jueves, 9 de julio de 2015

San Nicolas Pieck - Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús - Santos Agustín Zhao Rong, Pedro Sans i Jordá, obispo y compañeros, mártires 09072015


San Nicolas Pieck

image Saber más cosas a propósito de los Santos del día


San Nicolas Pieck y Compañeros, Mártires. En 1572 los calvinistas ahorcaron en Gorkum , Suiza, a 19 sacerdotes y religiosos a causa de su fe católica.    Once mártires eran frailes menores de la Observancia, entre ellos se contaban San Nicolás Pieck, guardián del convento de Gorkum y San Jerónimo Weerden, su vicario.   Junto con ellos fueron ejecutados Juan Van Oosterwyk, canónigo regular de San Agustín, los sacerdotes diocesanos Leonardo Vechel, Nicolás Janssen y Godofredo Van Fuynen.
Luego que el destacamento calvinista conocido con el nombre de la "armada de los piratas" se apoderara de la ciudad de Gorkum, el grupo estuvo a merced de los soldados y sometidos a sus crueles tratos como consecuencia del odio a la de los calvinistas y a la negativa del grupo de revelar dónde habían ocultado sus implementos eucarísticos.
Pese a que les ofrecieron la libertad a cambio de que abjuraran de la Eucaristía y rechazaran la supremacía pontificia, los mártires no cedieron y fueron ejecutados en un granero aledaño a Gorkum.
Fueron canonizados en 1867





Oremos  

Señor y Dios nuestro, que nos das constancia en la fe y fortaleza en la debilidad, concédenos por el ejemplo y los méritos de San Nicolás Pieck y  compañeros participar en la muerte y resurrección de tu Hijo para que también gocemos contigo, en compañía de tus mártires, de la plena alegría de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.



Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús

image Saber más cosas a propósito de los Santos del día



Santa Paulina del Corazón Agonizante de Jesús (Amábile Lucía Wisenteiner)
Una enferma de cáncer en fase terminal acogida por Amabile fue el origen de la fundación de las Hermanitas de la Inmaculada Concepción, impulsada por esta gran mujer, nacida el 16 de diciembre de 1865 en Vígolo Vattaro, provincia de Trento, Italia. Su escasísima formación no implicaba cortedad de miras. Al contrario. Tuvo la visión de crear la estructura precisa para que los desheredados de cariño, de salud y de recursos materiales, hallaran lo preciso para sobrevivir con la máxima dignidad posible.
Creció en el seno de una familia que se vio obligada a emigrar a Brasil junto a otros compatriotas. Buscaban una mejor calidad de vida, como legítimamente continúan persiguiendo los millones de personas que dejan atrás su país. El largo centenar de italianos que acompañó en este forzado exilio a la familia Wisenteiner llevaba clavado en el corazón las hondas raíces heredadas de sus antepasados. Cuando en 1876 se afincaron en el estado brasileño de Santa Catalina, en Trento, dieron a la nueva ciudad el nombre de Vígolo. Puede que fuese una forma de perpetuar emotivamente los inolvidables lazos que siempre les atarían al lugar que les vio nacer. Entonces Amabile tenía 10 años, y ya había experimentado en su tierra lo que significa trabajar duramente en una fábrica de seda; comenzó a los 8, una edad en la que debería haber estado jugando a las muñecas. Ni qué decir tiene que sus padres no deseaban este futuro para sus hijos.
Alrededor de los 12 años recibió la Primera comunión y, con ella, se inició su itinerario espiritual. Primeramente colaboró en la parroquia como catequista de los niños, visitaba a los enfermos y se ocupaba también de mantener aseada la capilla. A ello añadía a las tareas del hogar, que atendía ayudando a su madre. Pero ésta murió en un mal parto en 1886, y Amabile, que ya pensaba en la vida religiosa, se encontró con la enorme responsabilidad de cuidar a sus doce hermanos; fue su punto de referencia. Cuando su padre contrajo segundas nupcias tuvo vía libre para cumplir su anhelo. En 1890, junto a otra amiga que solía visitar enfermos como ella, inició una vida en común de acuerdo con el P. Rossi que asumía la dirección espiritual de ambas. Adquirieron una casa en Nueva Trento y se trazaron un sencillo programa espiritual. Fue allí donde cobijaron y asistieron a la enferma de cáncer. El grupo de mujeres creció movido por la virtud que apreciaban en Amabile, y el P. Rossi y ella juzgaron que era el momento de instituir una Congregación. La fundación fue acogida por el prelado de Curitiba, Mons. Camargo. Tres de sus integrantes, incluida la santa, profesaron en 1895 y ésta tomó el nombre religioso con el que pasaría a la posteridad.
En 1903 se trasladaron a Ipiranga, São Paulo. Desde allí Amabile iba a impulsar la creación de cinco provincias permitiéndole extender su acción caritativa a muchos enfermos y pobres brasileños. Ese año fue elegida superiora general «ad vitam». Pero surgieron graves problemas internos dentro de la Congregación, y en 1909 el arzobispo Mons. Duarte Leopoldo e Silva la convocó para anunciarle que quedaba destituida.Su director espiritual, el P. Rossi, narró que en ese instante ella «se arrodilló... se humilló... respondió que estaba totalmente dispuesta a entregar la congregación... se ofrecía espontáneamente para servir en la congregación como súbdita». La respuesta del arzobispo fue: «Viva y muera en la congregación como súbdita». Su más preciado anhelo era que Dios «fuera conocido, amado y adorado por todos en todo el mundo»; junto a él le preocupaba la pervivencia de la fundación. Para ello siguió refugiada en la oración y en el trabajo, envolviendo en la Eucaristía los sufrimientos. Nadie en el hospicio de San Vicente de Paúl en Bragança Paulista, São Paulo, donde fue destinada a trabajar con los ancianos y los enfermos, pudo conocer la hondura de sus padecimientos. La difamación y las murmuraciones no socavaron su fe ni un ápice. Tampoco mermó sus esfuerzos. Su ardiente caridad fue recompensada con el afecto, el respeto y la admiración de los que iban conociéndola, muchos de los cuales eran acreedores de sus gestos serviciales, generosos. En 1918 su sucesora, la superiora general Vicência Teodora, de acuerdo con el arzobispo Don Duarte, la trasladó a Ipiranga, a la casa madre. Su cometido fue asistir a las religiosas que se hallaban enfermas. Fuera de ello pasó el resto de su vida sin notoriedad alguna, orando, llena de fe y de confianza en Dios, sostenida por la Eucaristía. Tenía gran devoción por la Inmaculada y por san José. En una ocasión confió al P. Rossi:«La presencia de Dios me es tan íntima, que me parece imposible perderla, y esta presencia le da a mi alma una alegría que no puedo explicar».
Era diabética, y a partir de 1938 la enfermedad comenzó a recrudecerse después de lesionarse uno de los dedos de la mano cuando cortaba leña. Se gangrenó y se lo amputaron, pero la necrosis seguía invadiendo el brazo y en una segunda intervención quirúrgica hubo que cercenar su mano. No hubo modo de poner coto definitivo a la gangrena y en una tercera operación seccionaron su brazo derecho. Finalmente, quedó ciega. El 12 de julio de 1940 redactó su testamento espiritual. Lo que decía era fruto de su experiencia: «Sed muy humildes. Confiad siempre y mucho en la Divina Providencia; nunca, jamás, os desaniméis, aunque vengan vientos contrarios. Nuevamente os digo: Confiad en Dios y en María Inmaculada; manteneos firmes y ¡adelante!». Murió en Ipiranga el 9 de julio de 1942 diciendo:«Hágase la voluntad de Dios». Juan Pablo II la beatificó el 18 de octubre de 1991. Él mismo la canonizó el 19 de mayo de 2002.


San Agustín Zhao Rong

image Saber más cosas a propósito de los Santos del día

Santos Agustín Zhao Rong, Pedro Sans i Jordá, obispo y compañeros, mártires
Santos Agustín Zhao Rong, presbítero, Pedro Sans i Jordá, obispo, y compañeros, mártires, que en diversos lugares de China, y en distintos tiempos, fueron valerosos testigos del Evangelio de Cristo con sus palabras y sus obras, y caídos víctimas de persecución por haber predicado y confesado la fe, merecieron pasar al banquete eterno de la gloria.
 (De la homilía de SS. Juan Pablo II en la misa de canonización de los 120 mártires<<<<<<<<<<
Conságralos en la verdad; tu palabra es la verdad». Esta invocación, que reproduce la voz de la oración sacerdotal de Cristo elevada al Padre en la Última Cena, parece subir de la muchedumbre de santos y bienaventurados que el Espíritu Santo suscita en su Iglesia a lo largo de los siglos. Dos mil años después del comienzo de la obra de la redención, hacemos nuestra esa invocación, con los ojos fijos en el ejemplo de santidad de Agustín Zhao Rong y sus ciento diecinueve compañeros mártires en China. Dios Padre los consagró en su amor, escuchando la oración de su Hijo que le adquirió un pueblo santo al extender sus brazos en la cruz para destruir la muerte y manifestar la resurrección.

La Iglesia da gracias al Señor porque la bendice y derrama en ella la luz con el resplandor de la santidad de estos hijos e hijas de China. La jovencita Ana Wang, de catorce años, resistió las amenazas del verdugo que la invitaba a apartarse de la fe de Cristo, diciendo mientras se preparaba con ánimo sereno a ser decapitada: «La puerta de los cielos ha sido abierta a todos», y con susurros invocó tres veces a Jesús; Xi Guizi, un joven de dieciocho años, dijo impávido a quienes le acababan de cortar el brazo derecho y se esforzaban por arrancarle la piel cuando todavía estaba vivo: «Cada trozo de mi carne, cada gota de mi sangre traerá a vuestra memoria que soy cristiano».

Con la misma fortaleza y alegría, otros ochenta y cinco chinos dieron testimonio, hombres y mujeres de toda edad y condición, sacerdotes, religiosas y laicos que, con la entrega de la vida, confirmaron su indefectible fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Esto sucedió en diversas épocas y tiempos difíciles y angustiosos de la historia de la Iglesia en China.
En esta multitud de mártires resplandecen también treinta y tres misioneros y misioneras que, dejando su patria, intentaron insertarse en las costumbres y mentalidad chinas, adoptando con gran amor las particularidades de aquellas tierras, seducidos por el deseo de anunciar a Cristo y de servir a ese pueblo. Sus sepulcros todavía se conservan allí para mostrar que pertenecen a aquella patria a la que, a pesar de la flaqueza humana, amaron con sincero corazón, consagrando a ella todas sus energías. «A nadie hemos perjudicado sino que hemos servido a muchos», dijo el obispo Francisco Fogolla al gobernador que se disponía a matarlo con su propia espada.


Cada uno de lo mártires tiene, naturalmente, su propia entrada en el Martirologio, en su fecha de martirio, los vínculos remiten a ella:
Obispos:
Antonio Fantosati
Francisco Fogolla
Gabriel Taurino Dufresse
Gregorio Grassi
Luis Versiglia
Pedro Sans i Jordá

Presbíteros de la Orden de Hermanos Menores:
Cesidio Giacomantonio
Elía Facchini
Juan de Triora (Francisco María) Lantrua
José María Gambaro
Teodorico Balat

Presbíteros de la Orden de Predicadores:
Francisco Díaz del Rincón
Francisco Fernández de Capillas
Francisco Serrano
Joaquín Royo
Juan Alcober

Presbíteros de la Compañía de Jesús:
León Ignacio Mangin
Modesto Andlauer
Pablo Denn
Remigio Isoré

Presbítero del Instituto Pontificio de Misiones Extranjeras:
Alberico Crescitelli

Presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París:
Augusto Chapdelaine
Juan Pedro Néel

Presbítero salesiano:
Calixto Calavario

Presbítero de la Congregación de la Misión:
Francisco Regis Clet

Presbíteros:
Agustín Zhao Rong
Pablo Liu Hanzuo
Tadeo Liu Ruiting

Vírgenes del Instituto de Franciscanas Misioneras de María:
María Paz (María Ana) Giuliani
María de Santa Natalia (Juana María) Kerguin
María de San Justo (Ana Francisca) Moreau
María Adolfina (Ana Catalina) Dierk
María Amandina (Paulina) Jeuris
María Clara (Clelia) Nanetti
María Ermellina de Jesús (Irma) Grivot

Seminaristas:
José Zhang Wenlan
Pablo Chen Changpin

Religiosos:
Juan Wang Rui
Juan Zhang Huan
Juan Zhang Jingguang
Patricio Donng Bodi
Felipe Zhang Zhihe
Andrés Bauer
Francisco Zhang Rong
Matías Feng De
Pedro Wu Anpeng
Pedro Zhang Banniu
Simón Chen Ximan
Tomás Shen Jihe

Catequistas:
Jerónimo Lu Tingmei
Joaquín He Kaizhi
Juan Chen Xianheng
Juan Zhang Tianshen
José Zhang Dapeng
Lorenzo Wang Bing
Lucía Yi Zhenmei
Martín Wu Xuesheng
Pedro Liu Wenyuan
Pedro Wu Guosheng

Seglares:
Águeda Lin Zhao
Andrés Wang Tianquing
Ana An Jiaozhi
Ana An Xinzhi
Ana Wang
Bárbara Cui Lianzhi
Inés Cao Kuiying
Isabel Qin Bianzhi
Santiago Yan Guodong
Santiago Zhao Quanxin
Juan Bautista Lou Tingyin
Juan Bautista Wu Mantang
Juan Bautista Zhao Mingxi
Juan Bautista Zhou Wurui
Juan Wang Guixin
Juan Wu Weniyin
José Ma Taishun
José Wang Guiji
José Wang Yumei
José Yuan Gengyin
José Yuan Zaide
Lang Yangzhi
Lorenzo Bai Xiaoman
Lucía Wang Cheng
Lucía Wang Wangzhi
Magdalena Du Fengju
Marcos Ji Tianxiang
María An Gouzhi
María An Lihua
María Du Tianshi
María Du Zhaozhi
María Fan Kun
María Fu Guilin
María Guo Lizhi
María Qi Yu
María Wang Lizhi
María Zhao Gouzhi
María Zhao
María Zheng Xu
María Zhou Wuzhi
Marta Wang Louzhi
Pablo Ke Tingzhu
Pablo Lang Fu
Pablo Liu Jinde
Pablo Wu Juan
Pablo Wu Wanshu
Pedro Li Quanhui
Pedro Liu Ziyu
Pedro Wang Erman
Pedro Wang Zuolong
Pedro Zhao Mingzhen
Pedro Zhou Rixin
Ramón Li Quanzhen
Rosa Chen Aixie
Rosa Fan Hui
Rosa Zhao
Simón Qin Chunfu
Teresa Chen Jinxie
Teresa Zhang Hezhi
Xi Guizi
Zhang Huailu






Oh Dios, que, mediante el testimonio de los santos mártires Agustín y compañeros, fortaleciste a tu Iglesia con admirable largueza, concede a tu pueblo que se mantenga fiel a la misión que le encomendaste, obtenga los beneficios de la libertad y testifique la verdad en medio del mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén 

No hay comentarios:

Publicar un comentario