sábado, 25 de abril de 2020

Domingo 3º de Pascua. Ciclo A (26.04.2020): Lucas 24,13-35. Tú y yo somos los dos de Emaús y Domingo 22º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ (26.04.2020): Hch 13,44-52. “Ellos sí escucharán” (Hechos 28,28-29)


Estaba en blanco

Leyente, tendrás que saber que a veces me pasa que me quedo en blanco. Creo que son los años. Creo que pueden ser los días, por aquello del exceso de nubes, exceso de lluvia o vaya uno a saber por qué exceso. El caso es que uno se pone en blanco y no hay manera de conseguir que tres palabras juntas sean el cabo de una idea que te ronda por las neuronas. Hay días que no hay manera.

Ahora es uno de esos días. Y cuando esto me pasa suelo acudir a esa realidad que son las 'citas'. Acudir a las 'citas' es como sentirse mendigo. Uno se sabe necesitado con urgencia de algo y pide ayuda. Tan humano y sencillo como eso: pedir ayuda. 

Cuando me quedo en blanco y decido pedir ayuda mi autoestima se siente golpeada. Pero si la cita que viene en mi ayuda le pertenece a un tal 'Anónimo' es como si en realidad no me sintiera tan mendigo. Es como si me ayudara o usara de lo que nos pertenece a todos. Y siento de esta manera que estoy 'compartiendo'. 

Y eso ya sí que me anima. 'Compartir' no sólo está bien, sino que es bueno. Más, compartir es muy humano, muy de personas, muy de ser... 'solidario'. Y cuando se llega a este punto, mi yo escribiente se viene arriba y me llego a considerar 'alguien', como si acabará de convencerme de tener 'pensamiento propio'. Aunque venga enseguida ese 'pepito grillo maldito' que me dice que no, que me equivoco, que copio, que soy tan ignorante como, al menos, el cincuenta por cien de los humanos que escriben. 

Dicho esto, que es lo más importante de cuanto ignoraba que sería el comienzo de la presentación habitual del par de comentarios, voy concluyendo que lo que deseaba era copiar unas líneas que alguien tituló 'La parábola del colibrí'. 

Y escrito el título, seguro que el noventa y nueve por ciento de mis lectores que son algo así como noventa y nueve ya la habéis leído y meditado y copiado y compartido hasta el manoseamiento a lo largo de estos días del confinamiento mundial. Si el autor que la escribió supiera la de veces que ha sido copiada como de autor 'Anónimo' y le hubiéramos tenido que pagar un euro como 'derechos de autor' a estas horas bien podría pagarse un paseo por el espacio sobrevolando la pandemia (¡vaya, ya salió la palabra que no deseaba escribir). 

Bueno, para ti mi leyente y para mí, para los dos solitos ahora transcribo el texto de la parábola y así, tú y yo nos volvemos a sentir apaciguados por vernos fotografiados en ese colibrí de la parábola: "El bosque está en llamas y mientras todos los animales huyen para salvar sus vidas, un colibrí recoge una y otra vez agua del río para verterla sobre el fuego.
-¿Es que acaso crees que con ese pico tan pequeño vas a apagar el incendio? -le preguntó el león.
-Ya sé que no puedo solo -responde el colibrí- pero estoy haciendo mi parte" (Anónimo, hijo de Anónimo).

Pues así, ya está dicho y hecho todo. Me quedo tranquilo. La presentación está cumplida. Para este domingo 26 de abril he escrito una página sobre el relato de 'los dos de Emaús' de Lucas. ¿Quién puede decir ya algo nuevo sobre este asunto? Todos lo conocen. Y siempre se hablará de la misa y de la eucaristía, aunque como acontecimiento solo sucedió en las neuronas de su narrador llamado Lucas o quien fuera. ¿Como lo del colibrí? Probablemente.
Y con el relato que comento del Libro de los Hechos sucede algo muy semejante. El mismo narrador Lucas pone en labios de 'su Saulo-Pablo' un discurso tan sólo imaginado por él, aunque deslumbrante por excelente. ¿Como lo del colibrí también? Probablemente.
Aquí a continuación están los comentarios. 


Domingo 3º de Pascua. Ciclo A (26.04.2020): Lucas 24,13-35.
Tú y yo somos los dos de Emaús. Lo creo, medito y escribo CONTIGO,

Para este tercer domingo de las fiestas de Pascua se nos propone la lectura del Evangelio de Lucas 24,13-35. Volveremos a escuchar el conocidísimo relato llamado ‘Los discípulos de Emaús’. Espero que todo lector de estas líneas tenga muy fresco el relato que hemos escuchado en palabras del cuarto Evangelio (Juan 20) sobre aquello que sucedió en el primer día de la semana después de la fiesta de la Pascua. ¿Por qué encontramos tantas diferencias?

Este relato de Lucas comienza así: “Aquel mismo día iban dos a un pueblo llamado Emaús”  (Lc 24,13). Aquel mismo día era el día primero de la semana (Lc 24,1). Quienes no lean Lucas 24,1-12 no sabrán cuál es el contexto en el que el Evangelista nos cuenta el relato de Emaús. Sugeriría a quien lo desee que se lea todo este vigesimocuarto capítulo de Lucas, completo. Todo cuanto cuenta este Evangelista sucedió en ese primer día de la semana. Y ahí acaba la primera parte de la obra de este Evangelista. La segunda parte será el Libro de los Hechos.

Ningún otro Evangelista nos cuenta el relato de lo ocurrido en el camino de ida y vuelta entre Jerusalén y Emaús. En ningún Evangelio se nos habla nunca de aquel seguidor de Jesús de Nazaret llamado Cleofás. Y me seguiré preguntando siempre por la identidad del acompañante de Cleofás. Podría llenar el resto de esta página tratando de hablar de esta anónima persona.

Además, debo confesar aquí una imaginación mía que en multitud de ocasiones ilumina mis adentros llenándolos de la serenidad de una libertad asumida como muy posible. Todo parte de lo que leo, contemplo y medito en este Lucas 24,31: “Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron”.  

El invisible y no reconocido resucitado Jesús de Nazaret partió el pan, lo repartió y lo compartió con Cleofás y su acompañante (que era ¿su esposa, su hermana, su novia...?). Los dos laicos y seguidores de Jesús. Un hombre y una mujer. En Emaús, que está fuera de Jerusalén.  ¿No estuvieron ambos, tres días antes, en la cena de despedida donde escucharon a este mismo Jesús aquello de “haced esto en memoria mía” (Lucas 22,19-20)?

En este relato de ‘Los dos de Emaús’ se nos está presentando una celebración de la ‘presencia y memoria’ de Jesús de Nazaret siempre que nos reunimos, al menos de dos en dos, para compartir sin ningún ritual institucionalizado la mesa, la comida y la bebida. De dos en dos. Hombres y mujeres. En comunión de vida. ¿No es ésta la buena noticia del sacramento nuevo aprendido con Jesús de Nazaret?

Estoy seguro de que en muchos ámbitos, en los que se comparte el mensaje y la vida de aquel laico de Nazaret llamado Jesús, se celebra esta eucaristía como se nos anuncia en esta experiencia que nos ha conservado el Evangelista Lucas en este relato de ‘Los de Emaús’. En estos ámbitos no es necesario institucionalizar, separar o consagrar, ningún representante o mediador del resucitado que ya vive dentro de cada uno de los que comparten vida y comida.   
Creo que en la tradición de nuestra Iglesia, llamada también de Jesús,
se olvidó y se olvida conscientemente este mensaje del Evangelio de Emaús.
Carmelo Bueno Heras

Domingo 22º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ (26.04.2020): Hch 13,44-52.
“Ellos sí escucharán” (Hechos 28,28-29)

En el relato de Hechos 13,44-52 leemos, como cuenta Lucas, los acontecimientos finales de la evangelización de Pablo y Bernabé en la ciudad de Antioquía de Pisidia. Sabemos ya lo que sucedió un sábado en la sinagoga de esa ciudad. Lo que ahora leemos sucede siete días más tarde: “El sábado siguiente casi toda la ciudad acudió a oír la Palabra de Dios” (Hch 13,44).

A este narrador se le suele ir, en ocasiones, la mano de los datos. Aquí trata de precisar, pero no es creíble. Dice que ‘casi toda la ciudad’ acude a la sinagoga. ¿Tanta presencia judía había en una ciudad tan alejada de la tierra de Israel y tan dominada por la presencia de Roma? Es casi imposible que tantas personas estuvieran dentro de la sinagoga, porque es ahí donde Pablo habla. Ahí es donde se lee la Ley y los Profetas y donde luego se comenta como bien lo leemos  a continuación en Hch 13,45-47.

¿Es posible que los gentiles pudieran escuchar desde fuera  lo que se estaba diciendo dentro entre Pablo y los judíos de la sinagoga? Se trata, sin duda, de una manera de narrar el anuncio del Evangelio y de su acogida o rechazo. Más importante es que aquí, por primera vez, el narrador habla en plural para matizar que la evangelización la realizan Pablo y Bernabé: “Teníamos que anunciaros primero a vosotros la Palabra de Dios”.

Pablo y Bernabé son buenos judíos y conocen, como el propio Lucas, lo escrito por el profeta de referencia constante que es Isaías cuando escribía sobre ‘aquel servidor que iba a ser luz para todas las gentes’ (Is 49,6). Cada lector de Lucas recordará que esto mismo fue lo que puso en boca de Samuel cuando nos contaba la purificación y presentación de Jesús en el Templo (Lc 2,22-35). La expresión ‘Luz de las gentes’ se dice en latín ‘Lumen gentium’, que también nos suena por ser palabras que todo un Concilio como el Vaticano II se las aplicó a la propia Iglesia.

Retengo como lector este ser ‘Luz de los gentiles’, y también esto: ‘ellos sí escucharán’, que lo llevo escribiendo en el frontispicio de cada uno de los comentarios de este Libro de los Hechos.

La segunda parte de este relato es el texto de Hch 13,48-52. Aquí y de la manera que se cuenta finaliza la evangelización de Pablo y Bernabé en este lugar de Antioquía de Pisidia. Me sorprende mucho el final, pero si lo cuenta Lucas...: “Los discípulos quedaron llenos de alegría y de Espíritu Santo” (13,52). ¿Cuánto tiempo estuvieron como evangelizadores este Pablo y su Bernabé? Tengo la impresión de que fueron muy pocos días, semanas o meses. Y, ¿ahí y así ha quedado sembrada, iniciada, arraigada y consolidada una nueva ‘iglesia de Jesús’?

Y sobre todo, me sorprende esta nueva presencia de una ‘iglesia de Jesús’ después del enfrentamiento ente judíos y gentiles que ha desencadenado la presencia de este par de primeros evangelizadores. Éstos son desterrados de la ciudad por ser los sembradores de una semilla blasfema para la Religión de la Sinagoga y de sus autoridades y, ¿los discípulos que se han fiado del mensaje de los rechazados Pablo y Bernabé se alegran con su huida y destierro?

Lo cuenta Lucas y habrá que asumirlo y tratar de interpretarlo. Aceptarlo literalmente, chirría.
Carmelo Bueno Heras


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