viernes, 10 de julio de 2015

Santa Felicita de Roma y sus 7 hijos mártires.- San Leoncio - San Pedro Vincioli - San Canuto IV de Dinamarca - Beatas María Gertrudis de Santa Sofía de Ripert d´Alauzin e Inés de Jesús de Romillon 10072015

Santa Felicita

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Santa Felicita de Roma y sus 7 hijos mártires.
En el año 150 vivía en Roma una noble viuda cristiana llamada Felicita que tenía siete hijos, fervorosos discípulos de Cristo. Madre e hijos fueron encarcelados por la fe. A todos se les fue poniendo uno por uno ante la alternativa de apostatar o morir, más, ayudados por las heroicas palabras de aliento de su madre, todos aquellos jóvenes prefirieron la muerte en testimonio de fidelidad al Salvador. Madre e hijos murieron mártires bajo el emperador Antoninus.
"¡Ea!" –respondió el mayor de los hijos al juez que le inducía traicionar a Cristo-, acaba ya con tu charla; sábete que yo quiero permanecer fiel. Idénticas respuestas dieron los otros seis, y todos fueron muriendo por la fe ante los ojos de aquellos a quienes todavía no había llegado el turno. Y la madre, que había sufrido y muerto, por decirlo así, con cada unos de sus hijos, concluyó aquella inmolación heroica sufriendo cuatro meses después la gloriosa muerte del martirio. ¡Que recibimiento le harían sus hijos en el cielo! De la madre hace conmemoración la Iglesia el día 23 de noviembre, mientras que el 10 de julio celebra la fiesta de los siete santos hermanos.

Enterrados en el cementerio de Maximus, en la Via Salaria, Roma. Reliquias en la Iglesia capuchina de Montefiascone, Italia. Entre los siete hijos de Santa Felicita hay uno –el penúltimo, llamado Alejandro-, cuyos sagrados despojos fueron trasladados durante la temprana Edad Media, a la villa de Wildeshausen, en la actual provincia de Oldemburgo. No podemos imaginarnos la solemnidad y el gran concurso de gente, procedente de toda Alemania, con que fueron trasladadas las sagradas reliquias. Hoy todavía podemos seguir el itinerario de aquella solemne procesión, pues doquiera los restos del santo se detenían una noche, allí las gentes se encargaban de edificar un templo en honor del joven mártir. Por eso hay en Alemania tantas iglesias dedicadas a San Alejandro.



San Leoncio

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Santos Leoncio, Mauricio, Daniel, Antonio, Aniceto, Sisinio y otros, mártires


país: Turquía - †: s. IV

En Nicópolis, de Armenia, santos mártires Leoncio, Mauricio, Daniel, Antonio, Aniceto, Sisinio y otros, que en tiempo del emperador Licinio, y siendo prefecto Lisias, fueron martirizados de diversos modos.



San Pedro Vincioli

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San Pedro Vincioli, presbítero
En Perugia, de la Umbría, san Pedro Vincioli, presbítero y abad, que reconstruyó la ruinosa iglesia dedicada a san Pedro, y a ella unió un monasterio en el que, tras vencer gran oposición y con gran paciencia, introdujo los usos y costumbres cluniacenses.
Nació en Montelagello o Agelione, cerca de Perugia, en fecha desconocida. Inclinado desde niño a la piedad, los padres no miraban con buenos ojos la vocación religiosa del muchacho. Pero el joven maduraba su vocación y se preparó al sacerdocio que recibió oportunamente, dando un gran ejemplo de virtud como sacerdote y sobresaliendo por su caridad con los pobres. No dudó en pedir al propio emperador Otón II, a su paso por Perugia, que impidiera los latrocinios y abusos de sus tropas.

Luego tuvo la iniciativa de fundar un monasterio benedictino en el sitio de la antigua catedral de Perugia y en donde estaban las reliquias de san Herculano. Obtenida la licencia del obispo, se construyó el monasterio y quedó Pedro como superior al frente del mismo, acudiendo numerosas vocaciones deseosas de vivir la vida religiosa en profundidad. El papa Juan XIII (+ 972) estuvo de acuerdo en la erección del monasterio, y otorgó la exención de la jurisdicción episcopal y consagró abad del mismo a Pedro. La iglesia fue dedicada a San Pedro el 22 de noviembre del año 969. Pedro rigió santamente el monasterio, dando personalmente un eximio testimonio de virtud y vida cristiana por su austeridad, espiritualidad y grandes virtudes. Murió el 10 de julio de 1007.

fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003



San Canuto IV de Dinamarca

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San Canuto IV de Dinamarca, mártir
En Odense, ciudad de Dinamarca, san Canuto, mártir, rey de ardiente celo, que incrementó en su reino el culto divino, promovió el estado clerical y, después de haber fundado las Iglesias de Lund y Odense, fue finalmente asesinado por algunos sediciosos.
Canuto de Dinamarca era hijo natural de Svend II Estrithson, cuyo tío, llamado también Canuto, había sido rey de Inglaterra (Canuto el Grande, de Inglaterra, Noruega y Dinamarca). San Canuto trató de hacer valer sus títulos a la corona inglesa, pero fracasó totalmente en Northumbría, en 1075. Seis años después, sucedió a su hermano Harold III Han en el trono de Dinamarca. Los daneses se habían convertido al cristianismo poco tiempo antes, pero, como se ha dicho de Canuto de Inglaterra, «su entusiasmo religioso tenía algo de la ingenuidad de un bárbaro». Esto es lo menos que se puede decir. Canuto se casó con Adela, hermana de Roberto, conde de Flandes, y de este matrimonio nació el beato Carlos el Bueno.

Canuto favoreció con sus leyes la administración de la justicia y la paz del reino, otorgó privilegios e inmunidades al clero, e impuso tributos para el sostenimiento de éste. Desgraciadamente, esto hizo que algunos clérigos se convirtiesen en señores feudales que se ocupaban más de sus bienes temporales que de sus deberes espirituales. Canuto mostró una munificencia regia en la construcción y dotación de iglesias, y regaló su propia corona a la iglesia de Roskilde, que se convirtió en cementerio de los reyes daneses. En 1085 reclamó nuevamente el trono de Inglaterra, e hizo extensos preparativos para la invasión, de acuerdo con Roberto de Flandes y Olaf de Noruega; pero la oposición que encontró entre los nobles y el pueblo le obligó a desistir de la empresa.

Sus subditos se sentían cada vez más descontentos, a causa de los impuestos y tributos, del nuevo orden social, hasta que la rebelión estalló entre los subordinados de Olaf, el hermano de Canuto. Este huyó a la isla de Fünen y se refugió en la iglesia de San Albán, en Odense, la cual debía su nombre a una reliquia que Canuto había traído de Inglaterra. Pero los rebeldes le persiguieron y cercaron el templo. Creyéndose perdido, Canuto se confesó y recibió la comunión, mientras los rebeldes atacaban, destrozando a pedradas los emplomados. Al penetrar en el edificio, asesinaron al rey que se hallaba arrodillado junto al altar. Murió con su hermano Benito y otros diecisiete compañeros, el 10 de julio de 1086.

Aelnoth, el biógrafo de Canuto, un monje de Canterbury que había vivido veinticuatro años en Dinamarca, afirma que Dios dio testimonio de la santidad del monarca, obrando numerosas curaciones milagrosas junto a su tumba. Esto movió al pueblo a venerar sus reliquias. Uno de los sucesores de Canuto, Erico III, envió a Roma las pruebas de los milagros obrados por el santo monarca, y el Papa Pascual II autorizó el culto al santo, aunque es difícil comprender por qué se le venera como mártir. Aelnoth añade que los primeros evangelizadores de Dinamarca y el resto de Escandinavia eran ingleses, y que los suecos fueron los que opusieron mayor resistencia al cristianismo.

Ver Acta Sanctorum, julio, vol. III. Cfr. F.M. Stenton, Anglo-Saxon England (1943), pp. 603, 608-609.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI




Beatas María Gertrudis

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Beatas María Gertrudis de Santa Sofía de Ripert d´Alauzin e Inés de Jesús de Romillon, vírgenes y mártires
En Orange, ciudad de Provenza, en Francia, beatas María Gertrudis de Santa Sofía de Ripert d´Alauzin e Inés de Jesús (Silvia) de Romillon, vírgenes de la Orden de Santa Úrsula, mártires durante la Revolución Francesa.
El 10 de julio de 1794 fueron guillotinadas en Orange dos religiosas ursulinas, procedentes del convento de esta Orden en Bolléne. Habían sido detenidas y llevadas a Orange junto con otras compañeras que se celebran también por estas fechas, y, tras días de reclusión, juzgadas y condenadas a muerte. Fueron beatificadas con el grupo de 32 mártires de Orange en la Revolución Francesa el 10 de mayo de 1925, por SS. Pío XI.

María Gertrudis De Ripert D´Alauzin (Alauzier) era de familia noble y había nacido en Bolléne el 15 de noviembre de 1757. Al profesar en el monasterio ursulino de Bolléne había tomado el nombre de sor Santa Sofía. Fue acusada de procurar el triunfo del fanatismo y la tiranía y haberse negado a prestar el juramento de libertad-igualdad que se le exigía. El día antes de su juicio y condena, previendo que iba a tocarle ya la muerte por Cristo, dijo: «Estoy en una especie de éxtasis y como fuera de mí misma, porque estoy convencida de que mañana moriré y veré a mi Dios».

Silvia Inés De Romillon había nacido también en familia noble en la ciudad de Bolléne el 15 de marzo de 1750 y había profesado en el monasterio ursulino de su ciudad con el nombre de sor Inés de Jesús. Acusada de lo mismo que su compañera, en el camino hacia el suplicio vio a su hermana que se dolía mucho de su muerte y la animó.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003

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