domingo, 12 de abril de 2020

Domingo de Pascua. Ciclo A (12.04.2020): Juan 20,1-9 Me leeré Juan 20,10-18 siete veces. y Domingo 20º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ (12.04.2020): Hch 12,24 a 13,12. “Ellos sí escucharán” (Hechos 28,28-29)


Me enseñarás. Aprenderé.
Pandemia, cuarentena, virus, confinamiento. 
Ya he escrito las palabras que no debería dejar de decir en esta presentación de los comentarios para el domingo de Pascua. Todos sabemos ya de esto más de lo que imaginábamos al comenzar la Cuaresma en febrero. 

Todos somos 'casi' expertos en en estas experiencias de la realidad mostrenca de nuestro mundo Actual y Pascual. Nos lo sabemos casi todo. Casi todo, porque a estas alturas de la peli de la historia en toda guerra la primera víctima es la verdad...

Mis años me permiten comprenderme dentro del gran grupo de riesgo. Y me va a ser complicado 'aprender'. Es tan novedoso este contexto... Casi renuncio a 'enseñar'. Mejor ya, jubilado.

Por eso me he atrevido a titular esta presentación como acabas de leer arriba y como lo voy a escribir ahora.
Me enseñarás. Aprenderé. 
Te enseñaré. Aprenderás.
Los dos. Mano con mano en un abrazo.
Yo escribo y tú lees. 
Los dos lo hacemos para respirar, 
para pensar,
para vivir.
¿Lo sabías? 
Tú me enseñas a escribir.
Yo te enseño a leer.
Los dos aprendemos a mirar, 
a decidir, 
a caminar.
Para leernos y escribirnos siempre hay tiempo
porque tú y yo lo vamos a programar
para aprender a enseñar
y
para enseñar a aprender.
¿Es un juego? 
Es la vida.
Sólo así aprenderemos a enseñarnos,
sólo así encontraremos a la vez, tú y yo, 
la verdad de vivir.
Aprenderé y me enseñarás.
Te enseñaré a aprender.
¿Así es el leer y el escribir y el vivir?
Así me lo enseñó Juan, un escritor sagaz.
Y también Lucas, otro escritor audaz.    

Domingo de Pascua. Ciclo A (12.04.2020): Juan 20,1-9
Me leeré Juan 20,10-18 siete veces. Dicho y escrito CONTIGO,

En este domingo de Pascua y todos los años, la autoridad de la liturgia nos propone leer el relato de Juan 20,1-9. Siempre. Cada año. Estemos en el Ciclo eclesial que sea. Y también, en el próximo domingo, el 2º de Pascua, siempre se nos propone la lectura del relato de Juan 20,19-31. Si alguien no se lo cree que consulte despacio los Leccionarios correspondientes y más recientes. Es decir, en síntesis, que el relato de Juan 20,10-18 no se nos lee al pueblo nunca en las misas eucarísticas de los dos primeros domingos de Pascua. ¿Casualidad intencionada?

¿Sabes, leyente de estas líneas, qué nos cuenta el cuarto Evangelio en Jn 20,10-18? Ni más ni menos que la primera aparición de Jesús de Nazaret... ¡a María Magdalena! ¿Fue también una casualidad intencionada del propio Evangelista Juan? Que cada lector se lo pregunte, pero tengo para mí que este asunto sigue siendo una cuestión que nuestra iglesia no ha deseado plantearse. Y este asunto se resume en dos palabras: sacerdocio y mujer, en la Iglesia.

En Juan 20,1-9 se nos habla de los tres primeros personajes o protagonistas de la fiesta de la Pascua que vivieron en Jerusalén, según este cuarto Evangelista, Jesús y todos cuantos creían en él. Estos tres primeros personajes, por el orden en el que aparecen en la narración, son María Magdalena, Simón Pedro y ‘el discípulo al que Jesús quería’ (Jn 20,1-2).

En este relato escucharemos unas palabras que el Evangelista ha puesto en boca de María Magdalena. Nadie más habla en esta secuencia del relato. Y me sorprende constatar que esta María Magdalena habla en plural: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Según cuentan los que saben de esto, el Evangelista nos escribe esta narración de los hechos en los años noventa del siglo primero, unos sesenta años después de morir Jesús.

Una constatación como ésta de ‘la desaparición del cuerpo del muerto Jesús de su tumba’ desencadena, en las personas más próximas porque le conocían y querían, la decisión de volver a encontrar al sepultado. ¿No es esto lo que uno comprende que se encierra en esas tres palabras de María Magdalena: Ignoramos dónde está?

Ignoramos dónde está, dice este Evangelio. Esta ignorancia sobre Jesús de Nazaret  sucede ‘el primer día de la semana’. ¿Y no sucedía también en tiempos del Evangelista?  ¿Y no volvió a suceder en cada año de la historia de los creyentes en este Jesús de Nazaret? ¿No sucede hoy?

Da la impresión de que el narrador de estos hechos estuvo presente en el descubrimiento del sepulcro vacío. Vacío del cuerpo de Jesús de Nazaret muerto. ¿Quién le contó al Evangelista los pormenores de aquel sepulcro vacío? ¿Fue María Magdalena, Pedro...? Y con tan buena información, en apariencia, ¿por qué no nos contó nada del viaje de regreso de Pedro y el amado de Jesús desde el sepulcro vacío hasta el lugar donde estaban reunidos los DOCE? ¿...?

Son tantos los interrogantes que se nos despiertan a los lectores de este relato que casi es preferible hacer silencio en las neuronas y recordar aquello que nos dejó aquel Jesús en su cena de despedida: En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros (13,35).
Carmelo Bueno Heras

Domingo 20º de ‘Los Hechos de los Apóstoles’ (12.04.2020): Hch 12,24 a 13,12.
“Ellos sí escucharán” (Hechos 28,28-29)

Con la llegada de Bernabé, Saulo y Juan Marcos a Antioquía de Siria, el narrador Lucas comienza el relato de la vida y misión de esta comunidad o iglesia arraigada en la tierra pagana y gentil alejada de Jerusalén. Según Hechos 1,8 el Espíritu Santo se ha ‘salido con la suya’ porque ha impulsado la llegada del Evangelio de su Jesús de Nazaret hasta el final del mundo.

Además de los tres grupos, comunidades o iglesias (los Doce, los Siete, la casa de María) de Jerusalén está constituida ya la de Antioquía: “En la iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón..., Lucio..., Manahén y Saulo” (Hch 13,1-3). La iglesia de los CINCO. Una iglesia, según el narrador Lucas, querida y constituida por el propio Espíritu, como todas.

“Con esta misión del Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre” (Hch 13,4-12). Así comienza Lucas la narración del llamado ‘Primer viaje misionero’ que culminará en Hch 14,28: “A su llegada reunieron a la iglesia [la de Antioquía] y se pusieron a contar todo cuanto Dios había hecho juntamente con ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Y permanecieron no poco tiempo con los discípulos”. A esta iglesia de Antioquía de Siria se la reconoce como la iglesia de los cristianos helenistas. Estos helenistas ‘sí han escuchado’.

En Hechos 13,4-12 cuenta el narrador de los Hechos de los Apóstoles el comienzo de la misión evangelizadora del ‘primer viaje’. Después de leer este relato una vez se le queda al leyente crítico contemplativo más de una cuestión en el aire. Muchas, me atrevería a decir ahora. No habrá espacio en este comentario para hablar de todo. Por eso empiezo por lo que me parece más importante: un par de constataciones. Chipre es la isla y tierra de Bernabé y en este relato parece que actúa como mera figura decorativa. Ni habla ni actúa. Es la primera constatación.

La segunda constatación es el dato del versículo 13,9: “Entonces Saulo, o sea Pablo, lleno de Espíritu Santo”. Por primera vez Saulo es Pablo. Por última vez aparecen juntos ambos nombres. A partir de este momento, Lucas sólo habla de Pablo. Así lo confirmamos inmediatamente en Hch 13,13. Saulo el fuerte (nombre hebreo) deja su identidad en Pablo el Enclenque (nombre griego).  ¿Enclenque?, y su acción contra el falso mago-profeta Elimas ante el procónsul romano Sergio Pablo manifiesta un desconocido poder..., ¿tan deshumanizador?

Este poder que acaba de manifestarse en Pablo, ¿es el poder de la Palabra del Señor y de la fuerza del Espíritu? Según la literalidad de este texto de Lucas, sí. Me suena mucho este poder a aquel que manifestó Elías, el profeta de Israel, cuando la muerte de los cuatrocientos cincuenta profetas falsos (Libro primero de los Reyes 18). Dio miedo aquel profeta y da miedo este actuar de Pablo en Chipre. Este Pablo comienza a ser el protagonista de la misión.

Esto sucedió en la población chipriota de Pafos. ¿Qué más aconteció en esta primera etapa de aquel primer viaje de la misión evangelizadora? Tan solo una mera referencia anterior, a lo acontecido en Salamina (Hch 13,5): “Anunciaron la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos”. ¿Y sucedió en estas sinagogas lo que contó Lucas de Jesús en la sinagoga de Nazaret? ¿Quedó constituida alguna pequeña iglesia en Chipre? Nada sabemos. ¡¡Es la primera etapa!!
Carmelo Bueno Heras

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