El sentido de la vida no se ha perdido
2017-11-07
Quien observa el panorama
brasilero bajo la óptica de la ética (toda óptica produce su ética) no deja de
quedar desolado y profundamente entristecido. Un presidente no es solo portador
del poder supremo de un país. El cargo posee una carga ética. Él debe
testimoniar, con su vida y actos, los valores que quiere que su pueblo viva.
Aquí tenemos lo contrario: un presidente tenido por corrupto, no sólo por
acusación de políticos, ni siquiera por delaciones, siempre discutibles, sino
por una seria investigación de la Policía Federal y de otros órganos como el
Ministerio Público. Pero la desmesurada vanidad del cargo y la total falta de
respeto a su propio país, se mantienen a base de corrupción hecha a la luz del
día, comprando votos de diputados y ofreciendo otros favores. Y esos diputados,
alegremente, se dejan corromper, porque muchos son corruptos y aprovechan
la ocasión para conseguir funciones y otros beneficios. La república ha quedado
podrida para siempre. Tenemos que volver a fundar Brasil sobre otras bases pues
aquellas que lo han sostenido cojeando hasta ahora ya no consiguen sostenerlo
dignamente.
A
pesar de todo esto, no dejamos que muera la esperanza,aunque en este momento,
al decir de Rubem Alves, se trata de una “esperanza agonizante”. Pero
resucitará de esta agonía y nos rescatará el sentido de vivir. Si perdemos el
sentido de la vida, el próximo paso podría ser el completo cinismo y, en
último término, el suicidio. Quiero retomar la cuestión del sentido de la
vida.
A
pesar de la desesperanza y de la existencia del absurdo ante el cual se rinde
la propia razón, creemos en la bondad fundamental de la vida. La persona común,
que somos la gran mayoría de nosotros, se levanta, pierde un precioso tiempo de
su vida en los autobuses superabarrotados, va al trabajo, muchas veces duro y
mal remunerado, lucha por la familia, se preocupa por la educación de sus
hijos, sueña con un Brasil mejor, es capaz de gestos generosos auxiliando a un
vecino más pobre y, en casos extremos, arriesga la vida para salvar a una niña
inocente amenazada de estupro. ¿Qué se esconde detrás de estos gestos
cotidianos y banales? Se esconde la confianza de que, a pesar de todo, vale la
pena vivir porque la vida, en su profundidad, esbuena y fue hecha para ser
vivida con coraje, que produceautoestima y sentido de valor.
Hay
aquí una sacralidad que no viene bajo un signo religioso sino bajo la
perspectiva de lo ético, de vivir correctamente y de hacer lo que debe ser
hecho. El gran sociólogo austríaco-norte-americano Peter Berger, fallecido hace
poco, escribió un brillante libro relativizando la tesis de Max Weber sobre la
secularizacióncompleta de la vida moderna con el título: Rumor de
ángeles: la sociedad moderna y el descubrimiento de lo sobrenatural (Herder
1975). En él describe innumerables señales, que él llama “rumor de ángeles”,
que muestran lo sagrado de la vida y el sentido que ella siempre guarda, a
pesar de todo el caos y de los contrasentidos históricos.
Traigo
aquí solo un ejemplo que me viene a la mente, banal yentendido por todas las
madres que duermen a sus hijos. Uno de ellos despierta sobresaltado en medio de
la noche. Tiene una pesadilla, todo está oscuro, se siente solo, y lleno de
miedo gritallamando a su madre. Esta se levanta, abraza el niño a su cuello y
en un gesto primordial de magna mater lo rodea de cariño y
de besos<, le dice cosas dulces y le susurra: “Mi niño, no
tengas miedo; tu madre está aquí. Todo todo está en orden, no pasa nada, mi
amor”. El niño deja de llorar. Recobra la confianza en lanoche y poco después
se duerme de nuevo, tranquilo y reconciliado con las cosas.
Esta
escena tan común esconde algo radical que se manifiesta en la pregunta: ¿será
que la madre está engañando al niño? Elmundo no está en orden, ni todo está
bien. Y sin embargo estamos seguros de que la madre no está engañando a su
hijito. Su gesto y sus palabras revelan que, no obstante el desorden que la
razón práctica percibe, impera un orden más fundamental. El conocido pensador
Eric Voegelin (Order and History, 1956) mostró magistralmente que
todo ser humano posee una tendencia esencial hacia el orden. Donde quiera que
surja el ser humano, aparece un orden de las cosas, valores y ciertos
comportamientos.
La
tendencia hacia el orden implica la convicción de que la vida tiene sentido.
Que en el fondo de la realidad, no prevalece lamentira, sino la confianza, el
consuelo y la acogida final.
Así
creemos que el tiempo de la gran desolación por causa de la corrupción que
destruye el orden pasará, y volveremos a celebrar y disfrutar el sentido bueno
de la existencia.
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