miércoles, 15 de abril de 2020

El contexto cultural del misticismo judío (Ibiza Melián) 14042020



Ibiza Melián

🎥El contexto cultural del 🕎misticismo judío

Por Ibiza Melián el Apr 14, 2020 02:31 pm
Misticismo judío
Hoy me gustaría hablar del misticismo judío. Claves que traté con detalle en mi libro La corrupción inarmónica. Ensayo que puedes adquirir en Amazon. Misticismo judío que para poder entenderlo hay que analizar primero que nada su contexto cultural y es precisamente de eso de lo que vamos a hablar en este vídeo. De manera que para introducirnos en este tema resulte crucial partir de la exégesis bíblica.

Los hebreos

Escritura Sagrada que menciona en sus comienzos a los hebreos, a los descendientes del gran patriarca Abraham, a quien Dios hizo la promesa de entregarle Canaán (Génesis 17, 8). Así pues, en el texto bíblico se habla de «Abram, el hebreo» (Génesis 14, 13). Término hebreo que deriva de Ever, ancestro de Abraham y descendiente de uno de los hijos de Noé, Sem. De donde proviene el vocablo semita, utilizado para designar a los provenientes de esa misma raíz.
Abraham fue tanto el antecesor de los judíos, como de los cristianos y de los musulmanes. Inclusive los magos persas lo identificaron con Zoroastro, el profeta del zoroastrismo, previamente a abandonar su ciudad, Ur, en Caldea (Génesis 11, 31). Cuando todavía se llamaba Abram y no Abraham, nombre otorgado por Dios tras sellar la alianza con él (Génesis 17, 1-7).

Simbolismo del término

Abraham por tanto pasó el río Jordán, simbólicamente el que ha dejado atrás lo prosaico para conectar con la santidad. Esta alegoría de atravesar el río también se contempla en el cristianismo cuando Jesús fue bautizado. Donde «al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma» (Marcos 1, 10). De manera análoga, los masones en el grado quince del Rito Escocés Antiguo y Aceptado adoptaron este símil como paso de las tinieblas a la luz, instante en el que el compás prevalece sobre la escuadra. Donde lo fragmentado retorna a la unidad inicial.
Por consiguiente, la palabra hebrero alude al santo, al que ha cruzado el río. De ahí que al idioma hebreo se lo relacione con el de los profetas, el de los sabios. Razón por la que Dios intercaló una «h» en la grafía de Abraham, al corresponder esta letra al conocimiento primordial.

Los israelitas en Egipto

Los israelitas

Abraham fue el padre de Isaac, progenitor a su vez de Jacob. A quien Dios cambiaría el nombre por el de Israel (Génesis 35, 10) y que tuvo doce hijos de los que proceden las doce tribus de Israel, a saber, los israelitas. Debido a una época de penurias Jacob tuvo que trasladarse con sus hijos a Egipto, país en el que uno de sus vástagos, José, llegó a ser virrey. Sin embargo, con el pasar de los años la situación se torció y los israelitas se convirtieron en esclavos de los egipcios. Es por eso que Moisés los liberó y fue entonces cuando sobrevino la etapa calificada como «éxodo».

El éxodo

Periodo de cuarenta años en los que vagaron por el desierto hasta que pudieron penetrar en la Tierra Prometida (Deuteronomio 8, 2). Mas antes el Creador había entregado a Moisés la Ley en el monte Sinaí para que fuera cumplida por los israelitas. Plasmada en la Torá, los cinco primeros libros bíblicos o Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
Y es que no hay que olvidar la enorme trascendencia del número cuarenta. Tiempo que transcurrió hasta que el Señor consideró que los israelitas estaban preparados para obtener un conocimiento superior, al haberles concedido la suficiente «inteligencia para entender» (Deuteronomio 29, 3-4). Simbolismo que se refleja nuevamente al pasar el río Jordán. La alusión al número cuarenta aparece en más de cien pasajes bíblicos. No en vano, es a los cuarenta años para la cábala cuando la persona se eleva de la sefirá de Yesod a la de Tiferet.

La entrada en la Tierra Prometida

Una vez instalados en la Tierra Prometida los israelitas optaron por investir a un rey, requerido para resolver las controversias con otros territorios colindantes, por lo que eligieron a Saúl. Este sería sucedido por David, reemplazado a su vez por su hijo Salomón. Soberano encargado de erigir un majestuoso templo para el Altísimo, con el propósito de que habitara entre ellos.
Hay que recordar que la profecía aseguraba que el Mesías, el «ungido», sería un descendiente de la casa de David (2 Samuel 7; Isaías 11; Salmos 18, 51). Función que en el cristianismo se le dio a Cristo, nacido supuestamente en Belén como David (Mateo 2, 1-6), el hipotéticamente encargado de liderar los designios del pueblo de Israel (Miqueas 5, 1). Reconocimiento como Mesías que será el punto de fricción entre cristianos y judíos. Visto que inicialmente todos eran judíos, tanto Jesús como san Pablo, el gran artífice de la teología cristiana.
Exclusivamente a la muerte de san Pablo sus seguidores se separaron completamente de la rama inicial y se conformó el cristianismo. En el que Cristo, del vocablo griego Khristós, el ungido, adopta el rol del Hijo del Padre. Se concibe a Dios como «trino y uno»: tres personas (Padre, Hijo y Espírito Santo), pero una sola sustancia (Dios). Teoría que para los judíos chocaba con su estricto monoteísmo.

Los judíos

Luego de perecer Salomón el reino se fracturó en dos porciones: una al norte, Israel, donde se instalaron diez tribus; mientras que la región del sur era Judá, habitada por dos tribus, en la que se ubicaba el Templo de Jerusalén. Empero, el norte fue conquistado por Asiria y en el 722 a. C. se perdió el rastro de diez de las doce tribus de Israel.
Por su parte en el 586 a. C. Judá fue arrasada por Nabucodonosor. Rey de Babilonia que destruyó el Templo y se llevó «todos los tesoros de la Casa del Señor». Además de deportar a las élites —a los «jefes», a «la gente rica», «herreros y cerrajeros»—, por miedo a una rebelión. Nada más que dejó a «la gente más pobre del país» (2 Reyes 24, 13-14). Fase denominada como la del exilio de Babilonia.
En el año 538 a. C. los persas conquistaron Babilonia y el rey Ciro el Grande permitió a los exiliados retornar a Judá y reconstruir su Templo, si bien algunos prefirieron permanecer en Babilonia. Edificio que quedó finalizado en el 515 a. C. Desde entonces es cuando se puede hablar propiamente de judíos, para designar a los retornados de Babilonia que eran originarios de Judá. Ya que las diez tribus de la región del norte, Israel, habían desaparecido.

Destrucción del Templo de Jerusalén año 70

La influencia grecorromana

No obstante, los judíos ya no tenían un país propio, sino que dependían de los persas. Alejandro Magno en el 330 a. C. los vencería y quedarían bajo dominio griego. Influencia griega que se deja entrever en la mística judía. Después vendrían los romanos, con los que chocaron frontalmente. Es más, estos enfrentamientos provocaron la destrucción otra vez del Templo en el año 70.
Los judíos fueron expulsados definitivamente de la Tierra Prometida en el 135 por Adriano, lo que supondría la diáspora, su dispersión por dispares territorios allende las fronteras. Y es que Israel solo lograría constituirse como país después de la Segunda Guerra Mundial. O sea, tuvieron que cumplirse casi dos milenios para que los judíos pudiesen regresar a la mítica Sion, por la que tanto habían llorado (Salmos 137, 1). El lugar que les ofreció Dios y que constituía el genuino sentido de su existencia como pueblo.

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Espero que te haya parecido interesante esta incipiente introducción al misticismo judío. Si hoy hemos hablado del contexto cultural en el que surgió, en el próximo vídeo nos adentraremos en las influencias externas que contribuyeron a modelarlo. En concreto, del influjo ejercido por los egipcios, persas y griegos. Así que no olvides suscribirte a mi canal de YouTube y, muy importante, activar las notificaciones haciendo clic en la campanita, para que puedas estar al tanto de mis nuevas publicaciones. Además, si te ha gustado este vídeo, dale un «me gusta» y compártelo. Y recuerda que puedes encontrar información sobre la mística judía en mi libro La corrupción inarmónica, disponible en Amazon.

Bibliografía

La Biblia. La Santa Sede. Obtenido el 14 de abril de 2020, de: http://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM
Laenen, J. H. (2006). La mística judía. Madrid: Editorial Trotta.
Melián, I. (2019). La corrupción inarmónica. Independently published.

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