lunes, 13 de julio de 2015

Maestro Eckhart (místico medieval) Sermón XXIII

SERMÓN XXIII(223)
Jesús ordenó a sus discípulos que subieran a un barquito.

«Jesús ordenó a sus discípulos que subieran a un barquito y les mando que cruzaran
la “furia”(224)»(Mateo 14, 22).
El mar, ¿por qué se llama «furia»? Porque se enfurece y está inquieto. «Ordenó a sus
discípulos que subieran». Quien quiere escuchar al Verbo y llegar a ser discípulo de
Cristo, tiene que subir y elevar su entendimiento por encima de todas las cosas corpóreas,
y debe cruzar la «furia» de la inconstancia [inherente] a las cosas perecederas. Mientras
existe alguna volubilidad, ya sea astucia o ira o tristeza, ella tapa el entendimiento
de modo que no puede escuchar al Verbo. Dice un maestro(225): Quien ha de entender las
cosas naturales y aun las materiales, debe desnudar su conocimiento de todas las demás
cosas. Yo ya he dicho varias veces [lo siguiente]: Cuando el sol vierte su luz sobre las
cosas corpóreas, entonces transforma aquello a que puede abrazar, en [vapor] fino y lo
alza consigo: si la luz del sol fuera capaz de hacerlo, lo elevaría hasta el fondo de donde
ella ha emanado. Mas, cuando lo alza por el aire y [el vapor] se ha extendido en sí mismo
y calentado por obra del sol y luego [cuando] sube hacia el frío, sufre un revés por el
frío y se precipita en [forma de] lluvia o nieve(226). Así sucede con el Espíritu Santo: levanta
al alma y la eleva y alza junto con Él, y si ella estuviera preparada, la levantaría
hasta el fondo de donde Él ha emanado. Así acaece cuando el Espíritu Santo mora en el
alma: entonces ella sube porque Él la alza junto consigo. Mas, cuando el Espíritu Santo
se retira del alma, ella cae hacia abajo porque aquello que es de la tierra, cae hacia abajo;
pero aquello que es de fuego, va girando hacia arriba. Por ello, el hombre debe haber
pisoteado todas las cosas que son terrestres, y todo cuanto pueda encubrir el entendimiento
para que no quede nada que no sea igual al conocimiento. Si [el alma] obra
223 Atribuido a «Eberhardus» cuyo nombre se usa siempre así en el códice utilizado. La autenticidad
del sermón está garantizada por una referencia de Eckhart en el Sermo XLVIII, 1 n. 501.
El título abreviado no figura en los textos de la edición crítica. Véase nota 1 del Sermón XLVIII.
224 Cfr. Quint (tomo I p. 393 nota 1). En el texto latino de la Escritura se dice «fretum» por «furia».
Eckhart da con «wuot» = «furia» una traducción etimologizante que surge del origen de «fretum» de «fervere
», etimología conocida ya en la Edad Media. En cuanto a la metáfora de «mar» = «mundo», ya era
corriente en la patrística.
225 Cfr. Aristóteles, De an.  c. 4.
226 Quint remite a Aristóteles, Meteor. I c. 4; y a Albertus Magnus, Isagoge in libros Meteororum pars
IV c. 6.

[sólo] en el conocimiento, es igual a éste. El alma que de tal manera ha ido más allá de
todas las cosas, es elevada por el Espíritu Santo y Él la alza junto consigo hasta el fondo
de donde Él emanó. Ah sí, la lleva a su imagen eterna de donde ella ha surgido, a esa
imagen según la cual el Padre ha configurado todas las cosas, a esa imagen en la cual todas
las cosas son uno, a la extensión y profundidad en las cuales vuelven a terminar todas
las cosas. Quien quiere llegar a este [punto], escuchar al Verbo y ser discípulo de Jesús,
la salvación, debe haber pisoteado todas las cosas que son desiguales [a la imagen].
¡Ahora prestad atención! Dice San Pablo: Cuando miramos con el rostro descubierto
el esplendor y la claridad de Dios, somos re-formados e in-formados en la imagen que
es toda una imagen de Dios y de la divinidad (Cfr. 2 Cor. 3, 18). Cuando la divinidad se
entregó enteramente al entendimiento de Nuestra Señora, ésta recibió a Dios en su seno
porque era desnuda y pura; y lo que brotó de la superabundancia divina fluyó en el cuerpo
de Nuestra Señora, y por obra del Espíritu Santo se formó un cuerpo en el cuerpo de
Nuestra Señora. Y si ella no hubiera llevado la divinidad en el entendimiento, nunca lo
habría concebido [a Cristo] corpóreamente. Dice un maestro(227): Es una merced especial
y un gran don el que uno vuele hacia arriba con el ala del conocimiento y eleve el entendimiento
al encuentro de Dios, y que sea llevado de claridad en claridad y con claridad
en claridad (Cfr. 2 Cor. 3, 18). El entendimiento del alma es lo más elevado del alma.
Cuando ésta se halla afirmada en Dios, el Espíritu Santo la introduce en la imagen y la
une con ella. Y con la imagen y el Espíritu Santo se la hace pasar y se la introduce en el
fondo. Allí donde se halla in-formado el Hijo, allí habrá de ser in-formada también el
alma. A ella que de tal manera es introducida y concentrada y centrada en Dios, le obedecen
todas las criaturas, como [le sucedió] a San Pedro: Mientras sus pensamientos estaban
concentrados y centrados con simpleza en Dios, el mar se unía bajo sus pies de
modo que él caminaba sobre el agua (Cfr. Mateo 14, 29 ss.), mas, cuando fijó su pensamiento
en lo de abajo, se fue hundiendo.
Es ciertamente un gran don el que el alma de tal manera sea introducida por el Espíritu
Santo, porque así como al Hijo se lo llama «Verbo», así al Espíritu Santo se lo llama
«Don»: de este modo lo designa la Escritura (Cfr. Hechos 2, 38). Ya he dicho varias veces:
El amor aprehende a Dios en cuanto es bueno; si no fuera bueno no lo amaría y no
lo consideraría Dios. No ama nada que carezca de bondad. Pero el entendimiento del
alma aprehende a Dios en cuanto es ser puro, un ser que flota por encima [de todo].
Mas, [el] ser y [la] bondad y [la] verdad tienen la misma extensión, pues [el] ser, en
cuanto existe, es bueno y es verdadero. Pero resulta que ellos [los maestros] toman [la]
bondad y la colocan sobre [el] ser: con ello encubren [el] ser y le hacen una piel porque
le añaden algo. Por otra parte, lo aprehenden a Él en cuanto es Verdad. [El] ser ¿es [la]
227 Cfr. Augustinus, Sermo 311 c. 4.
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verdad? Sí, pues [la] verdad se halla vinculada a[l] ser porque Él le dijo a Moisés: «Me
ha enviado El que es» (Cfr. Exodo 3, 14). Dice San Agustín(228): La Verdad es el Hijo en
el Padre, porque [la] Verdad está vinculada a[l] ser… [El] ser ¿es [la] verdad? Si se hiciera
esta pregunta a varios maestros, dirían: «¡Así es!». Si alguien me hubiera preguntado
a mí, le habría dicho: «¡Así es!». Pero ahora digo: «¡No!», porque [la] verdad también
es una añadidura. Mas [los maestros] lo toman ahora en cuanto es Uno, porque
«Uno» es más propiamente uno que aquello que se halla unido. De aquello que es uno
se ha separado todo lo demás; pero, no obstante, lo mismo que se ha separado, se ha
añadido también por cuanto supone diferencia.
Y si Él no es ni bondad ni ser ni verdad ni Uno, ¿entonces qué es? No es absolutamente
nada, no es ni esto ni aquello. Si tú todavía piensas en algo que Él sería, no lo es.
Entonces, el alma ¿dónde ha de aprehender [la] verdad? ¿No encuentra la verdad allí
donde es in-formada en una unidad, en la pureza primigenia, en la impresión de existencialidad
acendrada… no encuentra allí [la] verdad? Ah no, no halla ningún concepto de
[la] verdad sino que de ello [sólo] proviene [la] verdad, de ahí trae su origen.
San Pablo fue arrobado al tercer cielo (Cfr. 2 Cor. 12, 2 y 3). ¡Fijaos ahora en cuáles
son los tres cielos! Uno es la separación de toda corporeidad, otro la enajenación de
todo ser-imagen; el tercero un mero conocimiento inmediato en Dios. Ahora surge un
interrogante: Si San Pablo, en el lapso en que estaba arrebatado, habría sentido si lo hubieran
tocado. ¡Yo digo que sí! Cuando estaba recluido con la cerradura de la divinidad,
él habría notado si lo hubiesen tocado con la punta de un alfiler, pues San Agustín dice
en el libro «Del alma y del espíritu»(229): El alma fue creada, por decirlo así, en un punto
límite entre el tiempo y la eternidad. Con los sentidos más bajos se ocupa, en el tiempo,
de las cosas temporales; en cuanto a su potencia suprema comprende y siente, fuera del
tiempo, las cosas eternas. Por eso digo: Si en el lapso de su arrobamiento lo hubieran tocado
a San Pablo con la punta de un alfiler, él lo habría notado ya que su alma permanecía
en su cuerpo, como la forma en su materia respectiva. Y así como el sol alumbra el
aire, y el aire la tierra, así su espíritu recibió luz pura de parte de Dios, y [lo mismo] el
alma, del espíritu y el cuerpo, del alma. Por lo tanto es evidente cómo San Pablo fue
arrebatado y permaneció también [con su alma en el cuerpo]. Fue arrebatado en cuanto a
ser-espíritu y permaneció en cuanto a ser-alma(230).
El segundo interrogante trata de si San Pablo adquirió el conocimiento fuera o dentro
del tiempo. Yo digo, que conoció fuera del tiempo, porque no conoció por interme-
228 Augustinus, De vera religione c. 36 n. 66.
229 De spiritu et anima c. 47.
230 Quint (t. I p. 405 n.3) explica: «El texto quiere decir que Pablo en el espíritu fue arrobado y arrebatado
al tercer cielo, pero que él con su alma, su ser-alma […] permanecía en el cuerpo en la tierra».
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dio de los ángeles creados en el tiempo, sino que conoció por obra de Dios que ha existido
antes del tiempo y nunca fue tocado por el tiempo.
El tercer interrogante trata de si él estaba en Dios o Dios en él. Yo digo: Dios conoció
en él, y él como no [hallándose] en Dios. Escuchad un símil: El sol brilla a través del
vidrio y expele el agua de la rosa; esto se debe a la fineza de la materia del vidrio [y] a
la fuerza generadora del sol: así el sol da a luz en el vidrio y no el vidrio en el sol(231). Lo
mismo sucedió con San Pablo: cuando el claro sol de la divinidad bañó a su alma, se expelió
de la diáfana rosa de su espíritu el río amoroso de la contemplación divina, del que
dice el profeta: «El ímpetu del río da alegría a mi ciudad» (Salmo 45, 5), o sea, a mi
alma. Y esto le sucedió gracias a la claridad de su alma. El amor penetró a través de ésta
debido a la facultad procreativa de la divinidad.
La relación con el cuerpo perturba al alma de modo que ella no puede conocer con
tanta pureza como el ángel; pero, uno es angelical en la medida en que conoce sin cosas
materiales. El alma conoce desde fuera, Dios conoce en Él mismo por Él mismo, porque
es el origen de todas las cosas; que Dios nos ayude a [llegar a] este origen por [toda] la
eternidad.
231 Quint explica detalladamente el texto y el símil. (t. I p. 407 s. nota 2) Según informaciones recibidas
por él se trataría de un fenómeno llamado «gouttieren» = «gutación» en castellano. Según ello, los órganos
de las hojas de vegetales (y no sólo los pétalos de la rosa) destilan agua en forma de gotitas bajo el
influjo de la energía solar. La explicación del fenómeno se logró tan sólo alrededor del año 1900. Agradezco
a la profesora Mirta Louis (del Departamento de Investigaciones Filológicas de la Academia Argentina
de Letras) el haber encontrado el término técnico «gutación».
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