sábado, 28 de septiembre de 2019

¿Buenos y malos? No. Personas. ( Domingo 26º del T.O. Ciclo C (29.09.2019): Lucas 16,19-31.) y “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mateo 7,12) (Domingo 44º de Mateo (29.09.2019): Mateo 25,1-46.)


Hoy es lunes. Ni tú ni yo nos hemos equivocado de día. Tan solo sucede una cosa: Vamos con un día de retraso porque estas líneas de presentación y los correspondientes comentarios deberían estar ya en tus manos y ante tus ojos. 

Ayer fue domingo y estuve en Bujedo con muchas personas, pero especialmente con otras siete personas presentes y otras siete tan presentes como las anteriores, aunque no estuvieran así físicamente. Siete y siete suman catorce. Eso es 'casi' todo. 
Estuvimos de campo, de monte, de encuentro, de diálogos... como suelen ser los encuentros entre las personas normales. 
Nos encontramos para compartir el tiempo y cuantas otras cuestiones se nos fueron haciendo presentes sin haberlas programado u organizado. 
La única finalidad del encuentro era encontrarse. Estar, sentirse presente, hablar, comer, pasear, preguntar y responder, compartir las horas del día y de la noche. 
Tanto las peñas de los montes de Bujedo como los rastrojos otoñales de los horizontales campos de labor fueron testigos silenciosos de nuestros pasos, risas, fotos, comentarios y de las agujetas de nuestros cuerpos no del todo acostumbrados cotidianamente a estas actividades despreocupadas de todo lucro que no fuera el respirar aire limpio, azul y transparente... 
¡Qué bien se está cuando se está bien! 
Y no son necesarias muchas cosas. 
Bueno, alguna sí, como el tiempo y como el deseo... 
En la tarde de ayer domingo, al terminar y escribir el punto y seguido del encuentro, nos citamos para seguir caminando en el próximo año y en su nuevo mes de septiembre y por estos caminos de fuera y de dentro del monasterio de La Salle de Bujedo.

Qué distintas me resultan estas experiencias de aquellas otras que se nos anuncian en la lectura del relato del Evangelio de Lucas del próximo domingo 29 de septiembre en el que se nos cuentan los planes de un hombre rico que soñaba con nuevos enriquecimientos, insaciables. 
Pensaba que a este rico le sobraba de todo menos humanidad. Justamente lo que volvimos a saber y sentir en este fin de semana y por las sendas y caminos de los montes, campos y claustros de Bujedo. 
¿Existe acaso otra inmensa riqueza que no sea el ser persona?
Junto a esta evocación y recuerdo de 'aquel hombre rico de humanidad arruinada'  coloco también los mensajes del relato del narrador Mateo en el capítulo vigésimo quinto de su Evangelio. 
¡¡¡Lo recordamos muy bien!!! Y hasta nos hemos atrevido a bautizarlo como 'el Juicio final universal'. 
Y creo que no se trata de eso, sino más bien del vivir cotidiano y del vivirlo aquí y codo con codo como si se tratara de hacer juntos el camino sin otra preocupación que hacer este camino juntos y a gusto.
Y... ya no es necesario alargarnos más. 
Muchas gracias por estar y encontrarnos de nuevo, sea domingo o lunes. 
Sabrosa lectura de los relatos del Evangelio y de sus comentarios que se encuentran a continuación. 
También los encuentras en el archivo adjunto...

Domingo 26º del T.O. Ciclo C (29.09.2019): Lucas 16,19-31.
¿Buenos y malos? No. Personas. Lo medito y escribo CONTIGO: 

Lucas nos está contando en el texto de este domingo -y del siguiente- el final de la segunda etapa del camino que recorre su Jesús de Nazaret desde el norte de Israel hasta Jerusalén. Sorprende que el narrador no vaya precisando los lugares por los que transcurre este camino. Abierta queda la interpretación de este dato del relato. Apunto este pormenor por si sirve algo para ubicar el contexto de la lectura del Evangelio de Lucas 16,19-31.

El texto es muy popularmente conocido por las gentes que asiduamente participan en la liturgia eclesial. Creo que se trata de una parábola. Para muchos comentaristas no es así. Los hay que piensan que Lucas está contando hechos reales, históricos, tanto en la realidad de este mundo, como en el más allá después de la muerte. ¿Parábola o acontecimiento?

“Había un hombre rico... Y también un hombre pobre llamado Lázaro” (Lc 16,19-20). Lucas es el único Evangelista que pone en labios de su Jesús este relato. Nada se dice a propósito de la identidad de este Lázaro. Tan solo que es un enfermo y empobrecido que acaba muerto de hambre a la puerta de la casa de un hombre rico a quien le sobra de todo, menos humanidad.

¿Tiene algo que ver este Lázaro con las hermanas llamadas Marta y María de Lc 10,38-42? Según este relato de Lucas, no. Según el cuarto Evangelio en Jn 11, estas dos mujeres tienen un hermano llamado Lázaro que a muchos lectores e intérpretes les parece oportuno identificar con el ‘Lázaro’ de esta narración lucana. Los contextos literarios de estos relatos son tan distintos como distantes en ambos Evangelistas. Y creo no equivocarme demasiado si añado que el contexto teológico de estos dos relatos (el de Lucas y el de Juan) con sus tres personajes (Marta, María, Lázaro) de uno y otro Evangelio es mucho más decisivo que el literario.

En el texto de Lucas 16,19-31 Jesús estaba hablando a ‘todos los publicanos, pecadores, fariseos y maestro de la Ley’ (Lc 15,1-3). Lucas dice explícitamente, y no deseo olvidarlo nunca, ‘todos’. ¿Exagera? No. ¿Puedo pensar que estos maestros de la Ley y fariseos son ‘el hombre rico’ y que aquellos publicanos y pecadores son ‘el hombre pobre, llamado Lázaro’? ¿No se creían ‘los judíos buenos’ las únicas personas escogidas por su Yavé Dios aquí y en el más allá?

Cuando medito despacio en todo esto me acabo diciendo que esta parábola del ‘hombre rico y del hombre pobre’ no es otra cosa que el mensaje del Salmo primero de la Biblia judía. Pero al revés. Esta narración que Lucas coloca en boca de su Jesús (aquel galileo que a los doce años se ocupa de las cosas de la casa de su padre) vendría a ser la parábola blasfema de ese Salmo.

El Salmo 1 es ‘una bienaventuranza’ de la RELIGION judía que nos solemos tragar los llamados cristianos como si fuera la Buena Noticia del Evangelio: “Feliz el hombre que pone su alegría en la Ley de Dios, la lee y medita y vive noche y día. Es como un árbol plantado junto al río... Todo cuanto hace le sale bien. No sucede lo mismo con los impíos, son como paja que se lleva el viento... Yavé Dios protege el camino de los buenos. El camino de los impíos acaba mal”. Según leemos en la parábola de Lucas, su Jesús judío y laico propone y proclama un mensaje abierta-mente enfrentado. Tú, yo y todos, lo recuerdo, llevamos dentro una semilla y ¡podemos elegir!
Carmelo Bueno Heras

Domingo 44º de Mateo (29.09.2019): Mateo 25,1-46.
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mateo 7,12)

El relato de Mateo 25,1-46 es la segunda parte del quinto discurso (Mt 24-25) que coloca este Evangelista en boca de su Jesús de Nazaret. Así lo adelantaba en el comentario anterior. Por esta razón se puede constatar que Mt 26,1 es una expresión, llamada catáfora, usada explícita y reiteradamente por su autor para marcar el final de cada uno de estos cinco discursos (Mt 7,28; 11,1; 13,53 y 19,1). Frente a la Ley de Moisés, la nueva Ley de Jesús. La alternativa.

En el texto se descubren con facilidad tres parábolas. Las tres muy conocidas. La parábola de las lámparas, encendidas o apagadas, es la primera (Mt 25,1-13). Con estas lámparas hay que ‘estar atentas y atentos’. Hay que impedir toda posible distracción, olvido o desinformación.

La segunda parábola es, en apariencia, la de los talentos que se invierten para que rindan (Mt 25,14-30). En realidad es la parábola del propietario aquel que, empapado por la confianza, decide repartir sus bienes, sus talentos, su patrimonio.

La tercera parábola tiene todas las apariencias de un juicio (Mt 25,31-46). ¿Será la parábola del juicio final? La letra del texto no desautoriza tal interpretación. ¿Estamos ante el juicio que sólo admite, sin matices, que las personas seamos buenas o malas? ¿Y qué sucede con quienes a veces son más buenos que malos, sin dejar de ser lo uno y lo otro a partes desiguales? Del texto de esta tercera parábola me grita en mis adentros esta pregunta que brota de todos los vivientes: “Señor, ¿cuándo te vimos?...” (Mt 25,39 y 25,44).

Estas tres parábolas tienen como contexto un asunto muy explícito para el Evangelista y que nadie debemos olvidar: “Qué sucede con esto del Reino de los Cielos” (Mt 25,1 y 25,14). Se trata de un Reino o Reinado preparado desde el comienzo de todo, desde que el mundo es mundo (Mt 25,34). Y este Reino-Reinado, ¿no es el Reino-Reinado de las bienaventuranzas del discurso primero de este Jesús de Mateo?

¿Acaso no vino la Ley de Moisés y de su Yavé Dios para ser presencia viva de ese Reino-Reinado que se está preparando desde los orígenes? ¿Acaso no tiene todo viviente, todo hijo de hombre, lámpara y talento para despertar y cuidar la presencia de ese Reino-Reinado de los Cielos en la Tierra? ¿Acaso no ha vivido el hijo de hombre Jesús de Nazaret como lámpara encendida y talento invertido en sembrar y en enseñar a sembrar ese Reino-Reinado de los Cielos en su tierra de Galilea, de Israel y más allá de sus fronteras? ¿Acaso no ha venido ya?

¿Cuándo te vimos, cuándo te vimos...? Esa inquietadora pregunta para quienes piensan en el final empieza a tener su respuesta apropiada, al menos y así lo creo como leyente-oyente de este Jesús de Mateo, cuando acogemos la siembra -en nuestros adentros entrañables- de aquella semilla que se nos confía: Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás. Ésta es toda la Ley y los Profetas (Mateo 7,12).
   . ¿Quién llega para encender la lámpara? Él, tú, yo...: Cuanto deseas..., házselo a los demás.
   . ¿Dónde invertir el talento? En ti, en él, en él...: Cuanto deseas..., házselo a los demás.
   . ¿Cuándo te vimos? Cuanto deseas..., házselo a los demás. Así siempre... Y aquí.
Carmelo Bueno Heras

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