jueves, 26 de septiembre de 2019

San Cosme y San Damián. Patronos de los médicos, farmacéuticos y enfermos (26 de septiembre)

San Cosme y San Damián. Patronos de los médicos, farmacéuticos y enfermos

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San Cosme y San Damián eran hermanos gemelos. Se dedicaron a la medicina y a los pobres no les cobraban la consulta ni los remedios, solo les hablaban de Jesús

  
San Cosme y San Damián eran unos médicos que ofrecían sus servicios gratuitamente a los pobres. Según una antigua tradición fueron martirizados a Ciro en Siria y su culto fue generalizado en toda la Iglesia desde el siglo IV. El 26 de septiembre es la fecha probable de la dedicación de la basílica en Roma que lleva su nombre. Son los patronos de los médicos, cirujanos, farmacéuticos, enfermos de bajos recursos

Fiesta: 26 de Septiembre

Martirologio romano: Santos Cosme y Damián, mártires, de quienes se cree que han trabajado en la provincia de Ciro, Augusta Eufratente, hoy la actual Turquía, la profesión de médicos sin pedir ninguna indemnización y han sanado a muchos con su atención gratuita.

Biografía de San Cosme y San Damián

San Cosme y San Damián han sido, junto con el Evangelista San Lucas, los patronos de los médicos católicos.
En oriente los llaman "los sin dinero", porque ejercían la medicina sin cobrar ningún dinero a los pacientes pobres, es por ello que también son los patronos de los enfermos que cuentan con bajos recursos.
San Cosme y San Damián eran hermanos gemelos y nacieron en Arabia, en el siglo tercero. Se dedicaron a la medicina y llegaron a ser médicos muy famoso en sus tiempos. Ellos tenía la particularidad, o mejor dicho la gran caridad, de que a los pobres no les cobraban la consulta ni los remedios. Lo único que les pedía era que les permitieran hablarles por unos minutos acerca de Jesucristo y de su evangelio.
La gente quería muchísimo a San Cosme y San Damián y en muchos pueblos eran considerados como unos verdaderos benefactores de los pobres. Y ellos aprovechaban su gran popularidad para ir extendiendo la religión de Jesucristo por todos los sitios donde llegaban.

El martirio

Lisias, el gobernador de Cilicia, se disgustó muchísimo porque San Cosme y San Damián propagaban la religión de Jesús. Trató inútilmente de que dejaran de predicar, y como no lo consiguió, mandó echarlos al mar.
Pero una ola gigantesca los sacó sanos y salvos a la orilla. Entonces los mandó quemar vivos, pero las llamas no los tocaron, y en cambio quemaron a los verdugos paganos que los querían atormentar.
Entonces el mandatario pagano mandó que les cortaran la cabeza, y así derramaron su sangre por proclamar su amor al Divino Salvador.

Comienzan a obrar los milagros

Y sucedió entonces que junto a la tumba de los dos hermanos gemelos, CSan Cosme y San Damián, empezaron a obrarse maravillosos curaciones.
El emperador Justiniano de Constantinopla, en una gravísima enfermedad, se encomendó a estos dos santos mártires y fue curado inexplicablemente. Con sus ministros se fue personalmente a la tumba de los dos santos a darles las gracias.
En Constantinopla levantaron dos grandes templos en honor de estos dos famosos mártires y en Roma les construyeron una basílica con bellos mosaicos
Quiera Dios enviarnos muchos médicos generosos que, a imitación de Cosme y Damián, se dediquen a recetar gratuitamente a los pobres, y a aprovechar su ascendiente para propagar la santa religión de Jesucristo. Qué hermoso fuera que hubiera muchos médicos así.

Oración a San Cosme y San Damián

Venerados mártires, San Damián y San Cosme, ustedes que ofrecieron sus talentos al servicio divino, ejerciendo con gran caridad su profesión de médicos de los males físicos y colaboradores de Jesús en su misterio de amor y en la sanación de las almas, pido que, por su bondadosa intercesión, presenten al Padre bueno todas mis angustias y dolores provocadas por este terrible mal que padezco y no me permite cumplir mi propósito de vida, para que así, esta oración, unida a las suyas, sean agradables al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo y me vea yo librado pronto de toda enfermedad y dolor.
Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.

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