Evangelio del día: Mi lengua mata si hablo mal. También las
palabras matan.
Evangelio del día. AUDIO. Mateo 18,15-20 - XXIX semana tiempo
ordinario: Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado
Evangelio del día: Mateo 18,15-20
Evangelio del día: (La
corrección fraterna y la fuerza de la oración): "En aquel tiempo, Jesús
dijo a sus discípulos: Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te
escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas
más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si
se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a
la comunidad, considéralo como pagano o publicano. Les aseguro que todo lo que
ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la
tierra, quedará desatado en el cielo. También les aseguro que si dos de ustedes
se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo
concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente
en medio de ellos" Palabra
del Señor
Reflexión del Papa Francisco
Jesús nos enseña que si mi hermano cristiano comete una culpa
contra mí, me ofende, yo debo usar la caridad hacia él, antes que todo,
hablarle personalmente, explicándole que aquello que ha dicho o hecho no es
bueno
¿Y si el hermano no me escucha? Jesús
sugiere una intervención progresiva: primero, vuelve a hablarle con otras dos o
tres personas, para que sea más consciente del error que ha cometido; si, no
obstante esto, no acoge la exhortación, es necesario decirlo a la comunidad; y
si tampoco escucha a la comunidad, es necesario hacerle percibir la fractura y
el distanciamiento que él mismo ha provocado, haciendo venir a menos la
comunión con los hermanos en la fe.
Las etapas de este itinerario indican el esfuerzo que el Señor
pide a su comunidad para acompañar a quien se equivoca, para que no se pierda.
Es ante todo necesario evitar el clamor de la habladuría y las murmuraciones de
la comunidad, ésta es la primera cosa, evitar esto. "Ve y corrígelo en
privado" (v. 15).
La actitud es de delicadeza, prudencia, humildad, atención hacia
quien ha cometido una culpa, evitando que las palabras puedan herir y matar al
hermano.
Porque, ustedes saben, ¡también las palabras matan! Cuando hablo
mal. Cuando hago una crítica injusta, cuando con mi lengua saco el cuero a un
hermano, esto es matar la reputación del otro.
También las palabras matan. Estemos atentos a esto. Al mismo
tiempo esta discreción tiene la finalidad de no mortificar inútilmente al
pecador.
[...] El objetivo es aquel de ayudar a la persona a darse cuenta de
aquello que ha hecho, y que con su culpa ha ofendido no solamente a uno, sino a
todos.
Pero también ayudarnos a librarnos de la ira o del
resentimiento, que sólo nos hacen mal: aquella amargura del corazón que trae la
ira y el resentimiento y que nos llevan a insultar y a agredir.
Es muy feo ver salir de la boca de un cristiano un insulto o una
agresión. Es feo ¿Entendido? Nada
de insultos. Insultar no es cristiano ¿Entendido? Insultar no
es cristiano.
En realidad, ante Dios todos somos pecadores y necesitados de
perdón. Todos. Jesús, de hecho, nos ha dicho no juzgar. La corrección fraterna
es un aspecto del amor y de la comunión que deben reinar en la comunidad
cristiana.
Es un servicio recíproco que podemos y debemos darnos los unos a
los otros. Corregir al hermano es un servicio, y es posible y eficaz solamente
si cada uno se reconoce pecador y necesitado del perdón del Señor. (Reflexión
antes del rezo del ángelus, 07 de septiembre de 2014)
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