fundó, en las cercanías de Montecassino, el monasterio de Santa María de la Albaneta, fijando allí su residencia como prior. Pero antes fundó en los alrededores de Aquara una pequeña iglesia dedicada a la Virgen (Maria Santissima del Piano).

El culto comenzó a su muerte, y luego de nueve siglos de ininterrumpida memoria, el papa León XIII lo confirmó el 8 de enero de 1880, por insistencia del obispo de Teggiano, Mons. Domingo Fanelli. A la muerte del santo, sus devotos hicieron esculpir en madera un busto-relicario del santo, que primero estuvo en el monasterio de San Pedro, pero fue luego trasladado a la iglesia parroquial de San Nicolás. Esas reliquias fueron luego trasladadas a una estatua de plata, que los ladrones no perdieron ocasión de robar. Eso ocurrió el 23 de marzo de 1895. Afortunadamente el 31 de julio del mismo año, las sagradas reliquias fueron encontradas en una casa rodante (caravana), y fueron trasladadas triunfalmente a la iglesia parroquial. Allí los vecinos de Aquara hicieron fundir una segunda estatua de plata para albergarlas. Pero no terminó allí la accidentada vida de estas reliquias, ya que el 28 de febrero de 1975 la estatua fue nuevamente robada, aunque no las reliquias, por lo que fue rehecha por tercera vez, testimonio de la contienda entre profanadores y devotos...

Don Pasquale Marino. La cronología del santo parece un verdadero rompedero de cabeza, y no hay dos fuentes que coincidan; lo único claro parece ser que debe situarse en la segunda mitad del siglo X.
fuente: Santi e Beati


San Geraldo de Braga

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San Geraldo de Braga, obispo
En Braga, en Portugal, conmemoración de san Geraldo, obispo, insigne por la restauración del culto divino y de las iglesias, y por la promoción de la disciplina eclesiástica. Murió haciendo la visita pastoral en un lugar lejano llamado Bornos.
Tras la conquista de Toledo el 26 de mayo de 1085, el rey Alfonso VI, por influencia de su esposa, trajo monjes franceses que sentó en las sedes episcopales del reino, empezando por la propia de Toledo, en la que nombró a Bernardo. Y fue éste el que trajo de Francia a Geraldo, abad benedictino del monasterio de Moissac, el cual se encargó de enseñar el canto según el rito romano a los clérigos de la Iglesia de Toledo. Y cuando quedó vacante la sede de Braga -no estaba aún constituido el reino de Portugal- Alfonso VI presentó a Geraldo, que fue elegido por el clero y el pueblo bracarense, y confirmado por Bernardo, que era el metropolitano.

Visitó la diócesis, impulsó la reforma de las costumbres, empezando por el clero, y actuó como un prelado en sintonía con la reforma gregoriana. Consiguió que sus ideas cundiesen entre sus diocesanos y su clero. Rodeado de fieles seguidores murió en Bornos el 5 de diciembre de 1109, mientras realizaba a visita pastoral. Tuvo culto muy pronto en su sede, pero ha sido incorporado al Martirologio Romano recientemente, en lo que puede considerarse una suerte de confirmación de culto.

fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003


Beato Bartolomé Fanti

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Beato Bartolomé Fanti, religioso presbítero
En Mantua, de la Lombardía, beato Bartolomé Fanti, presbítero de la Orden de Carmelitas, el cual, con palabras y con el ejemplo, incitó los corazones de los fieles al santo amor de Dios y a la filial devoción a María, Madre del Señor.
Nació en Mantua (Italia), aunque se desconoce el año, que podría estar en torno a 1428. Entró desde muy joven a formar parte de la Orden del Carmen. En su ciudad habían establecido los carmelitas, recientemente, una célebre Reforma que produciría una pléyade de hombres y mujeres famosos por la ejemplaridad de sus vidas y por sus elocuentes escritos. Esta Congregación Mantuana, aprobada aquellos años -1442- por el papa, estaba en todo su apogeo de fervor y fecundidad, llegando a ser el Beato una de sus glorias junto con otros santos varones y ejemplares religiosas que la ilustraron en sus primeros tiempos.

Su actividad pastoral se centró durante casi toda su vida en el gobierno de una cofradia de laicos del Carmen, de la que fue padre espiritual. Sabemos que desde 1452 -que ya era sacerdote- hasta su muerte -1495-, se dedicó de lleno a dar vida a esta Cofradía de la Virgen, que radicaba en la misma iglesia del Carmen. En 1460 fue nombrado director y padre espiritual. Para el mejor gobierno de esta Cofradía, escribió una sencilla Regla, unos Estatutos y un Registro o Crónica de los hechos más notables.

El Señor dispuso que pasara por el crisol de la prueba enviándole una gravísima enfermedad, que aceptó con santa resignación. La ciudad entera se conmovió como si temieran todos perder un miembro de su familia. Con actos fervorosísimos de amor se dispuso a recibir los últimos sacramentos y el santo viático. Luego todo fueron anhelos por entrar en la gloria hasta que con la mayor serenidad entregó su espíritu al Señor. Era el 5 de diciembre de 1495. Desde su fallecimiento comenzó Dios a demostrar la santidad de su siervo con muchos prodigios y milagros. Su cuerpo incorrupto se conserva en la catedral de Mantua en la capilla de la Virgen Coronada. SS Pío X confirmó su culto en 1909.

Se le suele representar con un grupo de novicios a los que habla fervorosamente de la Santísima Eucaristía. Esta fue sin duda una de las notas más características de su espiritualidad. Celebraba la Santa Misa con tanto recogimiento y devoción de lágrimas que edificaba grandemente. Toda ocasión le era oportuna para infundir en las almas sus amores eucarísticos, y sus mejores ratos, según decía, los pasaba haciendo compañía a su Señor sacramentado.

Otra devoción muy marcada del Beato fue la que profesó con la mayor ternura a la Santísima Virgen. En su honor ayunaba frecuentemente. La visitaba en sus altares y hablaba con entusiasmo de ella. La vida de este Beato fue también según sus biógrafos vida de mortificación, de penitencia, de humildad y amor de Dios y del prójimo. Era incansable en oír confesiones, en recordar a todos sus deberes y en exhortar a la práctica de una vida auténticamente cristiana. Su ascendiente moral y su influencia en la ciudad de Mantua llegó a ser considerable por su abnegación, sus consejos y sus ejemplos. Tuvo especial don para reconciliar enemistados y conseguir el mutuo perdón.

Aunque en rasgos generales la noticia reproduce lo poco qeu se sabe del beato y que, con más o menos palabras, dicen todas las biografías, el original se mostraba especialmente confuso en al cronología, consignando, por ejemplo, dos fechas de muerte distinta a dos líenas de distancia. He adoptado la cronología más generalmente aceptada.
fuente: Los santos carmelitas - P. López-Melús, O.C.


Santa Crispina Thagorense

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Santa Crispina Thagorense, mártir
En Theveste, de Numidia, pasión de santa Crispina Thagorense, madre de familia, la cual, en tiempo de Diocleciano y Maximiano, al no querer sacrificar a los ídolos fue decapitada por mandato del procónsul Anolino.
Fue una mártir de África que sufrió durante la persecución de Diocleciano; nació en Tagara, en la Provincia del África Proconsular, y murió por decapitación en Teveste, en Numidia, el 5 de diciembre del 304. Crispina pertenecía a una distinguida familia y era una matrona rica, y madre de varios niños. En tiempos de la persecución fue llevada ante el procónsul Anulino; cuando éste le dio orden de sacrificar a los dioses, declaró que ella honraba a un solo Dios. Su cabeza fue rapada por orden del juez, para que quedara expuesta a la burla pública, pero ella permaneció firme en la fe y no la movían ni siquiera las lágrimas de sus hijos. Al ser condenada a muerte, agradeció a Dios y ofreció alegremente su cabeza para la ejecución.
Las Actas de su martirio, escritas no mucho después del hecho, resultan un valioso documento histórico de la época de la persecución. En época de san Agustín se conmemoraba el día de la muerte de santa Crispina, y el santo Doctor menciona en varias ocasiones su nombre, tan conocido en África y digno de ser celebrado con la misma veneración que los nombres de Santa Inés y Santa Tecla.



Acta del Martirio de Santa Crispina



En Theveste, África, hacia fines del 304. Siendo cónsules Diocleciano por novena vez y Maximiano por octava, el día de las nonas de diciembre (5 de diciembre), en la colonia de Theveste, sentado dentro de su despacho en el tribunal el procónsul Anulino, el secretario de la audiencia dijo:

- Si das sobre ello orden, Crispina, natural de Tagura, por haber despreciado la ley de nuestros señores los emperadores, pasará a ser oída.
El procónsul Anulino dijo:
-Que pase.
Entrado, pues, que hubo Crispina, Anulino dijo:
- ¿Conoces, Crispina, el tenor del mandato sagrado?
Crispina - Ignoro de qué mandato se trate.
Anulino - Que tienes que sacrificar a todos los dioses por la salud de los príncipes, conforme a ley dada por nuestros señores Diocleciano y Maximiano, píos augustos, y Constancio y Máximo, nobilísimos césares.
Crispina - Yo no he sacrificado jamás ni sacrifico, sino al solo y verdadero Dios y a nuestro Señor Jesucristo, Hijo suyo, que nació y padeció.
Anulino - Corta esa superstición y dobla tu cabeza al culto de los dioses de Roma.
Crispina - Todos los días adoro a mi Dios omnipotente; fuera de Él, a ningún otro Dios conozco.
Anulino - Eres mujer dura y desdeñosa; pero pronto vas a sentir, bien contra tu gusto, la fuerza de las leyes.
Crispina - Cuanto pudiere sucederme lo he de sufrir con gusto por mantener la fe que profeso.
Anulino - Tan grande es tu vanidad, que ya no quieres abandonar tu superstición y venerar a los dioses.
Crispina - Diariamente venero, pero al Dios vivo y verdadero, que es mi Señor, fuera del cual ningún otro conozco.
Anulino - Mi deber es presentarte el sagrado mandato para que lo observes.
Crispina - Un sagrado mandato he de observar, pero es el de mi Señor Jesucristo.
Anulino - Voy a dar sentencia de que se te corte la cabeza si no obedeces a los mandatos de los emperadores, nuestros señores, a quienes se te forzará a servir, obligándote a doblar el cuello bajo el yugo de la ley. Toda el África ha sacrificado, como de ello no te cabe a ti misma duda.
Crispina - Jamás se ufanarán ellos de hacerme sacrificar a los demonios; sino que sacrifico al Señor que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos.
Anulino - ¿Luego no son para ti aceptados estos dioses, a quienes se te obliga que rindas servicio, a fin de llegar sana y salva a la devoción?
Crispina - No hay devoción alguna donde interviene fuerza que violenta.
Anulino - Mas lo que nosotros buscamos es que tú seas ya voluntariamente devota, y en los sagrados templos, doblada tu cabeza, ofrezcas incienso a los dioses de los romanos.
Crispina - Eso yo no lo he hecho jamás desde que nací, ni sé lo que es, ni pienso hacerlo mientras viviere.
Anulino - Pues tienes que hacerlo, si quieres escapar a la severidad de las leyes.
Crispina - No me dan miedo tus palabras; esas leyes nada son. Mas si consintiera en ser sacrílega, el Dios que está en los cielos me perdería, y yo no aparecería en el día venidero.
Anulino - Sacrílega no puedes ser cuando, en realidad, vas a obedecer sagradas órdenes.
Crispina - ¡Perezcan los dioses que no han hecho el cielo y la tierra! Yo sacrifico al Dios eterno que permanece por los siglos de los siglos, que es Dios verdadero y temible, que hizo el mar, la verde hierba y la tierra seca. Mas los hombres que Él mismo hizo ¿que pueden darme?
Anulino - Practica la religión romana, que observan nuestros señores los césares invictos y nosotros mismos guardamos.
Crispina - Ya te he dicho varias veces que estoy dispuesta a sufrir los tormentos a que quieras someterme, antes que manchar mi alma en esos ídolos, que son pura piedra, obras de mano de hombre.
Anulino - Estás blasfemando y no haces lo que conviene a tu salud.
Y añadió Anulino a los oficiales del tribunal:
- Hay que dejar a esta mujer totalmente fea, y así empezad por raerle a navaja la cabeza, para que la fealdad comienze por la cara.
Crispina - Que hablen los dioses mismos, y creo. Si yo no buscara mi propia salud, no estaría ahora delante de tu tribunal.
Anulino - ¿Deseas prolongar tu vida o morir entre tormentos, como tus otras compañeras?
Crispina - Si quisiera morir y entregar mi alma a la perdición en el fuego eterno, ya hubiera rendido mi voluntad a tus demonios.
Anulino - Mandaré que se te corte la cabeza si te niegas a adorar a los dioses venerables.
Crispina - Si tanta dicha lograre, yo daré gracias a mi Dios. Lo que yo deseo es perder mi cabeza por mi Dios, pues a tus vanísimos ídolos, mudos y sordos, yo no sacrifico.
Anulino - ¿Conque te obstinas de todo punto en ese necio propósito?
Crispina - Mi Dios, que es y permanece para siempre, Él me mandó nacer, Él me dio la salud por el agua saludable del bautismo, Él está en mí, ayudándome y confortando a su esclava, a fin de que no corneta yo el sacrilegio de adorar a los ídolos.
Anulino - ¿A qué aguantar por más tiempo a esta impía cristiana? Léanse las actas del códice con todo el interrogatorio.
Leídas que fueron, el procónsul Anulino, leyó de la tablilla la sentencia:
- Crispina, que se obstina en una indigna superstición, que no ha querido sacrificar a nuestros dioses, conforme a los celestiales mandatos de la ley de los augustos, he mandado sea pasada a filo de espada.
Crispina respondió:
- Bendigo a Dios que así se ha dignado librarme de tus manos. ¡Gracias a Dios!
Y, signándose la frente, fue degollada por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a quien sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 G. Meier (1908), que tradujimos de Catholic Encyclopedia.  Lives of the Saints, 5 Dic.; Pio Franchi De Cavalieri, in Studi et Testi (Rome, 1902), IX; Boissier, Melanges (Paris, 1903), 383 sq.; Allard, Histoire des Persecutions, IV, 443 sq. Las actas provienen de «Actas de los Mártires», BAC, Madrid, 1951, pp. 1142-1146. Butler-Guinea, tomo IV pág. 494-495.






Era una de las mujeres más conocidas del África del tiempo de San Agustín, originaria de Tagara de Numidia, casada y con varios hijos. Durante la persecución de Diocleciano, Crispina compareció ante el procónsul Anulino en Teveste, por negarse a ofrecer sacrificios rituales a los dioses romanos.

Instada por el juez a obedecer, contestó: "Yo sólo reconozco a un Dios. Vuestros dioses son ídolos de piedra, estatuas esculpidas por manos de hombres". El procónsul ordenó entonces que fuera muerta por la espada. La ejecución tuvo lugar en Teveste el 5 de diciembre del 304.







Oremos

Padre todopoderoso, por gracia tuya la fuerza se realiza en la debilidad; por eso te pedimos que a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir Santa Crispina, nos concedas el don de fortaleza con el que ella salió vencedora en el martirio. Por nuestro Señor Jesucristo.

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